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“La culpa, querido Bruto,
no está en nuestras estrellas,
sino en nosotros mismos...”
Shakespeare
Julio César, Acto I, Escena 2.
L
a revelación, en 1988, de que la pri-
mera dama estadounidense Nancy
Reagan consultaba con un astrólogo
de San Francisco la organización de la
agenda del presidente pudo haber sorpren-
dido a muchos maestros y padres que pres-
taban poca atención a esa antigua supers-
tición. Por desgracia, la creencia en el po-
der de la astrología está mucho más exten-
dida entre nuestros estudiantes que lo que
mucha gente advierte. Una encuesta de Ga-
llup en 1984 indicaba que el 55 % de los
adolescentes norteamericanos creía que la
astrología funciona. Hay secciones astroló-
gicas en unos
1.200 periódicos
de Estados Uni-
dos; como con-
traste, poco más
de diez periódicos
tienen columnas
de astronomía. Y
en todo el mundo
hay gente que ba-
sa sus decisiones
personales, finan-
cieras e incluso
médicas en los
consejos de los
astrólogos.
Además, la as-
trología es sólo
una de las nume-
rosas creencias
pseudocientíficas
cuya acrítica
aceptación por los medios de comunicación
y el público ha contribuído a una preocu-
pante falta de escepticismo entre los más
jóvenes
y, aparentemente, también entre
los presidentes
en EE UU. Muchos profe-
sores sienten que es rebajar su dignidad
introducir temas como éste en cursos o
programas de ciencia. Lamentablemente, al
renunciar a impulsar la duda sana y el
pensamiento crítico en nuestros mucha-
chos, podemos estar favoreciendo el desa-
rrollo de una generación dispuesta a creer-
se cualquier afirmación poco fundamenta-
da impresa en los periódicos o transmitida
por la televisión.
Así pues, en la Asociación Astronómica
del Pacífico dedicamos un número de Uni-
verse in the Classroom a la información so-
bre la desmitificación de la astrología y la
utilización del interés de los estudiantes en
tales muestras de pseudociencia para ayu-
dar al desarrollo del pensamiento crítico e
ilustrar el uso del método científico.
Preguntas sugerentes
sobre astrología
Para los que siguen las columnas astrológi-
cas de periódicos o revistas, es útil comen-
zar por la pregunta: ¿Cómo es posible que
1/12ª parte del mundo
unos 400 millones
de personas por cada signo del Zodiaco
tengan el mismo tipo de día? Esta pregun-
ta vierte algo de
luz sobre por qué
las predicciones
de las columnas
de astrología son
siempre tan vagas
que pueden ser
aplicadas a situa-
ciones de la vida
de casi todo el
mundo.
¿Por qué es el
momento del na-
cimiento, más
que el de la con-
cepción, el que
resulta crítico pa-
ra el cálculo del
horóscopo? Para
comprender esto,
es útil saber que,
cuando apareció
la astrología, hace miles de años, el mo-
mento del nacimiento se consideraba mági-
co. Pero hoy sabemos que el nacimiento es
la culminación de nueve meses de un com-
plejo e intrincadamente orquestado desa-
rrollo dentro del útero. Muchos aspectos de
la personalidad del niño se establecen mu-
cho antes del momento del nacimiento.
La razón por la que los astrólogos se
adhieren todavía al momento del nacimien-
to tiene poco que ver con la teoría astroló-
gica. Es tan simple como que casi todo el
el escéptico (Primavera 1999) 13
Horóscopos contra telescopios:
la astrología en el punto de mira
ANDREW FRAKNOI
Muchos profesores sienten que rebajan su dignidad si introducen la
pseudociencia en cursos o programas de ciencia, cuando puede servir
para impulsar la duda sana y el pensamiento crítico en los jóvenes
Atlas soportando sobre sus hombros el Zodíaco en un
manuscrito europeo del siglo XVI.
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mundo sabe cuál es el momento de su na-
cimiento, pero es difícil
y tal vez embara-
zoso
enterarse de cuál fue el momento de
la propia concepción.
Los astrólogos serios proclaman que se
debe tener en cuenta la influencia de todos
los cuerpos principales del sistema solar
para conseguir un horóscopo correcto. In-
sisten también en que la razón por la que
debemos creer en la astrología es que nos
ha permitido hacer predicciones acertadas
de perfiles de personalidad durante mu-
chos siglos.
