El Escéptico: número 47

47
Anuario 2017 (primavera-verano)

En 2017 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico cumple treinta años, y este número-anuario de El Escéptico rememora este hecho. El Editorial presenta al escepticismo como <<movimiento social>> y subraya el pensamiento crítico como herramienta central para el ejercicio de la racionalidad que busca comprender y no se conforma con creer. Comienza esta entrega con el Resumen de actividades de la asociación 2016-2017 y con la entrevista a Félix Ares de Blas, presidente fundador de ARP, buen conocedor de sus orígenes y evolución. La II edición del concurso de relatos sobre escepticismo y pensamiento crítico que lleva su nombre es una muestra del interés de ARP por fomentar en la sociedad el músculo racional. David Revilla comienza aquí en este número la sección de Humor, que más adelante será completada por Martin Favelis y Andrés Diplotti, como en otras ocasiones con genial perspicacia. El número contiene un trabajo sobre conspiraciones realizado con el apoyo de una beca de investigación de ARP-SAPC, otro sobre la interpretación de las pirámides y otro sobre la Historia de una broma: Los sellos de Ummo. Se completa este anuario con dos contribuciones, una sobre reflexiones de Alan Sokal acerca de la ciencia y por qué debe importar, y otra que analiza algunos aspectos ligados a la posibilidad de mentir en ciencia.

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...PERO TENDRÍA QUE MATARTE: UNA BIOGRAFÍA DE LA CONSPIRACIÓN

Sección: 
ANUARIO 2017
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...pero tendría que matarte.
.

Una biografía de la conspiración
Javier Cavanilles
Periodista. ARP-SAPC
Trabajo realizado con la ayuda de una beca de investigación de ARP-SAPC
Que estés paranoico no significa que no estén yendo a por ti
Trampa 22. Joseph Heller.

1. Introducción
En mayo de 2016, la Chapman University (California, EEUU) hizo pública la tercera edición de su
National Survey of Fear1 (Encuesta Nacional sobre
Miedo). En ella, la mayoría de encuestados se mostró
«muy de acuerdo» o «de acuerdo» con que el gobierno
ocultaba datos sobre los atentados del 11-S (52,3%),
el asesinato de Kennedy (47,8%), el cambio climático
(40,3%) o los encuentros con extraterrestres (40,2%).
Pero el dato más llamativo era que el 30,6% seguía
creyendo que la Casa Blanca mantenía el cover up sobre el llamado «Incidente de Dakota del Norte» (The
North Dakota Crash), lo que situaba esta conspiración
en séptimo lugar, justo entre el plan para instaurar un
Nuevo Orden Mundial (34,5%) y que el expresidente
Barack Obama no nació en EE.UU. (28,9%), por lo
que nunca debería haber ocupado el cargo.

Por supuesto, ni todas las conspiraciones de la encuesta pueden meterse en el mismo saco ni todas las
respuestas eran igualmente absurdas. Por ejemplo,
en los casos del 11-S o el asesinato de Kennedy, los
equivocados eran los que creían que el gobierno les
había contado todo lo que sabía. Que la Administración Bush orquestó los atentados contra las Torres
Gemelas es una idea tan extendida como absurda,
pero hasta un mes después de la publicación de esta
encuesta, la Casa Blanca no hizo público el quinto de
los anexos al informe de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas en EEUU (más conocida
como la Comisión del 11-S), que permanecía clasificado desde 2002, y en el que se analizaba la presunta
relación de Arabia Saudí con los atentados. Es decir,
el Gobierno sí había ocultado datos. Lo mismo podría afirmarse del atentado contra Kennedy. Aunque

No todas las conspiraciones son igual de absurdas.
Por ejemplo, en el 11-S o el asesinato de Kennedy los
equivocados eran los que creían que el gobierno les había
contado todo.

el escéptico 18

Anuario 2017

(foto: Benjamín Andre, https://pixabay.com/es/users/benjamin-andre-1125020/)

toda la información disponible hasta la fecha apunta a
que un «lobo solitario» con ansias de notoriedad, Lee
H. Oswald, fue el único responsable del magnicidio,
todavía quedan por desclasificar 3.598 documentos
que deberían ver la luz, como muy tarde, en octubre
de 2017, según establece la JFK Records Act. Ni los
más recalcitrantes esperan ya encontrar una «pistola humeante» que cambie la versión oficial, pero el
ocultamiento de datos sobre el caso comenzó poco
después de que Oswald disparase la tercera bala y se
mantiene hasta nuestros días.
En otras de las respuestas, es evidente que los que
se equivocaban eran los que pensaban que el Gobierno les estaba engañando. Que Obama nació en Hawai
el 4 de agosto de 1961 no merece mayor comentario,
por muy extendidas que estén las teorías de los llamados birthers: hasta la prensa de la época4 se hizo eco
del feliz acontecimiento. ¿Y qué decir del 28,9% que
creía que se les ocultaban datos sobre el origen del
sida, o del 23,2% que sigue albergando dudas sobre
el alunizaje del Apolo 11?
Por eso es interesante fijarse en ese 36,5 % de encuestados que estaba «de acuerdo» o «muy de acuerdo» cuando se les preguntó sobre el encubrimiento
del Incidente del Dakota Norte. Y es interesante porque ese caso jamás existió, era una especie de broma de los encuestadores para ver hasta qué punto la
gente sabía de lo que estaba hablando. Por supuesto,
Anuario 2017

algunos respondieron que «sí» confundidos por casos como el Incidente Roswell. Otros, simplemente,
porque hubieran hecho lo propio a cualquier pregunta que comenzara con la frase «cree que el gobierno
oculta datos sobre…».
Entre los que participaron en el sondeo de la Universidad de Chapman había hombres y mujeres, desde jóvenes de 18 años hasta mayores de 65, con y sin
acceso a internet, en paro o con trabajo estable, solteros y con familia numerosa, universitarios y con estudios básicos… y ninguno de estos parámetros servía
para identificar a los llamados conspiranoicos. Podía
ser cualquiera. Eso hace de las conspiraciones y las
teorías de la conspiración un fenómeno tan complejo
como digno de estudio pese a que a algunos no les
interesa que se sepa.
Los que podrían conspirar no tienen el tiempo;
los que conspiran no tienen el talento

John P. Roche (1924-1974). Asesor presidencial
norteamericano
2. Definición
2.1. La Ceremonia de la confusión
El 27 de septiembre de 1964 vio la luz el llamado
informe de la Comisión Warren, un grupo de trabajo establecido apenas un año antes por el presidente
Lyndon B. Johnson para investigar el asesinato de su
predecesor, John F. Kennedy. El objetivo (fallido) era
19 el escéptico

poner fin a todas las especulaciones surgidas tras el
magnicidio. Las teorías que habían circulado desde el
fatídico 22 de noviembre de 1963 eran de todo tipo.
Algunas, descabelladas; otras, no tanto. Durante ese
año, los norteamericanos habían podido elegir entre
un crimen orquestado por el propio Johnson mientras
ocupaba el cargo de vicepresidente, un contubernio
—financiado por la mafia— entre agentes descontentos de la CIA y disidentes cubanos por el fracaso de
la invasión de Bahía de Cochinos o una represalia de
Castro por el desembarco en Playa Girón (la versión
cubana de Bahía de Cochinos). Con el tiempo, el abanico se fue ampliando. JFK podía haber sido asesinado por los masones, por enfrentarse a la Reserva
Federal, por intentar impedir la escalada militar en
Vietnam, por no haber sido suficientemente diligente
en cumplir las órdenes de Moscú a la hora convertir
EE.UU. en un país comunista, o por intentar desvelar la existencia de un Gobierno en la Sombra que
había llegado a un pacto de colaboración con los extraterrestres (lo que más tarde se conocería como el
MJ-12). Había para elegir. Sin embargo, y en contra
de todo pronóstico, las conclusiones de la Comisión
Warren fueron de lo más mundanas: un desequilibrado con cierta obsesión por los ideales marxistas había
asesinado al presidente sin ayuda de nadie. Sobre los
motivos, simplemente reconocía que no había sido
capaz de concretarlos5 más allá del afán de notoriedad del personaje. Hasta el 11-S, el asesinato de Kennedy fue la Gran Conspiración, aunque si no llega
a ser por la película JFK (Oliver Stone, 1991), hace
años que hubiera caído en el olvido o relegada a un
hobby para nostálgicos como ocurrió con la ufología.
Curiosamente, aunque la Comisión Warren se centró en determinar si existió o no una conspiración, en
ningún momento establece una definición exacta del
término. Esta pequeña contradicción no se solucionó
hasta el 29 de marzo de 1979, cuando se publicó el
informe final del Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (más conocido por sus siglas en inglés
HSCA). Su mandato era revisar las conclusiones de
la Comisión Warren y aunque validó punto por punto
todas y cada una de ellas, curiosamente afirmaba que
según «la evidencia disponible, el presidente John F.
Kennedy fue probablemente asesinado como resul-

tado de una conspiración», para después reconocer
que carecía de datos sobre quién o quiénes pudieron
tomar parte en ella. Independientemente de que tuviera razón, el HSCA acertó a no limitarse a hablar
de conspiración, sino que procedió a definirla. Según
señaló6:
El miembro del Tribunal Supremo de Justicia
Oliver Wendell Holmes definió en cierta ocasión y
de manera simple la conspiración como ‘una colaboración con fines criminales’. Esa definición
es adecuada. Sin embargo, sería útil establecer
una mucho más precisa. Si dos individuos o más
se ponen de acuerdo en hacer algo para matar al
presidente Kennedy y al menos uno de ellos llevó a
cabo alguna acción para hacer progresar el plan,
y eso resultó en la muerte del presidente, entonces
el presidente Kennedy murió como consecuencia
de una conspiración.
Los matices no son gratuitos. La definición de
Wendell Holmes tiene un enfoque jurídico, es mucho
más abierta e incluiría a cualquiera que hubiera ayudado a Oswald, a sabiendas o no de su plan e independientemente de que fuera en hechos relacionados
directamente con el magnicidio (por ejemplo, el que
le vendió la munición). La segunda es una definición
basada en el uso social de la expresión, es más concreta e implica necesariamente que un mínimo de dos
personas hubiera participado a sabiendas en el crimen.
Pero el problema de fondo con el que lidió el
HSCA al querer encontrar una definición adecuada
para la conspiración era que intentaba poner puertas
al mar. Independientemente del nombre que se usara, la verdadera cuestión era si Oswald había contado
con cómplices, al margen de que se pudiera calificar
o no de conspiración. Tan bizantino debate tiene la
ventaja de que permite entender lo complicado que
resulta, pese a lo sencillo que aparenta, encontrar
una definición de lo que es una conspiración. Si estuviéramos hablando de un juicio (y ni la Comisión
Warren ni el HSCA eran tribunales) se podría haber
dado la paradoja de que Oswald hubiera contado con
cómplices pero no hubiera podido ser condenado por
conspiración. Este habría sido el caso de haber plani-

Según Barkun, una conspiración es «una trama, real o
ficticia, en la que una organización actúa en secreto para
conseguir llevar a cabo un acto malévolo».

el escéptico 20

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ficado el atentado con su esposa, Marina Oswald: no
se les podría haber acusado de conspiración, ya que el
matrimonio en aquella época se consideraba una unidad y las conspiraciones de una persona no existen
legalmente. Curiosamente, si entre sus colaboradores
hubiera habido miembros de la CIA, la disidencia cubana, la mafia, la masonería, la Reserva Federal, el
MJ-12, los Village People… y todos hubieran sido
igual de necesarios para cometer el magnicidio (es
decir, que el número de participantes en el complot
hubiera sido igual al número mínimo de cómplices
necesarios para llevarlo a cabo), tampoco se podría
hablar de conspiración. Es el llamado principio de
Wharton7. Mucho legalismo para una cuestión que
era más sencilla: ¿contó con ayuda para cometer el
crimen? Y si fue así, ¿quién, cómo y cuándo le ayudó? El resto es la tramoya de un magnicidio que, a
veces, parece que se cometió solo para vender libros.
Por lo que respecta a lengua española, el Diccionario de la Real Academia8 define conspiración únicamente como acción de conspirar que, a su vez, describe como «unirse contra un superior o soberano» o
«contra un particular para hacerle daño». Por lo que
respecta a nuestra legislación, el artículo 17 de la Ley
Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código
Penal, establece que «la conspiración existe cuando
dos o más personas se conciertan para la ejecución de
un delito y resuelven ejecutarlo» (punto 1) y lo distingue de la proposición para delinquir, que es cuando
«el que ha resuelto cometer un delito invita a otra u
otras personas a participar en él» (punto 2). Ambos
conceptos se enmarcan en lo que se conoce como
«actos previos al delito9», y forman parte del segundo paso del llamado iter criminis, o el proceso que
recorre un crimen desde que es ideado hasta que se
consuma. Cuando el plan se pone en marcha, el delito
de conspiración desaparece y los hechos se castigan
como tentativa o delito consumado, en función del
resultado. Es la principal diferencia con la legislación
norteamericana, en la que la conspiración se desligó
hace siglos del attempt (intento o planificación), que
puede ser delito per se y ser castigada además del
delito una vez consumado.
2.2. Una posible definición
Así, es fácil comprender que los estudiosos de las
conspiraciones hayan intentado encontrar un definición que, sin alejarse en exceso de la realidad jurídica, amplíe su contenido para adecuarse al uso social
del término. Una aproximación interesante es la del
profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de
Siracusa (EE.UU.) Michael Barkun10, quien, en lugar de definir la conspiración, opta por centrarse en
el concepto de creencia conspirativa (conspiracy
belief). Según él, es el convencimiento de que «una
organización compuesta por individuos o grupos está
o ha estado actuando en secreto para conseguir llevar
a cabo un acto malévolo». El principal segundo elemento incómodo es que lo consideran una creencia,
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cuando la lista de conspiraciones reales a lo largo de
la historia (el 23-F o los GAL serían dos ejemplos patrios) es demasiado extensa como para dejarla fuera
del concepto.
Otra definición11, esta vez de la conspiración propiamente dicha, con tantos puntos en común con la
anterior como matices, es la de Joseph E. Uscinski y
Joseph M. Parent, profesores de Ciencias Políticas en
la Universidad de Miami. Para ellos, el concepto debe
incluir cuatro elementos: «Un grupo (1), que actúa en
secreto (2), para alterar las instituciones, usurpar el
poder, esconder la verdad o conseguir alguna ventaja
(3), a expensas del bien común (4)». Su ventaja con
respecto a la anterior es que es más completa e incluye tanto una conspiración desde el estado contra
los ciudadanos como al revés, pero en cambio deja
fuera las conspiraciones imaginarias (o la conspiranoia como creencia a la que se refiere Barkun) del
tipo «los Illuminatis quieren dominar el mundo desde
que desaparecieron a finales del XVIII y que, pese
a su innegable talento y dedicación, aún no lo han
conseguido».
Otra aproximación, aunque con matices importantes, sería la de Cass R. Sunstein12, Director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorio (OIRA)
durante los primeros años de la Administración Obama y ardiente anticonspiranoico, que propuso la definición «un esfuerzo por intentar explicar un hecho
o una práctica refiriéndose a las maquinaciones de
gente poderosa, que también ha conseguido ocultar
sus acciones». Al hablar de esfuerzo, incluye un claro
sesgo negativo que no mejora las definiciones vistas
hasta ahora.
Con sus matices, todas las definiciones pueden
ser buenas, pero a algunas les falta algo: el elemento
de verdad. Si tomamos como ejemplo el caso de los
ovnis, es cierto que la CIA ocultó datos13 a los ciudadanos y manipuló a la opinión pública. De hecho, el
origen del famoso incidente Roswell (Nuevo México,
1947) fue el Proyecto Mogul, una operación clasificada como Top Secret. En cambio, no hay motivos
para pensar que el Gobierno norteamericano almacene los restos de un alienígena en un tupperware en
la base (cada vez menos) secreta del Área 51. Así,
algunas de estas definiciones dejan fuera la primera o
la segunda cuando ambas parten del mismo fenómeno. En conclusión, una definición completa y sencilla
se puede lograr matizando, por ejemplo, la que usa
Barkun: «Una trama, real o ficticia, en la que una organización actúa en secreto para conseguir llevar a
cabo un acto malévolo».
Una cuestión accesoria, pero de amplio calado en
el sector más «cuñado» del escepticismo, es la importancia del secreto en la conspiración. En principio, es un elemento indisociable aunque solo sea por
una cuestión práctica: nadie se reúne para dominar el
mundo en una plaza con un altavoz. Pero el secreto
no es patrimonio de la conspiración: el debate previo
a una entrega de premios, una negociación comercial,
21 el escéptico

las deliberaciones del Consejo de Ministros… todos
exigen discreción y no siempre hay intenciones perversas. Pero el argumento más extendido sobre este
punto es que, si una conspiración es secreta, nadie
sabe de su existencia; y cuando nos enteramos de ello,
es porque ha logrado su fin (y ya se encargan los ganadores de reescribir la historia) o ha fracasado y deja
de ser una conspiración. Aunque gramaticalmente el
argumento sea correcto, el debate no lleva a ningún
sitio. Que podamos reconstruir la conspiración que
acabó con la vida de Julio César en el 44 a.C. eliminando el secreto que la hizo posible, no significa que
nunca existiera. Algunas conspiraciones, de hecho,
ni siquiera necesitan del secreto. Reptilianos, dracos,
grises, crossbreeds… luchan a plena luz del día para
intentar dominar el planeta pero algunos prefieren hacer caso omiso, pese a que está todo explicado en un
vídeo de YouTube. Lo importante en este caso no es
el secreto sino la indiferencia de los borregomatrix
que no quieren asumir la verdad.
2.3. De la conspiración a la conspiranoia
Que la conspiración pueda ser real o imaginaria
no afecta a su contenido, de la misma forma que una
aventura no cambia si su protagonista es un ser de
carne y hueso o un personaje de novela. En ambos casos, es una aventura, aunque es evidente que no es lo
mismo. Pese a que a los estudiosos citados el binomio
realidad-ficción no parece interesarles en exceso, el
asunto merece ser analizado. Desde luego, no forman
parte de la misma categoría una empresa que soborna
a un grupo de políticos para que modifiquen una ley
a su conveniencia —y contra el interés general— que
decir que la reina de Inglaterra —y Kenny Rogers,
dicho sea de paso— es en realidad un lagarto del espacio exterior que adopta forma humana y domina el
mundo. La primera hipótesis permite reaccionar en
su contra; la segunda apenas da ya para reírse. Así, la
cuestión de la veracidad ha dado lugar a dos intentos
que, curiosamente, se han desarrollado de manera independiente. Ambas parten de una definición general,
pero se separan cuando buscan la alternativa: algunos prefieren centrarse en las que son ciertas y otros
en las que son falsas. La polémica es tal que, según
Emma Jane y Chris Fleming14, es imposible estable-

cer una definición que permita distinguir las primeras
de las segundas. En todo caso, el intento más serio
por encontrar un término que se pueda aplicar no solo
a las auténticas sino a las que de verdad deben preocuparnos hay que atribuírselo al profesor de la Florida State University (Tallahassee, EE.UU.), Lance
deHaven-Smith15.
DeHaven-Smith parte de una idea difícil de rebatir: las conspiraciones tienen mala prensa pese a que
existen y están a la orden del día, hasta el punto de
que emplea la expresión «negacionismo conspirativo» (conspiracy denial) para los que no las aceptan
ni como hipótesis. Aunque por las connotaciones
políticas este término es algo exagerado, tiene razón
cuando defiende que los defensores de las conspiraciones viven en un mundo «de diseño» y en el que
no hay margen para la casualidad —como apuntaba
Barkun— pero no son tan diferentes de los anticonspiracionistas (un término más ajustado a la realidad),
que habitan un mundo que se le parece mucho: el sistema funciona razonablemente bien y todo lo que se
parezca a una conspiración es fruto de una serie de
casualidades. Estos se basan en el llamado Principio
o Navaja de Hanlon16, que recomienda que «nunca
atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado
por la estupidez». Así, conspiranoicos y debunkers
tienen una explicación sencilla y sin base real a un
problema complejo y que no es más cierta por muy
atractiva que sea la formulación. En el fondo, el margen de error entre creer que los reptilianos dominan el
mundo y que en las democracias occidentales el poder está en el voto es simplemente de matiz. Ninguna
de estas dos hipótesis es más absurda que la otra, solo
que la segunda está más aceptada. La conspiración
puede ser simplemente un punto de vista.
En su libro, deHaven-Smith comienza investigando el origen del concepto de conspiranoia o teoría
conspirativa (conspiracy theory), cuyo contenido negativo es obvio. Aunque quién y cuándo utilizó por
primera vez la expresión «teoría conspirativa» es imposible de establecer —Karl Popper ya la empleó en
La sociedad abierta y sus enemigos— sí que se puede
intentar determinar cuándo la expresión empezó a incluir esa connotación negativa. Para el profesor, el
punto de inflexión fue un memorando de la CIA, el

Las conspiraciones tienen mala prensa pese a que existen,
hasta el punto de que se emplea la expresión «negacionismo
conspirativo» para los que no las aceptan ni como hipótesis.

el escéptico 22

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Jack Ruby disparando a Lee Harvey Oswald (foto: Jack Beers Jr, www.history-matters.com, procedente del informe de la Comisión Warren)

Dispatch #1035-96017, remitido a sus estaciones en
el extranjero en abril de 1967 y que se publicó por
primera vez en 1976 en el New York Times.
El #1035-960 lleva por título Contrarrestar las
críticas al informe de la Comisión Warren y está
compuesto de un pequeño informe de tres páginas en
el que explica cómo abordar el tema cuando alguien
exprese dudas sobre las conclusiones del informe. En
el punto dos se puede leer:
Frecuentemente, las teorías conspirativas han
arrojado sospechas sobre nuestra organización,
por ejemplo, al alegar falsamente que Lee Harvey
Oswald trabajó para nosotros. El objetivo de este
mensaje es proveer material para contrarrestar y
desacreditar las afirmaciones de los teóricos de
la conspiración y así evitar la circulación de esas
afirmaciones en otros países.
Que uno de los motivos por los que los norteamericanos siguen creyendo que Oswald no actuó solo ha
sido la torpeza de la CIA lo ha admitido hasta ella18,
pero si el sesgo negativo del concepto de teoría de
la conspiración es obra suya habrá que ampliar el
concepto de sublime para poder describir la operación. A favor de la tesis de deHaven-Smith está que
el documento lleva el indicativo Psych (abreviatura
Anuario 2017

de Operaciones Psicológicas o de desinformación) y
CS (destinado a los Servicios Clandestinos). Además,
el documento se produce en el contexto de la llamada
Operación Mockingbird (que comenzó a principios
de los cincuenta y se prolongó hasta mediados de los
setenta), que consistió en crear una red de periodistas
y medios de comunicación que difundieran información de interés para la Agencia. Entre los que participaron estaban Time, New York Times, Life, Washington Post o la CBS. El método de esta operación
incluía filtrar la información en el extranjero y luego
hacerse eco de ella en EE.UU.19.
En definitiva, aunque es posible que la CIA contribuyera a extender el uso social de la expresión «teoría
conspirativa» o «teóricos de la conspiración» con su
significado actual, es muy discutible que el Dispatch
#1035-960 sea la única causa de que tenga sentido
peyorativo o que ese fuera el propósito del documento.
Dicho esto, del planteamiento de deHaven-Smith
lo más interesante es su concepto de Crimen de Estado contra la Democracia20 (o SCAD, por sus siglas
en inglés), un término que propone como sustituto
de conspiración y que define simplemente como «la
teoría de que a veces los cargos públicos en democracia mentirán, engañarán y matarán para salirse con
23 el escéptico

la suya». A la sencillez del concepto, que roza la genialidad, hay que añadirle dos virtudes: describe perfectamente las conspiraciones (desde las reales como
el caso Irán-Contra a las discutibles, como el papel
de la CIA en el asesinato de Carrero Blanco) y despoja a estas tramas de sus connotaciones negativas.
En todo caso, el concepto de SCAD tiene un interés
añadido. En lingüística existen dos figuras antagónicas: el proponente y el oponente. El primero es el que
acuña un término y, por lo tanto, define los términos
de un debate. El oponente se tiene que conformar con
lo que hay, salvo que consiga acuñar una expresión
con la que definir el conflicto desde su punto de vista.
Hasta la aparición del concepto de SCAD (muy poco
difundido, todo sea dicho) los defensores de las conspiraciones debían aceptar la terminología impuesta
por sus detractores. Si se hace popular, habrán conseguido convertirse en proponentes.
No está de más señalar que, en España, una palabra de uso muy frecuente es la de conspiranoico, que
define al que cree en que el futuro del planeta está
en manos de pequeños grupos de personas que dominan el mundo. Curiosamente, en inglés no existe una
palabra similar. Para referirse a alguien obsesionado
con estos fenómenos se le define como un teórico
de la conspiración y esa es la traducción exacta de
conspiranoico (aunque sea informal). Conspiranoid
no aparece ni en el diccionario online de la Universidad de Oxford ni en el de la de Cambridge, por citar
dos de los más importantes, ni en otros de uso habitual como el Merriam-Webster, yourdiccionary.com
o dictionary.com. En cambio, sí aparece en el Urban
Dictionary21 con un significado innegablemente negativo:
Una paranoia aumentada por la creencia de
que fuerzas invisibles están organizadas con uno
mismo o sus valores, o el bienestar general; fantasía persecutoria que se caracteriza por personas,
que el afligido percibe de manera negativa, y que
son agentes o han sido engañados por organizaciones clandestinas reales o imaginarias.
Llama la atención que la entrada data de una fecha relativamente reciente, noviembre de 2006, pese
a que la web de Aaron Peckham nació en 1999. Tam-

bién hay que señalar que las palabras que incluye esta
web no tienen necesariamente que existir, sino que se
pueden crear ex novo, como ha sido el caso de otras
expresiones relacionadas: conspirasist, conspirastory, conspiritual, conspiratarded, conspirifuck… En
España, el término es mucho más antiguo. El director
de la revista Año Cero, Enrique de Vicente, alias El
Maestro, se ha atribuido en alguna ocasión la paternidad, aunque sin pruebas (lo que no constituye ninguna novedad), pero la referencia acreditada más antigua data de 1999, momento en que Santiago Arteaga
la incluyó en el FAQ de la lista de correo de ARPSAPC22 en la sección la jerga de la lista. Según él, se
aplicaba a «quien ve conspiraciones por todas partes
y, más en particular, quien las usa para excusarse».
La expresión se ha hecho tan popular que se puede
aplicar igualmente sin un significado peyorativo para
describir a una persona interesada por el fenómeno,
aunque no crea en sus versiones más pintorescas. En
ese caso resulta más riguroso parafrasear a Gore Vidal: «No soy un teórico de la conspiración, soy un
analista de la conspiración».
2.4. De buen rollo
Por último, cabe preguntarse: ¿son todas las conspiraciones malas? Esta reflexión requiere alguna puntualización: ¿se puede decir que organizar una fiesta
sorpresa es una conspiración a favor del homenajeado? Los métodos son los mismos, lo único que cambia es el fin.
Todo el mundo recordará la serie El coche fantástico en la que el filántropo Wilton Knight (Richard
Basehart) rescata de una muerte segura al agente
Michael Arthur Long (David Hasselhof) y le invita
a unirse a la secretísima Fundación Para la Ley y el
Orden. A partir de entonces, bajo el nombre de Michael Knight —y marcando paquete mientras recorre
el país a bordo de un simpático Pontiac Trans-Am
de nombre KITT— se dedicaba a ayudar a todo el
mundo. Otro ejemplo de tramas de buen rollo se da
en creyentes —la conspiración tiene mucho de religioso— que piensan que tienen un ángel guardián
que vela por ellos y hace que todo les salga bien. Podríamos citar desde Marcelo, el gorrilla celestial que
ayuda al exministro de Interior Jorge Fernández Díaz

La principal diferencia entre una conspiración y una
pronoia es que los pronoides actúan a cara descubierta,
no ocultan sus intenciones y se mueven por altruismo.

