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el escéptico

Artículo
LA MAL LLAMADA
«TEMPERATURA DE BOCHORNO»
Jordi Mazon Bueso
U
no de los conceptos más erróneos utilizados en
meteorología es la mal llamada temperatura de
bochorno. En los últimos años, diferentes medios
de comunicación han extendido su uso, desinformando
más que informando, y dando una información confusa,
científicamente errónea, y desde el punto de vista
ambiental, de dudosa conveniencia.
La temperatura de bochorno es conocida en Catalunya
como temperatura de xafogor, y allí su uso está muy
extendido en las informaciones meteorológicas. La
noción proviene del Canadá, donde se conoce como el
índice Humidex, y en Estados Unidos como el índice
de calor. La necesidad de este parámetro o índice, pero
nunca temperatura, se basa en el aumento de la sensación
de calor que siente el cuerpo humano en condiciones de
temperatura alta (por encima de los 20ºC) y elevada
humedad en el aire.
Efectivamente, el cuerpo humano es un organismo
que para sobrevivir tiene que mantener su temperatura
interna constante, sobre unos 36,5ºC. Se dice que somos
homeotermos, a diferencia de otros animales, que
pueden presentar variaciones de temperaturas internas
muy grandes. Por el solo hecho de estar viva, una
persona genera unos 58 vatios por cada metro cuadrado
de piel, esto es, en promedio unos 100 vatios en el caso
de los hombres, y un poco menos en las mujeres. Esta
energía no puede acumularse en el cuerpo, puesto que
la temperatura interna aumentaría, razón por la cual el
cuerpo tiene unos mecanismos termorreguladores, para
dispersarla hacia el exterior. A través de la piel, a una
temperatura ligeramente inferior a estos 36,5ºC (en
promedio a 33ºC) se difunde el calor interno del cuerpo
por convección, siempre que la temperatura del aire esté
por debajo de estos 33 ºC de temperatura de la piel.
El índice de calor presenta errores tanto a
nivel conceptual como matemático”.
Tal y como describe la ley de enfriamiento de los cuerpos,
la rapidez en el enfriamiento de una superficie depende
de la diferencia entre la temperatura de este cuerpo y la
temperatura del aire que le rodea. Así, siempre que la
temperatura del aire esté por debajo de 33ºC, la de la
piel, se disipa el calor, mientras que si la temperatura del
aire iguala o supera este valor, no sólo no se disipa calor,
sino que el cuerpo gana calor, puesto se encuentra más
frío que el entorno y, como es sabido, la energía va de los
cuerpos calientes a los fríos. Los aires acondicionados
disminuyen la temperatura del aire, y así favorecen la
convección y la refrigeración de la piel, y del cuerpo.
Pero el mecanismo más eficiente para la regulación de la
temperatura es la sudoración. A través de las glándulas
sudoríparas, situadas bajo la piel, se segrega agua, lo
que impregna la superficie de ésta. Cuando este agua se
evapora, se lleva consigo el calor de la piel, y de esta
forma el cuerpo se refrigera. El grado de refrigeración
de la evaporación depende fundamentalmente de la
humedad del aire, esto es, de la cantidad de moléculas
de vapor de agua existentes en el mismo y de la presión
que este vapor ejerce sobre el sudor, y de la velocidad del
viento. Cuando la humedad es elevada, la evaporación del
sudor es más dificultosa puesto que el aire está saturado
por la humedad y no cabe más. Por tanto, la refrigeración
de la piel pierde eficacia y sobre ésta se queda el sudor,
sin evaporarse, apareciendo entonces la desagradable
sensación del bochorno.
Estación meteorológica (Archivo).
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el escéptico