Pero cualquiera que conozca la historia
de la astronomía puede confirmar que los
más distantes planetas conocidos
Urano,
Neptuno y Plutón
no fueron descubiertos
hasta 1781, 1846 y 1930, respectivamente.
¿Cómo se entiende que no fuesen incorrec-
tos todos los horóscopos anteriores a 1930,
si les faltaba al menos un planeta de su in-
ventario de influencias importantes? ¿Por
qué los problemas de inexactitud de los pri-
meros horóscopos no llevaron a los astrólo-
gos a sentir la presencia de estos planetas
mucho antes de que los astrónomos los
descubrieran?
Todas las fuerzas de largo alcance que
conocemos en el universo se debilitan con
la distancia
la gravedad es un ejemplo
excelente
. Pero, para la astrología, no hay
diferencia entre si Marte está del mismo
lado del Sol que nosotros
y, por lo tanto,
relativamente cerca
o del otro lado: su in-
fluencia (fuerza) astrológica es la misma. Si
la influencia de los planetas y las estrellas
en realidad no dependiese de lo lejos que
estuviera la fuente de dicha influencia, eso
representaría una completa revolución en
nuestro conocimiento de la naturaleza. Una
sugerencia tal debe ser contemplada con
un extremo escepticismo.
Además, si las influencias astrológicas
no dependen de la distancia, ¿por qué no
debemos considerar las influencias de
otras estrellas e incluso galaxias al hacer el
horóscopo? ¡Cuántos horóscopos inadecua-
dos se habrán hecho por omitir la influen-
cia de Sirio o de la Galaxia de Andrómeda!
(Desde luego, dado que hay miles de millo-
nes de estrellas en nuestra galaxia, y miles
de millones de otras galaxias, ningún astró-
logo puede tener la esperanza de concluir
14
(Primavera 1999)
el escéptico
Rincón de actividades
Una de las mejores maneras de conseguir que los estu-
diantes piensen sobre la validez de la astrología es
hacer que ellos mismos sometan a prueba las predic-
ciones astrológicas. He aquí algunas actividades prácti-
cas para comenzar; más adelante el profesor y los estu-
diantes serán capaces de proponer otros tests y proyec-
tos por si mismos.
Para muchos de estos tests, es de utilidad hacer aco-
pio de grandes muestras de datos para propósitos esta-
dísticos. En algunas escuelas, cuando una clase no te-
nía suficientes estudiantes o tiempo para obtener los
datos necesarios, otras clases o miembros de la familia
participaron a veces en el estudio.
1. Mismo día, diferentes horóscopos. Si en la ciu-
dad hay un buen quiosco y el presupuesto de la clase lo
permite, los estudiantes compran la mayor cantidad
posible de periódicos y revistas con columnas astrológi-
cas. A continuación, comparan las predicciones y afir-
maciones de los diferentes astrólogos para un mismo
signo. ¿En qué medida discrepan? ¿En qué medida se
contradicen unos a otros?
2. Horóscopos mezclados. El profesor recorta los
12 horóscopos de un periódico
preferiblemente uno
que los estudiantes no hayan visto
y, despues de hacer
una copia para él, separa las fechas y nombres del zo-
diaco de cada párrafo. Los mezcla, les da a cada uno un
número, y al día siguiente distribuye los párrafos sin
identificar entre los estudiantes. Los estudiantes apun-
tan su fecha de nacimiento, y escogen el párrafo que
mejor se corresponda con su día de ayer. Se recogen las
hojas de los estudiantes, se mezclan y se reparten nue-
vamente, de modo que cada uno tenga la de otro. Fi-
nalmente, se anotan en la pizarra las fechas que el as-
trólogo había hecho corresponder con cada párrafo, y se
recuentan los aciertos y errores. ¿Cuántos aciertos po-
drían obtener los estudiantes por azar?
3. Profesiones y astrología. Incluso los astrólogos
que desdeñan los horóscopos de los periódicos
porque
sólo tienen en cuenta la posición del Sol, y no las de los
otros cuerpos celestes
a menudo proclaman que el sig-
no del Sol está relacionado con la elección de profesión
de la persona. Muchos libros de astrología especifican
qué signos son los más adecuados para la elección de
una profesión dada. Por ejemplo, los Leo pueden ser
más apropiados para la política, y los Virgo para la cien-
cia. Una vez que la clase ha ojeado libros de astrología
y ha encontrado estas hipótesis, pueden empezar a
someterlas a prueba.