el escéptico 24

Anuario 2017

a aparcar, hasta a los maestros ascendidos de Helena
Blavatsky (fundadora de la Teosofía). Son conspiraciones positivas y se pueden definir como pronoias
(lo opuesto a la paranoia), un concepto propuesto por
el psicólogo Fred H. Goldner23 en 1981 en Toronto
(Canadá) en un congreso de la Society for the Study
of Social Problems. Según la definición de John Perry
Barlow (exletrista de Grateful Dead y cofundador de
la Electronic Frontier Foundation), es «la sospecha
de que hay una conspiración a tu favor», lo que no
significa que el que los pronoides, por tener de sí mismos una visión positiva, sufran menos trastorno que
los paranaoicos.
Desde un punto de vista social, la principal diferencia entre una conspiración y una pronoia es que
los pronoides actúan a cara descubierta, no ocultan
sus intenciones y se mueven por altruismo (lo que
no les impide ser unos pesados). Cuando la musa del
New-Age Marilyn Ferguson escribió su famoso ladrillo La conspiración de Acuario (1980), el concepto
aún no existía, así que se vio obligada a recordar en la
introducción que sabía que el título tenía una connotación negativa, por lo que se refugió en la definición
que propuso el filósofo, jesuita y gurú olvidado Pierre
Tailhard de Chardinan en su libro La energía humana (1962). Partiendo de la etimología de la palabra
(del latín con-spirare: respirar juntos o unidos) De
Chardinan la describió como «la aspiración común
ejercida por una esperanza. Puede decirse que una
conspiración reúne a los individuos que respiran el
mismo aire y aspiran a unos mismos objetivos». Es
decir, cualquier cosa.
La conspiración de Acuario fue una pronoia que no
sabía que lo era, ya que la hora de los pronoides llegó
una década más tarde en Inglaterra. Como reacción al
movimiento ultraconservador de Margaret Thatcher,
a finales de los ochenta y principios de los noventa, se
fue gestando una comunidad de amantes de las raves,
el ecologismo, la cultura alternativa… que acabaría
recibiendo el nombre de zippies24’ o hippies con zipp
(profesionales de la Pronoia inspirados por el Zen),
un término acuñado por el escocés Fraser Clark, una
de las voces más prominentes del movimiento. El colectivo tuvo su momento en 1994, cuando la revista
Wired le dedicó su portada de mayo a la gira musical
Zippy Pronoia Tour to Us. Luego desapareció… o lo
hicieron desaparecer.
En España, el primero en darse cuenta de las posibilidades pecuniarias de la pronoia parece haber sido
el periodista para mentes galácticas, notable homófobo y desafío andante a la psiquiatría moderna, Rafapal. Según lleva postulando desde hace años, hay
unos caballeros blancos entre las élites corruptas —y
apestosas— que quieren imponer a nivel mundial la
ley Nesara (National Economic Security and Reformation Act), que solucionará todos los problemas de
la gente común: cancelación de las deudas, fin de la
declaración de la renta, vuelta al patrón oro, adiós a
las guerras y una de calamares. Todo esto está a la
Anuario 2017

vuelta de la esquina si se aplica a nivel mundial esta
legislación, aprobada en secreto por el Congreso de
EE. UU. con el apoyo de Bill Clinton, y que los que
mueven los hilos quieren evitar que entre en vigor.
Por suerte, algunos —Trump entre ellos— han venido a salvarnos, afirma Pal25. Y, por lo visto, todo gracias al cantante de country Willie Nelson (¿?). Suena
razonable.
3. Historia

[El coste de] los programas para proteger con robots
o extraterrestres al presidente [Obama] deberá ser reevaluado

Caitlin Hayden. Portavoz del Consejo Nacional
de Seguridad

3.1. La culpa es de los niños
Todos los matices y contradicciones que hacen del
término conspiración algo ligeramente más complicado de lo que a simple vista parece pueden explicarse rastreando en la historia de un concepto26 nacido
para evitar los defectos de la common law británica
en el siglo XIII, como explicó el profesor de Harvard Francis B. Sayre en Criminal Conspiracy, un
texto considerado aún hoy (casi un siglo después de
escribirse) fundamental sobre la materia. Aquella fue
una época civilizada en la que los conflictos podían
resolverse legalmente en un duelo, pero el riesgo de
jugársela en un combate por motivos espurios tenía el
inconveniente de que uno podía perder hasta la vida,
así que solo se daba cuando las probabilidades de
ganar eran razonables y existía un buen motivo para
arriesgarse. La otra vía, menos romántica, era acudir
a juicio. Los que optaban por esta opción presentaban su caso ante una tercera parte (una autoridad o un
consejo) que se encargaba del veredicto y de dictar
la pena. Curiosamente, todavía no se había hecho la
ley, pero ya se había inventado la trampa. Esta consistía en presentar falsas demandas en nombre de un
menor de 12 años de edad que, legalmente, no podía
ser perseguido ni condenado. Los abusos estaban a la
orden del día.
Para evitar lo que pronto se convirtió en una costumbre —presentar falsos cargos, a veces a nombre
de un menor— el legislador arbitró una fórmula para
castigar a los que se apuntaran a esta práctica. Así
nació el delito de conspiración, cuya primera plasmación conocida data de 1285, aunque la redacción
definitiva no llegaría hasta 1304 (Third Ordinance of
Conspirators, 33 Edw. I27):
Serán conspiradores los que se pongan de
acuerdo o comprometan mediante juramento,
pacto o alianza, para que cada uno de ellos deba
ayudar o apoyar el plan de los otros, con falsedad y malicia, para acusar o provocar que sea
acusado (o falsamente exculpado) o mantener de
manera falsa una acusación (…).
Lo curioso de la ley, que contemplaba hasta penas
de prisión, es que la víctima de la conspiración no
25 el escéptico

era quien había sido blanco del infundio o la falsa
acusación, sino la Administración de Justicia (como
representante del Rey) a la que se había hecho perder
su precioso tiempo mediante engaño. Aquí nació la
principal diferencia sobre el término entre el derecho
anglosajón y el español, ya que este último considera
que la conspiración es simplemente un paso previo
a la comisión de un delito (planearlo) y que deja de
existir cuando se intenta llevar a cabo la acción criminal. Esto en la futura legislación norteamericana
se irá encuadrando dentro del concepto de attempt
(‘intento’), que no es en sí delito, pero que es algo
distinto a la conspiración.
Este matiz es importante porque en el delito de
conspiración americano el simple propósito (mens
rea) acabará por convertirse en la base del delito, por
encima del actus reus (acto criminal). En otras palabras, se llegará incluso al momento en el que se pueda haber cometido una acción castigada con penas
de prisión sin haber hecho, literalmente, nada. Esta
pequeña cuestión hace que, todavía hoy, el concepto
de conspiración sea uno de los más debatidos28 del
ordenamiento jurídico norteamericano. No es de extrañar que el propio Sayre la tildara de «una doctrina
tan vaga en sus contornos e incierta en su fundamento
natural que […] no aporta ni fuerza ni gloria a la ley;
es un terreno de arenas movedizas y reflexión mal
considerada»29.
Una vez el concepto había empezado a rodar, todo
fue ir cuesta abajo. Hasta bien entrado el siglo XVI,
el crimen de conspiración, técnicamente, no se había
cometido hasta que la persona falsamente acusada había sido juzgada y absuelta. El cambio se produjo en
1611 en el llamado Caso de los polleros (Poulterer’s
Case), cuando un hombre fue acusado de un robo que
era tan evidente no había podido cometer que los cargos nunca se tuvieron en cuenta, pero sí se persiguió
a los que le habían denunciado. Eso modificó la jurisprudencia y estableció que el delito de conspiración
se cometía en el momento de planear la falsa acusación, independientemente de que hubiera conseguido
sus fines: la intención se fue consolidando como en
el elemento que definía el delito (mens rea) y no necesitaba ni siquiera del intento para llevarlo a cabo
(actus reus).

La citada sentencia contribuyó a borrar los límites
entre el intento de cometer un crimen y el simple deseo, y no es casualidad que la decisión fuera tomada
por la Cámara Estrellada. Este era un tribunal cuya
sede era el mismísimo Palacio de Westminster, y que
estaba integrado por consejeros del rey que se encargaban de juzgar a aquellas personalidades que por su
situación social no debían ser objeto de proceso en
instancias inferiores. En teoría se consideraba que su
poder era tal que nadie se atrevería a condenarlos; en
la práctica, no era más que un sistema de administrar
justicia para ricos. Curiosamente, cuando fue abolida
en 1640, el Parlamento recortó el poder real aprobando la Ley de Habeas Corpus.
3.2. La ingratitud de los esclavos
La conspiración nace como una amenaza clara
contra el Estado, de la que debe defenderse —la mala
utilización de la administración de justicia—, pero
lentamente se convertirá en una especie de red para
perseguir delitos imaginarios en los que el único bien
amenazado será el statu quo de las élites. Este proceso de metamorfosis está estrechamente ligado a la
esclavitud y nace en las colonias británicas del Nuevo
Continente. Según el profesor de la Universidad de
Georgia Peter Charles Hoffer, uno de los autores que
mejor ha analizado la cuestión, las primeras normas
de este tipo forman parte indisociable de los Slave
Codes, es decir el conjunto de leyes nacidas al calor
del mercado de la esclavitud y que tenían como fin,
más que castigar la comisión de un delito, atajarlo antes de que se produjera. Estas leyes iban más allá de
perseguir el intento o el deseo de llevar a cabo un acto
criminal y buscaban tanto borrar los diferentes pasos
que incluye el iter criminis como convertir la mera
intención (tan fácil de probar como difícil de rebatir)
en acto criminal. En otras palabras: cuando no existía
el delito, la ley se encargaría de inventarlo.
Lo primero que hay que comprender para hacerse
una idea del proceso es que la esclavitud, que era la
base de la economía de las colonias del Nuevo Mundo, estaba prohibida en la metrópolis. El problema se
solucionó de un plumazo degradando a los esclavos
a la categoría de herramienta (no es una metáfora) y,
de paso, aprobando leyes y procedimientos que solo

La conspiración nace también como una amenaza contra
el Estado, de la que debe defenderse, pero se convertirá en
una especie de red para perseguir delitos imaginarios.

el escéptico 26

Anuario 2017

“Esclavos que esperan para la venta” por Eyre Crowe (1861). Colección Heinz (foto: Wikimedia Commons)

se aplicaran a ellos. La ventaja innegable con que se
encontró el legislador colonial es que, al no existir
precedentes (ni leyes ni jurisprudencia), tenía las manos libres para dar rienda suelta a su imaginación a la
hora de redactar unas normas que no buscaban sentar las líneas de las relaciones entre esclavos y amos,
sino someterlos: los esclavos no eran objeto de la ley
sino objetos a los ojos de la ley.
Otro dato para considerar, probablemente tan importante como el primero, es que la población esclava
podía superar hasta diez veces la de hombres libres.
En las zonas en las que las plantaciones eran la base
de la economía, coexistían dos mundos diferentes en
los que apenas había espacios comunes, pero en las
ciudades donde la principal actividad era la portuaria en un mismo mundo vivían juntas dos sociedades
paralelas. En la calle, en las tabernas, en los lugares
de trabajo… amos, esclavos y lumpemproletariado se
veían las caras a diario. Teniendo en cuenta su elevado número y que el trato que recibían no solía ser
el idóneo, las rebeliones de esclavos se convirtieron
pronto en una costumbre local. A eso se añadía otro
problema: aunque este colectivo era el más perjudicado, su situación apenas era mejor que la de los nativos que mantenían relaciones comerciales con los
colonos, ni de gran parte de la población blanca. EnAnuario 2017

tre estos estaban los criados —blancos de Inglaterra,
Irlanda…—, cerca de la mitad de los primeros pobladores y que llegaron al país tras una condena. En
total, unos 50.000 parias30 acabaron en las colonias y
la única diferencia real con sus homólogos africanos
es que sus condenas tenían un fin y si sobrevivían
podrían dedicarse a criar rednecks hasta el fin de sus
días. No hace falta esforzarse mucho para entender
por qué unos y otros solían tomar parte en las rebeliones contra sus amos; de ahí que el principal temor de
las autoridades era que se unieran de manera definitiva31 contra ellas.
Según el profesor Hoffer, en su libro The great New
York conspiracy of 174132, hay que remontarse hasta el Código de Esclavos de Barbados de 1661 para
encontrar la primera de estas leyes cuyo modelo sirvió para el resto de las colonias —a veces mediante
una adaptación literal; otras como simple fuente de
inspiración—. Los esclavos, salvo lo que podríamos
llamar eufemísticamente el derecho al trabajo, no tenían prácticamente ningún otro (en el norte eran ligeramente más permisivos). Carecer de todo significaba
que tampoco tenían mucho que perder, así que se hizo
necesario introducir el delito de conspiración en el que
bastaba que dos personas hicieran el más mínimo comentario contra sus amos —o que se les acusara de
27 el escéptico

haberlo hecho— para que pudieran ser condenadas a
muerte.
Los esclavos tenían cierta tendencia a rebelarse
y quemar las propiedades de sus amos. Para evitar
llegar a este punto, cuando el malestar empezaba a
aumentar o se extendía el bulo de que se avecinaba
otro levantamiento, bastaba con que un esclavo —a
cambio de inmunidad o mediante amenazas— declarara contra otro(s) y así se atajaba la presunta insurrección. Una fórmula, cabe decirlo, que ya había
demostrado su efectividad para fabricar culpables durante los años de la Caza de Brujas. Por si fuera poco,
cuando un esclavo era condenado por algún delito, el
tribunal tenía la potestad de establecer la pena a voluntad, y podía incluir desmembramiento, decapitación, dejar el cadáver colgado durante días a merced
de los carroñeros… En definitiva, por un lado se les
podía condenar por casi cualquier cosa y por otro, las
penas debían tener un efecto disuasorio en el resto.
Era un fórmula tanto para acumular culpables en caso
de rebelión como para evitar que esta se produjera.
Otro dato es que la pena por conspiración solía
incluir una cláusula que no aparecía en otro tipo de
delitos: el amo del esclavo no podía protestar por la
condena. Parece una cuestión menor, pero no lo es.
En general, el propietario era el encargado de administrar justicia ya que solía ser él la víctima principal
de los crímenes provocados por los esclavos (a los
que no les temblaba la mano a la hora de robar a sus
amos un mendrugo de pan para no morir de hambre
o un pantalón roído con el que cubrirse). Cuando la
víctima del delito de un esclavo era un tercero, ante la
posibilidad de perder su propiedad, el amo podía intentar llegar a un acuerdo, solicitar clemencia o pagar
una multa. Todo por no perder dinero ya que algunas
de estas «herramientas» de carne y hueso eran más
útiles que otras. Pero como la víctima de la conspiración era el statu quo (un esclavo sublevado podía
dar ideas al resto) la sanción no podía ser recurrida
ni el amo intervenir. Eso sí, los slave codes solían
incluir un indemnización para hacerles el trámite más
digerible en caso de que el esclavo fuera condenado
a muerte.
Un dato curioso es que los slave codes condenaban la conspiración (junto con las tramas secretas y
las insurrecciones) pero no la definían, lo cual no es
de extrañar ya que más que para perseguirlas estaban
para crearlas. Por eso con el tiempo la administración colonial se fue viniendo arriba y, como muestra el ejemplo del Slave Code de Virginia de 172333,
sabiendo que la legalidad era lo de menos bastaban
dos testimonios «creíbles» para considerar que existía una conspiración. La regla general incluía prohibir
toda reunión de más de cinco esclavos (incluso con
autorización de su dueño) para que el amo pudiera ser
sancionado por no impedirlo y el resto juzgados. Y ya
ni siquiera hacía falta que todos fueran esclavos: negros libres, mulatos e indios se veían afectados por la
legislación. Curiosamente, al incluir en la misma cesel escéptico 28

ta a hombres libres, los esclavos recuperaban legalmente su condición de seres humanos y dejaban de
ser herramientas, con lo cual les quedaba el consuelo
de que podían ser legal y literalmente desmembrados
como si fueran personas y con todas las de la ley.
Es bueno precisar que la conspiración era, simplemente, un elemento más de los slave codes, no el
más importante, pero su popularidad aumentó en la
medida que permitía convertir en peligroso enemigo
al que simplemente demostraba en privado cierta desazón tras ser azotado, o no aguantaba que su mujer
fuera violada por su amo. En todo caso, para no perder la perspectiva y recordar que la ley era un excusa
innecesaria cabe citar que, dos siglos después, un 11
de abril de 1968, el presidente Lyndon B. Johnson
firmó el Acta de Derechos Civiles a instancias de los
movimientos antisegregacionistas. Por supuesto, el
primero en ser detenido para hacer cumplir la ley y
en virtud de ella fue un negro34.
El estudio de los slave codes es interesante para
ver cómo el concepto de conspiración adquirió su
sentido moderno: ni es un crimen en sí ni necesita
cómplices; ni siquiera tiene que ser real. Es una simple acusación que lleva implícita la condena y no requiere más prueba que la que den por buena quienes
quieran creérsela.
3.3. Hofstadter y la conspiración como paranoia
A lo largo de la historia, la conspiración pasó de
un delito de escasa entidad contra la administración
de justicia a convertirse, en los slave codes, en una
carta blanca para hacer todo tipo de acusaciones sin
necesidad de pruebas. Así desarrolló lo que es, según el periodista Jesse Walker35, su principal activo:
la capacidad de crear enemigos y justificar los actos
propios. Un buen ejemplo está en la Declaración de
Independencia de los EEUU del 4 de julio de 1776,
que describía la emancipación de la corona británica
como inevitable ya que:
(…) toda la experiencia ha demostrado que la
humanidad está más dispuesta a padecer, mientras
los males sean tolerables, que a hacerse justicia
aboliendo las formas a que está acostumbrada.
Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo,
evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno.
Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a
alterar su antiguo sistema. La historia del presente
Rey de la Gran-Bretaña, es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal
es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.
Lo que sigue es una larga cadena de acusaciones
más o menos justificadas al Gobierno británico suAnuario 2017

madas a otras absolutamente pintorescas, como la de
incitar a los indios a atacar «a los habitantes de las
fronteras», como si los nativos no tuviesen motivos
más que de sobra para intentar defenderse de los que
les robaban sus tierras y los estaban exterminando.
Los elementos conspiranoicos en la Guerra de Independencia norteamericana dan para un libro.
Pese a todo, faltaba un elemento fundamental para
que la conspiración adquiriera el carácter peyorativo
que tiene ahora, que va mucho más allá de su consideración de delito y cuya consecuencia es que acusar a
alguien de teórico de la conspiración sea una enmienda a la totalidad, el equivalente a atribuir a alguien
un error casi patológico. Solo hay que ver la consideración que merecen este tipo de teorías (o hipótesis)
entre la comunidad escéptica36 para preguntarse si el
miedo a la conspiración no es más que un reflejo especular del miedo a los conspiradores. El error que se
suele cometer es siempre el mismo: hay conspiraciones ciertas y otras falsas, pero no hay término medio.
Sin embargo, hay conspiraciones parcialmente ciertas, parcialmente falsas, y casos en los que atribuirlos
a una mano negra es simplemente una cuestión de
punto de vista. En otras palabras, exactamente igual
que ocurre con las explicaciones no conspirativas.
El concepto de conspiración (o conspiranoia)
como reflejo de una patología social (no necesariamente psiquiátrica) nació a mediados del siglo XX
de la mano de uno de los historiadores más importantes de su época en EE.UU.: Richard J. Hofstadter
(1916-1970). Resulta extraño que en inglés apenas se
utilice el término conspiranoid, cuando la relación
entre la paranoia y las conspiraciones es la base de
uno de los artículos más importantes sobre el tema:
The Paranoid Style in American Politics, una conferencia del citado historiador y premio Pullitzer, que
acabó dando título a un libro37. El origen del texto es
una conferencia que impartió en la Universidad de
Oxford el 21 de noviembre de 1963 —curiosamente
apenas dos días antes del asesinato de JFK—, y en la
que analizaba las causas del ascenso del ala más ultra
del Partido Republicano en un momento en el que
el senador por Arizona Barry Goldwater (1909-1998)
había logrado la candidatura para las elecciones de
1964, dejando en el camino a voces más moderadas

(y con más apoyo dentro del partido) como Nelson
Rockefeller o William Scranton.
Uno de los principales problemas de El estilo paranoide… es que es tan citado como poco leído y,
aunque la conspiración es fundamental en su argumentación, no es el tema de su análisis sino uno de
sus argumentos. Otro de los problemas que hay que
señalar es que algunos, los menos, sí se fijan en el
contexto en el que fue escrito, pero aun así prestan
poca atención al contexto en que fue escrito. Sin esos
dos puntos, es difícil de entender plenamente.
El punto de partida del estudio del ensayo debe
ser el contexto político, que es donde está una de las
claves del ensayo. Hofstadter se centra en el principal movimiento conspiranoico de su época: el anticomunismo furibundo que sigue vivo pese a la caída
en desgracia y muerte del senador Joseph McCarthy
(1908-1957). Muerto el perro, la rabia no se acabó y
el testigo lo tomó la sociedad John Birch, a la cual
Bob Dylan le llegó a dedicar la inmortal Talkin’ John
Birch Paranoid Blues. Creada en 1958 en Indianápolis por un grupo de doce «patriotas» liderados por el
exfabricante de caramelos Robert W. Welch, la entidad tomó su nombre de un misionario baptista y espía
norteamericano asesinado por los comunistas chinos
en un absurdo incidente el 25 de agosto de 1945, pocos días después de la rendición de Japón. Para la
ultraderecha de la época fue la primera víctima de la
Guerra Fría.
En el cielo de la conspiranoia, a los birchers les
guardan la mejor nube. No se puede decir que la inventaron, pero la llevaron a límites inimaginables, y
su ejemplo sigue vivo entre los que son capaces de
suscribir a la vez toda teoría «alternativa», por extraña e incompatible que resulte con las demás. No solo
recogieron los frutos de todas las tramas ocultas anteriores, sino que pusieron los cimientos del fenómeno
de la conspiranoia por acumulación. Como escribió
Charles J. Stewart38, representan la «conspiración
maestra».
Los birchers no se limitaban a ser furibundos anticomunistas, sino que creían que Estados Unidos
estaba controlado por insiders (entre los que había
internacionalistas, banqueros, intelectuales y políticos) que querían implantar un régimen colectivista en

El concepto de conspiración como reflejo de una
patología social nació a mediados del siglo XX de la mano
del historiador norteamericano Richard Hofstadter.

Anuario 2017

29 el escéptico

el país y entregar la soberanía a la ONU como paso
previo a la creación de un gobierno marxista mundial
orquestado por la Unión Soviética. Como no podía
ser de otro modo, su cosmovisión incluía a los Illuminatis, los masones, el Council of Foreing Policy,
los judíos, la familia Rockefeller, la Reserva Federal,
los productos sintéticos39, el gobierno central, los derechos civiles… nadie se libraba de las sospechas de
que una mano negra (o varias que se habían ido sucediendo) había actuado en la Historia nada menos que
desde Babilonia para someter a la Humanidad. Para
los birchers la explicación del mundo era una matrioska infinita que siempre escondía un secreto más
y que bajo cada rostro había uno nuevo, más siniestro
si cabe que el anterior.
El contexto político explica muchas de las preocupaciones de Hofstadter, pero la imagen no está
completa sin el contexto académico en el que fueron
escritos los ensayos que conforma la primera parte
de El estilo paranoide… Para eso hay que recordar
que el profesor de la Universidad de Columbia se
consolidó con este trabajo como el más reconocido
de los historiadores del llamado consenso o pluralismo, defensor de una especie de continuidad en la
historia de EE.UU. como proyecto común sin grandes conflictos de fondo (con la irrelevante excepción
de la Guerra de Secesión). Esta visión aupó al autor
al Olimpo del pensamiento que necesitaba la América
de la posguerra y, sobre todo, la que estaba a punto de
dividirse por cuestiones de fondo como la guerra de
Vietnam. El estilo Paranoide… es un paso personal
más en su tránsito de posiciones liberales (a las que
llegó tras dejar el Partido Comunista americano en
1939) hacia otras más conservadoras. Marca también
su distanciamiento con dos de sus grandes influencias: su maestro Charles A. Beard y su compañero de
universidad y amigo, el sociólogo C. Wright Mills.
El primero, uno de los historiadores más influyentes
de EE.UU. hasta su muerte en 1948, había defendido
la lucha de clases como el motor de la historia del
país. El segundo, al que parece aludir sin citar40, se
había convertido con The power elite (1956) en un
referente de la Nueva Izquierda y había iniciado una
tradición investigadora —continuada por algunos
como William Domhoff— que pretendía ir más allá

del mito igualitario del sueño americano y estudiar
quién controlaba realmente el país. Por supuesto, dos
puntos de vista en el límite paranoide según los parámetros de Hostadter.
Por eso, el mejor resumen del punto de vista del
autor no estaba en el citado ensayo, sino en Goldwater and pseudo-conservative politics, escrito años
después. En él afirmaba41:
El sistema de dos partidos que se ha desarrollado en Estado Unidos se basa en el mutuo reconocimiento de la leal oposición: cada posición
acepta las buenas intenciones del otro. Se puede
sostener que la opinión del oponente es execrable,
pero la legitimidad de su intención no es cuestionable. Es decir que, en términos coloquiales, no
se cuestiona su americanismo.
Mantener las formas; de eso se trata. En otras palabras —y aquí es donde entra lo del «estilo» que tan
por alto se suele pasar— lo que quería Hofstadter era
delimitar los términos de lo que era aceptable en el
debate público y lo que no. Si para Gore Vidal Estados Unidos era un régimen de partido único dividido
a la derecha en dos corrientes, para el de la Universidad de Columbia todo lo que cayera fuera del debate
aceptado por ambos partidos se salía del juego político, sostenía una visión paranoide de la realidad o
había sucumbido la tentación del populismo (otro de
los grandes temas sobre los que escribió).
El último error que puede atribuirse a Hodstatder
es que al identificar la conspiración con el pensamiento paranoide creó un razonamiento circular difícil de romper: la conspiración es fruto de una ansiedad social, esta crea el sentimiento paranoide, que
a su vez explica por qué alguna gente recurre a la
conspiración como explicación. No existen datos que
sustenten esta afirmación; es más probable que todos seamos conspiranoicos en mayor o menor grado
(aunque algunos factores como el nivel cultural puedan influir) y que en tiempos convulsos los más radicales se muestren más activos y los demás más abiertos a escucharlos pero las conspiraciones de temporá
tienden a desaparecer. Es lo que se desprende de los
trabajos de Uscinski y Parent o Rob Brotheron42.

Es probable que todos seamos conspiranoicos en mayor o
menor grado, y que en tiempos convulsos los radicales se
muestren más activos y estemos más abiertos a escucharlos.

el escéptico 30

Anuario 2017

Graffitis en Montreal, esquina Sainte-Catherine E. & Wolfe en 2013 (foto: Exile on Ontario St, www.flickr.com/photos/29442760@N00/23416778153/)

4. Conclusión: La era del exposé

Trescientos hombres, que todos se conocen, dirigen
los destinos de Europa y cooptan entre sí a sus sucesores.

Walter Rathenau (Ministro alemán 1867-1922).

