Los gatos de Bélmez

Los gatos de Bélmez

por María Dolores Cárdenas Luque

¿Quién no recuerda haberse quedado mirando las nubes y comentado cómo ha reconocido caras de persona, animales e incluso objetos? Todos estaremos de acuerdo en que este hecho no tiene nada de especial; forma parte de un proceso natural de nuestro cerebro que recibe el nombre de pareidolia. En este diccionario (en inglés) encontramos una definición de este hecho, que podemos traducir como sigue: La pareidolia es un tipo de ilusión o deficiencia en la percepción que provoca que un estímulo vago sea claramente percibido como una forma familiar.

Vamos a empezar ilustrando un poco esta situación con unas imágenes que nos muestran la manera en que nuestro cerebro tiende a completar formas para poder reconocer figuras que le resultan cómodas porque forman parte de su repertorio de posibilidades cotidianas.

Un ejemplo clásico es la siguiente figura:

¿Cuántos triángulos hay?

¿Cuántos triángulos hay en la figura?

Uno puede estar tentado de contestar que hay dos triángulos. Alguien más cauto, quizá diga que sólo hay uno, pero, realmente, ¿hay algún triángulo definido como tal en la imagen? No, no lo hay. Sin embargo, a nuestra mente le molesta ver la figura incompleta y "pone" de su parte para transformarla en algo con lo que se siente más cómoda.

Ninguna persona equilibrada hablaría entonces de presencias fantasmales por el hecho de reconocer una cara en una nube,

¿Una cara en la nube?

en una montaña,

¿Una cara en la montaña?

en el estucado de la pared o en el gres del cuarto de baño. Hasta nos hace gracia observar cómo somos capaces de dar forma a una figura aleatoria, haciendo a veces pequeños concursos en los que comparamos lo que vemos con lo que ven los demás, y queda perfectamente claro para todos que lo que se está viendo, en realidad, no sólo no está ahí, sino que no hay sentidos ocultos que buscarle.

Entonces, ¿por qué se reconocen como espectrales unas manchas de humedad en una casa que últimamente vuelve a estar de moda? Hablamos, por si queda alguien que no lo sabe todavía, de la "casa de las caras de Bélmez".

Es evidente que hay muchos intereses en ese pretendido misterio. Intereses por parte de quienes lo explotan. La historia es bien conocida: en 1971, en un pueblo de Jaén llamado Bélmez de la Moraleda, concretamente, en la casa de una mujer, María Gómez Cámara, aparecieron unas caras en el suelo. Hay algunos artículos que desmienten el misterio:

Sin embargo, estos no son los datos que llegan al gran público. Al gran público le llegan, una y otra vez, las frases "es inexplicable" o "no hay explicación científica". Y el gran público se lo cree sin más, sin preguntar.

Estas situaciones dan lugar al hastío. Los medios de comunicación se han llenado la boca de misterio, y no parece haber habido alguien que haya tratado de buscar cuán absurdas están siendo especialmente las últimas "caras". Todos parecen fascinados y dispuestos a admitir sin mayor crítica que, efectivamente, "es un gran misterio" y que "da mucho miedo", como he llegado a escuchar en la radio.

Afortunadamente, un lector de mi página, Pedro Gimeno, harto del absurdo, cogió una de las placas que la SEIP "estudió" encontrando (por supuesto) una cara, y se puso a buscar otra cosa. Partiendo de los "ojos" de una "cara" que "apareció" en el cemento, giró la placa hasta darse cuenta de que, si queremos, en lugar de una cara con una sonrisa grotesca, podemos ver un simpático gato. Sí, un gato. Eso dio pie para coger las explicaciones paranormales dadas hasta el momento como justificantes de la historia, y añadir un elemento que, hasta ahora, los "investigadores" de lo paranormal no han tenido en cuenta: si aparece también un gato, ese gato debe formar parte de la historia sobrenatural. O lo aceptamos, o aceptamos que, realmente, no hay historia paranormal que valga. Así pues, en esta entrada tenemos la historia corregida y ampliada: los gatos de Bélmez también quieren decirnos algo:

Según las investigaciones realizadas, el fenómeno de las "caras de Bélmez" tiene como posible explicación que sean manifestaciones de almas que vagan perdidas por el más allá,tratando de comunicarnos las injusticias sufridas, canalizando dicha comunicación a través de la ahora difunta María Gómez Cámara. Se cuentan historias sobre un cementerio sobre el que se edificó la casa, se habla de torturas en y tras la Guerra Civil española. Los muertos han hablado, los muertos han querido revelarnos su triste realidad a través de las teleplastias así como de las inteligentes psicofonías registradas. Algo debe haberse revuelto en todo este mundo de los muertos, algo más en toda esa justicia que nivela el bien y el mal en el Universo, porque ahora, vistas las pruebas, los animales también se han decidido a hablar. Sí, los animales también viven, sufren y padecen, al igual que las personas, las tremendas injusticias del mundo, de esos hechos tenebrosos de la Historia. Y ya están cansados de ocultarse. Vienen dispuestos a hablar, a darnos señales y, quizá, a transmitirnos algún mensaje.

Si no fuera así, ¿qué pretende comunicarnos este gato cuya historia se halla igualmente ligada al pueblo de Bélmez de la Moraleda?

Uno de los gatos de Bélmez quiere decirnos algo...

Gracias, Pedro, por habernos aclarado el misterio, por habernos abierto los ojos con nuevas revelaciones que pueden extraerse analizando con rigor y seriedad las nuevas caras que las gentes del SEIP obtuvieron tras su experimento científico altamente controlado (desgraciadamente el enlace está roto).

Espero, sinceramente, que estas fotografías puedan conmover al mundo, pues un nuevo misterio se ha declarado ante nuestros temblorosos ojos: ¿qué pasó con los gatos de Bélmez?

Una historia absurda, sin duda, ¿no es así? Entonces, ¿qué la convierte en diferente cuando, en lugar de un gato, reconocemos a una persona en el cemento? En ambos casos es una ilusión de nuestra mente. ¿Es el hecho de reconocer figuras humanas lo que nos hace pensar que tal vez tenga un sentido oculto, que se nos esté intentado transmitir un mensaje?

Me permito apuntar una posible explicación: tenemos unas grandes tragaderas cuando nos toman el pelo con temas que tocan nuestra "espiritualidad". Sí, estos misterios que nos hablan de una justicia (que en el mundo real es inexistente), de "almas" que vienen a dar testimonio de los hechos pasados, ayudan a mantener la esperanza de que no somos finitos, de que las cosas no terminan tras la muerte, y de que por muy mal que nos trate la vida, "el tiempo acabará poniendo a cada cual en su lugar, dándole lo que merece". Por eso mucha gente se niega a creer que les estén tomando el pelo con lo que les afecta a lo más profundo de su ser: el fin de su propia existencia. Aunque tengan las pruebas delante. Ya lo dice el refrán, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Mientras tanto, los embaucadores del misterio siguen engrosando su cuenta bancaria, la única realidad de todos los hechos paranormales.

Algunas referencias con ilusiones ópticas:

Entradas sobre el último escándalo: las nuevas caras en realidad parecen haber sido creadas por los miembros de la S.E.I.P. (Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas). Hay que prestar atención a los comentarios, donde se habla del tema.