Un posible test consiste en que la clase envíe por
correo una encuesta preguntando a las personas la pro-
fesión que han elegido y su fecha de nacimiento
se
debe asegurar que los estudiantes explican por qué soli-
citan esa información, explican el enfoque, e incluyen
un sobre sellado y con la dirección de respuesta escri-
ta
. Otra forma de conseguir datos
al menos de la la
gente famosa
es mirar en directorios de líderes, como
el Who's Who in American Politics, y correlacionar fechas
de nacimiento y profesiones. Es importante reunir
ejemplos suficientes como para que los caprichos esta-
dísticos vayan prorrateándose en la muestra.
Los test a gran escala de este tipo no han revelado
nunca correlación alguna entre signos del zodiaco y
profesiones. Los miembros de una profesión dada se
reparten aleatoriamente entre los diferentes signos
zodiacales.
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un horóscopo que tenga en cuenta todas
sus influencias.)
Incluso después de miles de años de es-
tudio y perfeccionamiento de su arte, las
diferentes escuelas astrológicas difieren ra-
dicalmente en cómo confeccionar un horós-
copo y
especialmente
en cómo interpre-
tarlo. Uno puede tener su horóscopo elabo-
rado y leído por diferentes astrólogos el
mismo día, y obtener predicciones, inter-
pretaciones y sugerencias completamente
diferentes. Si la astrología fuese una cien-
cia
como reclaman los astrólogos
, debe-
ría esperarse que, tras todos estos años, los
experimentos y cálculos similares diesen
lugar a resultados asimismo similares.
¿Cuál es el mecanismo?
Aunque dejemos a un lado por un momen-
to tan incordiantes pensamientos sobre la
astrología, todavía sobrevuela una pregun-
ta que aún no ha sido formulada: ¿por qué
las posiciones de los objetos celestes en el
momento de nuestro nacimiento tienen un
efecto en nuestros caracteres, vidas o des-
tinos?, ¿qué fuerza, qué influencia, qué tipo
de energía viaja desde las estrellas y plane-
tas hasta los seres humanos para afectar-
les en su desarrollo y en su sino?
Se puede comprender que la cosmovi-
sión astrológica resultase atractiva hace
miles de años, cuando se desarrolló la as-
trología. En aquellos días, la humanidad
estaba aterrorizada por las casi siempre
impredecibles fuerzas de la naturaleza, y
buscaba desesperadamente regularidades,
signos y portentos celestes que pudiesen
guiar sus vidas. Eran días de magia y
superstición, en los que se pensaba que los
cielos eran el dominio de dioses y espíritus,
cuyos caprichos los humanos debían com-
prender
o al menos cuidarse de ellos
si
querían sobrevivir.
Pero hoy, cuando nuestras naves han
viajado a otros planetas y los han explora-
do con cierto detalle, nuestra visión del
universo es muy diferente. Sabemos que
los planetas son otros mundos y las estre-
llas otros soles, objetos físicos que resultan
increíblemente remotos y felizmente ajenos
a la vida diaria de las criaturas de nuestro
pequeño planeta. Ni las jergas de sonique-
te científico ni los cálculos por ordenador
de los astrólogos pueden disimular el pro-
blema central de la astrología: no existe ni
un atisbo de evidencia de un mecanismo
por el cual los objetos celestes puedan ejer-
cer ninguna influencia sobre nosotros de
forma tan específica y personal.
Introducción a la ‘jetología’
Permítaseme una analogía. Imaginemos
que alguien sostiene que las posiciones de
todos los jets Jumbo que circulan por el
mundo en el momento en que nace un bebé
van a tener un efecto significativo en la per-
sonalidad del niño y en su vida futura.
Además, previo pago de una determinada
tarifa, un jet-ólogo con un potente ordena-
dor, se nos ofrece a hacer una elaborada
carta que muestre las posiciones de los
aeroplanos en el momento preciso, y a in-
terpretar el complicado gráfico para ayudar
a comprender su influencia en la vida del
niño. No importa cuán científica o compleja
llegue a ser la carta de las posiciones de los
jets: cualquier persona razonablemente es-
céptica probablemente hará al jet-ólogo
unas cuantas afiladas preguntas acerca de
por qué las posiciones de todos esos avio-
nes deben tener algo que ver con la perso-
nalidad de nadie, o con los acontecimientos
que conforman las vidas humanas. (Los
estudiantes pueden divertirse inventando
otras ciencias del mismo tipo, y estable-
ciendo y elaborando conjuntos de reglas
para ellas.)