Una conspiración debería ser simplemente un
acuerdo entre dos o más personas para cometer un
acto del que sacar beneficio, normalmente perjudicando a terceros. Se dan en todos los ámbitos y desde
siempre. Eso no quiere decir que todas sean siempre
ciertas, que sean el motor que hace girar el mundo
o que no haya margen para otras conductas como la
honradez, sino que no tienen nada de particular y que
no es algo a lo que debamos temer per se. Con el paso
del tiempo, la palabra se ha convertido en una etiqueta
para crear enemigos, chivos expiatorios y desacreditar
al contrario. Igual que Fu Manchú necesitaba al inspector Nayland Smith para realizarse, el conspirador
y su némesis —el debunker— no pueden vivir el uno
sin el otro. Una relación simbiótica que les lleva incluso a compartir algunos rasgos: ambos parten de un
punto de vista que implica desacreditar totalmente al
oponente. En otras palabras, el debate es imposible. El
debunker cree que cualquier teoría de la conspiración
se desacredita sola; el conspiranoico ha conectado los
puntos, así que sabe que no hay otra explicación que
la existencia de una trama oculta. Para el primero, la
Anuario 2017

conspiración no se ve y por tanto ni existe ni puede
existir; para el segundo, el hecho de que sea secreta
explica por qué no se ve y constituye la mejor prueba
de su existencia.
Lo más curioso de todo es que ambos bandos tienen
algo de razón, solo que el debate está secuestrado por
los extremos. Los reptilianos no controlan el planeta,
ni los marcianos llegaron a un acuerdo con el gobierno norteamericano para instaurar el Majestic-12. Pero
el mundo que conocemos no se entiende sin el papel
que han jugado el Grupo Bilderberg (o su spin-off la
Comisión Trilateral), el Comité de Basilea, la red Gladio, la CIA, Skull & Bones, los mercadeos frutos de
la realpolitik entre países o dentro de organizaciones
como Naciones Unidas o el Fondo Monetario Internacional…
El miedo a la conspiración fue lo que trajo la democracia moderna al establecer separación de los tres
poderes para que se vigilaran ante la sana desconfianza que todo ciudadano debe tener hacia su gobierno,
pero también causó el Holocausto y las purgas estalinistas. Gracias (en parte) a los que dudaron de la versión oficial del asesinato de Kennedy, EE.UU. aprobó
la FOIA (Ley de Libertad de Información) que es la
base de las actuales leyes de transparencia; pero por
culpa de los que creen que estamos dominados por
31 el escéptico

«ellos» y la única manera de luchar contra el sistema es con un blog se pierde un importante caudal de
tiempo y energía que podría servir para fines mejores.
Creer que todo es una conspiración puede ser reconfortante y hasta rentable, pero es erróneo; atribuirlas
a la simple estupidez como hacen los «teóricos de la
casualidad» da galones escépticos, pero es ridículo.
Sin embargo, y que quede bien claro, tampoco cabe
caer en la equidistancia cuartomilenalista. El miedo a
las conspiraciones puede provocar violencia irracional, o quizás sea al revés y a los violentos le sirva de
coartada; pero negarlas, no. Cada vez que ha habido
una matanza en EE.UU., la venta de armas se dispara43. Uno de los motivos es la creencia que comenzó a
extenderse tras la masacre de Waco (Texas, 1993) de
que esas matanzas están organizadas por el gobierno
para limitar el derecho a portar armas.
Otro asunto es la afirmación de que con internet
la conspiración ha entrado en una nueva era. De momento no hay un solo dato que avale esa hipótesis. Es
innegable que la red ha modificado el mundo de la
comunicación en muy poco tiempo y a niveles inimaginables, pero eso no significa que haya afectado de
manera específica al mundo de las tramas ocultas. Ha
producido el mismo efecto que la marea cuando sube,
que hace elevarse a todos los barcos; ha influido, pero
no se puede saber si más o menos que en otros ámbitos (por ejemplo, cómo ha influido en el número de
escépticos). Lo que es innegable es que internet nació
conspiranoica. En agosto de 1996, cuando la red aún
estaba en pañales, el periodista norteamericano Gary
Webb publicó en el San Jose Mercury News (California) una serie de artículos agrupados bajo el título de
Dark Alliance (‘Alianza Oscura’) en el que vinculaba
a la CIA, la Contra nicaragüense y la venta de droga
en los barrios negros de Los Ángeles. Sus informaciones dieron lugar a varias investigaciones oficiales y
también a las críticas del New York Times, el Washington Post o Los Angeles Times. Para defenderse, colgó
en la red toda la documentación que había recogido.
En 2004, arruinado profesional y económicamente,
Webb se suicidó y se convirtió en uno de los primeros
mártires de internet.
Pero tampoco hay que atribuirle a la red una capacidad que no tiene. Durante siglos, la Biblia fue el
único best seller que conoció Occidente y está preñada de conspiranoia: Satanás (el chivo expiatorio y el
enemigo externo) fue la única explicación para todos
los males en un mundo presidido por un Dios infinitamente bueno. Era él quien boicoteaba las acciones de
ese ser bonachón. Ni siquiera hace falta irse tan lejos.
Solo hay que viajar un siglo para citar Los protocolos
de los sabios de Sión, una falsificación zarista publicada en 1902 y que sentó las bases del Holocausto.
Oliver Stone revivió en todo el mundo las dudas sobre
el asesinato de Kennedy en JKF (1991), y apenas dos
años más tarde comenzaba a emitirse Expediente X.
hay ejemplos para aburrir de que las conspiraciones
han sido parte del menú cultural desde mucho antes de
el escéptico 32

internet fuera lo que es hoy. Es cierto que el llamado
conocimiento oculto —y su variante el conocimiento
prohibido— campan a sus anchas en la red y han dado
un nuevo impulso a la conspiranoia, en la que ocultar
la verdad es un fin en sí mismo: ¿qué ganan los científicos ocultando que la Tierra es plana o haciéndonos
creer en la tectonica de placas o la gravedad? No está
claro, pero es su pasatiempo favorito.
La red no ha creado las conspiraciones; solo la posibilidad de que miles de amantes del género repartidos por el mundo puedan ponerse en contacto: es la
era del exposé, en la que unos desenmascaran a los
grandes poderes ocultos que dominan la Tierra y otros
denuncian a los anteriores por fantasiosos. Y entre todos, como decía Jesulín de Ubrique de los puristas del
toreo, no llenamos un autobús.
Por último, cabe preguntarse qué hacer para evitar
que se difundan las falsas conspiraciones. La historia
demuestra que no es fácil: si algo consiguió la Comisión Warren (cuyas conclusiones han quedado avaladas por el paso del tiempo) fue dar pie a más conspiraciones y más descabelladas que las que ya había. En
la misma línea hay que destacar la mítica propuesta de
Sunstein y Vermeule de crear un programa de «infiltración cognitiva» entre los conspiranoicos para desacreditarlos. Que lo mejor que se les ocurra a un profesor de Harvard (y asesor de la Casa Blanca) y a otro
de la Universidad de Boston sea que el gobierno organice ciberescuadrones de agentes dobles para desacreditar a los que creen que el gobierno conspira contra
ellos evidencia hasta qué punto puede ser fácil encontrar rasgos paranoides en el miedo a la conspiración.
Luchar contras las conspiraciones es complicado por
muchos motivos: porque pueden ser verdad (total o
parcialmente), porque la gente está predispuesta, porque calman la ansiedad o abren las puertas a formar
parte de un grupo… Pero hay esperanza. Acabar con
ellas es posible y existe una fórmula. Pero si la cuento
tendría que mataros.
Notas
1.http://www.chapman.edu/wilkinson/research-centers/
babbie-center/_files/codebook-wave-3-draft.pdf
2.http://edition.cnn.com/2016/07/15/politics/congressreleases-28-pages-sau...
3.http://www.maryferrell.org/pages/Featured_Addendum_to_2017_Documents_Lis...
4.http://the.honoluluadvertiser.com/article/2009/Jul/28/
ln/hawaii907280345.html
5.http://www.history-matters.com/archive/jfk/wc/wr/html/
WCReport_0223a.htm
6.http://www.maryferrell.org/showDoc.html?docId=800&
search=conspiracy#relPageId=125&tab=page
7. http://definitions.uslegal.com/w/whartons-rule/
8. http://dle.rae.es/?id=AQqNF7U
9.Guías Jurdídicas (Ed. Wolters Kluwer) goo.gl/8FSlUF
10.A culture of conspiracy. Apocaliptic visions in
contemporary America. Michael Barkun. págs 3-4.
Ed.University of California Press. 2013 2ª Ed.
11. American conspiracy theories. Joseph E. Uscinski &
Joseph M. Parent. pág. 58. Ed. Oxford University Press. 2014
Anuario 2017

12.Conspiracy teories: Causes and Cures. Cass R.
Sunstein & Adrian Vermeule. Pág. 4. The Journal of Political Philosophy Vol 17 issue 2. Junio 2009
13.A Die-Hard Issue. CIA’s Role in the Study of UFOs,
1947-90. Gerald K. Haines. Intelligence and National Security Journal. Vol. 14. 1999. Issue 2.
14. Modern Conspiracy. The importance of being paranoid. Ed. Bloomsbury Academic. 2014
15. Conspiracy theory in America. Lance deHavenSmith. University of Texas Press. 2013
16. https://statusq.org/archives/2001/12/04/
17. http://www.jfklancer.com/CIA.html
18. John MCone and the assassination of President
John F. Kennedy. David Robarge. Studies in intelligence.
Vol. 57, nº 3
19. The Cia and the media. Carl Bernstein. Rolling Stone. 20/X/77
20. deHaven-Smith, pág.139
21.http://www.urbandictionary.com/define.
php?term=conspiranoid
22.http://www.escepticos.es/webanterior/listas/faq.html
23. Pronoia. Fred H. Goldner. Social problems. Vol 30.
nº 1. Octubre 1982.
24.http://www.pronoia.net/tour/faq/faq_zippies.html
25.Rafael Palacios y La conspiranción positiva (1 y 2). Nostra V. https://www.youtube.com/
watch?v=gWbPbb5yYWU
26. Criminal Conspiracy. Francis B. Sayre.Harvard Law
Review, Vol. 35, No. 4 (Feb., 1922), pp. 393-396
27. F.B.Sayre. pág. 395
28. Federal Conspiracy Law: A brief Overview. Charles
Doyle. Congressional Research Service. 2016
29. F.B.Sayre. pág. 393

Anuario 2017

30. The redneck manifesto. Jim Goad. Simon & Schuster. pág. 57
31. La otra historia de Estados Unidos. Howard Zinn.
Cap. 3 ‘Gente de la peor calaña’. Ed. Las otras voces.
1997
32. The great New York conspiracy. Peter Charles Hoffer. Universtity Press of Kansas. 2003
33. An Act directing the trial of Slaves, committing capital crimes; and for the more effectual punishing conspiracies and insurrections of them; and for the better government of Negros, Mulattos, and Indians, bond or free.
34. Una historia popular del imperio americano.Howard
Zinn, Mike Konopacki y Paul Buhle. Ed. Sin sentido. 2010
35. United States of Paranoia: a conspiracy theory. Jesse Walker. Ed.Harper. 2013
36. Who believes them? Why? How can you tell if
they’re true? Michael Shermer & Pat Linse. www.skeptic.
com/downloads/conspiracy-theories-who-why-and-how.pdf
37. The paranoid style in american politics. Richard J.
Hofstadter. Vintage Books 2008
38. The master conspiracy of the John Birch Society:
From communism to the New World Order. Charles J.
Stewart. Western Journal of Communication. Vol. 66,
2002. Nº 4
39. Stewart, pág. 428
40. Hofstadter, pág 7 y 9
41. Hofstardter. pág. 100
42. Suspicous minds: why we believe conspiracy therories. Rob Brotherson. Ed. Bloomsbury. 2015
43.http://www.nydailynews.com/news/national/gunindustry-execs-admit-busines...

33 el escéptico

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18

A TONTOS Y LOCOS

Sección: 
HUMOR
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Un hombre de un minúsculo tamaño estaba encima de
su mesa, vestido con una toga y observando el libro
que había caído al suelo con severidad. «Jovencita,
los libros no deben ser dañados ya que son una gran
fuente de conocimiento, así pues, si no le importara
recogerlo».
Confundida por la presencia del hombrecillo, se
agachó torpemente para obtener el libro y volver a
mirar fijamente los ojos de dicho hombrecillo, el cual
una vez comprobó que el libro estaba en perfectas
condiciones se presentó. «Permítame presentarme,
soy Monseñor Georges Lemaître, sacerdote. Y he venido para ayudarle a estudiar la teoría del big bang».
Conmocionada, le miró y comprendió que a eso se debía que fuera vestido como un cura; sin embargo, de
dónde había salido, por qué era diminuto y lo que era
más importante: cómo un sacerdote le iba a enseñar
a comprender esa teoría. Decidió que su objetivo esa
tarde era estudiar, por lo que realmente no le importaba quién le explicara la lección, siempre y cuando lo
entendiera para mañana, por lo que se sentó mirando
fijamente al diminuto sacerdote y le pidió que se lo
aclarara, a pesar de estar muy nerviosa. Asombrada
por la facilidad del sacerdote al hablar de ciencia y explicarle la teoría del big bang, comenzó a tomar notas
y a levantar la mano como si de una clase se tratara y,
con el mayor respeto posible, a preguntar sus dudas.

Anuario 2017

Tras la explicación, la muchacha había comprendido
perfectamente la teoría, por lo que el sacerdote decidió
marcharse tras haberle preguntado la teoría para comprobar que se la sabía. Lo más asombroso de todo fue
cuando justo antes de desaparecer, enigmáticamente,
le dijo: «Debes crear tus propias opiniones, no te conformes con creer en lo que los demás creen, ya que
pueden estar equivocados; y escucha siempre las opiniones o teorías de los demás, ya que puede que sean
erróneas, pero siempre podrás aprender algo de ellas.
No pienses sandeces como que la ciencia no puede
ser compatible con tus propias creencias; al fin y al
cabo, yo soy sacerdote y fui el primero en formular
la teoría del big bang. No te conformes, infórmate».
Y desapareció de su escritorio como si nunca hubiera
estado allí. Como si de un sueño se hubiera tratado.
Pensó en las últimas palabras que le había dicho: «No
te conformes, infórmate». Quizás las ideas sobre la
creación del mundo que ella creía desde pequeña fueran compatibles con el big bang, o quizás no, pero eso
a ella ya no era lo único que le importaba. El sacerdote
tenía razón, no debía conformarse con las ideas de los
demás.
Desde ese día se cuestionó todas y cada una de las
cosas que pasaban por su mente, haciéndose sus propias ideas e informándose sobre la materia, sin dejar
de escuchar y respetar por ello las opiniones ajenas.

17 el escéptico

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etiquetas generales: 
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17

ALAN SOKAL: LA DEFENSA DE UNA COSMOVISIÓN CIENTÍFICA FUNDAMENTADA EN LA EVIDENCIA FRENTE A LOS ENEMIGOS DE LA RACIONALIDAD

Sección: 
ANUARIO 2017
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Alan Sokal:
La defensa de una cosmovisión científica
fundamentada en la evidencia frente a los
enemigos de la racionalidad
Manuel Corroza
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
El pasado jueves 30 de marzo, el físico estadounidense Alan Sokal impartió en el auditorio de la
Fundación Ramón Areces de Madrid una conferencia sobre la ciencia. Su título, «¿Qué es la ciencia y
por qué nos debe importar» (What is science and why should we care1), no dejaba lugar a dudas sobre las intenciones del ponente.

S

okal. ¿Recuerdan ustedes? Ese anónimo aunque competente científico neoyorquino saltó a
la fama en 1996 por la publicación de un artículo esperpéntico en una ilustre revista de estudios
sociales. El texto —«Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad
cuántica»2— no era más que un montón de baratijas
lingüísticas engarzadas como las cuentas de un collar
picassiano, una almazuela de términos científicos y
filosóficos cosidos con hilo grueso y sin ningún respeto por la combinación de colores. Un despropósito
semántico, un ponche posmoderno con rodajas indigeribles de relatividad cuántica, topología diferencial
y hermenéutica metacientífica. Todo lo que podamos
imaginar.
El carácter paródico y burlesco del trabajo de Sokal
no tardó en salir a la luz. Pocos meses más tarde apareció otro artículo en varias revistas, en el que Sokal
destapaba sus verdaderas ideas y en las que ofrecía
una explicación de los motivos que le habían llevado a escribir el primer texto. Entre otras destacan las
razones políticas. Sokal —un viejo izquierdista impenitente, como él mismo se define— entendía que
el relativismo posmoderno propio de cierta izquierda
académica francesa y estadounidense no hacía sino
minar los valores ilustrados de racionalidad y progreso que, según él sostiene, han de guiar el trabajo
político y social de la izquierda.

el escéptico 62

Dos años más tarde, en 1998, Sokal, junto con el
físico belga Jean Bricmont, publicó un libro titulado
Imposturas intelectuales3, en el que se recogían y ampliaban todos los argumentos presentados en artículos
y comunicaciones dispersas a raíz de la publicación
del artículo paródico, a la vez que se sistematizaban
sus críticas y se aportaban nuevas lecturas en relación
con los intelectuales posmodernos.
Contra lo que mucha gente cree, las motivaciones
de Sokal al escribir su artículo-parodia eran, como él
mismo reconoce, bastante concretas y limitadas: la
denuncia del uso impertinente, injustificado e inexacto de ideas y conceptos científicos —normalmente
extraídos de las matemáticas y de la física avanzada— por parte de ciertos ilustres filósofos franceses
en contextos disciplinares que no guardaban relación
alguna con tales conceptos e ideas. Además, pretendía poner en evidencia la utilización concomitante
de un lenguaje críptico, abstruso y carente de sentido
que pretendía aparentar erudición científica a través
de la inserción de conceptos e ideas extraídos de las
ciencias naturales, sacados de su contexto habitual de
uso y recontextualizados en un envoltorio sintáctico
y semántico confuso y absurdo. Por tanto, Sokal no
pretendía —e insiste varias veces en este punto— una
descalificación general de las ciencias humanas, una
ridiculización global de la filosofía francesa —incluida la obra de los intelectuales parodiados, que Sokal
Anuario 2017

límites del recinto de las universidades y de los círculos de interés de los eruditos vocacionales. Los nuevos desafíos a la racionalidad científica —en realidad
no son tan nuevos, en modo alguno— son, a decir
de este científico, los siguientes: las pseudociencias
(especialmente las que atañen a la salud individual y
pública), la enseñanza de ciertas formas de creencias
religiosas y las agencias de relaciones públicas de los
gobiernos y de otras instituciones poderosas.

Adan Sokal (foto: www.flickr.com/photos/eventosuc3m/)

no entra a juzgar en su generalidad— o el inicio de
una nueva confrontación entre ciencias naturales y
ciencias humanas. Esto es importante. La razón de
haber elegido como blanco de su parodia a ciertos
intelectuales franceses era la enorme influencia que
estos han tenido y tienen en un sector nada insignificante de la comunidad académica y universitaria estadounidense relacionada con el estudio de las ciencias
sociales.
Veinte años más tarde, como tuvimos ocasión de
comprobar en su conferencia, Sokal sigue enarbolando la bandera de la ciencia —en un sentido amplio— y
de la cosmovisión racionalista basada en la evidencia
empírica, pero ahora identifica nuevos y más temibles
enemigos. La academia posmoderna sigue existiendo, pero su producción intelectual apenas traspasa los

Movimiento cero: afinado conceptual de la ciencia.
Sokal comienza su disertación con una reivindicación no tanto de la ciencia, cuanto de lo que él llama
una cosmovisión científica, una visión del mundo y
de la realidad fundamentada en la evidencia. El de
evidencia es un concepto epistemológico bastante polémico, pueden ustedes creerme. Probablemente más
de un departamento de filosofía paga las facturas editando libros y organizando simposios sobre esta cuestión. Una lectura rápida a la entrada correspondiente
de la Stanford Encyclopedia of Philosophy4 permite
entender la naturaleza polémica de esta noción entre
los filósofos de la ciencia, esos diablillos aburridos
que matan moscas conceptuales con su rabo lógicoinferencial. En cualquier caso, y retornando al mundo
de los mortales, la evidencia, para un científico especialista como Sokal o para un civil cualquiera razonablemente informado, no es un destello de conocimiento infalible que la realidad física estampa en
nuestro cerebro; la evidencia es, más bien, el fruto de
una interacción —de una negociación, incluso, ¿por
qué no?— entre una realidad exterior estable y parsimoniosa y el esfuerzo subjetivo y racionalizador del
primate bípedo que descubre pautas y patrones y que,
a diferencia del pavo inductivista russelliano, se asegura la fidelidad inductiva de los acontecimientos físicos. Forzando la metáfora con las operadoras de telefonía móvil, la evidencia es un contrato de fidelización entre la naturaleza y el conocimiento. Suficiente
por ahora. Pero retengamos el concepto: evidencia.
Después de desplegar hasta cuatro acepciones de
ciencia —como esfuerzo intelectual, corpus de co-

La academia posmoderna sigue existiendo, pero su
producción apenas traspasa los límites de las universidades
y de los círculos de interés de los eruditos vocacionales.

Anuario 2017

63 el escéptico

nocimientos, comunidad de científicos y conjunto de
aplicaciones tecnológicas— Sokal nos proporciona
una más que hermosa definición: «Una cosmovisión
que otorga primacía a la razón y a la observación y
una metodología orientada a la adquisición de conocimiento riguroso del mundo natural y del mundo
social».
Una metodología caracterizada por el espíritu crítico —la continua puesta a prueba de las aserciones
por medio de observaciones y experimentos y su revisión y descarte, si procede— cuyo corolario es el falibilismo, la comprensión y aceptación de que nuestro
conocimiento empírico es tentativo, incompleto, provisional y revisable.
Quedémonos con la imagen de la ciencia como un
cuadrilátero o como un tablero en cuyos cuatro vértices brillan sendos neones con las siguientes palabras:
cosmovisión racional, metodología, espíritu crítico,
falibilismo. No es una mala imagen: la actividad científica tiene mucho de pugilato y de agonística. Pero
sus peores enemigos no son los que aceptan subirse
a la lona o jugar las piezas moviéndose en el perímetro de las palabras pactadas en las cuatro esquinas;
por desgracia, los enemigos de la ciencia son aquellos que se saltan a la torera las reglas del marqués
de Queensberry5 y mueven los peones como si fueran
alfiles.
Primer movimiento: posmoderno ma non troppo.
De entre estos enemigos, Sokal considera que el
posmodernismo académico es, a día de hoy, el más
inocuo de todos. Por supuesto, uno siempre puede rebuscar en los escritos de ciertos autores y marcar con
un rotulador fluorescente las majaderías puntuales
de algunos intelectuales como Harry Collins, Barry
Barnes, David Bloor o Bruno Latour, por citar a los
más conocidos. Y uno siempre encuentra más de lo
mismo: no existen unos estándares de conocimiento
más racionales o fiables que otros, la naturaleza es el
resultado de una controversia entre discursos científicos, la evidencia fáctica no juega ningún papel en el
ensamblaje del conocimiento científico, y cosas por el
estilo. El posmodernismo, advierte Sokal, confunde
sistemáticamente la verdad con afirmar que algo es
verdad, los hechos con la aseveración de que algo es
un hecho, y el conocimiento con la pretensión de que
algo es conocimiento. Pero el propio Sokal reconoce que este adversario se está desinflando, y que los
desafíos que presentaba veinte años atrás ya no son
tales. Incluso algunos de sus más significados oficiantes se muestran bastante contritos: es, por ejemplo, el
caso de Bruno Latour, que reconoce que la retórica
empleada por los constructivistas sociales está siendo
utilizada por «peligrosos extremistas» para destruir
una evidencia, obtenida a duras penas, que podría
el escéptico 64

(foto: www.flickr.com/photos/stephanridgway/5525675192/)

salvar nuestras vidas. Y se hace eco Sokal del dictum de Noam Chomsky, que acusa a una parte de los
intelectuales actuales de izquierdas de haber privado
a la clase trabajadora de los instrumentos de emancipación provistos por la ciencia y la racionalidad y de
querer enterrar para siempre el programa de la Ilustración.
Segundo movimiento: Andante Homeopathica.
El segundo de los adversarios del pensamiento
científico —recordemos, en cuanto «cosmovisión racional sostenida en la evidencia»— que Sokal identifica es la defensa y promoción de las pseudociencias.
Dentro de este amplísimo campo, Sokal centra su
atención en las terapias «médicas» complementarias
y alternativas y, más en concreto, en la homeopatía.
Nada nuevo bajo el sol. Y quienes integramos los
movimientos escépticos y racionalistas, entre otros
muchos, reprimimos un leve bostezo, vencidos por la
rutina de nuestras batallas cotidianas contra los mantras de la memoria del agua, de las diluciones centesimales y del desprecio por el número de Avogadro.
¿Nos va a hablar el ilustre físico neoyorkino de homeopatía? ¿A nosotros?
Anuario 2017

Bueno, sí y no. Tenemos que recordar que Sokal ha
venido a hablar de la ciencia como ese acercamiento racional y empírico a la realidad, un acercamiento
que se sustancia en afirmaciones y enunciados sobre
cómo son las cosas y sobre cómo van a ser o cómo
pueden llegar a ser, siempre en un cierto espacio de
la realidad. Y sobre cómo el conocimiento científico
se construye por el sedimento de evidencias procesadas a través de hipótesis y teorías de alcance y verosimilitud crecientes, empíricamente validadas en
un proceso interminable. Si los fundamentos de la

homeopatía desafían todo el cuerpo de conocimiento
bien establecido de la química de las diluciones, de la
estequiometría y de la reactividad de los puentes de
hidrógeno entre las moléculas de agua, entonces no
deberíamos molestarnos en buscar nuevos argumentos que descalifiquen esta pseudoterapia. El trabajo
principal, en opinión de Sokal, ya está hecho. Podremos reseñar los múltiples metaanálisis que equiparan
estadísticamente la homeopatía con el efecto placebo
y que señalan una fuerte correlación inversa entre la
calidad metodológica de estudio y la efectividad observable de la homeopatía, podremos llenar nuestras
pizarras y nuestras presentaciones de datos, cifras,
medias, desviaciones típicas y análisis de regresión.
Todo eso no hará sino corroborar lo que ya sabemos:
que la homeopatía es más falsa que un bolso de firma
expuesto en la sábana de un mantero. La cuestión es,
en lo esencial, la siguiente: ¿por qué lo sabemos? La
ciencia, ¿recuerdan ustedes?. La ciencia, esa «vieja
confiable», como el cazamariposas de Bob Esponja.
Trescientos años de alambiques, retortas, matraces y
serpentines de destilación lubricando las meninges de
Boyle, Priestley, Dalton, Lavoisier, Avogadro, Mendeléyev y otros amigotes son nuestra particular «vieja confiable». Y los miles de experimentos que cada
día se reproducen en los laboratorios de química en
todo el mundo no hacen sino refrendar los dictados de
nuestra querida vieja.
Y sin embargo, el consumo de productos homeopáticos en las sociedades occidentales no es precisamente residual. Más bien va en aumento, con la connivencia escandalosa de algunos médicos y de muchos farmacéuticos. Pero también con la complicidad de las
legislaciones sanitarias en muchos países occidentales. Legislaciones que, en el mejor de los casos, cabe
tachar de permisivas. En el mejor de los casos. ¿Por
qué debe importarnos la ciencia?, se pregunta Sokal.
Precisamente para evitar situaciones como estas. Si
en opinión del diablo, Dios es un chapucero con un
equipo magnífico de relaciones públicas, nuestra vieja confiable evidencia la situación contraria: es una
persona muy competente que no siempre ha sabido
rodearse de los mejores asesores de imagen y que se

Sokal no contrapone la fe a la razón, vieja argucia de muchos
teístas, sino que la contrapone al esfuerzo cognitivo.

Anuario 2017

65 el escéptico

encuentra en riesgo severo de perder la batalla de la
comunicación. ¿Se acuerdan ustedes de esas películas
entrañables en las que la maldad o la locura de un
científico desataba un fiestón de zombis o de dinosaurios por todo el mundo? Pues, exagerando, es algo así.
Tercer movimiento: Te Deum Laudamus.
Y precisamente en relación con los dinosaurios —
aunque no solo con ellos— se perfila en el horizonte,
como un pistolero malencarado y de perfil aún difuso, un adversario del pensamiento científico al que
no conviene perderle la pista. Es cierto: cuando los
europeos escuchamos hablar del problema del creacionismo biológico y de su avatar tecnopop, el diseño
inteligente, tendemos a esbozar una mueca a medio
camino entre la sonrisa conmiserativa y el rictus de
desprecio intelectual. Pensamos que se trata de un
problema parroquial del cinturón de la Biblia, en Estados Unidos, y de la pésima calidad de su sistema
público de enseñanza media; e imaginamos granjeros
furibundos del Medio Oeste enarbolando un rifle en
una mano y la Biblia Anotada de Scofield en la otra.
Sin embargo, estereotipos aparte, conviene que también los europeos nos tentemos la ropa antes de festejar nuestra avanzada cultura biológica con petardos
verbeneros. Ciertamente la enseñanza del creacionismo, ligada a la presencia invasiva de formas fundamentalistas del cristianismo en la educación pública,
es un problema conspicuo en amplias zonas de Estados Unidos, y Sokal lo reconoce. Pero también nos
advierte de que lo que ocurre en su país puede llegar
a pasar también en la alciónica Europa. Un estudio
sobre comunicación científica publicado en la revista Science en 2006 y elaborado por Miller, Scott y
Okamoto6, referido a la aceptación pública del hecho
de que los seres humanos proceden biológicamente
de otras especies animales, arrojó los resultados que
aparecen en la Figura 1.
Si bien es cierto que en los países europeos la
proporción de personas que aceptan públicamente
la evolución biológica es notablemente superior a la
proporción en Estados Unidos —que está solo un pel-

daño por encima de Turquía— conviene desagregar
los datos y observar cómo, con algunas excepciones,
los países del este de Europa muestran porcentajes
preocupantes de personas que dicen no creer en el
hecho evolutivo o que no están seguros de que la
evolución biológica sea cierta. En Grecia, Bulgaria,
Letonia y Lituania, por poner cuatro ejemplos, este
porcentaje ronda el 50 % frente al 60 % en Estados
Unidos. En nuestro país, y siempre según estos datos
de 2005, la proporción de personas que rechazan la
evolución o se muestran inseguras ronda el 30 %. Una
cifra significativa, sobre todo en comparación con las
que muestran los países situados en la cabecera de la
tabla. Menos lobos entonces, Caperucita.
La enseñanza del creacionismo es la antesala de
otro de los más señalados adversarios del pensamiento racional y científico. Sokal señala genéricamente a
las creencias religiosas, pero su crítica entra en ciertos detalles que resultan interesantes. Las doctrinas
religiosas tienen dos componentes, señala nuestro
científico: un componente factual y un componente
ético. El primero afirma la existencia de ciertos hechos reales y el segundo establece pautas normativas
de conducta. Además, toda religión posee pretensiones epistemológicas, lo que viene a decir que intenta
legitimar unos determinados métodos para lograr un
conocimiento verdadero de la realidad. Si nos centramos en los contenidos fácticos y en las pretensiones
epistemológicas de una doctrina religiosa cualquiera,
nos vemos conducidos a plantearnos las siguientes
preguntas. En primer lugar, ¿qué hechos dice que son
reales y qué cosas dice que existen? En segundo lugar, ¿cómo sabemos que esos hechos son reales y esas
cosas existen? No sé si captan ustedes el sentido de
estas preguntas y a dónde nos conducen, pero no hay
que haber cursado un semestre en alguna de las universidades de la Ivy League para intuir la respuesta:
esas dos carreteras desembocan en un mismo punto.
Desembocan en la evidencia. ¿Recuerdan ustedes
cuando hablábamos de ella, hace un rato?
Entiende Sokal, y parece razonable, que quienes
profesan algún tipo de creencia religiosa deben dar

Hemos perdido nuestra capacidad para indignarnos, para
llamar mentira a la mentira, fraude al fraude. En vez de
eso, lo llamamos propaganda.

el escéptico 66

Anuario 2017

na a sus compañeros más cercanos para que le pasen
la chuleta con las contestaciones escritas en un papel
doblado y metido dentro de un bolígrafo. Pero Sokal
lo explica mejor en su conferencia:
La fe no es, de hecho, un rechazo a la razón,
sino tan solo la aceptación descuidada y poco meditada de malas razones. La fe es la pseudojustificación que algunas personas repiten machaconamente cuando quieren realizar afirmaciones sin la
evidencia necesaria.
Por supuesto, se trata de una caracterización que
puede o no compartirse. Un creyente nunca aceptará
esta definición, y tal vez algunos de nosotros desearíamos matizar la rotundidad con que se expresa el
autor. Pero sea como fuere, Sokal parece situar la fe
no en el terreno de las virtudes epistémicas, sino en
el de las conductas cognitivas perezosas. Y ahora, la
perla final en la que se condensa el conflicto irreductible entre ciencia y religión: la cosmovisión científica
y la cosmovisión religiosa no entran en conflicto por
la aceptación o el rechazo de teorías científicas concretas, sino sobre una cuestión aún más fundamental:
sobre qué constituye ser una evidencia.