El índice de calor (humidex) presenta errores tanto a nivel
conceptual como matemático. Conceptualmente, este
índice depende de la humedad relativa para su cálculo,
y no de la humedad absoluta. Esto es, no contempla la
cantidad total de vapor presente en el aire (humedad
absoluta), sino el porcentaje de vapor respecto al de
la saturación (humedad relativa), respecto al 100% de
humedad.
Y a mayor cantidad de vapor, mayor dificultad para que
el sudor se pueda evaporar de la piel puesto que mayor
es la presión que ejerce el vapor. Es decir, una humedad
del 70% y una temperatura de 25ºC dan como resultado
un índice de calor de 32 (muy erróneamente, en muchos
medios de comunicación, de 32ºC), independientemente
de la cantidad absoluta de humedad (absoluta, y no
relativa).
Así, en una humedad relativa del 70% en un lugar con
poca humedad absoluta, como en la meseta castellana,
o en los Pirineos, un individuo no va a sentir bochorno
con la misma temperatura que lo sentiría a nivel de mar,
mientras que en un lugar como la costa mediterránea, con
mucho vapor en el aire, sí va a generar probablemente la
sensación de bochorno en cualquier individuo. En ambos
casos con la misma temperatura y humedad relativa (que
no absoluta)
soplando y que entra por la ventana de mi escritorio,
prácticamente imperceptible, de menos de 0,8 m/s que
es el valor crítico a partir del cual los papeles empiezan a
moverse (y no veo que se muevan), es suficiente para que
se renueve la capa de humedad sobre mi piel y mi cuerpo
disipe el calor que genera y se encuentre completamente
en confort.
Esos 33 ºC de bochorno confunden, dan una información
errónea, que fomenta el uso irracional de aparatos de
aire condicionado, que como es sabido consumen mucha
energía eléctrica.
A parte de todo esto, el índice humidex tampoco contempla
para nada el tipo de ropa que uno vista, la actividad física
que uno haga, o si uno acaba de tomarse un whisky o un
zumo de naranja.
En muchos casos, la información sobre el
índice de bochorno confunde, dando una in-
formación errónea, que fomenta el uso irra-
cional de los aparatos de aire condicionado,
que como es sabido consumen mucha ener-
gía eléctrica”.
Pero el parámetro más importante para la refrigeración
del cuerpo, y que no contempla para nada el índice de
calor, es el movimiento del aire, el viento. Una circulación
del aire sobre la piel se lleva el vapor y deja el aire sobre
ésta no saturado. Es decir, que el sudor puede evaporarse
con facilidad e incorporarse a la atmósfera, siendo de
nuevo eficiente la evaporación como mecanismo de
refrigeración.
En el aire libre es muy difícil que éste esté completamente
en calma, y por tanto el índice de humedad no representa
la realidad. En el momento de escribir estas líneas,
por ejemplo, la temperatura de el aire es de 26ºC, y la
humedad del 70%. La temperatura de bochorno que
anuncian por la televisión resulta de 33ºC. «¡Vaya
calor!», puede uno pensar, pero la suave brisa que está
El índice de calor se calcula sumando a la
temperatura del aire un parámetro que de-
pende de la humedad relativa, pero que no
es una temperatura. Es decir, se están su-
mando peras con manzanas”.
Existe la ecuación del noruego Fanguer, que considera
el cuerpo humano como una máquina térmica, con
una generación de energía, una disipación, y unas
resistencias a ésta. Esta compleja ecuación, pero de
sencilla modelización, da como resultado la cantidad de
energía que el cuerpo acumula o pierde, en función de
parámetros exteriores como la temperatura del aire, la
humedad, y la velocidad del viento, e internos, como son
la actividad física, el tipo de ropa que uno vista (se puede
homogeneizar para que sólo intervengan parámetros
atmosféricos: sentado con camiseta de manga corta, por
ejemplo).
Cuanto mayor sea la diferencia entre el calor metabólico
del cuerpo (que es aquel que se genera por estar vivos) y
el que se disipa en función de los parámetros comentados
anteriormente, mayor es la falta de confort del individuo.
El resultado de todo esto se resume en el llamado PMV
(Predicted Mean Vote), que es un índice del grado de
falta de confort, pero nunca una temperatura.
A nivel matemático, el error lo podría detectar un
estudiante de secundaria. El índice de calor se calcula
sumando a la temperatura del aire un parámetro que
depende de la humedad relativa, pero que no tiene
dimensiones de temperatura.
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el escéptico

Es decir, se están sumando dos términos con
diferentes dimensiones, y como es sabido desde
la enseñanza primaria, no podemos sumar peras
con manzanas. Pues eso, no podemos sumar a la
temperatura un parámetro que no tenga dimensiones
de temperatura, y mucho menos llamar al resultado
temperatura.
La mal llamada temperatura de bochorno es pues de
dudoso rigor científica, empezando por el nombre,
y acabando por el concepto. En cambio, se usa en
muchos medios, expresando este índice como ºC.
Desconozco la razón, pero puedo intuir que el
sensacionalismo esté detrás. Una temperatura de
29ºC en verano no es noticia, pero si se convierte en
una temperatura de 37ºC, aunque no sea real, llena
la prensa y los medios de comunicación, a parte de
fomentar y disparar el uso de los aparatos de aire
acondicionado.
Un ventilador refrigera igual o mejor que
un aire acondicionado siempre que la
temperatura del aire esté por debajo de
33ºC”.
Quizás, digo yo, estén detrás del fomento de éste
índice empresas energéticas que fomenten en verano
el consumo energético, como las que patrocinan la
información meteorológica en algunas cadenas, o
grandes cadenas de electrodomésticos, que venden
aparatos de aire acondicionado… a saber. Los medios
deberían ser más responsables en este punto.
Anunciando temperaturas erróneas de 39ºC fomen-
tan el uso del aire acondicionado, ignorando u ocul-
tando que siempre que la temperatura real esté por
debajo de 33ºC, una simple y débil corriente de aire
refrigera mejor que un aire acondicionado, pues no
seca el aire, ni las mucosas. Esta corriente se puede
conseguir abriendo las ventanas, o conectando un
ventilador, aparato de menor consumo energético, y
por tanto mucho más sostenible que los aires acon-
dicionados.
Y quien firma este escrito lo garantiza, un ventilador
refrigera igual o mejor que un aire acondicionado
siempre que la temperatura del aire esté por debajo
de 33ºC... pero consume menos, y quizás haya a
quién esto no le interese…
Índice Humidex, aceptado por la OMM. (Archivo).
Hombre sudando en el metro de Nueva York. (Archivo).