En el mundo real, es bastante simple
calcular las influencias planetarias sobre
un recién nacido. La única fuerza conocida
que actúa en distancias interplanetarias de
forma significativa es la gravedad. Así pues,
podemos comparar la atracción de un pla-
neta vecino como Marte con otras posibles
influencias que se ejerzan sobre el niño. El
resultado es que la atracción gravitatoria
del ginecólogo es significativamente mayor
que la de Marte. (¡Y el edificio del hospital,
a no ser que el bebé ocupe exactamente su
centro geométrico, ejerce todavía más
atracción que el doctor!) Las clases que
gusten de hacer por sí mismas tales cálcu-
los pueden encontrar fórmulas y ejemplos
en el libro de Culver e Ianna citado en el
“Rincón de recursos”.
Sometiendo a prueba
a la astrología
Algunos astrólogos arguyen que puede ha-
ber todavía una fuerza desconocida que re-
presente la influencia astrológica. Supon-
gamos que les otorgamos el beneficio de la
duda y asumimos que existe algo que nos
conecta a los cielos, aunque no sepamos lo
que es. Si es así, las predicciones astrológi-
cas
como las de cualquier campo científi-
co
deberían ser fácilmente sometidas a
prueba. Si la astrología predice que Virgo y
Aries son signos incompatibles
por poner
un ejemplo simple
, al analizar miles de re-
gistros de matrimonios y divorcios, debería-
mos hallar más parejas Virgo-Aries divor-
ciadas, y menos con matrimonios estables,
que las que cabría esperar por puro azar.
Los astrólogos siempre dicen estar de-
masiado ocupados para llevar a cabo tales
tests de su eficacia, de modo que en las dos
últimas décadas los científicos y estadísti-
cos han realizado generosamente esas
pruebas en su lugar. Ha habido docenas de
pruebas bien diseñadas en todo el mundo,
y la astrología ha fallado en todas ellas.
(Ver el “Rincón de recursos” para profundi-
zar en esos tests, y el “Rincón de activida-
des” para ver algunos experimentos que se
pueden hacer con los estudiantes.)
Por ejemplo, el psicólogo Bernard Silver-
man de la Universidad de Michigan, revisó
2.978 matrimonios y 478 divorcios ocurri-
el escéptico (Primavera 1999) 15
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dos entre 1967 y 1968 para ver si los sig-
nos astrológicamente compatibles se divor-
ciaban menos. Halló que no había correla-
ción, pues los signos compatibles e incom-
patibles se divorciaban por igual. En otro
test, miembros del Servicio Geológico de
Estados Unidos analizaron 240 prediccio-
nes de terremotos hechas por 27 astrólo-
gos, y encontraron que había menos acier-
tos que los obtenidos al azar. Y así ocurrió
con cada uno de los tests que se hicieron.
Los astrónomos Roger Culver y Philip
Ianna (ver referencias) rastrearon las pre-
dicciones específicas publicadas por astró-
logos bien conocidos y por organizaciones
astrológicas para un periodo de cinco años.
De unas 3.000 predicciones concretas
en-
tre otras, muchas sobre políticos, estrellas
de cine y otra gente famosa
incluidas en
su muestra, sólo un 10% resultó correcta.
Si concluimos que las estrellas han lle-
vado a los astrólogos a nueve predicciones
incorrectas de cada diez, difícilmente pode-
mos considerarlos guías de confianza para
las incertidumbres de la vida o los proble-
mas del país. Quizá debamos intentar que
las señales luminosas del cielo despierten
el interés de nuestros estudiantes por el
universo real
y fascinante
que se extien-
de más allá de nuestro planeta, y no pemi-
tir que se vean enganchados a antiguas
fantasías, reminiscencias de un tiempo en
el que nos apiñábamos en torno al fuego,
temerosos de la noche.
Agradecimientos
Gracias a Diana Almgren, de Broomfiel, Co-
lorado; Daniel Helm, de Phoenix, Arizona; y
Dennis Schatz, del Centro de Ciencia del
Pacífico en Seattle, Washington, por sus
sugerencias.