Aceptación de la evolución en distintos países6. True: Verdadera. Not sure:
No está seguro. False: Falsa (foto: http://logosjournal.com/2013/sokal/)

cuenta de la relación que establecen entre, precisamente, sus creencias y lo que para estas personas son
las evidencias que garantizan la verdad fáctica recogida en esas creencias. ¿Por qué creen las personas
religiosas en lo que creen? ¿Cuáles son las buenas
razones para sostener estas creencias? ¿En qué tipo
de evidencia se apoyan? Sokal se atreve a concluir
que la respuesta se encuentra en las escrituras sagradas que toda religión que se precie posee, en mayor
o menor medida. El hombre religioso no rechaza la
evidencia empírica, base de la cosmovisión racional de la realidad, pero añade una evidencia nueva,
que puede desplegar como la cama supletoria de los
hoteles: las escrituras sagradas, la Biblia, el Talmud,
el Corán, lo que ustedes quieran. ¿Y cuál es el, por
llamarlo así, dispositivo epistemológico que permite dignificar esos textos como evidencias cognitivas?
Según Sokal, y nosotros estaremos bastante de acuerdo con él, se trata de la fe. Sokal, por cierto, no se
toma demasiado en serio esto de la fe: no contrapone
la fe a la razón, vieja argucia de muchos teístas, sino
que la contrapone al esfuerzo cognitivo. La fe sería,
tal vez, como ese compañero de pupitre, perezoso y
negligente, que cuando llegan los exámenes presioAnuario 2017

Cuarto movimiento: Finale Apocalipthica.
El último de los enemigos de la cosmovisión racional de la realidad que Sokal identifica es, en su
opinión, el más peligroso de todos. Le cedemos la
palabra:
Lo que me lleva al último, y en mi opinión el
más peligroso, conjunto de adversarios de la
cosmovisión basada en la evidencia en el mundo
contemporáneo: a saber, los propagandistas, los
encargados de relaciones públicas y los asesores
de imagen, junto con los políticos y las corporaciones que los contratan. En definitiva, todos
aquellos cuyo objetivo no es el análisis sincero de
la evidencia en favor y en contra de una práctica política concreta, sino la simple manipulación
de la opinión pública con la intención de obtener
una conclusión predeterminada usando cualquier
técnica que funcione, por muy falsa o fraudulenta
que sea.
No se trata ahora, puntualiza Sokal, de una simple cuestión epistemológica sobre creencias fallidas
o incorrectas, sino del escenario ético de fondo, el
proscenio moral de toda representación posible de
los hechos y de las cosas reales. Estamos hablando
de tergiversaciones fraudulentas y de manipulaciones
mediáticas orientadas al logro de objetivos cognitivos
muy concretos. No se trata simplemente de mentiras.
El mundo parecía mucho más sencillo cuando en el
Olimpo imperaba el principio de no contradicción:
una cosa existe o no existe, un evento ocurre o no
67 el escéptico

Vikingos posmodernos dispuestos a transgredir límites no lineales (foto: Alun Salt, www.flickr.com/photos/stephanridgway/5525675192/)

ocurre, llueve o no llueve, Donald Trump es un reptiliano o no es un reptiliano. La mentira era el privilegio de una sociedad mítica dotada de transparencia
semántica, un mundo parmenídeo en el que lo que es,
es; y lo que no es, no es. Pero Parménides ya solo
inspira a los cosmólogos eternalistas, y no, por desgracia, a los gestores de la cosa pública. Parménides
nunca hubiera entendido el concepto de posverdad.
La posverdad, que es de lo que en definitiva está
hablando Sokal, no es simplemente el envoltorio retórico de la mentira; es un programa de manipulación
emocional que opera sobre un sustrato sociológico de
aceptación táctica de pequeñas mentiras y engaños
cotidianos. El sociólogo Ralph Keyes fue el primero
en acuñar para la academia el término posverdad en su
libro The Post-Truth Era: Dishonesty and Deception
in Contemporary Life7. Keyes traza un panorama sociológico de la implantación de la mentira y el engaño
como vehículos de autoidentificación, supervivencia
y promoción social y va mucho más allá de las groseras interpretaciones que identifican a la posverdad con
los «hechos alternativos» de la consejera presidencial
Kellyanne Conway y del secretario de prensa Sean
Spicer. En una línea parecida, aunque más actual,
el escéptico 68

Jayson Harsin8 habla de los «regímenes (políticos) de
posverdad» (regimes of posttruth o ROPT), en los que
proliferan lo que él llama «mercados de la verdad»
(truth markets). Los regímenes de posverdad se estructuran como formas de gobierno posdemocráticas,
en las que las grandes cuestiones, los discursos y las
organizaciones orientadas al cambio sociopolítico
permanecen constreñidas —afirma Harsin, inspirado
por Foucault— a pesar de la posibilidad de nuevos
ámbitos de participación pseudopolítica y cultural en
torno, precisamente, a la verdad. En las sociedades de
la posverdad, los agentes políticos dotados de más recursos intentan utilizar el conocimiento analítico de
los datos para gestionar los ámbitos de la apariencia y
de la participación.
Volviendo a Sokal:
Tal vez nos hemos acostumbrado tanto a las
mentiras políticas —tan obstinadamente cínicas—
que hemos perdido nuestra capacidad para indignarnos. Hemos perdido nuestra capacidad para
llamar al pan, pan y al vino, vino, para llamar
mentira a la mentira, fraude al fraude. En vez de
eso, lo llamamos propaganda.
Anuario 2017

Coda: Salvum Fac Populum Tuum, Scientia.
A lo largo de su conferencia, Sokal ha cartografiado los campos minados del irracionalismo —el postmodernismo académico, las pseudociencias, las interpretaciones religiosas fundamentalistas y la gestión
política de la posverdad— con la contundencia de un
bregado agrimensor. Toca ahora, en la parte final, una
reivindicación identitaria y normativa del pensamiento científico. Sokal desglosa la traca final en varios
párrafos gloriosos. Veamos:
Vivimos en un único mundo real; las divisiones
administrativas utilizadas por conveniencia en
nuestras universidades no corresponden, de hecho, con ninguna frontera filosófica natural. No
tiene sentido echar mano de un conjunto de estándares de evidencia en la física, la química o la
biología y de pronto relajar esos estándares cuando se trata de la medicina, la religión o la política.
Para que esto no parezca imperialismo científico,
quiero resaltar que es exactamente lo contrario.
Y continúa de esta manera:
La cuestión de fondo es que la ciencia no consiste tan solo en un reservorio de trucos ocurrentes que resultan útiles en la investigación de algunos asuntos arcanos sobre el mundo inanimado y
el mundo biológico. Más bien, las ciencias naturales son ni más ni menos que una aplicación particular —si bien inusualmente exitosa— de una
cosmovisión racionalista más general, centrada
en la modesta insistencia de que las afirmaciones
empíricas deben estar respaldadas por la evidencia empírica.
La evidencia, ese punto arquimediano del pensamiento científico y racional sobre el que Sokal no deja
de insistir, se constituye en un criterio de demarcación
fundamental frente a la mentalidad pseudocientífica:
Lo que permanece inalterado en todos los ámbitos de la vida es, sin embargo, el criterio filosófico subyacente: a saber, restringir nuestras teorías
tanto como sea posible a la evidencia empírica
y modificar o rechazar aquellas teorías que no
pueden ajustarse a la evidencia. Esto es lo que yo
quiero dar a entender cuando hablo de la cosmovisión científica.
Sokal no deja de reivindicar el carácter agonista,
conflictivo, de la actividad científica. Si pensar es
pensar siempre contra alguien, como afirmaba Gustavo Bueno, el pensamiento científico racional es, también, batallar en las lindes del pensamiento mágico:
La dimensión afirmativa de la ciencia, que consiste en sus afirmaciones bien contrastadas sobre
el mundo físico y el biológico, puede ser lo primeAnuario 2017

ro que viene a la mente cuando la gente piensa en
la ciencia; sin embargo, la parte más profunda y
más intelectualmente subversiva es la dimensión
crítica y escéptica. La cosmovisión científica entra
inevitablemente en conflicto con todas las formas
de pensamiento no científico que realizan afirmaciones supuestamente fácticas sobre el mundo.
El pensamiento científico ha alcanzado en la actualidad una preeminencia innegable en todos los ámbitos del pensar y del conocimiento. Pero a lo largo de
la historia, no siempre ha transitado por la alfombra
roja de las estrellas mediáticas ni ha lucido el palmito
que tiene hoy en día. Y en muchas partes del mundo —en todas, en realidad, aunque en distinta medida— existen multitudes que no pueden, no saben o no
quieren apreciarlo con justicia. A lo largo de la historia, el pensamiento científico y racional ha tenido
que emprenderla a codazos para salir de las butacas
del gallinero y ocupar plaza en el palco de autoridades. Y nunca estaremos seguros de que los amigos del
pensamiento mágico no vayan a esgrimir su derecho
a ocupar una localidad en ese mismo palco con una
entrada comprada en la reventa.
Sokal termina su charla con la siguiente admonición:
Cuatrocientos años más tarde, parece tristemente evidente que esta transición revolucionaria
desde una cosmovisión dogmática a una cosmovisión basada en la evidencia aún está lejos de
haberse completado.
Al terminar su exposición, los asistentes aplaudieron durante un buen rato; aunque no todos los aplausos fueron igual de entusiastas.
Notas:
1. La versión íntegra de la conferencia de Alan Sokal
puede consultarse en su página web corporativa, http://
www.physics.nyu.edu/sokal/, y en la revista electrónica Logos. A journal of modern society & culture (2013, vol. 12, no.
2): http://logosjournal.com/2013-vol-12-no-2/
2. Sokal, A. (1996) «Transgressing the Boundaries:
Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity». Social Text, Vol. 46/47, pp. 217-252.
3. Sokal, A. y Bricmont, J. (1998) Imposturas intelectuales. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona.
4. Kelly, Thomas, «Evidence», The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2016 Edition), Edward N. Zalta (ed.) https://plato.stanford.edu/archives/win2016/entries/
evidence/
5.-https://es.wikipedia.org/wiki/Reglas_del_
marqu%C3%A9s_de_Queensberry
6. Miller, J.D., Scott, E.C. & Okamoto, S. (2006) «Public
Acceptance of Evolution». Science, 313: 765-766.
7. Keyes, R. (2004) The Post-Truth Era. Dishonesty and
Deception in Contemporary Life. St. Martin’s Press, New
York.
8. Harsin, J. (2015) «Regimes of Posttruth, Postpolitics,
and Attention Economies». Communication, Culture & Critique, 8(2): 327-333.
69 el escéptico

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62

EL ENIGMA DE LA PIRÁMIDE

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ANUARIO 2017
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El enigma
de la pirámide
Emilio Jorge González Nanclares
Profesor de Filosofía en Enseñanzas Medias

Orígenes, funciones e interpretaciones de estos espectaculares monumentos, que
tanto han estimulado la imaginación

introducción
En este artículo, cuya idea surgió originalmente en
un debate escolar, se pretende hacer un recorrido por
las distintas interpretaciones que a lo largo de la historia se han hecho acerca de la construcción y elevación de las pirámides de todas las culturas y aportar
una más, si cabe. Aunque nos vamos a centrar en las
egipcias, no se descuidan otras, pero no con el grado
de atención con el que se analizan aquellas. La idea es
mostrar cómo en el acervo popular las pirámides, seguramente por su monumentalidad, y por ser obra artificial, han poblado la imaginación de muchos curiosos
—y otros no tanto— que han querido ver en ellas algo
muy diferente de lo que realmente son.
Dividimos el artículo en cuatro partes: en la primera
analizamos las diferentes interpretaciones que ponen
el acento en la función que las mismas cumplían; en
la segunda parte nos centramos en las interpretaciones
que lo hacen en el origen; en la tercera exponemos
nuestra propia tesis técnico-material sobre el origen y
función de las mismas; y por último, en la cuarta parte
aplicamos dicha hipótesis al caso egipcio.
En la primera parte abordamos cinco interpretaciones sobre la función de las pirámides, siguiendo un
cierto criterio diacrónico: 1) la función social, basada
en los textos históricos que nos hablan de ello; 2) la
función geométrico-astronómica, que quiere ver en
la construcción de las pirámides distintas claves cabalísticas de números mágicos o relativos a posiciones astronómicas; 3) la función esotérico-religiosa,
el escéptico 76

que pretende ver en ellas modelos ocultos de arcanos
saberes, muchos de los cuales estarían ligados a interpretaciones religiosas, psíquicas o mágicas; 4) la
función tecnológica, que ha querido ver también en
ellas desde grandes centrales energéticas a antiguos
métodos alquímicos de licuación de la piedra; y 5) la
propia interpretación de la egiptología clásica como
función funeraria y con sus correspondientes críticas
a las interpretaciones anteriores, considerada por nosotros como acertada en cuanto a la función, aunque
insuficiente para dar cuenta del origen.
En la segunda parte abordamos el problema del
origen de las pirámides desde tres perspectivas: 1)
exponemos, someramente, el tipo de interpretaciones
que hacen recaer el origen de las pirámides, dadas las
similitudes existentes en la forma de todas ellas, en
algún tipo de intervención externa, v. g. realizadas por
civilizaciones extraterrestres; 2) a continuación hacemos lo propio con aquellos que consideran que dichas
construcciones son reliquias de culturas ancestrales
mucho más avanzadas de lo que nos es dado pensar,
incluso que la nuestra actual; que de alguna forma dejaron estos restos como huella permanente de su grado
de civilización —entre los que destacan, sobremanera, los atlantes—, en cierto modo emparentada con la
anterior interpretación, si consideramos que algunos
consideran a los atlantes como extraterrestres venidos
a la Tierra hace millones de años; 3) por último, se
hace referencia a una hipótesis menos fantástica, que
afirma que la pervivencia de este tipo de estructuras
Anuario 2017

Complejo de pirámides de Guiza, Egipto (foto: Wikimedia Commons)

indicaría un nexo común, pues no es posible que aparezcan recurrentemente en todo lugar y tiempo de la
misma manera y forma: es la hipótesis difusionista,
cuyo principal representante es el aventurero noruego
Thor Heyerdahl.
En la tercera parte planteamos directamente nuestra
tesis, que denominaremos técnico-material, por considerar que la forma piramidal está ligada estrechamente al tipo de materiales utilizados en su construcción y
que tenían, como es lógico suponer, un límite de elevación. Así, pasamos a describir los distintos materiales
con los que se han creado, desde los primeros amontonamientos de piedras que por la fuerza de la gravedad
tienden a tomar la forma piramidal, pasando por materiales más elaborados como el trabajo en arcilla —bien
cruda (adobe), bien cocida (ladrillo)— hasta llegar a la
piedra, que es la dominadora de las grandes pirámides

de todas las culturas. Implica ello también la existencia de un cierto grado de complejidad social, pues no
es lo mismo amontonar piedras que construir grandes
bloques de granito perfectamente cubicados y nivelados, lo que requiere, como hemos dicho y se analiza
en el texto, la existencia de una sociedad compleja,
fuertemente especializada y tecnificada para la realización de tales tareas que piden, cuando poco, un gran
número de mano de obra, bien esclava, bien asalariada. Finalizamos esta parte con la aplicación del Espacio Antropológico de Gustavo Bueno a la construcción
de las pirámides en un doble nivel: Primero en cuanto
al origen de la estructura piramidal, que no es más que
continuación de la elevación en altura, y que se debe,
a nuestro juicio, a la necesidad de protección tanto de
cara a los fenómenos de la naturaleza —bien agresivos
en ocasiones, como sabemos—, como a la protección

Las pirámides implican un cierto grado de complejidad
social, pues no es lo mismo amontonar piedras que
construir grandes bloques.

Anuario 2017

77 el escéptico

contra las bestias salvajes; y por supuesto contra otros
pueblos que veían en los excedentes de producción de
las culturas agrícolas un suculento botín que llevarse a
la boca. Y en segundo lugar, aunque muy ligado al primero, en cuanto a la función que estaban cumpliendo
como almacenes, tumbas, templos u observatorios astronómicos (o varias de estas cosas al mismo tiempo),
que necesitarían fortalecerse y blindarse en relación al
grado de complejidad tanto material como ideológico
que dicha cultura hubiera alcanzado.
A propósito de esto último se inserta una cuarta
parte, en realidad un apéndice, que no es más que la
aplicación de la tesis anterior al caso egipcio y a la necesidad de protección que necesitaban los faraones de
las grandes dinastías para salvaguardar de los saqueadores sus tesoros, enterrados con ellos, por su creencia
en la vida posterior a la muerte, función ideológica
que reafirma su función funeraria.
1. Concepto de enigma, misterio y secreto
No obstante, antes de nada, no nos resistimos a hacer aquí un pequeño análisis del concepto de enigma
que aparece en el título, contraponiéndolo a otros términos que también han sido utilizados en la terminología piramidológica como misterio y secreto, y que
ha sido el leiv motiv que nos ha llevado a decantarnos
por el primero. Hablar de pirámides trae a la memoria un halo de misterio, de civilizaciones perdidas, que
estimula las más ocultas creencias de que hay algo de
incognoscible y secreto detrás de todas estas construcciones. Sin embargo, si utilizamos el concepto de
enigma, y no por ejemplo el de misterio o el de secreto, es, precisamente, para resaltar que, como bien
dice la Real Academia Española: enigma es algo que,
aunque «difícilmente puede entenderse o interpretarse», no impide que no se pueda descifrar, como por
ejemplo el enigma de la esfinge. En este sentido se
opone a misterio, definido como «cualquier cosa arcana o recóndita, que no se puede comprender o explicar» en cuanto algo dado ya de antemano de forma
incognoscible o iniciática, recogido tradicionalmente
por la terminología religiosa para definir sus dogmas:

el misterio de la santísima trinidad, por ejemplo, o los
misterios griegos de Eleusis. Secreto, «lo que cuidadosamente se tiene reservado y oculto», en cambio, es
un término que apunta hacia algo escondido, aunque
no por ello indescifrable; sencillamente no está al alcance de, pongamos por caso, la mano o la vista, por
ejemplo, cuando el juez decreta el secreto del sumario, o los políticos apelan a los secretos de Estado.
parte i. la función
2. Interpretaciones histórico-sociológicas: Función social
Heródoto, que visitó Egipto hacia el año 440 a. C.,
nos informa de que las pirámides de Guiza fueron levantadas en tiempos del despótico faraón Keops, quien
cerró todos los templos e impidió que se hicieran sacrificios. Cerca de 100.000 hombres, decía, que se turnaban cada tres meses, intervienen en su construcción.
Tardaron diez años en construir la calzada de acceso
de 900 metros por la que arrastraban los bloques y
veinte años más en construir el grueso de la pirámide
mediante máquinas izadoras. A su juicio, fueron 106
años, unidos a los 50 de Kefrén y a los 56 de Micerino,
los que los egipcios vivieron sumidos en la miseria
para alimentar la ambición y el orgullo de los faraones, hasta tal punto, sigue diciendo, les cogió odio la
gente del pueblo que a «estos dos reyes ni mentarlos
quieren, y a las pirámides las llaman pirámides de Filitis, por el nombre de un pastor que en aquel tiempo
apacentaba sus rebaños por esos parajes»1. Heródoto,
de alguna manera, había inaugurado la interpretación
histórico-sociológica.
Otros autores, como el griego Estrabón (que visitó Egipto en el año 24 a. C.) o Diodoro de Sicilia,
continúan con esta tradición. Estrabón alaba los conocimientos astronómicos de los sacerdotes egipcios
de quienes dice que «son inigualables en la ciencia
del cielo. Misteriosos y reacios a comunicarse, en
ocasiones pueden ser persuadidos después de mucha
solicitud para que impartan algunos de sus preceptos,
aunque pese a ello sigan ocultando la mayor parte».
Diodoro de Sicilia, en el 56 a. C., que fue el primero

Taylor y Smyth inauguraron una tradición, la
piramidología, cuyos seguidores fueron bautizados como
piramidiots por los egiptólogos.

el escéptico 78

Anuario 2017

Portada de la revista esotérica Más Allá dedicada a la piramidología

en apuntar la utilización de rampas para construir las
pirámides, en cambio, nos transmitía, en conexión con
Heródoto, el amargo recuerdo que habían dejado reyes
como Keops y su hijo Kefrén:
Aunque estos reyes mandaron construir las pirámides para que les sirviera de sepultura, ninguno
de ellos fue enterrado allí. Las gentes irritadas por
los trabajos insoportables a los que habían sido
condenados juraron que sacarían sus cuerpos de
estos lugares para hacerlos pedazos. Los faraones
al saberlo hicieron que sus amigos, después de su
muerte, enterraran sus cuerpos en lugares más seguros y secretos.
3. Interpretaciones geométrico-astronómicas:
Función matemática
En la Edad Moderna, y dentro del contexto científico que la caracteriza (la Revolución Científica, ligada
al renacido interés por el platonismo y el pitagorismo)
se inicia un tipo de interpretaciones que tratarán de
encontrar las claves matemáticas o astronómicas presentes en este tipo de monumentos. Así, en 1638 el
matemático inglés John Greaves viajó a Egipto con la
intención de encontrar en la estructura de las pirámides los datos que le permitieran establecer las dimensiones de la Tierra, pero fracasado su intento de medir
Anuario 2017

las pirámides debido a la gran cantidad de escombros
que rodeaban la base de la Gran Pirámide, solo pudo
hallar el inicio de un pozo que había servido para comunicar la cámara de la reina con el pasaje descendente de finalidad todavía hoy no muy bien aclarada,
y explorado posteriormente en su totalidad en 1840
por el comerciante genovés Caviglia. Publicó sus observaciones en su famoso libro Pyramidographia, que
serviría de base a Isaac Newton para disertar acerca de
las medidas según las cuales habían sido construidas
las pirámides: el codo sagrado (63 cm) y el codo real
(52 cm). Posteriormente fue demostrado por Petrie
que solo se había usado el codo real.
Esta tradición derivaría en manos del escritor visionario británico John Taylor (The Great Pyramid. Why
was it Built and Who built it?, 1859). Para este autor
era del todo imposible que los seres humanos hubieran
alcanzado en tan poco tiempo, solo 1600 años después
de la creación del mundo, el alto grado de desarrollo
que manifestaban; concluyó que solo de la mano divina podría haberse dado tan eminente prodigio. Se
basaba para ello en el testimonio del sacerdote egipcio
Manetón —primer cronógrafo oficial de las dinastías
unificadoras—, quien había afirmado que Egipto fue
dominado por un pueblo desconocido sin librar batalla
alguna; ese pueblo no habría sido otro que el pueblo
elegido de Dios. Tesis que le venía muy bien, por cierto, a la conservadora sociedad victoriana justo en el
mismo año en que Darwin publicaba su obra El origen
de las especies.
Uno de los más fieles seguidores de Taylor fue el
astrónomo escocés, y miembro de la Royal Society,
Charles Piazzi Smyth, quien, en una suerte de conjugación entre las teorías geométricas y las religiosas,
intenta demostrar la tesis de Taylor de que «el perímetro total de la base de la Gran Pirámide (232,805
m x 4) es de 931,22 metros. Si se divide este número
por 2 veces su altura, que cuando se construyó era de
148,208 metros, se halla el valor de Π = 3,14159». Sin
entrar a valorar la exactitud de las medidas que aporta
(y que precisará Flinders Petrie con posterioridad), se
pasa por alto en este análisis que en el papiro matemático Rhind, del reino Medio, el valor mencionado para
Π es de 3,1605, y no de 3,1416.
Parafraseando al egiptólogo español José Antonio
Solis Miranda:
¿Qué quiere decir la coincidencia de una cifra?
Si alguien asume como relevante que la altura de
la Gran Pirámide sea 1/270.000 de la circunferencia del planeta, ¿qué podemos deducir de la envergadura de un Boeing 720, que es exactamente la
millonésima parte de la circunferencia ecuatorial
de la Tierra? ¿Que los constructores aeronáuticos
ocultan sus conocimientos entre las puntas de las
alas?2
79 el escéptico

John Taylor y Piazzi Smyth inauguraron una tradición que desde entonces fue conocida con el nombre
de piramidología, y a cuyos seguidores los egiptólogos anglosajones bautizaron con el ingenioso nombre
de piramidiots. Entre los más fervorosos entusiastas
de estas originales teorías se encontraba el joven matemático, químico e incipiente arqueólogo William
Matthew Flinders Petrie, al cual la lectura de los libros
de aquellos había dejado tan impresionado que solo
después de un desesperado intento por hacer cuadrar
las medidas de sus maestros con las reales de las pirámides, lo que trajo como virtuosa consecuencia el
hecho de realizar las medidas más concienzudas que
se habían efectuado hasta entonces de la Gran Pirámide, escribió:
Es necesario decirles a nuestros lectores que las
extraordinarias falacias y erróneas declaraciones
relativas a la Gran Pirámide no son sino lamentables tonterías. Las teorías proféticas que elaboran
los escritores sustituyen a otras de hace sesenta
años, y estas a otras y así sucesivamente.3
Todo ello sin querer despreciar las medidas realizadas en las construcciones realmente existentes, que
en muchos casos concuerdan con las posiciones astronómicas de los solsticios y equinoccios del lugar,
así como de algunos astros importantes para su cultura agrícola, como por ejemplo el orto de Sirio, en
la egipcia, que marcaba el inicio de las inundaciones
del Nilo. Pero este tipo de conocimientos, que eran
frecuentes en dichas sociedades, sobre todo por la necesidad que tenían de fijar determinados jalones que
establecieran el proceso correcto de la producción, v.
g. inundación, siembra y cosecha (las tres estaciones
anuales consideradas por los egipcios), eran costosos
y difíciles de aprender y solamente conocidos por
unos pocos, la casta de los sacerdotes habitualmente.
Por ello, era importante fijarlos en construcciones materiales concretas, que todo el mundo pudiera ver y
usar en el momento sin necesidad de saber nada de astronomía o geometría, lo habitual en aquellos tiempos4
(al igual que muchas otras construcciones neolíticas,

por ejemplo, Stonehenge o los dólmenes de Antequera); y de ahí que los sabios de la época, que además de
sacerdotes (porque estaban en contacto con lo divino,
los astros) eran matemáticos, astrónomos, arquitectos,
médicos, etc., lo hicieran. Así como también, y como
un virtuoso efecto secundario, que quedara constancia
para el alcance de las generaciones venideras.
4. Interpretaciones esotérico-religiosas: Función
esotérica
A partir de aquí surgen toda una pléyade de doctrinas de índole esotérica que se ejemplifican en el libro
de la visionaria rusa Helena Petrovna Blavatsky, La
Doctrina Secreta (1888), quien sostiene que la Gran
Pirámide exteriormente «simboliza los principios
creadores de la naturaleza e ilustra los principios de
la geometría, matemáticas, astrología y astronomía» e
interiormente era «un templo majestuoso que recogía
la iniciación de la familia real», siendo así que el sarcófago de pórfido «era la fuente bautismal de la que el
neófito surgía, renaciendo de nuevo y convirtiéndose
en adepto».
Esta tradición, que se adentra profusamente en el siglo XX, es sin duda la que mayor número de seguidores ha aglutinado, y es la que goza aún hoy, sin duda,
de una salud de hierro. Y si no, solo hace falta ojear los
muchos libros que se presentan con el atrayente título
de el poder psíquico de..., la energía secreta de..., el
misterio de las pirámides, etc., muchos de los cuales
bucean en este tipo de interpretaciones y abundan de
una forma sorprendente en las bibliotecas públicas.
Interpretación que, actualizada, continua el dentista
francés François-Xavier Héry, quien se dice pariente
lejano del gran Champollion, en su libro La Biblia de
Piedra (1990), y que sostiene que la Gran Pirámide
no es más que un enorme canto a la espiritualidad
monoteísta —si bien aún toscamente intuida— que
posteriormente reinaría en el imperio nuevo egipcio
para imponerse finalmente con el judeo-cristianismo,
renovando con ello las teorías de Taylor.
Cuando el radiestesista francés Antoine Bovis visitó la pirámide de Keops advirtió (al menos eso dice él)

Las interpretaciones esotéricas han generado toda una
industria de pirámides en miniatura que ha lucrado los
bolsillos de más de uno.

