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INTENTAR
QUE
ALGUIEN CREA
LO QUE
CREES
QUE HAS VISTO
Para cualquier persona que crea haber visto un fenó-
meno extraño, lo más importante será comunicar a los
demás que ha sido testigo de algo sorprendente. Para
ello empleará las tácticas necesarias que su mente le
sugiera, según el nivel mental que tenga, o según el mo-
tivo que le inspire a realizar ese cometido.
Si el individuo es consciente de que ha visto o le ha
ocurrido algo que al parecer no tiene explicación y se
considera una persona cuerda, y quiere comunicar al
resto de personas lo que le ha sucedido, lo primero que
hará, será poner en conocimiento de sus allegados la
mayor cantidad de datos posibles, para que alguien le
explique lo que le ha ocurrido (todo esto bajo mi pun-
to de vista).
Dependiendo de las respuestas de sus conocidos, in-
terpretará lo sucedido como algo verdaderamente sor-
prendente, o como algo que no tenga importancia, por-
que se acogerá a la razón de la duda, de si lo que le
sucedió, sucedió de verdad o no. Hasta él mismo dudará
si la respuesta no le convence.
Se han dado casos de personas que dicen haber sido
abducidas, o que han visto una nave espacial. Pero a la
hora de pedirles pruebas de ello, nunca hasta la fecha
lo han conseguido.
Por eso, pienso que si alguien se empeña en hacer
creer a los demás que ha sido uno de los que han visto
o sentido algo extraño relacionado con el mundo de la
ufología, hará lo que estamos acostumbrados a ver, que
será aparecer en diferentes medios de comunicación,
con el fin de que se difunda su acontecimiento.
Aunque también se les ve en los medios con motivos
de ánimo de lucro, es decir, que si uno se inventa una
historia, y es invitado a contarla en uno y otro progra-
ma, se le está fomentando la experiencia que dice ha-
berle ocurrido, con lo cual el individuo incluso puede
sacarle partido a su historia.
Por otro lado, imaginemos que hay una persona que
cree firmemente que ha visto un ovni (por ejemplo).
Pues si esta persona tiene dos dedos de frente, y se con-
sidera normal, es lógico pensar que en primer lugar in-
vestigará por su cuenta lo sucedido y deducirá que tie-
ne una explicación. Y en segundo lugar, no creo que
piense que él ha sido el único al que le ha ocurrido.
Basta con haber leído un poco de ciencia para saber
que muchas de las cosas que podemos ver en la vida
normal, no son más que simples hechos cotidianos, y
que hay que acostumbrarse a vivir con ello.
Seguro que hace muchísimos años nadie se imagi-
naba que los rayos los generan la carga eléctrica nega-
tiva de las nubes. Algunas gentes, incluso, decían que
los dioses estaban enfadados.
Pues ése es un caso que con el tiempo, y apren-
diendo a saber dónde estamos, nos concienciaremos de
que todo lo que ocurre tiene explicación. Por muy ex-
traño que parezca, todo es lo que es.
é
Jesús Díaz Andrés, [email protected]
CARTAS AL DIRECTOR
el esc
é
ptico
otoño- invierno 2001
82
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FE DE ERRATAS
Como suele suceder, y por diversas causas, una serie de errores se deslizaron en el número 11 de nuestra revista.
Así, uno grave en la página 3, Sumario, en la que se indicaba que en la página 58 había un artículo dedicado a Ignatius Don-
nelly. En la pequeña introducción al mismo se especifica que “El fundador de los eruditos jesuitas, Donnelly, creó el mito moder-
no de la Atlántida”.
Evidentemente, lo que debía ir era “Con un nombre igual al del fundador de los eruditos jesuitas, Ignatius Lo-
yola Donnelly, creó el mito moderno de la Atlántida”.
Otro menor en la misma página está en el título del artículo de la Guía Digital,
que no era el que se indica sino Los magufos y los medios.
También se comete otro fallo en la columna de la izquierda de la página 37, al hablar de la frecuencia de la luz ultravioleta.
Lo que debiera salir debiera ser “Se llama radiación ultravioleta a la banda comprendida entre los 8x10
14
y los 3,4x10
16
Hz. La
de la emisión del teléfono móvil está en el orden de los 10
9
. O dicho de otro modo, un fotón ultravioleta es del orden de 100.000
a 10.000.000 de veces más energético (no voy al detalle de la operación, me quedo sólo en grandes órdenes de magnitud). Com-
parado con la energía eléctrica, que es de 50 Hz, estamos en una cifra entre los diez y los cien billones de veces superior.
”.
Por segundo número consecutivo, el nombre de nuestro redactor Luis Alfonso Gámez vuelve a ser cambiado por otro, el de Luis
Antonio Gámez, en la página 57.
Por último, una aclaración. Nos han preguntado sobre la amplia nacionalidad atribuida a Uri Geller en la página 6, del que se
dice “el prestidigitador húngaro/austríaco/israelí”, quizás hubiera sido más claro poner “el prestidigitador israelí (de ascendencia
austriaca y húngara)”, dado que su pasaporte actual es de dicho país, donde nació antes de su constitución como estado.