Andrew Fraknoi
es director del Departamento
de Astronomía del Colegio Foothill, miembro de
la directiva del Instituto SETI, autor de nume-
rosos libros y asesor para temas educativos de
la Sociedad Astronómica del Pacífico.
Este artículo apareció originalmente en Universe
in the Classroom, publicación de la Sociedad As-
tronómica del Pacífico (390 Ashton Ave., San
Francisco, CA 94112-1787, EE UU; http://
www.aspsky.org) dirigida a la comunidad edu-
cativa, y se reproduce con autorización.
© Andrew Fraknoi y la Sociedad Astronómica
del Pacífico.
Versión española de José María Bello.
16
(Primavera 1999)
el escéptico
Rincón de recursos
Para saber más sobre astrología,
sugerimos:
Astrology and astronomy. Un
paquete informativo disponi-
ble mediante una donación
de 3$ en EE UU y de 5$
desde otros lugares a la So-
ciedad Astronómica del Pací-
fico, 390 Ashton Ave., San
Francisco, CA 94112-1787.
Abell, George O.; y Singer, Barry
(Eds.) [1981]: Science and the
paranormal. Probing the exis-
tence of the supernatural.
Charles Scribner's Son. Nue-
va York. xi + 414 páginas.
Una introducción general a la
desmitificación de varias
pseudociencias.
Armentia, Javier [1992]: “¿La
astronomía frente a la astro-
logía?”. Edita ARP. La Alter-
nativa Racional (Bilbao), Nº
24 (Marzo), 29-39.*
Carlson, Shawn [1985]: “A dou-
ble-blind test of astrology”.
Nature, Vol. 318 (5 de diciem-
bre), 419. Un informe sobre
un sofisticado test de astró-
logos en una revista científica
del que puede encontrarse
una detallada descripción en
español en Rouzé, Michel
[1986]: “Física contra ocultis-
mo”. Conocer (Madrid), Nº 44
(septiembre), 12-17.
Culver, Roger B.; y Ianna, Philip
A. [1988]: El secreto de las es-
trellas. Astrología: ¿mito o rea-
lidad? [The Gemini syndro-
me]. Trad. de Dafne Sabanes
Plou. Tikal Ediciones. Gerona
1994. 252 páginas. El mejor
libro sobre el tema.
Frazier, Kendrick (Ed.) [1981 y
1986]: Paranormal border-
lands of science y Science con-
fronts the paranormal. Pro-
metheus Books. Buffalo. Dos
excelentes colecciones de ar-
tículos de The Skeptical Inqui-
rer, que suministran soberbia
munición contra muchas
proclamas pseudocientíficas,
incluyendo los ovnis como
naves extraterrestres y los
antiguos astronautas que vi-
nieron a ayudarnos a comen-
zar la civilización
¿tal vez
porque nuestros antepasados
eran demasiado estúpidos
como para hacerlo por sí mis-
mos?
.
Molina, Eustoquio; y Sabadell,
Miguel Angel (Eds.) [1993]:
Actas del I Congreso Nacional
sobre Pseudociencia. Edita
ARP. Zaragoza. 141 páginas.
Obra que recoge las actas del
primero congreso científico
sobre lo paranormal celebra-
do en España, incluidas dos
ponencias sobre la astrología.
Sabadell, Miguel Ángel [1993]:
“¿Está escrito en las estre-
llas? Una revisión crítica de
la astrología”. Edita ARP. La
Alternativa Racional (Zarago-
za), Nº 30 (Otoño), 5-22.
Toharia, Manuel [1992]: Astrolo-
gía. ¿Ciencia o creencia? Edi-
torial McGraw-Hill (Serie
“Divulgación Científica”). Ma-
drid. xii + 204 páginas. Una
magnífica disección de la fa-
lacia astrológica de la mano
de uno de los mejores divul-
gadores científicos de habla
hispana. Imprescindible.
Toro, Victoria [1991]: “Qué ven
los astrólogos en el cielo”. Co-
nocer (Madrid), Nº 105 (oc-
tubre), 90-94.
* Los interesados pueden socilitar el
material propio de ARP - Sociedad
para el Avance del Pensamiento Crí-
tico al Apartado de Correos 310;
08860 Castelldefels (Barcelona).