el escéptico 80

Anuario 2017

portamientos psicosomáticos, sus conclusiones dieron
comienzo a toda una pléyade de teorías y doctrinas en
todas partes del mundo, mezcladas en ocasiones con
mitologías legendarias, como es el caso del Feng Shui,
que une los arcanos conocimientos del taoísmo con
la supuesta energía piramidal. En todo caso, a partir
de estas ideas se ha generado una industria de la producción de pirámides en miniatura que ha lucrado los
bolsillos de más de uno.
5. Interpretaciones físico-químicas. Función tecnológica
Tiene aquí cabida la increíble teoría del ingeniero
Christopher Dunn acerca de las pirámides de Egipto,
y quién sabe si también del resto del mundo. Según
Dunn, a raíz de la lectura del libro de Peter Tompkins
Secrets of the Great Pyramid, y basándose en datos
aportados por el ufólogo Brad Steiger (Worlds Before
Our Own) quien suponía haber encontrado vestigios
del uso de un tubo de Crookes5 en las tallas murales de
la cripta inferior del templo de Hathor en Dandara, la
Gran Pirámide no es más que una gran central energética que los egipcios utilizaron para alimentar un complejo sistema de maquinaria con la cual construyeron
sus enormes monumentos y alcanzaron un tecnología
comparable a la actual:
Piazzi-Smyth suponía que las pirámides de Guiza constituían algo así como
el centro geométrico del mundo (Wikimedia Commons)

que los alimentos, arrojados a un cubo de basura dentro de la cámara real, no mostraban ningún síntoma de
putrefacción. Al día siguiente, según parece, depositó
en la cámara unos trozos de carne para comprobar al
cabo de unos días que no se había descompuesto. Esta
percepción le llevó a profundizar los estudios hasta el
punto de construir una réplica a escala de dicha pirámide. En esos experimentos notó que esa pequeña
pirámide producía una momificación de animales y
conservaba las flores y los alimentos. Su hipótesis
fue que la Gran Pirámide de Keops estaba construida
con unas proporciones tales que generaban una fuerza
desconocida capaz de invertir el curso normal de los
procesos físicos y especialmente de los biológicos. A
partir de ahí se creó la llamada escala de Bovis, que
pretende medir la «vibración energética» o longitud
de onda que emite un lugar o un cuerpo. La «vibración
normal» de un cuerpo sano es, según esto, de 6500
unidades Bovis. Un lugar que emite una vibración superior a las 7000 unidades nos aporta energía y nos
ayuda a recuperar nuestro equilibrio vibracional y por
tanto nuestra salud; y esto es la pirámide.
Aunque estas conclusiones no obtuvieron la menor
acogida en los círculos científicos, y los pocos experimentos que se hicieron no pasaron de previsibles comAnuario 2017

He acumulado una plétora de hechos y deducciones a partir de un análisis formal del diseño de
la Gran Pirámide y de casi todos los objetos que se
han encontrado en su interior que, tomados en su
conjunto, apoyan mi hipótesis de que la Gran Pirámide era una planta generadora y la cámara del
rey, su centro energético. Gracias al elemento que
alimenta nuestro Sol (el hidrógeno) y combinando
la energía del universo con la de la Tierra, los antiguos egipcios convirtieron la energía vibratoria
en energía de microondas. Para hacer funcionar
la central de energía, los diseñadores y los operarios tuvieron que inducir una vibración en la Gran
Pirámide que estuviera en sintonía con las vibraciones resonantes armónicas de la Tierra. Cuando
la pirámide vibraba en sintonía con la vibración
terrestre, se convertía en un oscilador acoplado y
podía mantener la transmisión de energía desde la
Tierra casi sin ningún esfuerzo. Es posible que las
tres pirámides más pequeñas situadas al este de la
Gran Pirámide sirvieran para ayudarla a conseguir la resonancia, de la misma forma en que en
la actualidad se emplean motores de gasolina más
pequeños para poner en marcha motores diésel
grandes.6
Por último no me resisto también a citar aquí las
interpretaciones alquimistas. En 1988 se editó en Estados Unidos el libro titulado The Pyramids, An Enigma Solved, en el que se recogían las investigaciones
81 el escéptico

llevadas a cabo por Joseph Davidovits, profesor de
la universidad de Toronto, y Margaret Morris, de la
de Minnesota, en la que sostenían que antiguos pueblos como los egipcios, los incas y quizá los mayas y
teotihuacanes, poseían increíbles técnicas para poder
reblandecer las piedras. Estos autores basan sus afirmaciones en unos sospechosos análisis microscópicos
efectuados en rocas de la meseta de Guiza y en la que
según ellos podía apreciarse la presencia de restos de
uñas, pelos, fibras textiles e incluso piel, junto con
unas sospechosas burbujas de aire en la superficie superior de las rocas calizas, así como de determinadas
formas redondeadas o con unas extrañas huellas de
haber sido extraídas a paladas. ¿Cómo puede ser posible este ablandamiento? Pues la explicación es sencilla, según ellos: «los antiguos egipcios sabían cómo
convertir la roca más dura en una pastosa masa que,
durante su manipulación, podría recoger restos de materiales o formar grumos, al igual que ocurre con la
masa del pan o del dulce mientras es manipulada por
los reposteros». Este tema, que fue llevado al debate televisivo La Clave por José Luis Balbín, tiene su
soporte histórico según ellos en la Estela de Famine,
situada en la isla de Sehel, descubierta en 1889 por el
egiptólogo Charles Wilbour y descifrada en 1935 por
el francés Barquet. En dicha estela, también conocida
como el sueño de Inhotep, hay un par de pasajes en
donde, según ellos, el dios Khnum (guardián de las
fuentes del Nilo y dios alfarero creador) da al rey una
lista de minerales y productos químicos para fabricar
bloques aglomerados con los que construir templos.
6. Crítica de las interpretaciones anteriores desde la egiptología clásica
Prácticamente todas o casi todas las interpretaciones anteriores basan sus ideas en el rechazo de que
las pirámides egipcias hubieran sido utilizadas como
tumbas apoyándose en al menos dos supuestos:
1) Que en ninguna pirámide se ha encontrado nunca
el cuerpo de un faraón.
2) Que en ninguna pirámide se ha encontrado nunca
el nombre de un faraón.

Dejemos que sea el joven historiador y egiptólogo
de la Universidad Complutense de Madrid, J. M. Parra
Ortiz, el que, con contundencia, rebata estos argumentos:
Es bien cierto que los restos momificados encontrados en el interior de las pirámides han sido escasos, pero no lo es menos que existen en cantidad
suficiente como para refutar de una vez por todas
la ingenua teoría de que no eran tumbas. [...]. Respecto a los restos de los faraones, veamos una lista de aquellos que se sabe con alguna certeza que
pertenecieron a monarcas egipcios:
- Esnefru (IV Dinastía): en 1950 se encontraron
en el interior de la pirámide Roja de Dashur restos de su momia, entre ellos parte del cráneo —cubierto parcialmente de piel—, la mayor parte de la
mandíbula inferior, el hueso de la cadera, algunas
costillas, parte del pie izquierdo, las vendas del pie
derecho, un dedo y algunas vértebras.
- Menkaure (IV Dinastía): en una de las habitaciones del interior de la pirámide, bajo un metro de
escombros, se encontró un sarcófago de madera de
época saíta con el nombre de Menkaure y las piernas y la parte inferior de un torso humano, junto
con un pie y algunas vértebras y costillas, todos
ellos cubiertos de piel. La postura del cuerpo, ligeramente flexionada, es típica del Reino Antiguo,
pero el C14 ha dado una antigüedad de 1.650 años
que, sin duda, puede deberse a la contaminación
de los restos desde que fuera saqueada la tumba
[…]
No es que sean muchos, pero sin lugar a dudas
son más que suficientes como para poder afirmar
con rotundidad que los faraones fueron enterrados
en las pirámides que se les atribuyen. La escasez
y estado fragmentario de los restos se deben al
saqueo de las tumbas, cuando los ladrones maltrataron los cuerpos para encontrar los amuletos
de materiales preciosos cubiertos por las vendas.
Estos robos fueron habituales en Egipto desde el
momento mismo en que comenzaron los enterramientos, pues Petrie encontró tumbas predinásticas intactas, pero que habían sido saqueadas poco

Desde la egiptología clásica se ha sostenido básicamente
la idea funeraria como finalidad última de las pirámides,
al menos las egipcias.

el escéptico 82

Anuario 2017

después de la inhumación. La tradición continuó,
y, durante el Tercer Período Intermedio, una comisión tebana fue comprobando algunas tumbas
reales de la zona, dejando constancia de su diligencia con inscripciones como la siguiente sobre
los ataúdes:
«Año 19, 3er mes de akhet, día 28. En este día,
inspección de la esposa del rey Merytamun».
Sin embargo, la inscripción no indica que se tratara de una inspección para comprobar si había
sido saqueada, ¡sino para saquearla! Se trataba
de un trabajo oficial realizado por orden del Gran
Sacerdote de Amón en Tebas, Pinedjem, cuyo poder
chocaba por entonces con el del faraón y que se
esforzaba por conseguir nuevas fuentes de ingresos
allí donde pudiera7.
7. La interpretación de la egiptología clásica.
Función funeraria.
Desde la historiografía clásica se han criticado con
dureza todas estas interpretaciones, sosteniendo básicamente la idea funeraria como finalidad última de
las pirámides, al menos las egipcias. Así, por ejemplo, el gran egiptólogo Jean Philippe Lauer, en su libro El misterio de las pirámides, carga contra todos
Anuario 2017

estos autores sosteniendo que, en realidad, no existe
apenas misterio: «La Gran Pirámide, como todas las
pirámides, es una tumba». Sin embargo, sigue siendo difícil justificar cómo un mausoleo puede haber
alcanzado dimensiones tan impresionantes como las
que alcanzaron las de Keops y su sucesor Kefrén, o
incluso antes las de Zoser o Esnefru, lo que da pábulo
a la proliferación de toda esta pléyade de pseudointerpretaciones.
Cuando de justificar se trata el origen de estas construcciones, los historiadores al uso se remiten a la función que les atribuyen los antiguos egipcios, argumentando en sentido emic, (interno) y tomando por buenas
las propias justificaciones que se desprenden del desciframiento de los jeroglíficos (o de los petroglifos en
el caso de las mesoamericanas).
Así, por ejemplo, son clásicas las argumentaciones
en las que las pirámides escalonadas representan un
medio simbólico (una escalera) para acceder al firmamento: Un encuentro con los dioses circumpolares que
nunca mueren. En efecto, el jeroglífico determinativo
de la palabra ascender tiene forma de una pirámide
escalonada y en uno de los textos de las pirámides se
recoge perfectamente esta idea: «Le has dado la escala
al dios, le has dado la escala de Seth8, para que pueda
ascender con ella hasta el cielo y escoltar a Ra» (Pir.
974).
Las pirámides lisas, según algunos egiptólogos, en
cambio, representan la manifestación simbólica de un
rayo de sol petrificado, ejemplificado en los rayos que
atraviesan las nubes en días de tormenta. Esto habría
tenido lugar a comienzos de la IV dinastía, en la que
los faraones habían vuelto a un culto solar más puro,
el culto de Atum-Ra que, en la etapa anterior, después
de que Huni, el Golpeador, hubiera hecho volver al
redil a las tribus del sur que habían iniciado un conato de disgregación de los faraonatos de Sekhemkhet y
Khaba, demasiado alejados de los centros de poder al
establecer su capitalidad en Menfis.
Sin embargo, estas interpretaciones, aun manteniéndose en la más pura ortodoxia (quizá para no
recaer en piramidología, de la que huyen como gato
escaldado), recaen en un excesivo apego a las propias
justificaciones internas que los egipcios u otros pueblos dieron de sí mismos (no les ocurre lo mismo a los
piramidiots, quienes aceptan o rechazan las leyendas
según les va en ellas); sin que esto quiera decir que
dichas justificaciones no sean correctas, internamente
hablando, y que no hayan jugado su papel ideológico
e imitativo en muchos casos. Desde un punto de vista
filosófico-materialista cuesta trabajo aceptar sin más
esta argumentación como una explicación del origen y
función real de dicha forma piramidal
Actualmente hay algunos egiptólogos que no descartan otros posibles usos, si bien complementarios
83 el escéptico

del funerario, considerando que las pirámides también
cumplieron una función social importante. Así, por
ejemplo, el ya citado egiptólogo español José Miguel
Parra Ortiz, que ha publicado un libro excelente sobre
la historia de las pirámides de Egipto9, en su último
libro Las pirámides. Historia, mito y realidad, nos
cuenta:
No conviene olvidar tampoco que los obreros
que se encargaban de edificar el complejo funerario del rey eran alimentados y cobijados en las
cercanías del mismo. Las investigaciones de Lehner en Guiza, por ejemplo, han permitido desenterrar lo que sin duda es una panadería, posibles
almacenes de grano y salazones de pescado. Por
otra parte, en el interior de los grandes recintos
que cobijaban los edificios culturales de Khaefre
y Menkaure se han encontrado otro tipo de edificios auxiliares. Al oeste de la pirámide del hijo de
Khufu se excavaron una serie de estancias alargadas que Petrie, en el siglo XIX, interpretó como las
barracas de los constructores, pero que un nuevo
estudio ha permitido interpretar, como mínimo,
como un taller de escultor y con otras funciones
que no podemos sospechar por el momento. Al sureste de la pirámide de Menkaure hay otros restos
de edificios que han sido identificados también con
talleres en donde se fabricaban desde cestas y cerámica hasta objetos de alabastro y herramientas
de cobre. Los obreros necesitaban una constante
provisión de alimentos y herramientas; por tanto,
es lógico que el centro productor de los mismos
estuviera en las cercanías del lugar en donde realizaban su trabajo. Así se mejoraba la producción
y se evitaban los retrasos.10
Así pues, las pirámides ponían en marcha una gran
maquinaria productiva que trascendía con mucho la
sola función de tumba que se les asignaba. Toda una
pléyade de trabajadores vivían y producían a su través,
generando un círculo económico que garantizaba la
actividad constante y el consumo de lo producido, incrementando terriblemente la especialización y la producción de toda la maquinaria social; estableciendo lo
que Parra define como el Maat, es decir, «el conjunto
deificado de ideal que permitía al mundo funcionar correctamente».
Estamos básicamente de acuerdo con esta reinterpretación de la función que la industria de la construcción de pirámides llegó a alcanzar en el Imperio Antiguo. Máxime si se añade a lo que nos cuenta Parra Ortiz todo el impulso que las distintas técnicas, ligadas
a la extracción, el transporte y la construcción, debió
suponer en cuanto al desarrollo y mejora de nuevas
técnicas11 y utilización de nuevos materiales, como la
utilización de distintos tipos de caliza, la importación
el escéptico 84

de una gran cantidad de madera, la explotación de las
canteras de granito de Asuán, etc.
Pero aun aceptando todo esto, quedamos aún muy
insatisfechos en cuanto a la justificación divina de su
origen, pues estas interpretaciones son puramente internas a las ideologías y religiones al uso en la época
dentro de cada cultura. No es que estas interpretaciones, al contrario que las anteriores, no sean correctas;
es que son, a nuestro juicio, miopes desde el punto de
vista materialista, pues no ven más allá de lo que sus
agentes afirman acerca de las mismas (punto de vista
emic). Desde un punto de vista material (etic, externo)
y asumiendo que sus conclusiones funcionales son correctas, las pirámides eran tumbas; estas interpretaciones nos parecen francamente insuficientes en cuanto
no descifran los motivos reales, infraestructurales, de
la realización de las mismas, esto es, de su origen (por
ejemplo, al interpretarlas como rampas de lanzamiento del alma hacia el cielo, sede de los dioses1).
parte ii. el origen
8. Sobre el origen de las pirámides
Bien es cierto que resulta tremendamente difícil,
pero no imposible, deslindar el origen de la función
de algo. Muchas de las teorías expuestas anteriormente implicaban ya en su propia función la explicación
del origen. No obstante, no es menos cierto que, en
el complejo proceso histórico que nos envuelve para
representar este problema, los orígenes quedan generalmente envueltos por los posteriores usos que se
realizan del fenómeno de justificación, cuando no se
modifican por ellos.
Son clásicas las pseudointerpretaciones acerca del
origen de las pirámides basadas en la intervención de
terceros en discordia. Ya hemos descrito someramente
algunas de aquellas que acuden directamente a la intervención divina en su formación. Nos quedan ahora
por investigar otras que, incapaces de aceptar que la
extraña similitud con que presenta todo este tipo de
construcciones sea fruto del azar, entienden que ha tenido que haber una mano invisible común que haya
guiado su formación. Básicamente citaremos las dos
clásicas: la que explica el fenómeno por la intervención de seres extraterrestres y la que lo hace a partir
de antiguas y desaparecidas civilizaciones terrestres
que, después de haber alcanzado un alto grado de desarrollo, sufrieron un colapso terrible que acabó con
ellas, aunque aún tuvieron tiempo de difundir algunos
de los conocimientos adquiridos a través del globo terráqueo: los atlantes. Y añadiremos una interpretación
más: la difusionista.
9. Seres venidos de otros planetas. Origen extraterrestre.
Escépticos ante las explicaciones oficialistas del fenómeno y alertados por la gran cantidad de supuestas
Anuario 2017

construcciones piramidales existentes, algunos grupos
han lanzado la idea de que este tipo de estructura no
ha podido sino tener un origen común, que no es otro
que el de la intervención de extraterrestres venidos de
probables planetas habitados de nuestro sistema solar
o de remotas galaxias con tecnologías totalmente desconocidas para nosotros.
Pero ya antes otros ufólogos consagrados habían
creído ver en los vestigios: dibujos, esculturas, escritos y leyendas mesoamericanas (Popol Vuh, Chilam
Balam, etc.) y de otras culturas arcaicas indicios de
las visitas de estos seres venidos del cielo. Según estos
autores, el Kukulcán de los mayas y el Quetzalcóatl
de los aztecas eran dioses venidos de las estrellas. Un
busto labrado en piedra refleja a Quetzalcóatl dentro
de la boca de una serpiente. ¡No!, ¡no es la boca de
una serpiente!, es un casco de astronauta al que se le
dio forma de serpiente. En una serie de cuadros pintados por zapotecas encontrados en la región de Oaxaca, México, aprecian ciertos objetos raros, objetos
humeantes, que les dan la impresión de asemejarse a
las supuestas naves empleadas por Quetzalcóatl:
¡Oh hijos nuestros! Vamos a marcharnos, pero
regresaremos. Ahora os dejamos sabias recomendaciones y consejos. Escuchadlos todos vosotros,
que vinisteis de una lejana patria... no nos olvidéis
nunca [Popol Vuh].
Ya no digamos nada de los enormes geoglifos de
Nazca, los ídolos de la isla de Pascua, los templos de
Teotihuacan y Chichen Itzá, las pirámides de Egipto o
las mayas de Tikal, Palenque o Copán.
No vamos a detenernos aquí a realizar una crítica
de estas tesis que en la mayor parte de los casos se
hunden por su propio peso, aunque no nos resistimos
a citar la refutación que dos científicos checos, el astrónomo Jaroslav Klokocník y el ingeniero Frantisek
Vítek, especialista en geodesia, hicieron de las tesis de
Von Däniken acerca de la interpretación extraterrestre
de los petroglifos de Nazca.
Sostienen estos investigadores que en la planicie
de Nazca hay una capa clara de arena, arcilla y yeso

cubierta por grava oscura que al retirarse deja ver la
capa clara inferior. Debido a la escasa pluviosidad de
la zona, las figuras grabadas en ella han podido conservarse hasta hoy. Estas líneas pueden, además, estar
relacionadas con algunos hitos importantes del calendario astronómico como son los puntos por donde sale
y se pone el sol, los solsticios y los equinoccios, etc.
Constituyen pues una gran red geodésica que facilitaba a los viajeros su orientación y a los pueblos agrícolas su estacionalidad.
El supuesto extraterrestre del que habla Van Däniken no sería sino un pescador, símbolo de la orientación, que sujeta en su mano una red y a cuyos pies
aparece un pez, símbolo de la abundancia. Por último,
estos dos autores revelaron que cien aldeanos habían
podido grabar una figura de tamaño medio en unos
pocos días. La creación de una figura de colosales dimensiones requeriría como máximo un año.
10. El colapso de civilizaciones perdidas. Los atlantes.
Otra idea que ronda la cabeza de numerosos amantes de los misterios piramidales es que la forma de dichas estructuras debe su origen a una supuesta antigua
civilización, que, ¡cómo no!, no puede ser otra que
la mítica Atlántida citada por Platón en el Timeo y el
Critias. No obstante, no hay ninguna otra referencia a
la existencia del mismo y, a lo sumo, algún que otro
autor moderno ha intentado reavivar la tan denominada existencia de estos legendarios personajes. Así, por
ejemplo, en el número de junio de 1913 del Bulletin
de l`Institut Océanographique el geólogo M. O. Termier publicaba su conclusión de que Platón había sido
absolutamente exacto en su relato, afirmando que «en
una época relativamente reciente, hacia el fin de la era
cuaternaria, al oeste del estrecho de Gibraltar se hundió una vasta región continental formada de grandes
islas, y las huellas de este cataclismo quedan visibles
aún para el geólogo...».
Pero, sin duda, ninguna el personaje que más contribuyó a la pervivencia del mito fue el psíquico norteamericano Edgar Cayce, ya citado. En su libro Mis-

Hay dos grupos de pseudointerpretaciones clásicas
del origen de las pirámides: la intervención de seres
extraterrestres y la de los atlantes.

Anuario 2017

85 el escéptico

terios de la Atlántida se recogen más de 700 de sus
«lecturas psíquicas», tomadas al dictado de sus visiones; estas empiezan por la llegada de la humanidad a
la Tierra hace unos diez millones de años y terminan
con el hundimiento de la Atlántida hacia el año 10.000
a.C. Este profundo personaje, conocido como el Profeta Dormido, ha influido sobre un numeroso público,
e incluso se ha creado una Fundación a su nombre, la
Asociación para la Investigación y la Iluminación, en
Virginia, dedicada a la investigación de antiguos vestigios de los atlantes, en la cual se debate anualmente
el estado de la cuestión sobre los mismos.
11. Thor Heyerdahl, el aventurero del siglo XX.
La hipótesis difusionista
Hay otras alternativas posibles que no pasan por el
mundo perdido de la Atlántida. Me refiero a aquellos
que suponen que hubo un contacto e influencia real
entre los diversos pueblos y culturas antiguos a todos
los niveles.
Desde que en 1937 Thor Heyerdahl leyó en los libros de texto de biología de la Universidad de Oslo
que las balsas de los pueblos sudamericanos no habrían podido navegar por mar abierto, y por tanto
colonizar la Polinesia, este aventurero indomable se
dedicó en cuerpo y alma a evidenciar lo contrario; en
su idea estaba demostrar que todos o casi todos los
pueblos, primitivos y menos primitivos, habrían podido desarrollar técnicas de navegación que les permitieran colonizar otras tierras. De esta manera se puso
manos a la obra en 1947 y, junto a otros cinco aguerridos acompañantes, embarcó en una embarcación de
gruesos troncos de madera de balsa y guayaquil, muy
ligera y rica en resinas, unidos con cabos de cáñamo
sin clavos, espigas metálicas ni alambres; navegaron
desde la costa del Perú hasta la Polinesia en 97 días
a lo largo de 6.435 km, en lo que se conoció como el
viaje transoceánico de la Kon Tiki. Más tarde en una
experiencia similar, hacia los años 70 del siglo pasado, viajó por el Atlántico a bordo del Ra I y el Ra II,
en embarcaciones construidas con plantas acuáticas
norteafricanas y papiro, semejantes a la totora egipcia.

Con ello intentaba demostrar la viabilidad de un viaje
por mar de los antiguos egipcios hasta América.
Razón por la cual entendió en 1990, cuando aparecieron unas extrañas estructuras de piedra en forma
piramidal en el barrio de Chacona 20 km al suroeste
de Santa Cruz de Tenerife, que había encontrado por
fin el eslabón perdido entre estas dos antiguas civilizaciones: «Si estuvieran rodeadas de vegetación y
escuchásemos a los loros pensaríamos que estábamos
viendo las construcciones mayas de México y Guatemala», decía.
Las pirámides de Güímar, como así fueron conocidas, constan de un conjunto de cinco o seis construcciones situadas en un recinto de unos 70.000 m2, y
eran consideradas por los lugareños como montículos
de piedras procedentes de la limpieza de los campos de
cultivo durante el siglo XIX. Algunos historiadores de
la Universidad de la Laguna corroboraron la versión
de los lugareños. Thor Heyerdahl, convencido de la
influencia difusionista que estas pirámides representaban, persuadió a un amigo suyo, el empresario Fred
Olsen, para que comprara el recinto que estaba a punto
de ser derruido para construir una carretera. Hoy día el
Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar constituye uno de los principales atractivos turísticos de
la isla de Tenerife, y está compuesto por un complejo
en el que tienen cabida todo tipo de atracciones: un
museo, un auditorio, una sala de navegación, una sala
de exposiciones, una zona de ocio, un auditorio, una
sala de pequeños exploradores, un cine y, cómo no,
una tienda en donde puedes adquirir una réplica de las
pirámides y todo tipo de objetos relacionados con las
antiguas civilizaciones.
No negamos que los contactos de los que habla Heyerdahl puedan haberse producido esporádicamente
entre diferentes pueblos marítimos. Lo que sí nos resulta un poco más difícil de comprender es que estos
contactos, en ocasiones de grupos muy reducidos de
individuos, puedan haber generado todo el complejo
sistema social y arquitectónico que representan las
grandes civilizaciones que estamos tratando. El acervo técnico, cultural y religioso es fruto de un complejo

Las pirámides de Güímar son montículos de piedras
procedentes de la limpieza de los campos de cultivo
durante el siglo XIX.

el escéptico 86

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El piramidólogo Thor Heyerdahl tiene un busto en Güímar, Tenerife.
(foto: Wikimedia Commons)

proceso histórico que requiere la intervención no solo
de una gran cantidad de personas, sino de un sistema
de trasmisión colectivo de creencias verdaderas bien
consolidadas a través de un largo proceso diacrónico
que exige, además, el empleo de formas de transmisión no oral. Por ello, la supuesta llegada de un pequeño grupo de individuos provenientes de una cultura
determinada a un remoto lugar, ya habitado por unos
pueblos que mantienen sus propios usos y costumbres
aplicados al medio, hace poco menos que imposible
que aquellos puedan determinar las líneas tecnológicas, sociales, religiosas y culturales de estos.
parte iii. origen técnico material
12. Planteamiento del origen técnico-material
De todo lo dicho hasta ahora se desprende que ninguna de las interpretaciones que se presentan consigue
de un modo convincente, nos parece, explicar el origen de la construcción piramidal en las distintas culturas que en el mundo han sido.
Una vez desechadas las interpretaciones piramidológicas que intentan encontrar el origen de estas
estructuras en elementos ajenos al campo históricoantropológico (divinos, espirituales, psíquicos, mágicos, extraterrestres, etc.), y declaradas insuficientes las
Anuario 2017

historio-sociográficas por cuanto que, o bien recaen
en el emicsmo (v. g. las religiosas) o bien pretenden
reducirlas a meras superestructuras ideológicas (v. g.
las sociologistas), vamos a intentar ensayar aquí una
interpretación que dé cuenta, sin negar en absoluto las
aportaciones de estas ciencias, de su origen (o quizá
deberíamos hablar de orígenes si entendemos las ideas
difusionistas como insuficientes para explicar la recurrencia de estas estructuras).
La primera tesis que mantenemos, nada novedosa,
por cierto, es la siguiente13: El núcleo originario de
la construcción piramidal está condicionado por los
materiales y técnicas utilizados por cada pueblo y cultura.
Esto es, todas las técnicas y materiales utilizados
en construcción desde la antigüedad tienen un límite
en altura, a partir del cual es preciso escalonar si se
quiere llegar más arriba. Flinders Petrie calculó para
el adobe crudo y secado al sol un límite de 116 m, a
partir del cual la construcción se desmoronaría bajo su
propio peso.
Las primeras estructuras que tuvieron algún parecido con la forma piramidal fueron los amontonamientos de tierra, como se supone que fueron los primeros
enterramientos en el Egipto neolítico, la denominada
pirámide de tierra de los olmecas en la Venta (en forma
cónica y con unas dimensiones considerables de 125
m de diámetro por 31,5 m de alto), o posteriormente,
los denominados mounds de algunos de los pueblos
del norte de América. Estos amontonamientos, a los
cuales solo de manera muy forzada se les puede llamar pirámides, tienen una limitación evidente por el
ángulo natural de deslizamiento de los materiales que
los componen.
13. De la arcilla al ladrillo
Después de los elementos naturales para resguardarse (ramas, troncos, hojas, huesos, etc.), el hombre
empezó a usar barro o arcilla para la fabricación de
sus habitáculos, en muchas ocasiones mezclada con
aquellos para darles consistencia. El adobe, arcilla reblandecida y a veces mezclada con cañas o paja puesta
a secar al sol, constituyó (y aún lo constituye hoy en
algunos lugares) un elemento indisociable de los primeros asentamientos humanos sedentarizados en zonas cálidas y secas. El límite de resistencia al que nos
hemos referido anteriormente es solo un caso límite,
pues antes de alcanzar esa altura es muy probable que
cualquier construcción vertical de adobe acabe declinando. No obstante, y en función de la mayor o menor
calidad de la arcilla, de la mejor o peor técnica empleada tanto para la fabricación de los bloques como
para la preparación del mortero, de la combinación
con otros materiales, etc., esto es, de las técnicas constructivas al uso, se obtendrá una altura de elevación
87 el escéptico

límite a partir del cual la construcción correrá serio
peligro de derribo. En el caso del ladrillo, por muy
depurada que sea la técnica de fabricación, su levantamiento vertical en altura también tiene un límite. Hoy
en día la mayoría de nuestras casas se siguen levantando con ladrillos pero estos no constituyen el soporte
central del peso de la estructura.
Entre los años 1923 y 1925, un equipo de la Universidad de Arizona desenterró en Cuicuilco, localidad arqueológica ubicada en el sudoeste del valle de
México, una construcción que fue denominada inmediatamente como Pirámide de Cuicuilco, datada alrededor del año 550 a. C. La base del monumento es una
plataforma circular escalonada de alrededor de 122 m
de diámetro y una altura de 27 m. Estaba construida de
rocas bastas y recubiertas con pavimentos y paramentos de arcilla a diferentes niveles.
14. La piedra
El uso de la piedra en las grandes construcciones se
puede establecer con mayor seguridad pues es, obviamente, más resistente que el adobe. Por qué determinados pueblos empezaron a usarla y otros no depende,
lógica aunque no exclusivamente, de la existencia de
dicho material en el entorno concreto en que se hallen situados. Es un tópico, pero un tópico verdadero,
reconocer que si los egipcios comenzaron a edificar
con piedra era porque tenían a su disposición y relativamente cerca grandes reservas de dicho material,
pero no es suficiente. Otros pueblos ha habido que
subsistieron al lado de grandes masas rocosas y no por
ello iniciaron ninguna construcción de estas características.
Vamos a detenernos brevemente en el análisis de
los modos y maneras de dos culturas que sí manejaron
la piedra como un elemento fundamental de su construcción: los egipcios y los mayas, aunque por razones
y con procedimientos diferentes.
15. Egipto, un don del Nilo… y de las pirámides
El paso de la arcilla a la utilización de la piedra de
forma generalizada se da por primera vez en la pirá-

mide escalonada de Zoser, primer faraón de la III Dinastía. Previamente, las mastabas predinásticas eran
de adobe o, a lo sumo, en algunos reyes tinitas, con
pavimentos y paramentos laterales recubiertos de caliza de Tura.
Aunque ya poseían toda una organización constructiva con el barro crudo y cocido, que les haría mucho
más liviano el camino, la técnica y la habilidad necesarias para producir los grandes sillares de piedra que
tiene, por ejemplo, la pirámide de Kefrén se consiguió
lentamente.
Comenzando por las pequeñas piedras del tamaño
de los antiguos ladrillos de adobe de la pirámide de
Zoser, podemos ir viendo cómo las dimensiones y el
peso de los sillares crecieron progresivamente con
cada una de las pirámides, hasta alcanzar su punto
máximo en los sillares de la pirámide de Kefrén, de
casi tres toneladas de media, o el templo alto de Mikerinos, algunos de cuyos bloques pesan el doble que el
mayor sillar empleado en la Gran Pirámide, en torno
a las doscientas toneladas. Posteriormente se produce
el proceso inverso: durante la V Dinastía los bloques
fueron disminuyendo de tamaño y, en ocasiones, en
las zonas internas, fueron sustituidos por cascotes. En
el Reino Medio se llegó incluso a sustituir la piedra
por los ladrillos sin cocer, aunque con una notable diferencia respecto a la época tinita: el amontonamiento
de ladrillos quedaba ahora protegido por una capa de
sillares de piedra caliza de la mejor calidad, la caliza
de Tura, finamente aparejada para darle al monumento
el aspecto que como construcción real requería.
Con este desarrollo de la cantería se produce una
mayor efectividad en el funcionamiento de los diferentes departamentos de la administración egipcia: los
impuestos se recaudan con mayor regularidad y con
más éxito, se desarrollan las técnicas de organización
de los gremios de trabajadores, se constituyen redes de
preparación y distribución de alimentos para abastecer
a los obreros, se mejoran las técnicas de escritura para
la planificación previa de los edificios y el cómputo de
los materiales necesitados, se perfeccionan las técnicas de cubicación, nivelación y angulación14, etc. Se

¿Qué impelía a estos pueblos a elevar sus construcciones
hacia lo alto como si se tratara de tocar el cielo o de
buscar al propio Dios, como dice la egiptología clásica?

el escéptico 88

Anuario 2017

Mound de Moundsville, EE.UU. (Wikimedia Commons)

calcula que había cuatro veces más obreros trabajando
para Zoser que fabricando ladrillos para los faraones
tinitas.
En estas fechas se supone que la población asentada
en todo el Estado, una franja de 15 o 20 km de ancho
por casi 2000 km de largo, era aproximadamente de un
millón de personas. Prueba de ello es que también se
llevaron adelante otras obras notables aunque menos
espectaculares, como la construcción en piedra de la
presa de Wadi Gerawi, de 98 m de base y 14 de altura,
cercana a Menfis.
16. Los Mayas y la astronomía
El caso de la cultura maya, aunque diferente por su
entorno medioambiental, no difiere gran cosa en cuanto a las posibilidades de resistencia de los materiales
utilizados, como es lógico, por otra parte, si consideramos universales las leyes de la resistencia de materiales.
Las formaciones cársticas de Yucatán ofrecieron
siempre una buena caliza, muy apropiada para el trabajo de tallado y escultura. En las regiones que tienen
relieve montañoso y volcánico, en cambio, se recurrió
al tipo de piedras volcánicas (basaltos, etc.) para levantar sus muros. La madera tampoco faltaba nunca
en las zonas ocupadas por los mayas (al menos durante los primeros periodos). La gran selva pluvial proporciona caoba y zapote (madera blanca, aunque poco
Anuario 2017

resistente), empleadas para fabricar los marcos de las
puertas y las esculturas que revisten el interior de los
templos construidos en lo alto de las pirámides.
Pero antes de edificar las construcciones, hay que
poner las bases. Estos zócalos podían alcanzar un tamaño considerable, debido a la ley de las superposiciones15. Hay plataformas que miden 150-200 m de
largo por 100-150 m de ancho y 8-10 m de alto, lo
cual representa un volumen de 200.000-250.000 m3.
Una masa tan grande de materiales se acerca al medio
millón de toneladas. Estamos hablando del terraplén
de un solo edificio construido en un país llano como
Uxmal.
Los mayas eran capaces de transportar volúmenes
de material tan considerables como este para construir
terrazas y acrópolis como ocurre en Copán. Para llevar a cabo estas gigantescas obras de terraplenado se
necesitaron centenares, incluso miles de obreros. Los
materiales eran transportados a hombros, para lo cual
se utilizaban cuadrillas de peones durante la estación
seca, cuando no eran necesarios en la agricultura, al
igual que en Egipto. Las obras exigían una importante
infraestructura social, tanto para la alimentación como
para la organización del trabajo.
17. Desarrollo de la hipótesis técnico-material
Ahora bien, aunque las técnicas y materiales utilizados sean una condición necesaria para la construcción
89 el escéptico

piramidal, no constituyen una condición suficiente. La
pregunta clave es: ¿por qué construían en altura? ¿Qué
impelía a estos pueblos a elevar sus construcciones hacia lo alto como si se tratara de tocar el cielo o de buscar al propio Dios, como dice la egiptología clásica?
La explicación del fenómeno, a nuestro juicio,
constituye una tesis doble:
Segunda Tesis: La respuesta al problema de construir en altura que, junto con la tesis anterior, da como
resultado la aparición de la construcción piramidal tiene su fundamento en el concepto de protección16, unido a la existencia de un tipo de sociedad sedentarizada, y por tanto basada en la agricultura, con una relativa complejidad social que implica la especialización
y a veces superespecilización de grupos de individuos
dentro de la misma, liberados por los excedentes de
producción alimentaria producidos por los campesinos o agricultores17.
Esta tesis, a diferencia de la primera, que es de carácter general pues se basa en cuestiones tales como la
resistencia de los materiales utilizados y de la eficacia
de las técnicas empleadas, no se puede considerar sin
un análisis particularizado de cada uno de los casos o
culturas que se pretenden analizar.
Entendemos la necesidad de protección como una
función compleja dentro del desarrollo de los distintos
pueblos, y más de aquellos que producen unos excedentes alimentarios que tienen que conservar y resguardar de posibles rapiñas ajenas. Función que entendemos se desglosa en dos niveles: a nivel primario, la
protección se establece como protección contra algo;
a nivel secundario, la protección se manifiesta como
protección para hacer algo.
Para analizar este doble nivel de la función de protección en las sociedades sedentarizadas, condición
imprescindible para que existan asentamientos, utilizaremos el concepto de espacio antropológico de
Gustavo Bueno, en cuanto a establecer las conexiones
que dicha función mantiene con las distintas relaciones que el hombre establece con los distintos mate-

riales del espacio antropológico, esto es, del espacio
humano.
- En el eje radial (esto es, el eje que establece las
relaciones del hombre con la naturaleza), el primer
nivel, la protección contra, vendría determinado por
la necesidad de estos pueblos de protegerse frente a
las catástrofes naturales18: grandes tormentas e inundaciones19, terrenos pantanosos o poco consolidados,
etc. El segundo nivel, el de la protección para, estaría
dado, en cambio, por la consolidación de un tipo de
conocimientos, de creencias verdaderas, con fulcros
reales, que durante generaciones se habrían ido acumulando y constituirían ya algo que estaba fuera de
la propia corporeidad de los sujetos particulares (v. g.
astronómicas, geométricas, contables, etc.) y la necesidad de perpetuarlos; esto es, de objetivarlos, de darles carácter corpóreo: los calendarios mayas, egipcios
o mesopotámicos, por ejemplo; los procedimientos
calculísticos sumerios, etc. De todos los cuales dependían no ya el prestigio de los sumos sacerdotes que los
mantenían, sino las propias producciones de alimentos
de las sociedades agrícolas y de las técnicas que las
sustentaban.
- En el eje angular (esto es, las relaciones que el
hombre mantiene con los animales) el primer nivel de
protección contra vendría determinado por la necesidad de guarecerse de las bestias salvajes que constituían un grave riesgo para los individuos, o de otros
seres humanos que por su lejanía geográfica o cultural
eran vistos como seres diferentes, capaces de salvarlos
o aniquilarlos20. Pero también, en el segundo nivel, la
protección para, se podría instalar para preservar la
inmortalidad del cuerpo, por ejemplo, o para agradar a
los dioses benéficos o maléficos (con el fin de que no
se irritaran), etc, lo que implicaba la existencia de una
religión secundaria bien consolidada21.
- En el eje circular (esto es, las relaciones que el
hombre mantiene con otros hombres), la protección
contra podría venir determinada por la necesidad de
defenderse contra las incursiones, saqueos y guerras

La necesidad de protegerse de las fieras, de las inundaciones
o de las incursiones de otros pueblos generaría en su origen
la construcción de estructuras elevadas, que con el tiempo
fueron adquiriendo otras funciones.

el escéptico 90

Anuario 2017

Complejo de pirámides de Teotihuacán, México (foto: Juan A. Rodríguez)

con otros pueblos limítrofes enfrentados y en continua
disputa, ya entonces reconocidos como tales e iguales
a ellos mismos. Pero también contra el robo, disturbios
o conspiraciones que pudieran originarse dentro de los
propios ciudadanos. El segundo nivel, el de protección
para, podría venir dada por la consolidación de la función del rey-gobernante que garantizaría la adecuada
organización social, poder y equilibrio distributivo de
todas sus funciones, de ahí que los templos, palacios y
demás siempre estén construidos en altura.
18. A modo de conclusión y final
Con este esquema sostendremos que el origen primigenio, concreto y material de las construcciones,
solo por analogía muy difusa, llamadas pirámides, se
inserta en principio como una resultancia del primer
nivel de cada uno de estos tres ejes; esto es, en la de su
defensa frente al medio, las alimañas y otros hombres.
Solo en un momento posterior, lo que implica que
tuviera que haberse dado previamente el primero, el
segundo nivel pasaría a ocupar el lugar de motor generador de estos monumentos. Así por ejemplo, vemos que la función de blindaje y trampaje —valga el
palabro— de las tumbas egipcias, que las yergue hasta
convertirlas en monumentos que parecen escaparse de
nuestros concretos límites humanos (y de ahí toda la
historia de los piramidólogos), se insertaría en el segundo nivel (ver apéndice final, parte IV).
Anuario 2017

En definitiva, la necesidad de protegerse de las
fieras primero (el animal nouménico con el que los
hombres mantienen relaciones de generación y muerte), de resguardarse de las inundaciones (el mito del
diluvio es recurrente en muchas de estas culturas) o de
defenderse de las incursiones y rapiña de otros pueblos, generaría en un primer momento la construcción
de estructuras elevadas que, a través de distintas superposiciones dadas a escalas temporales muy largas,
milenios probablemente, irían adquiriendo de modo
aproximado la forma escalonada (las primeras ciudades sumerias, las denominadas pirámides de Tucumé,
etc.). Solo en un fase posterior, cuando entran en juego los componentes secundarios que hemos descrito,
y que envuelven ya, en algunos casos, componentes
de tipo ideológico (v.g. la necesidad de preservar la
incorruptibilidad del cuerpo, de materializar el acervo
de conocimientos alcanzados o la de garantizar la función de soberano-gobernante soporte de la compleja
organización social) se erigen la grandes estructuras
que conocemos con el nombre de pirámides, porque
es cuando verdaderamente adquieren su forma aproximada.
La contrastación de esta tesis implicaría un minucioso y detallado análisis de todas y cada una de las
culturas involucradas, que desborda con mucho los límites de este artículo; pues no son en todos los casos
los mismos ejes y niveles los que generan la construc91 el escéptico

ción piramidal. A modo de ejemplo, se adjunta una
aproximación esquemática a un caso concreto.
parte iv. apéndice. análisis de un caso particular: egipto
19. El caso egipcio. Las tumbas
Durante el periodo predinástico, los pueblos de
Egipto enterraban a sus muertos en los límites de la
franja del desierto, lejos del alcance de las aguas de
la inundación. La arena del desierto, expuesta al sol,
absorbía los fluidos del cuerpo y sin la humedad no
había ninguna posibilidad de que las bacterias de la
descomposición realizaran su trabajo; se producía,
pues, una momificación natural. Con el tiempo, algunos de estos enterramientos podían salir a la luz, bien
por el desplazamiento de la arena, bien por el hurgar
de algunos animales. Cuando los habitantes locales
descubrían estos restos, la impresión que les daba era
la de que esa persona no había acabado de morir aún
y de que, por tanto, de alguna manera, tras la muerte,
seguía viva.
Un fenómeno similar bien pudo haber sido el que
generó en el pueblo egipcio la creencia de la vida
después de la muerte, aunque con la preservación del
cuerpo. El siguiente paso fue el de producir dicha momificación de modo artificial y adjuntar al cuerpo del
difunto los enseres o elementos que le pudieran acompañar en la otra vida, que también estaba en esta22.
Durante cientos de años los egipcios poderosos
fueron enterrando a sus muertos, acompañados de un
cada vez más rico ajuar, que se iría incrementando a
medida que los pueblos prosperaban o dependiendo de
la importancia social del difunto. Sin embargo, estas
tumbas representaban un goloso botín para muchos,
y no es de extrañar que ya desde épocas tempranas
resultaran excavadas y saqueadas.
En estas condiciones, las tumbas egipcias empiezan a crecer y a fortificarse para defenderse de los salteadores. Los primeros recintos funerarios de los que
se tiene noticia, las tumbas predinásticas de Nagada,

Hieracómpolis y Abydos, presentan ya una estructura
monumental muy superior a las propias construcciones urbanas en las que vivían, y de las cuales podían
protegerse en vida gracias a sus ejércitos. En época dinástica, cuando el imperio se unifica y el rey de Egipto
se convierte en faraón, su mausoleo se vuelve cada vez
más grande; ya no solo es enterrado con todo su ajuar,
sino que también aparecen en él diversos esqueletos
de sirvientes que supuestamente habían sido sacrificados para que le acompañaran en su tránsito. En la
tumba de Hor-Aha, el primer faraón de la I Dinastía,
aparecieron 33 servidores, todos ellos hombres jóvenes menores de 25 años. En la de su nieto, el también
faraón Djer, se encontraron 318 servidores. La mayor
acumulación de riqueza en las tumbas de estos grandes jerarcas aumentó el interés por su profanación.
Las tumbas de estos primeros faraones, llamados tinitas, estaban formadas por una cámara subterránea
rodeada por varios almacenes.
Cuando Menfis se convierte en la capital del reino en la II Dinastía, las tumbas son ya mastabas de
grandiosas dimensiones, y eso incluso a pesar de
que, según el parecer de algunos historiadores, estos
reyes fueron menos importantes que los de Abydos.
Las mastabas son edificios rectangulares de ladrillo
con las caras externas decoradas de fachada de palacio, en cuyo interior tienen un recinto de acceso a
un pozo, que conduce a la cámara mortuoria que se
rellena completamente cuando se procede a la inhumación. Algunas de ellas tienen varias puertas falsas
en los laterales.
20. Los saqueadores
El Museo Arqueológico de Madrid está desde los
años ochenta excavando el complejo funerario de Heracleópolis Magna, datado entre el primer periodo intermedio y el Imperio Medio (correspondiente a las
dinastías IX a XI). Según cuenta la directora de la misión, María del Carmen Pérez, cuando se encontraron
con las tumbas sus restos «estaban rotos intencionada-

Las grandes pirámides de Egipto son una gran caja de
blindaje frente al expolio sistemático que se llevó a cabo
desde el mismo momento que se empezaron a hacer enterramientos con los objetos y enseres del difunto.

el escéptico 92

Anuario 2017

mente y de manera salvaje, quizá durante algún conflicto bélico, fragmentos pertenecientes a una misma
tumba, decorados con escenas e inscripciones estaban
esparcidos por todas partes (...) túneles excavados por
furtivos, cámaras de piedra saqueadas por el techo»23.
Expolios que hicieron que la reconstrucción fuera un
auténtico puzzle.
Cuando William Mattew Flindes Petrie se dio cuenta de que, a diferencia del resto de pirámides conocidas, la pirámide de ladrillos de Hauwara no tenía la
entrada en uno de sus lados, creyó que estaba ante una
tumba inexplorada hasta entonces. Ni corto ni perezoso, excavó un muro transversal en ella (en busca de la
tumba de Amenenhet III, de la XII Dinastía), y cuando
llegó a las cámaras se encontró con que la pirámide ya
había sido violada por ladrones muchísimo antes que
él. Petrie no alcanzaba a imaginarse cómo los ladrones
de antaño, en muchas peores condiciones que él, pues
después de todo él actuaba en la legalidad sin miedo a
los guardianes y sacerdotes, habían podido sortear las
trampas y señuelos y alcanzar su objetivo; se trataba
de una tarea de semanas, meses y quizá años. Hasta
que Petrie vislumbró una explicación mucho más simple: la corrupción.
La violación de tumbas fue un acto sistemático en
Egipto. Los ricos ajuares que acompañaban los enterramientos animaban a los ladrones a correr el riesgo de enfrentarse a ser sorprendidos y ejecutados o
enterrados vivos. La industria del robo en el antiguo
Egipto alcanzó un alto grado de organización y sofisticación. Los expolios rara vez eran efectuados por una
sola persona, sino que lo habitual era la actuación en
equipo24. El carácter corporativista de la profesión de
saqueador nos hace suponer que contarían con todo el
acervo de herramientas necesarias para su actividad:
martillos, cinceles, punzones, sacos, etc., algunos de
ellos pertenecientes, incluso, a las mismas cuadrillas
que las habían construido.
Los diversos papiros que se conservan están llenos
de referencias a estos saqueos y expolios: «Fuimos
otra vez a las jambas y quitamos 5 kite de oro. Con
él compramos grano en Tebas y nos lo repartimos. Al
cabo de unos días, Peminu, nuestro superior, discutió
con nosotros y nos dijo: no me habéis dado nada. Así
que volvimos a ir a las jambas de la puerta. Y arrancamos 5 kite de oro, lo cambiamos por un buey y se lo
entregamos a Peminu»25.
La corrupción, como intuyó Petrie, tampoco estaba
ausente de estos actos. En el papiro 10054 y 10053 se
cuenta: «Entonces, cuando fuimos arrestados, Khaemitet, el escriba del distrito, se acercó hasta mí y le di 4
kite de oro que me habían correspondido en el reparto.
Pero acertó a oírlo Setejmes, el escriba de los archivos
reales, y nos amenazó con estas palabras: Voy a informar de todo ello al sumo sacerdote de Amón. Así que
Anuario 2017

trajimos 3 kite de oro y los entregamos a Setejmes».
Según Marry J. Kemp cuenta en su libro El antiguo Egipto. Anatomía de una civilización, a finales
del Imperio Nuevo se produjeron frecuentes cambios
en el valor de los metales, probablemente a causa del
aumento de circulación de la plata motivado por los
frecuentes robos cometidos en las tumbas reales. Este
hecho habría actuado como regulador de la economía,
haciendo descender el nivel de inflación y, por tanto,
favoreciendo la bajada de los precios de los artículos
de primera necesidad, tales como los cereales.
Certeza de profanación de tumbas hay desde el Imperio Antiguo. Así que no es extraño comprobar cómo
los egipcios, ante el expolio generalizado de estas, trataran de protegerlas por todos los medios: laberintos,
trampas, pozos, blindajes graníticos o furiosas amenazas y maldiciones están por doquier para salvaguardar
la inmortalidad de los cuerpos de los difuntos26.
Podemos concluir, por tanto, que las grandes pirámides de Egipto son, en realidad, una gran caja de
blindaje frente al expolio sistemático que muy probablemente se llevó a cabo desde el mismo momento que se empezaron a hacer enterramientos con los
objetos y enseres del difunto, basado en su creencia
en la vida eterna y en las riquezas materiales que lo
acompañaban, por cierto, aplicadas a una época de
grandes faraones que habían conseguido unificar los
distintos reinos y hacerse con un poder común a todo
el Imperio, capaces de reunir a grandes contingentes
de individuos en épocas estacionales.
Notas:
1. Herodoto. Historia de Egipto.
2. Solís Miranda, J.A. (2001) Los Enigmas de las pirámides. Ed. Zócalo.
3. Flinders Petrie, W.M. (1930) Ancient Egypt. Ed. Mac
Millan.
4. Y tristemente cada vez más en estos, como lo prueba
el que se atribuya a estas medidas carácter mágico y no se
sitúen en el contexto técnico-cultural que hemos descrito.
5. Precursor del tubo de rayos catódicos de los televisores antiguos, desarrollado por William Crookes. Cuando se
hace el vacío en el tubo y se aplica una corriente eléctrica,
se produce un efecto luminoso dentro de él.
6. “Tecnologías del antiguo Egipto” Barcelona, 2000.
Pág. 249.
7. José Miguel Parra Ortiz, Las pirámides. Mito y realidad, Pág 198-201.
8. Dios del desierto, pero también es el dios del movimiento descendente del sol en el hemisferio sur; por esta
razón representa al calor destructivo del verano; es él quien
roba la luz del sol, por lo que es tenido como maligno.
9. Historia de las pirámides de Egipto, Editorial Complutense, Madrid, 1997.
10. Op. Cit. Pág. 182.
11. En pocos años se pasó del adobe a la piedra, de los
pequeños bloques de la pirámide escalonada, de unos 20
cm aprox., hasta los bloques de casi tres toneladas de la
93 el escéptico

pirámide de Kefrén, o a los bloques graníticos, mucho más
duros, de la pirámide de Mikerinos.
12. Véase nota 21
13. Entre otros los egiptólogos Borchardt, Petrie, Speleer
o Edwards ya defendían que de alguna manera la concepción de la pirámide es el resultado de una suma de intentos,
durante varias generaciones de arquitectos, que alcanzan
como resultado una forma arquitectónica perfecta fruto también, en todo caso, de las posibilidades técnicas de un período determinado.
14. Los egipcios conocían el ángulo recto contenido en
lo que ellos denominaban el triángulo sagrado, el triángulo
3, 4 y 5.
15. Que implica la construcción de un edificio sobre las
ruinas otros anteriores.
16. Del latín protegere, definido por el DRAE como la
acción de resguardar a una persona, animal o cosa de un
perjuicio o peligro, poniéndole algo encima o debajo (y añadiríamos nosostros: rodeándolo, etc.).
17. Pero que no necesariamente tienen que estar jerarquizados en forma piramidal, como es el caso de algunas
comunidades preíncas.
18. En el siglo XVI los incas abandonaron Tucumé ante
el desolador panorama que el fenómeno del niño dejó en
sus construcciones, destruídas casi en su totalidad pese a
la megalítica altura que habían alcanzado algunas de ellas,
como hemos visto.
19. Todavía recordamos las desoladoras imágenes del

el escéptico 94

Huracán Mitch en Honduras y Guatemala.
20. Recordemos cómo narra Colón el primer encuentro
con los indígenas americanos, que los vieron como dioses
procedentes del allende el mar, motivo por el cual comenzaron a adorarlos. Espacio que estaba fuera de su visión de
sí mismos como hombres, hombres mayas, aztecas, etc.
21. Para más información véase el libro El animal divino,
de Gustavo Bueno.
22. Los egipcios creían en la existencia de dos elementos en la parte espiritual del hombre: el ba que se separaba
del cuerpo y el ka que necesitaba del cuerpo para consolidarse en este mundo.
23. Heracleópolis Magna. Un decorado para la eternidad.
Revista GEO, nº 184, Pág. 87.
24. Los papiros conservados en los que se relatan descripciones de robos o declaraciones de inculpados nos hablan siempre de varios individuos: «un grupo de ladrones de
Tebas guardaba en su casa la pesa de piedra que habían
utilizado para repartir el botín de una tumba» (papiro 10052
del Museo Británico de Londres).
25. Papiro 10053 del Museo Británico.
26. Y esta es, además, una posible explicación de por
qué en el Imperio Medio se dejaron de construir pirámides,
bien visibles a la vista, sustituidas por hipogeos o subterráneos mucho más camuflados y resguardados de los
saqueadores, como el de Tutankamón, la única tumba real
encontrada intacta.

Anuario 2017

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ENTREVISTA CON FÉLIX ARES DE BLAS: 30 AÑOS DE ARP-SAPC

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Entrevista con Félix Ares de Blas:
30 Años de ARP-SAPC
Por Inma León y Juan A. Rodríguez
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

Félix Ares de Blas (Madrid, 1947) es Ingeniero Superior de Telecomunicación y Doctor en Informática. Ha sido profesor titular de la Universidad del País Vasco y director del museo de la
ciencia KutxaEspacio en Donosita-San Sebastián. Continúa como divulgador científico muy
activo en radio, prensa y con numerosos libros publicados. Quedamos con él para que nos
hable de los treinta años de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, de la que
fue primer presidente y en la que ha desarrollado multitud de tareas a lo largo de su historia.

P

ara remontarnos a los orígenes de ARP-SAPC
hay que irse hasta 1985 y los primeros esfuerzos en España por analizar racionalmente y
con pruebas el fenómeno ovni, que entonces estaba
muy de moda. ¿Qué fue ARIFO y quiénes estabais
en ese proyecto entonces tan novedoso?
ARIFO era Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni. Estábamos hartos de que
todo el mundo creyera en extraterrestres, lo cual no es
malo ni es bueno ni todo lo contrario. Pero claro, creer
que nos visitaban todos los días como si esto fuera la
playa de Benidorm pues no tenía mucho sentido. Y al
empezar a investigarlo descubrimos… investigamos
250 casos y todos se venían abajo, en todos encontrábamos una explicación, salvo dos o tres, y por una razón:
consistían simplemente en: «Hemos visto una luz».
«¿E iba hacia dónde?». «Ah, no sé». No había datos.
¿Quiénes éramos? Estaba Jesús Martínez Villaro,
Txema Báez, los hermanos Puerta… Esto es anterior a
la constitución de ARP.
Y enfrente estaba la televisión, la única que había.
La única que había, pero cuidado, eh, que muchos
programas eran muchísimo mejores. Estaba sesgada
ideológicamente, pero al margen de eso… Y en la televisión de entretenimiento, los ovnis figuraban como
uno de esos entretenimientos fundamentales. Salía
[Fernando] Sesma diciendo que había sido secuestrado

el escéptico 10

por extraterrestres y se reían de él, algo que a mí no
me gustaba: Sesma sería lo que fuera pero no es para
reírse, el hombre se creía lo que se creía. Pero había
muchos que salían diciendo: «he visto un extraterrestre,
he hablado con un extraterrestre». Y cuando íbamos
nosotros y veíamos que no… «Aquí algo falla, vamos a
demostrarlo y a hacer la réplica»: cuando salía un ovni
en el Diario Vasco, escribíamos en él la explicación.
Esa era más o menos la idea que nos movía.
Los ovnis fueron, podríamos decir, la punta de
lanza, pero no tardasteis en extender vuestro interés
a otras afirmaciones paranormales y pseudocientíficas, en línea con lo que hacía el CSICOP en EEUU.
¿Cómo fue el salto de ARIFO a ARP?
Sobre todo al darnos cuenta de que el tema ovni no
tenía ningún recorrido —una vez que habíamos visto
que era un mito social, poco más había que hacer—,
intentamos ver otras cosas que nos interesaban. La
telepatía, en teoría demostrada científicamente por
el doctor Rhine. ¿Lo estaba? No. Nos encontramos
con un tío que nos dijo que era capaz de que lo que
pensaba saliera por la televisión. Fuimos a comprobarlo. Mentira, claro. Otro que decía que era capaz
de levantar cosas con el pensamiento, y estuvimos
dos semanas controlándole. No levantaba nada, claro. Pero bueno, era una extensión yo diría que natural
de lo de los ovnis.
Anuario 2017

Félix Ares de Blas

El núcleo inicial estaba en el País Vasco. ¿Teníais contactos en el resto de España? ¿Y con otros
países?
Sí. Fuera de España había dos grandes grupos inspiradores. Uno era el CSICOP, en Estados Unidos, y
el otro era la Unión Racionalista francesa. El CSICOP,
digamos, es más popular. La Unión Racionalista es más
de enjundia. Había salido un libro que era Le Crépuscule des Magiciens, ‘El crepúsculo de los magos’, que
era una réplica a El retorno de los brujos. A mí me encantó, nos encantó a todos, y dijimos: «pues hay que
hacer lo mismo». Después, muy próximo a la Unión
Racionalista estaba el grupo Zetético, el Zététique,
–‘escéptico’, en griego– de Henri Broch. Nos pusimos

en contacto con Broch y la Universidad de Niza Sofía
Antípolis. Nos ayudó muchísimo. Una persona encantadora. Dentro del grupo Zététique se había publicado
un libro, Incroyable…mais faux, de Alain Cuniot, que
también nos hizo mucha gracia. Y, bueno, así teníamos
contacto con los grupos de fuera. Y de dentro también,
porque en cuanto veíamos a alguien que escribía un artículo escéptico, íbamos a hablar con él de algún modo:
bien por teléfono o en persona. Y así fuimos recopilando gente valiosísima como Víctor Sanz Larrínaga,
Antonio Fernández (no me acuerdo de si era Antonio),
muchísima gente de diversas partes de España que se
iban añadiendo a lo nuestro. Y muchos ufólogos que,
al ver que la ufología era una chorrada, se pasaban a
nuestro lado. Uno de los contactos fue Mario Bunge,
quien nos puso en contacto con los filósofos asturianos,
que como también pretendían cosas similares, por lo
menos en el aspecto epistemológico, muchos se hicieron socios, y yo soy a su vez socio de honor de Jóvenes
Filósofos Asturianos.
¿Eran de la escuela de Gustavo Bueno?
Sí. Gustavo Bueno tiene sus cosas, pero hay que verlo en todas sus facetas.
En marzo de 1987 se inscribe ARP (Alternativa
Racional a las Pseudociencias, aún sin el SAPC) en
el registro de asociaciones. ¿Quiénes estabais en la
directiva? ¿Cómo fue el proceso de redactar los estatutos?
Para los estatutos, buscamos unos de una asociación que se parecía, los copiamos y punto. Los llevamos al Gobierno Civil en San Sebastián, pero entonces
estaban pasando las competencias del Gobierno Civil
a la Consejería de Interior del Gobierno Vasco y nos
lo tuvieron dos años en el cajón, del 85 al 87. No me
acuerdo de todos los que firmamos pero estaban Luis
Alfonso Gámez, Luis Miguel Ortega, Gabriel Naranjo, Jesús Martínez Villaro, Mari Carmen Garmendia
y Alicia Martínez Villaro, que me acuerde; pero hubo
algunos más.
El fenómeno ovni está prácticamente olvidado,
reducido a pequeños círculos. ARP-SAPC se fue

Al darnos cuenta de que el tema ovni no tenía ningún
recorrido, que era un mito social, intentamos ver otras
cosas que nos interesaban.

Anuario 2017

11 el escéptico

Acta fundacional de Alternativa Racional a las Pseudociencias, nombre original de ARP-SAPC.

centrando en otras pseudociencias, en otras creencias irracionales. ¿Cómo ha evolucionado, llamémosla así, la irracionalidad española?
Muchas veces, la gente que cree en una cosa cree en
el paquete completo. A mí me ha sorprendido que ciertas cosas que parecían completamente superadas, léase
homeopatía, resurjan con una fuerza brutal. La homeopatía no murió pero sí que se había quedado como algo
obsoleto, y de repente surge con una virulencia brutal.
Y empiezan a surgir cosas como los antivacunas, que
eso duele una barbaridad. O movimientos en torno al
cambio climático. Que hace quince años alguien dudase del cambio climático pues me parece muy bien, pero
ahora quien lo duda, hombre, un poco fuera de sitio va.
Y también lo que ha crecido muchísimo son todas las
teorías conspiranoicas: todo lo que tiene una conspiración por detrás, tiene éxito. Y los chemtrails son una de
ellas, ¿no?, es clarísimo. Y todo esto está potenciado
por Cuarto Milenio, entre otros.
La Alternativa Racional, la publicación pionera del escepticismo en castellano, y que luego se
convirtió en El Escéptico, es, por tanto, anterior al
nacimiento de la actual asociación (ARP-Sociedad
para el Avance del Pensamiento Crítico). ¿Quiénes
se han encargado de ella? ¿Ha mantenido una continuidad?
Sí, el LAR original era poco más o menos un comel escéptico 12

pendio de recortes de periódico, lo que investigábamos
nosotros y cosas por el estilo; no había artículos de mucha profundidad; era muy sencillo, casi un fanzine (y a
mucha honra lo de fanzine). Lo llevábamos los del grupo, no me acuerdo exactamente quién la dirigía, pero lo
hacíamos en conjunto. Sé que Jesús Martínez Villaro y
yo hicimos muchísimo trabajo; y mis hijos, que ordenaban todos los papeles y los grapaban.
Después, cuando se pasa a la revista El Escéptico,
es porque se intenta hacer algo más serio, con mayor
tirada, hecho en imprenta. Y ahí el director fue Luis Alfonso Gámez, porque era periodista y lo quiso hacer de
un modo más profesional. Después de no me acuerdo
exactamente cuántos números, quizá diez o doce, Luis
Alfonso se cansó y tuvimos que buscar a alguien que lo
continuara; en la transición me encargué yo, y después
lo cogió, si no me confundo, Carlos Tellería, porque tenía acceso en Zaragoza a imprentas y demás servicios;
él se encargaba de casi todo, aunque le ayudábamos
otros en cosas como la búsqueda de artículos, porque
aquí sí que perseguíamos trabajos de profundidad y no
nos preocupaba que un texto ocupara diez páginas si
merecía la pena. Después de Tellería, porque todos nos
vamos cansando, lo tomaron Julio Arrieta, Alfonso López Borgoñoz —nuestro actual presidente— y Víctor
Ruiz. Después creo que lo retomé yo una temporada,
uno o dos números, hasta que se hizo cargo Ramón Ordiales, si no me equivoco, y posteriormente, en 2010,
creo que ya fue Jorge Frías, del que ya sabéis todo lo
que ha hecho hasta época reciente.
Hace tres años que dejaste la presidencia; la asociación ha crecido, se va renovando con la llegada
de nuevos miembros… ¿se mantiene el mismo espíritu de los comienzos?
Yo creo que sí, aunque quizá nos hemos hecho más
«universitarios», que no sé si es bueno o es malo, ¿eh?,
pero me da esa sensación. Pero el espíritu se mantiene,
ese de luchar contra las ideas absurdas y contra todo
aquello que no tiene pruebas. Mira, me acaba de venir
a la mente un curso de verano que di en la Universidad Rey Juan Carlos, y que titulé «Política basada en
pruebas», porque es otro aspecto de la irracionalidad.
Además, somos más y hacemos cosas mejores.
¿Qué futuro le auguras a ARP-SAPC?
Pues que a lo mejor estamos condenados a desaparecer porque no seamos necesarios. Hace veinte años éramos los únicos que teníamos una lucecita clamando en
el desierto. Ahora hay muchísimas universidades, o por
lo menos algunas, que tienen departamentos antipseudociencia: la Universidad del País Vasco, por ejemplo,
la de La Laguna, la Universidad de Valladolid creo que
también tiene algo. Además, en los cursos de verano
hay también muchos profesores que no se callan y, si
se organiza un curso de astrología, sale el curso de antiAnuario 2017

¿Quién es ese señor que está al lado de Félix Ares?

astrología. Y hay mucha gente muy bien preparada que
está haciendo muchísimas cosas. Hasta tal punto que
nosotros ya no solamente no es que no seamos únicos,
es que hemos quedado como uno más del montón, lo
cual me parece bueno. Y si todo esto sigue avanzando, llegará un momento en el que seremos simplemente uno más, porque lo que tenemos que tener claro es
que los problemas del mundo no los solucionaremos
con creencias místicas y religiosas (o pseudomísticas y
pseudorreligiosas) o con ayuda de extraterrestres y de
la mística oriental.
Al hilo de lo de antes, tanto en la política como en
la educación se ve que no hay un esfuerzo para buscar que la gente desarrolle un pensamiento racional.

La política es más tendente a buscar las expectativas de voto, por así decirlo, que a tomar decisiones
según las pruebas disponibles.
Totalmente de acuerdo, aunque quizás en ciencia sí
que está habiendo un movimiento muy potente de divulgación científica. La divulgación científica no ataca
estrictamente las pseudociencias, aunque sí lo hace de
manera indirecta: si adquieres unas bases científicas,
será muy difícil que te cuelen ciertas cosas. Y si adquieres ciertas nociones de lo que es la probabilidad,
pues no podrás comulgar por ejemplo con las ruedas de
molino de los antivacunas. Y en cuanto a los políticos,
tú lo has dicho: si siempre estamos en el «cortoplacismo», pues iremos de cráneo. Esto tiene que ser un movimiento a largo plazo, que consista en educar a la gente, y para lo cual no serán suficientes los cuatro años.
De todos modos, soy muy pesimista, pues la Unión
Racionalista francesa lleva ciento y pico años funcionando y no ha logrado gran cosa, aunque quizá la política francesa sí que es más racionalista que la nuestra.
Pero solo quizás, porque ves a Marine Le Pen y ya…
pero creo que en conjunto la sociedad francesa es más
racionalista que la española.
¿Ves distintos comportamientos según el color
político?
Sí, claramente. Y sobre todo, yo que siempre me he
considerado de izquierdas, quizá una izquierda moderada, no entiendo que ahora el «paquete izquierda»
incluya naturismo, alternativos, buenrollismo, etc. No
lo entiendo. Siempre había entendido que la izquierda
era la científica, la de las pruebas. Y ahora los que más
están en las pruebas son otros partidos; no es la ultraderecha, pero probablemente está más con las pruebas la
derecha moderada que la izquierda. Y luego están estos
partidos que no se definen «ni de izquierdas ni de derechas», sino que toman lo que consideran bueno de unos
y otros, en los que sí se ve un cierto toque de luchar
contra las pseudociencias; pongamos como ejemplo la
iniciativa Euromind1 de UPyD en el Parlamento Europeo, que me parece muy interesante.
1. Véase «Euromind» en El Escéptico, 46, pág. 6

No entiendo que ahora el «paquete izquierda» incluya
naturismo, alternativos, buenrollismo, etc. Siempre había
entendido que la izquierda era la científica, la de las pruebas.

Anuario 2017

13 el escéptico

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Editorial

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EDITORIAL
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Editorial
El escepticismo como movimiento social
Treinta años ya, nada menos, son los que lleva ARPSociedad para el Avance del Pensamiento Crítico en
activo como asociación legalmente constituida, decana del movimiento escéptico español*. Claro que hablar de un movimiento en aquella época imaginamos
que aún levantaría suspicacias, con una España intentando superar esa Transición desde un régimen en el
que movimiento solo había uno, «grande y libre», que
dirían algunos: el Movimiento, ya saben ustedes.
Y sí, podemos considerar que formamos parte de
los llamados nuevos movimientos sociales, surgidos
allá por los años sesenta o setenta, de los que podemos citar, entre los más célebres, el ecologismo, el
feminismo de tercera generación o el pacifismo, los
cuales además han impregnado de sus ideas buena
parte de la política de todo signo. ¿Por qué nosotros
seguimos siendo tan minoritarios y desconocidos, y
casi diría que aún impopulares para buena parte de la
población?
Las razones serán múltiples, pero entre ellas estará
sin duda el hecho de que, al contrario de los movimientos mencionados, no atacamos frontalmente —
al menos en apariencia— las estructuras de poder, el
orden establecido. Recuérdese que en esos comienzos las asociaciones escépticas eran acusadas de ser
colectivos de propaganda de la CIA o de cualquier
otro servicio de inteligencia, por aquello de negar la
realidad de las visitas extraterrestres o de los poderes
paranormales, al igual que ahora se nos acusa de andar vendidos a las multinacionales farmacéuticas o de
la alimentación, cuando la deriva pseudocientífica se
ha escorado hacia los temas de salud y consumo. Además, nuestra actividad es tomada también como un
ataque a las creencias básicas de mucha gente, incluidos algunos de los excesivamente sacralizados postulados «alternativos» que se integran en determinados
y prestigiosos movimientos de entre los mencionados.
Aparentemente no reclamamos un orden alternativo, no echamos mano de lemas del estilo «otro mun-

do es posible», sino que proponemos una herramienta
transversal a cualquier faceta humana: el pensamiento crítico. Esto es, ni más ni menos, lo que queremos reivindicar como movimiento social. Y como
han conseguido otros colectivos de defensa del medio
ambiente o de la igualdad entre hombres y mujeres,
nuestra meta ha de ser que el pensamiento crítico, la
racionalidad y la recuperación del espíritu ilustrado
sean parte fundamental de la política, de otros movimientos sociales y de las herramientas mentales de
todo ciudadano responsable. Solo así nos podremos
dejar de oscurantismos y de misticismos, y podremos
participar en la vida pública y personal con una base
argumental correcta. ¿Acaso no es eso enfrentarse radicalmente al orden establecido y buscar otro mundo
posible? Eso sí, no podemos dejar de lado la autocrítica y, si queremos convertirnos en un movimiento
social de envergadura y calado, hemos de buscar nuevas vías, no dar pie a que se nos acuse de soberbia o
elitismo —en ocasiones, no sin razón—, y hacer que
se sienta partícipe y activa cuanta más gente mejor.
Tras estas reflexiones, solo nos queda decir que
esperamos que disfruten de este extenso número (en
formato anuario), en el que recopilamos asuntos de
lo más variado, con visitas al ayer (una entrevista a
nuestro presidente fundador y revisiones a Ummo,
affaire ufológico castizo, y a la piramidología, esa
rama de la pseudohistoria), al hoy (nuestra memoria
de actividades y los ganadores del concurso de relatos, las terapias peligrosas que parasitan la salud, los
condicionantes humanos de la ciencia o cuáles son los
actuales enemigos de la racionalidad) y a lo que siempre permanece (las conspiraciones, en el texto fruto
de un trabajo financiado por una beca de ARP-SAPC,
de cuya III edición, por cierto, adjuntamos las bases
en el interior de la contraportada, ya con el nombre
de nuestro querido Sergio López Borgoñoz). Hasta
pronto.

* Véase el texto escrito al respecto por nuestro presidente en https://www.escepticos.es/node/5257

Anuario 2017

5 el escéptico

autores: 
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5

II EDICIÓN DEL CONCURSO DE RELATOS DE PENSAMIENTO CRÍTICO FÉLIX ARES DE BLAS

Sección: 
ANUARIO 2017
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II Edición del
Concurso de Relatos
de Pensamiento Crítico
Félix Ares de Blas

el escéptico 14

María Belén Herruzo, recogiendo el premio de manos de nuestro socio Pepe Trujillo
Anuario 2017

E

l pasado año 2016 convocamos la II Edición
del Concurso Félix Ares de Blas para relatos
cortos de temática escéptica y de pensamiento crítico. Se presentaron un total de 42 relatos, tanto
en la modalidad senior como en la juvenil. Las plicas
fueron abiertas al público durante la asamblea general de socios de ARP-SAPC celebrada el pasado 1 de
abril en Málaga, y reproducimos a continuación los
relatos premiados.
Primer premio: HELENA
Juan Pablo Fuentes (Barcelona)
Helena, luz de mi vida, fuego de mis entrañas,
He-le-na, llegaste a clase con tu sonrisa traviesa y tu
dulce acento porteño desbaratando mi mundo. Dejé
de atender en clase, dejé de mirar la tele, seguí leyendo, pero distraído. Escaso de seducción aposté por
una simple estrategia: ir a clase con el libro «Bestiario» de Cortázar y cruzar los dedos. Para mi sorpresa,
funcionó. ¿Leés a Cortázar? Me encantá, es un genio.
Viviría dentro de su mundo mágico. Yo viviría feliz
dentro de tus pestañas, pensé. ¿Qué signo del zodiaco sos? Leo, te respondí, pillado por sorpresa. Yo soy
Tauro, somos supercompatibles, ¿nos vemos después
de clase? Nos vimos esa tarde y me perdí en tu mirada. Te gustaba lo paranormal y por una vez le agradecí
a mi padre sus manías de escéptico, en su biblioteca
encontré algunos libros que podía compartir contigo.
Más me sirvieron algunos manuales que desmontaban las supercherías que nunca te enseñé pero que leí
con provecho. Practicábamos telepatía con unas rudimentarias cartas Zener y te emocionabas con nuestros
aciertos mientras yo me iba enamorando de tu risa. Me
atreví a leerte el pensamiento. Te cogí de las muñecas
mientras con disimulo te buscaba el pulso. Una casa,
alguien querido, un familiar, una mascota. Tu pulso
se aceleró y recordé —bendita memoria— que Cortázar tenía un gato De color ¿oscuro? Dije sintiendo
que tu latido me guiaba y me arriesgué del todo. Un
gato casi negro llamado... Julio. Tus ojos brillaron y
no solo por la sorpresa. Sujeté tus brazos con fuerza,
te atraje con dulzura y ninguna de mis lecturas de ratón de biblioteca me había preparado para el sabor de
ese primer beso, ni para la felicidad que vino después.
Adolescentes al fin y al cabo sustituimos las cartas por los juegos de manos, los besos a escondidas y
los abrazos a la sombra de la luna. Tu pasión eran los
ovnis. No puede ser que estemos solos en el universo
¿No creés? Yo te oía sin escucharte, seducido por la
cadencia de tu voz, más atento a tu boca que a tus
palabras. Ni siquiera busqué libros sobre el tema. Mi
interés se centraba en la vida en la tierra, la de fuera
no me importaba lo más mínimo. Podemos hablarles, ¿sabés? En las alineaciones planetarias podemos
contactar telepáticamente. Seguro que vos también
Anuario 2017

podés, tenés tanto talento. Yo a veces recibo transmisiones. Las señales estaban ahí, pero yo no supe
verlas, mi entendimiento nublado por tus caricias. Mi
cerebro ofuscado por el deseo.
Mis padres no están este fin de semana. Es el momento perfecto. El corazón casi se me sale por la boca.
Les he dicho a mis padres que iba a dormir en casa de
Fernando y he corrido a tu casa como si volara. Has
preparado la mesa con dos velas, y ni siquiera recuerdo lo que he comido, solo nuestras risas nerviosas, el
sofoco al coger tu mano y dirigirnos a la cama de tus
padres. Llevamos las velas y nos quitamos la ropa en
la penumbra. Me hubiera arrodillado ante la maravilla de tus senos. También es tu primera vez y nuestra
pasión pelea con nuestras intenciones. Hacemos el
amor con torpeza, con la alegría de los que descubren
el sexo por primera vez. Al acabar te levantas y regresas con una bandeja. Traigo mate, tenés que probarlo, disculpá un momento que voy al baño. Pruebo
la bebida que solo conozco por la literatura. Está tan
amarga, sabe tan asquerosa, que para no quedar mal
tiro el contenido en una maceta antes de que vuelvas.
Te tumbas a mi lado y no puedo creer tu deleite al
beber ese líquido del demonio. Hoy es la noche. Me
lo dijeron ayer. Seguro que tú también lo has sentido.
He puesto el veneno en el mate. No te preocupés, mi
papá es farmacéutico, no nos va a doler. Cuando despertemos estaremos en su nave. Nos están esperando.
Me besas mientras voy entendiendo poco a poco lo
que has dicho. Tu cuerpo desnudo me abraza mientras
esperas, ilusionada, a unos extraterrestres que nunca
llegarán.
Accésit: ESPIRITUALIDADES
Antonio Orbe Mendiola (Madrid)
Llevaba semanas fijándome en Laura. Pertenecía
al departamento de desarrollo de productos, ajeno al
mío, y no encontraba la manera de entablar conversación con ella. Una mañana, en la máquina de café,
pude charlar un poco con ella y mi cerebro se inundó
de confusas emociones. Me pareció que le resultaba
agradable, pero las palabras no acudieron prestas a mi
boca. A veces coincidíamos a la salida del trabajo y
seguía desde lejos su elegante forma de caminar. Seguía sin decidirme y tras echarla en falta unos días
supe que la empresa la había mandado al extranjero
unos meses.
Decepcionado conmigo mismo, pasé un tiempo
abatido, pero me olvidé de ello al conocer a Verónica.
Ella era preciosa, dulce y amable. Mi alma gemela,
pensé. El caso es que al poco tiempo nos hicimos pareja y comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. Estábamos enamorados.
El amor, el sexo, lo mucho que teníamos en común,
auguraban un futuro perfecto. Aunque en realidad ha15 el escéptico

bía algunas cosas que no me acababan de gustar. Lo
primero que me preguntó fue mi signo del zodiaco.
Aries, dije. Géminis, replicó, haremos buena pareja.
No di ninguna importancia al asunto del horóscopo,
no sé por qué pero resulta un tema bastante común
en una primera aproximación, aunque la conversación
inicial sobre el asunto fue aburrida y acabé un poco
decepcionado. Pero eso no importaba. Verónica era
tan hermosa y el amor mutuo tan grande que la pequeña tontería de los astros no iba a separarnos.
Tengo que presentarte a Pedro, mi guía espiritual,
dijo en una ocasión. Deberías venir a nuestros encuentros. ¿Tenéis reuniones espirituales?, pregunté.
Dos veces al mes, respondió. No podría vivir sin ellas,
dan sentido a mi mundo.
La conversación debería haberme puesto sobre
aviso, máxime visto su apartamento con sus figuras
orientales por doquier, sus libros de cristaloterapia,
acupuntura, hierbas medicinales y todo tipo de remedios a enfermedades que no sabía que existieran.
Finalmente acudí a una reunión espiritual comandada por Pedro. Varias mujeres y menos hombres
formábamos el grupo. No puedo decir gran cosa del
contenido, todo era muy abstracto y simplemente no
comprendía nada. La gente tomaba la palabra en un
estado de iluminación que me tenía pasmado. Cuando
me tocaba hablar a mí decía cosas que ni yo mismo
entendía, pero que parecía que estaban muy bien por
los murmullos de aprobación que suscitaban. Acabé
aburrido y aturdido. A la salida, a requerimientos de
Verónica, le mostré moderadamente mi escepticismo
lo que provocó un monumental enfado por su parte.
Pero si te quiero con locura, pude apenas balbucir, lo
que no consiguió apaciguar su cólera.
Pero el amor todo lo puede y nubla el pensamiento.
Seguíamos más o menos enamorados aunque Verónica estaba algo más distante desde aquel día. Por mi
parte, yo no sabía qué hacer. ¿Debería tirar a la basura mi forma de pensar y adentrarme en los mundos
espirituales que dominaban la vida de mi amada? Lo
intenté, leí libros de autoayuda y misticismo, pero eso
solo aumentaba mi malestar. Cuanto más leía, más basura me parecían todas aquellas disciplinas. Una cosa
es que el amor obnubile y otra volverse tonto.
Una tarde me acerqué al apartamento de Verónica.
Abrió la puerta arrebolada y con una débil voz apenas
hizo un esfuerzo para disimular su sorpresa. No has
venido en buen momento, dijo desde el quicio sin dejarme pasar. La habitación estaba iluminada por velas
y el ambiente rezumaba olores mareantes. En el sofá
estaba arrellanado Pedro. No, respondí, creo que no es
un buen momento.
Vagué por las calles sin rumbo mientras en mi cabeza bullían pensamientos y emociones. No podría competir con Pedro, nunca ganaría a los espíritus, había
el escéptico 16

perdido a Verónica. La congoja apenas me permitía
reflexionar, pero poco a poco se fue imponiendo una
idea. Al menos me había librado de toda aquella basura espiritualista que tanto me disgustaba y que poco a
poco me iba asfixiando.
Las semanas transcurrieron y fui olvidándome de
Verónica y agradeciendo la libertad de pensamiento
que me permitía rechazar todo aquel potaje pseudointelectual. Un día volví a ver a Laura camino del autobús. Aceleré el paso, subí y me senté con ella que me
recibió con una sonrisa. Charlamos de su asignación
en el extranjero y de otras muchas cosas. Sin saber
qué más decir, torpemente, le pregunté por su signo
del zodiaco. Inmediatamente me arrepentí, antes incluso de que ella me respondiera: ¿Te gustan esas tonterías? Aliviado, tuve por fin el aplomo de decir: No,
no me gustan. Me gustan otras muchas cosas y entre
todas ellas lo que más me gusta eres tú.
Premio en la modalidad juvenil: MI GALIMATÍAS
María Belén Herruzo Barroso (Badajoz)
Voy a suspender. Pensó una joven mientras trataba
de concentrarse en sus estudios, algo que le era realmente complicado, no por el hecho de que ella fuera
una mala estudiante, ya que no lo era, pero probablemente tendría algo que ver que ella no compartiera las
ideas que su profesor trataba de inculcarle. Pero era
imposible que comprendiera que a pesar de todas las
ideas que tenía en la cabeza debido a su infancia, ella
debía estudiar eso.
Ella sabía quién había creado el mundo o, al igual
que muchas personas, confiaba en no estar equivocada y en saberlo, era por ello que no comprendía cómo
era posible esto. Nada tenía sentido, es decir, desde
pequeña había acudido a un colegio de monjas y le
habían enseñado que Dios lo había creado todo. Cerró el libro cuidadosamente dejándolo a un lado de la
mesa, volvió a cogerlo y a abrirlo cuidadosamente por
la página de la teoría del big bang, leyó lentamente
la primera frase en voz alta: «Constituye el momento
en que de la “nada” emerge toda la materia». ¿De un
nada? Pensó cerrando bruscamente el libro de biología. Se levantó para ir a por un vaso de agua cuando
escuchó una voz reñirle con un deje de dolor. «Eso
ha dolido, jovencita». La muchacha se dio la vuelta
inmediatamente buscando la procedencia de la voz,
cuando observó la habitación comprobó que no había
nadie y se marchó a la cocina a por un vaso de agua
pensando que todo habían sido imaginaciones suyas.
Sin embargo, cuando volvió a su habitación tras haber
tratado de tranquilizarse cogió el libro para tratar de
estudiar cuando volvió a escuchar la misma voz, solo
que esta vez aliviada. «Gracias, jovencita». Miró por
encima del libro y no pudo evitar ahogar un grito y
soltar el libro, que irremediablemente cayó al suelo.
Anuario 2017

Un hombre de un minúsculo tamaño estaba encima de
su mesa, vestido con una toga y observando el libro
que había caído al suelo con severidad. «Jovencita,
los libros no deben ser dañados ya que son una gran
fuente de conocimiento, así pues, si no le importara
recogerlo».
Confundida por la presencia del hombrecillo, se
agachó torpemente para obtener el libro y volver a
mirar fijamente los ojos de dicho hombrecillo, el cual
una vez comprobó que el libro estaba en perfectas
condiciones se presentó. «Permítame presentarme,
soy Monseñor Georges Lemaître, sacerdote. Y he venido para ayudarle a estudiar la teoría del big bang».
Conmocionada, le miró y comprendió que a eso se debía que fuera vestido como un cura; sin embargo, de
dónde había salido, por qué era diminuto y lo que era
más importante: cómo un sacerdote le iba a enseñar
a comprender esa teoría. Decidió que su objetivo esa
tarde era estudiar, por lo que realmente no le importaba quién le explicara la lección, siempre y cuando lo
entendiera para mañana, por lo que se sentó mirando
fijamente al diminuto sacerdote y le pidió que se lo
aclarara, a pesar de estar muy nerviosa. Asombrada
por la facilidad del sacerdote al hablar de ciencia y explicarle la teoría del big bang, comenzó a tomar notas
y a levantar la mano como si de una clase se tratara y,
con el mayor respeto posible, a preguntar sus dudas.

Anuario 2017

Tras la explicación, la muchacha había comprendido
perfectamente la teoría, por lo que el sacerdote decidió
marcharse tras haberle preguntado la teoría para comprobar que se la sabía. Lo más asombroso de todo fue
cuando justo antes de desaparecer, enigmáticamente,
le dijo: «Debes crear tus propias opiniones, no te conformes con creer en lo que los demás creen, ya que
pueden estar equivocados; y escucha siempre las opiniones o teorías de los demás, ya que puede que sean
erróneas, pero siempre podrás aprender algo de ellas.
No pienses sandeces como que la ciencia no puede
ser compatible con tus propias creencias; al fin y al
cabo, yo soy sacerdote y fui el primero en formular
la teoría del big bang. No te conformes, infórmate».
Y desapareció de su escritorio como si nunca hubiera
estado allí. Como si de un sueño se hubiera tratado.
Pensó en las últimas palabras que le había dicho: «No
te conformes, infórmate». Quizás las ideas sobre la
creación del mundo que ella creía desde pequeña fueran compatibles con el big bang, o quizás no, pero eso
a ella ya no era lo único que le importaba. El sacerdote
tenía razón, no debía conformarse con las ideas de los
demás.
Desde ese día se cuestionó todas y cada una de las
cosas que pasaban por su mente, haciéndose sus propias ideas e informándose sobre la materia, sin dejar
de escuchar y respetar por ello las opiniones ajenas.

17 el escéptico

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14

LA PULGA SNOB

Sección: 
HUMOR
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pirámide de Kefrén, o a los bloques graníticos, mucho más
duros, de la pirámide de Mikerinos.
12. Véase nota 21
13. Entre otros los egiptólogos Borchardt, Petrie, Speleer
o Edwards ya defendían que de alguna manera la concepción de la pirámide es el resultado de una suma de intentos,
durante varias generaciones de arquitectos, que alcanzan
como resultado una forma arquitectónica perfecta fruto también, en todo caso, de las posibilidades técnicas de un período determinado.
14. Los egipcios conocían el ángulo recto contenido en
lo que ellos denominaban el triángulo sagrado, el triángulo
3, 4 y 5.
15. Que implica la construcción de un edificio sobre las
ruinas otros anteriores.
16. Del latín protegere, definido por el DRAE como la
acción de resguardar a una persona, animal o cosa de un
perjuicio o peligro, poniéndole algo encima o debajo (y añadiríamos nosostros: rodeándolo, etc.).
17. Pero que no necesariamente tienen que estar jerarquizados en forma piramidal, como es el caso de algunas
comunidades preíncas.
18. En el siglo XVI los incas abandonaron Tucumé ante
el desolador panorama que el fenómeno del niño dejó en
sus construcciones, destruídas casi en su totalidad pese a
la megalítica altura que habían alcanzado algunas de ellas,
como hemos visto.
19. Todavía recordamos las desoladoras imágenes del

el escéptico 94

Huracán Mitch en Honduras y Guatemala.
20. Recordemos cómo narra Colón el primer encuentro
con los indígenas americanos, que los vieron como dioses
procedentes del allende el mar, motivo por el cual comenzaron a adorarlos. Espacio que estaba fuera de su visión de
sí mismos como hombres, hombres mayas, aztecas, etc.
21. Para más información véase el libro El animal divino,
de Gustavo Bueno.
22. Los egipcios creían en la existencia de dos elementos en la parte espiritual del hombre: el ba que se separaba
del cuerpo y el ka que necesitaba del cuerpo para consolidarse en este mundo.
23. Heracleópolis Magna. Un decorado para la eternidad.
Revista GEO, nº 184, Pág. 87.
24. Los papiros conservados en los que se relatan descripciones de robos o declaraciones de inculpados nos hablan siempre de varios individuos: «un grupo de ladrones de
Tebas guardaba en su casa la pesa de piedra que habían
utilizado para repartir el botín de una tumba» (papiro 10052
del Museo Británico de Londres).
25. Papiro 10053 del Museo Británico.
26. Y esta es, además, una posible explicación de por
qué en el Imperio Medio se dejaron de construir pirámides,
bien visibles a la vista, sustituidas por hipogeos o subterráneos mucho más camuflados y resguardados de los
saqueadores, como el de Tutankamón, la única tumba real
encontrada intacta.

Anuario 2017

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94

LOS SELLOS DE UMMO, HISTORIA DE UNA BROMA

Sección: 
ANUARIO 2017
Pagina final: 
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LOS SELLOS
DE UMMO
Historia de una broma
Luis R(einaldo) González Manso

Entre agosto y octubre de 2015, un rumor corrió como la pólvora por todos
los mentideros ufológicos españoles: los ummitas habían vuelto. Esta es la
versión de la broma, contada por su creador.

E

n plena época franquista, un autonombrado
«profesor» Sesma empezó a recibir en Madrid unos extraños documentos mal mecanografiados que le enviaban por correo ordinario unos
seres que decían ser de procedencia extraterrestre.
Ya había recibido otros parecidos desde varios planetas, pero estos incluían detalles científicos precisos
(aunque incoherentes y erróneos). Así comenzó, allá
por 1966, el denominado affair Ummo, que todavía
colea, gracias a la desinteresada «labor» de muchos y
a la inquebrantable credulidad de unos pocos1.
En uno de los primeros documentos recibidos se
incluía la ilustración a todo color de una máquina andante: un NOIA UEWA, empleado por los ummitas,
supuestos habitantes del planeta UMMO situado a
14.6 años-luz de la Tierra, que orbita en torno a la
estrella Wolf 424. La idea de las máquinas andantes
tiene una larga historia en nuestro planeta2 (Fig. 1).
A principios del siglo XXI, un exufólogo y diseñador gráfico británico llamado David Sankey realizó
una propuesta de diseño actualizado. Me gustó tanto
que, cuando en febrero de 2011 terminé el borrador
de mi primera novela —centrada inevitablemente
en UMMO—, lo escogí como portada. Sin embargo, fueron pasando los años y mi novela pasó por
diversas reescrituras mientras permanecía inédita.
Finalmente, en el verano de 2015 me decidí a ponerel escéptico 70

la a disposición del público mediante autoedición y,
como la portada sería a todo color, pedí permiso a
Sankey para añadir un fondo alienígena a otra de sus
propuestas (fig. 2).
Los sellos
Se me ocurrió que una buena forma de despertar
el interés por mi novela entre algunos amigos sería
enviarles una postal «ummita» desde algún lugar relacionado con el asunto. Conocedor de la posibilidad
que ofrecía el servicio filatélico español de elaborar
sellos personalizados, en mayo de 2015 ordené un
par de pliegos a través de internet (Fig. 3).
Para la imagen del mismo, escogí el diseño
modificado de Sankey, le añadí un logotipo ummita
modificado en el fuselaje de color violeta (supuestamente, en los documentos originales cada país tenía
un color distintivo para el sello digital identificativo) y como fondo, retoqué una aurora boreal terrestre para recrear uno de los pocos rasgos geográficos
distintivos que nos revelaron los ummitas sobre su
planeta: los OAK-OEI, unos extraños volcanes en
forma de grandes grietas que proyectan una columna
incandescente de metano-pentano-oxígeno de alturas
de entre 25O m y 6,7 Km. En concreto, el OASIONOEI cerca del lago IA-SAAOOA, cuya luz azulada
ilumina las noches de UMMO en aquellas regiones.
Anuario 2017

Poco después descubrí que la misma posibilidad
de personalizar sellos se ofrecía por diversos países
europeos y, ante la posibilidad de un viaje a Gran
Bretaña, me decidí a encargar sellos similares en varios países (fig. 4), con la única variación del color
del emblema; y en el caso francés, girando 180º la
ilustración y en formato carné (Fig. 4).
Las postales
El primer grupo de postales (siempre a cuatro
amigos y al autor, aunque en el texto se mencionen
siete receptores) fue echado al buzón del King’s College de Cambridge el 20 de agosto de 2015 (lamentablemente, el matasellos de la ciudad es ilegible).
Correspondían a una vista algo antigua de Picadilly
Circus en Londres, y me fueron facilitadas por un colega que debe permanecer anónimo (Fig. 5).
Tras una salutación en inglés —tomada del título
de una colección de ensayos de Arthur C. Clarke—,
el texto hacía una velada alusión a las teorías del Dr.
Domínguez Montes, quien ha defendido que el affair
Ummo se inició en una universidad inglesa. Precisa-

Fig. 1. Máquinas andantes (cyberneticzoo.com/walking-machine-time-line/)

Anuario 2017

mente en Cambridge trabajó el profesor Sir Arthur
S. Eddington (cuyas teorías habrían inspirado los
documentos ummitas, según Domínguez) y también
Stephen Hawking, cuyas iniciales añadí a la postal en
trazos coloreados que podían reconstruirse como la
)+( ummita.
Por contraste con los documentos originales, decidí utilizar un símbolo ligeramente distinto (con un
tercer semicírculo superior) en el sello digital identificador. Según los ummitas, el mismo servía para
simbolizar un estamento gubernamental distinto de
su sociedad. Para justificar el nuevo logo, sugerí que
se habían producido cambios políticos en UMMO.
La tarjeta iba firmada por DEI-99, quien, conforme
a las prácticas ummitas, debía ser hijo (o hija) del
firmante de buena parte de los documentos originales
recibidos en los años sesenta del pasado siglo: DEI98. El nombre no estaba tomado al azar, pues así se
llama el personaje principal de mi novela. También
era habitual en los documentos originales encontrar
algunos grafismos ummitas, así que me decidí por
incluir una fecha en dígitos ummitas (de base 12),

Fig. 2. Portada de Ummo: historia de una obsesión

71 el escéptico

el 8 de diciembre de 2015 (en formato anglosajón).
Era la fecha estimada para la llegada de mi novela
a las librerías. Quise que el texto pareciese escrito
con una máquina de escribir antigua e incluso introduje pequeños cambios en el mismo y sus márgenes
para cada postal. Como toque final, añadí el conocido
mantra ummita, «no nos crean», esta vez sí escrito
con una máquina de escribir tradicional (aunque eléctrica).
Lamentablemente, por un error en la dirección,
solo llegaron cuatro postales a sus receptores. El fallo se repitió en la segunda tanda, pero se descubrió a
tiempo de ser corregido para la tercera. Por otro lado,
el servicio de correos español es deficiente y algunas
otras se perdieron.
Gracias a diversos colegas en los distintos países,
y a la coordinación que permite el correo electrónico,
la segunda tanda de postales fue depositada simultáneamente en el correo de tres ciudades diferentes el 4
de septiembre de 2015:
Bergen (Noruega), desde donde se supone que
partió el barco cuyas emisiones radioeléctricas de
prueba, al ser captadas por los ummitas, les permitieron conocer nuestra existencia y venir a visitarnos.
La tarjeta incluía una frase en noruego que decía:
«Saludos, habitantes del planeta cuadrado (nombre
que dieron los ummitas a la Tierra)». Por lo demás, el
texto era similar al de la primera tanda y solo variaba
el color escogido para el sello (naranja; Fig. 6).
Baltimore (Estados Unidos). Inicialmente estaba previsto que hubiesen sido echadas al correo en

Fig. 3

el escéptico 72

Nueva York (como ocurrió con una misiva ummita
enviada hace años al ufólogo Jacques Vallée), pero
dificultades de última hora le impidieron a mi cómplice hacerlo. A diferencia de las anteriores, esta postal (Fig. 7) es una falsificación montada en una copistería con el reverso de una postal americana original
y una imagen de la ciudad de Pittsburgh tomada de
internet. Por ello, en el texto se hace referencia a un
supuesto receptor de los documentos ummitas originales que habría vivido en aquella ciudad. La frase de
salutación («We’re home / Estamos en casa») está tomada de un trailer de la séptima entrega de La guerra
de las galaxias y daba una pista relacionada con mi
novela, pues unos extraterrestres nunca llamarían hogar a la Tierra. Al tratarse de un envío transatlántico,
hubo que franquearlas con dos sellos por ejemplar, al
no emitirse de mayor valor facial.
Barcelona (España). Otra tarjeta falsificada en
una copistería, combinando para la imagen una foto
antigua del centro de Albacete con la placa de la calle
dedicada en Valencia a uno de los antepasados de la
protagonista de la truculenta historia de la Mano Cortada, sucedida en los años cincuenta del pasado siglo,
y que diversos documentos ummitas relacionaron con
su presencia en esa ciudad manchega. El texto daba
otra pista relacionada con la novela (Fig. 8). Aunque
la idea original había sido echarlas al correo en Albacete, resulta complicado llegar hasta allí en un plazo
razonable de tiempo utilizando trenes o autobuses, así
que ante la premura impuesta por la fecha acordada,
tuve que optar por enviarlas desde Barcelona, ciudad
también relacionada con el affair ummita3.

Fig. 4, Sellos personalizados de Gran Bretaña, Noruega, Estados Unidos y Francia.

Anuario 2017

Fig. 5, Postal enviada desde Londres.

Fig. 6, Postal enviada desde Noruega.

Con la tercera tanda de postales, empiezan las revelaciones novedosas (siempre relacionadas con el argumento de mi novela). Dado el revuelo causado por
las anteriores, después de que uno de mis amigos filtrase inesperadamente la noticia a los periodistas esotéricos nacionales, quise introducir además algunos
cambios: modifiqué la orientación del sello y, en lugar
de la impresora de tinta habitual, esta vez utilicé una
antigua máquina de escribir manual que conservaba
de mis tiempos de estudiante. Asimismo, los dígitos
ummitas fueron dibujados con tinta y pincel.
Por error, el valor facial del sello era insuficiente
para el envío europeo, así que mi colega francés tuvo
que complementar el franqueo con un sello local. Una
vez más, la postal está falsificada. Peor aún, la imagen
corresponde a la presa de Castillon en los Pirineos, no
a la del mismo nombre mencionada en el reverso (a
pocos kilómetros de La Javie) y donde, según mi novela, se situó la base original ummita que habría sido
subacuática, no subterránea. Nadie se dio cuenta del
«cambiazo» (Fig. 9).
Esta vez, el lugar elegido para echar al correo el
material fue Toulouse, ciudad francesa también vinculada al análisis de las conocidas fotografías ummitas. El envío se retrasó varias semanas porque el paquete con los sellos franceses se extravió en el correo
y hubo que volver a pedirlos. Finalmente, las postales
fueron franqueadas el 20 de octubre.
Ese mismo día, y para compensar el fallo inicial
que impidió que uno de mis amigos recibiese las

primeras postales, le envié a esta persona una única
postal y desde Málaga. Para disimular su envío desde
mi ciudad de residencia, utilicé para el anverso una
imagen retocada del platillo ummita que aparecía en
la portada del libro de Domínguez (publicado en esta
ciudad), incluyendo el nuevo logo ummita en su panza (Fig. 10). El texto era un «homenaje» al último y
descabellado libro sobre abducciones del Dr. David
M. Jacobs.
El plan original incluía el envío de una cuarta y
última remesa de postales desde la localidad abulense de Piedralaves, que jugó un importante papel en la
mitología ummita (y por consiguiente en mi novela),
revelando toda la verdad de la historia. Sin embargo,
los acontecimientos se precipitaron porque la editorial
adelantó la publicidad mediática de la novela y ello
me forzó a contar la broma a mis colegas antes de que
fueran a enterarse por terceros. De todas formas, la
broma ha sido bien apreciada entre los coleccionistas
y he recibido pedidos de genuinas postales ummitas
falsas, así que no descarto nuevos envíos, incluso desde nuevos países.

Anuario 2017

Conclusiones
A raíz de la difusión pública de las postales, resultó fascinante vivir durante algunas semanas en la piel
de Jordán Peña, el ya fallecido autor del montaje original. Para mi colección filatélica personal, me había
enviado un ejemplar de cada postal. Ello me facilitó
también revelarme como otro de los receptores e in73 el escéptico

Fig. 7. Postal desde Baltimore (EE.UU.).

Fig. 8. Postal desde Barcelona.

volucrarme en la investigación. «Estar en el ajo» y ver
cómo la desbocada imaginación de algunos convertía
en códigos cifrados los más simples errores mecanográficos o daba importancia a detalles irrelevantes,
en realidad, fue muy divertido. Lo más sorprendente (aunque no inesperado) fue comprobar la facilidad
o necesidad de algunos para lanzarse a defender sus
creencias sin esperar siquiera a contar con datos suficientes.
Por otro lado, resulta descorazonador comprobar
la facilidad con que algunos personajes mediáticos
se apresuran a desvelar informaciones sin contrastar,
sacan las cosas de quicio y exageran más allá de cualquier sentido de mesura. Una broma entre amigos salta a los medios de comunicación y cualquiera puede
dedicarse a soltar las descalificaciones más tremendistas. Claro, hay que llamar la atención como sea, la
competencia es dura para poder sobrevivir siquiera.
En algún momento, este país se ha vuelto demasiado
susceptible y se ha perdido un saludable sentido del
humor.
Prefiero quedarme con algunos detalles que, por
pura serendipia, han aparecido al reactivar la investigación sobre el affair Ummo. Así, creo haber localizado las fuentes de las que bebió Jordán Peña para algunas de sus revelaciones ummitas: el NOAI UEWA
se habría inspirado en un artículo aparecido en la co-

nocida revista americana sobre invenciones Mechanix
Illustrated de Abril 1962, mientras que la idea de las
lentes gaseosas se había debatido en varios números de la revista especializada Bell System Technical
Journal entre 1964 y 1966. Sin embargo, el hallazgo
más fascinante ha sido un episodio de una serie televisiva norteamericana de ciencia-ficción emitido en
Noviembre de 1955 (¡diez años antes del nacimiento
de Ummo!): Postcard from Barcelona. La trama del
mismo giraba en torno a unas postales enviadas desde España por parte de unos visitantes extraterrestres
aportando valiosas informaciones científicas. Siempre
he dicho que lo que una persona puede imaginar otra
puede volver a hacerlo en otro contexto.

el escéptico 74

Addendum
En Enero de 2016 recibí (por fin) unas postales de
la Puerta de Brandemburgo en Berlín, y me decidí a
hacer una versión alemana de mi sello, recordando
una famosa misiva ummita enviada desde aquel lugar
en 1969. Como encabezamiento en el texto puse:
WIE DER LOHN, SO DIE ARBEIT – 6EQUJ5
Un dicho alemán que puede traducirse como ‘Consigues lo que pagas’ (en referencia a que, al ser gratis
para el receptor, la postal es falsa). El código posterior
es una referencia a la famosa señal SETI denominada
«Wow!», así codificada.
Anuario 2017

Fig. 9. Postal desde Toulouse (Francia).

Fig. 10. Postal desde Berlím (arriba) y Málaga (abajo).

También quise añadir algunos símbolos ummitas
dibujados con pincel. Me decidí por poner simplemente el año, 2016, en ummita (‘1200’). Pero al confiar en mi frágil memoria en vez de consultar algún
ejemplo, me equivoqué, dibujando el 2 (una L boca
abajo) especularmente, es decir, con el palo largo a
la derecha en vez de a la izquierda. Por lo demás, el
texto (esta vez en inglés, al ir dirigidas las postales a
distintos coleccionistas europeos tanto de ovnis como
de sellos) se limitaba a hacer referencia a ese honor
de recibir una pieza de colección tan escasa y valiosa.
En esta ocasión, el color elegido para el logo fue el
rojo, aludiendo a una supuesta misiva ummita enviada desde el mismo lugar en 1969. Después de diversas vicisitudes y retrasos, mi colaborador en tierras
germanas pudo echar al correo las postales desde el
propio Berlín en la segunda semana de abril (Fig. 10).

Los receptores eran algunos colegas coleccionistas de
sellos y otros que me habían solicitado expresamente una de esas genuinas postales ummitas falsas. Una
vez más, la mía se ha perdido.
Por otro lado, no podía dejar de aprovechar la
ocasión para vincular Ummo con la más exitosa saga
cinematográfica de ciencia ficción. Con ocasión del
estreno de la nueva entrega de La Guerra de las Galaxias – El despertar de la fuerza, el servicio postal
británico puso en circulación una bella colección conmemorativa en diciembre de 2015.
Pero además ofrecieron la oportunidad de montar
algunos smileys a gusto del consumidor con cuatro de
los personajes principales. Naturalmente, me apresuré
a encargar varios con el nuevo logo del cincuentenario de Ummo (Fig. 11).
¿Continuará?

Fig. 11. Sellos personalizados de Star Wars.

Anuario 2017

1- http://www.ummo-ciencias.org/
2- http://cyberneticzoo.com/walking-machine-time-line/
3- La postal española fue precisamente la única que nunca
me llegó. Por ello, en marzo de 2016, aprovechando un
viaje en automóvil a Valencia, me desvié varias decenas de
kilómetros para echar una nueva postal desde el propio Albacete, respetando el original hasta en la ya periclitada fecha en dígitos ummitas. Esta vez solo tardó ¡tres semanas!
en recorrer los pocos más de 300 kilómetros que separan
ambas ciudades.
75 el escéptico

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MARTÍN FAVELIS

Sección: 
HUMOR
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12.Conspiracy teories: Causes and Cures. Cass R.
Sunstein & Adrian Vermeule. Pág. 4. The Journal of Political Philosophy Vol 17 issue 2. Junio 2009
13.A Die-Hard Issue. CIA’s Role in the Study of UFOs,
1947-90. Gerald K. Haines. Intelligence and National Security Journal. Vol. 14. 1999. Issue 2.
14. Modern Conspiracy. The importance of being paranoid. Ed. Bloomsbury Academic. 2014
15. Conspiracy theory in America. Lance deHavenSmith. University of Texas Press. 2013
16. https://statusq.org/archives/2001/12/04/
17. http://www.jfklancer.com/CIA.html
18. John MCone and the assassination of President
John F. Kennedy. David Robarge. Studies in intelligence.
Vol. 57, nº 3
19. The Cia and the media. Carl Bernstein. Rolling Stone. 20/X/77
20. deHaven-Smith, pág.139
21.http://www.urbandictionary.com/define.
php?term=conspiranoid
22.http://www.escepticos.es/webanterior/listas/faq.html
23. Pronoia. Fred H. Goldner. Social problems. Vol 30.
nº 1. Octubre 1982.
24.http://www.pronoia.net/tour/faq/faq_zippies.html
25.Rafael Palacios y La conspiranción positiva (1 y 2). Nostra V. https://www.youtube.com/
watch?v=gWbPbb5yYWU
26. Criminal Conspiracy. Francis B. Sayre.Harvard Law
Review, Vol. 35, No. 4 (Feb., 1922), pp. 393-396
27. F.B.Sayre. pág. 395
28. Federal Conspiracy Law: A brief Overview. Charles
Doyle. Congressional Research Service. 2016
29. F.B.Sayre. pág. 393

Anuario 2017

30. The redneck manifesto. Jim Goad. Simon & Schuster. pág. 57
31. La otra historia de Estados Unidos. Howard Zinn.
Cap. 3 ‘Gente de la peor calaña’. Ed. Las otras voces.
1997
32. The great New York conspiracy. Peter Charles Hoffer. Universtity Press of Kansas. 2003
33. An Act directing the trial of Slaves, committing capital crimes; and for the more effectual punishing conspiracies and insurrections of them; and for the better government of Negros, Mulattos, and Indians, bond or free.
34. Una historia popular del imperio americano.Howard
Zinn, Mike Konopacki y Paul Buhle. Ed. Sin sentido. 2010
35. United States of Paranoia: a conspiracy theory. Jesse Walker. Ed.Harper. 2013
36. Who believes them? Why? How can you tell if
they’re true? Michael Shermer & Pat Linse. www.skeptic.
com/downloads/conspiracy-theories-who-why-and-how.pdf
37. The paranoid style in american politics. Richard J.
Hofstadter. Vintage Books 2008
38. The master conspiracy of the John Birch Society:
From communism to the New World Order. Charles J.
Stewart. Western Journal of Communication. Vol. 66,
2002. Nº 4
39. Stewart, pág. 428
40. Hofstadter, pág 7 y 9
41. Hofstardter. pág. 100
42. Suspicous minds: why we believe conspiracy therories. Rob Brotherson. Ed. Bloomsbury. 2015
43.http://www.nydailynews.com/news/national/gunindustry-execs-admit-busines...

33 el escéptico

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RESUMEN DE ACTIVIDADES DE LA ASOCIACIÓN: 2016-2017

Sección: 
ANUARIO 2017
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Resumen de actividades
de la asociación: 2016-2017
Junta Directiva de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

S

i tuviéramos que resumir en una frase este período, podríamos decir que en un año hemos sufrido
dolorosas pérdidas, hemos incorporado a nuestra
tarea a nuevos socios y hemos consolidado el modelo
de gestión. Por primera vez en la historia de nuestra
organización hemos crecido más allá del listón espartano de los trescientos. Pero hemos sufrido también,
por primera vez en nuestra historia, el fallecimiento de
un miembro de la Junta Directiva y de dos premiados
con el Mario Bohoslavsky: vaya nuestro recuerdo a
Gustavo Bueno, a Gonzalo Puente Ojea y, de manera
muy especial, a nuestro querido Sergio López Borgoñoz, que murió atropellado el pasado 12 de septiembre
de 2016. Sergio llevaba ocupando un lugar en la Junta
Directiva desde hacía mucho tiempo, y había estado
en diferentes cargos desde que hace unos veinte años
se unió a la entidad.
A este respecto, se ha añadido al homenaje a Terry
Pratchett, incrustado en las cabeceras http de nuestros
servidores desde 2015, otro que contiene la leyenda
«In memoriam Sergio Lopez», atribuido a la variable

X-Clacks-Overhead-ARP-SAPC, con la idea expresada en la obra Going Postal: «A man is not dead while
his name is still spoken» (‘Un hombre no está muerto
mientras se siga mencionando su nombre’).
Socios y suscriptores.
ARP-SAPC tiene su mayor ventaja en sus socios:
es la suma de esfuerzos de personas de circunstancias, formación y experiencias variadas. Creemos que
vale la pena mencionar en nuestra introducción que
contamos ya con dos académicos: además de Rafael
Sentandreu, académico de la Real Academia Española
de Farmacia, debemos felicitar a Eustoquio Molina,
Académico de la Real Academia de las Ciencias de
Zaragoza desde junio de 2016.
ARP-SAPC cumple rigurosamente los requisitos
legales aplicables a las asociaciones. Nuestro Secretario, Guillermo Hernández, se ha ocupado de garantizar nuestra adecuada filiación legal mediante la
correspondiente inscripción en el Registro Nacional
de Asociaciones de los cargos renovados de la Junta

Homenaje a Terry Pratchet y Sergio López Borgoñoz en las cabeceras http de nuestros servidores

el escéptico 6

Anuario 2017

Directiva y de los cambios de vocales, de modo especial el cambio de Tesorero forzado por el fallecimiento
de Sergio López, y que ocupa de manera interina hasta
la siguiente renovación de cargos Guillermo Hernández. El Secretario también ha dado fe de los debates y
acuerdos en el seno de la Junta Directiva y, asimismo,
ha entregado en tiempo y forma adecuados el acta de
la anterior Asamblea.
A fecha de la Asamblea General de 2017 (celebrada
el 1 de abril en Málaga), ARP-SAPC contaba con 321
socios, 47 de los cuales son nuevas incorporaciones
producidas entre abril de 2016 y marzo de 2017.
Comunicación
El Escéptico
La revista El Escéptico ha consolidado los cambios
planteados en la asamblea de 2015 sobre la dirección,
el formato, la periodicidad y la gestión de los envíos
a los socios y los 161 suscriptores. Bajo la actual dirección se han publicado tres números ordinarios y un
anuario, con lo que se ha conseguido llegar a los números y los plazos acordados. Resumimos los contenidos del año, desde la última asamblea:
Un anuario con artículos largos, entre ellos el extenso resumen sobre la bioneuroemoción, traducido y
disponible en inglés en nuestra web a petición de asociaciones antisectarias de Bélgica y Noruega.

Dos números ordinarios, con los especiales sobre
sectas y sobre Carl Sagan; continúan las secciones habituales y se consolida alguna nueva, como es el reenfoque de la Red Escéptica Internacional, en la que se
ha dado a conocer el escepticismo de varios países, lo
que contribuye a fortalecer nuestros lazos con colegas
de otras partes del mundo.
La redacción continúa aumentando el número de colaboradores, y gracias a una nueva socia profesional
de la edición dispondremos próximamente de un libro
de estilo.
El Escéptico Digital
José Luis Moreno ha asumido su coordinación y maquetación, con la ayuda del anterior equipo de la publicación: Luis Capote, Juanjo Reina y Sacha Marquina,
así como de diferentes miembros de la Junta Directiva.
Se ha conseguido distribuir ya un primer número de
esta nueva época, y se trabaja en los siguientes.
Medios de comunicación
Numerosos profesionales cuentan con nuestra opinión a la hora de escribir sus artículos, recurren a
nosotros para pedirnos nombres de expertos en áreas
de nuestra competencia o proporcionan nuestro contacto a sus colegas. Nuestros socios, algunos de ellos
de importante proyección mediática, han llevado las
preocupaciones de ARP-SAPC en sus intervenciones
públicas.
En televisión, vale la pena mencionar el buen papel
del presidente de ARP-SAPC, Alfonso López Borgoñoz, en la sección «Explícaselo a mi abuela» del programa Órbita Laika en octubre de 2016.
Noticias web y redes sociales
Nuestra sección de noticias gana actualidad, al dedicar la mitad de sus entradas a anunciar eventos. En
2016 se realizaron un total de 333 entradas, y a día 3
de marzo había 67 entradas publicadas en 2017.
ARP-SAPC alberga la página de falacias lógicas iniciativa de David Revilla, que ha aumentado sus contenidos y ha facilitado la manera de compartirlos.
Las redes sociales son unos de los principales canales de comunicación de ARP-SAPC. Contamos con
un grupo participativo en Facebook, con más de 7500
miembros, moderado constantemente por un equipo
de siete miembros de ARP-SAPC. Se hace una media
de 15 publicaciones diarias. La cuenta de Twitter supera los 8300 seguidores. Es el principal elemento de
refuerzo de campañas específicas y registra picos de
actividad como consecuencia de la lucha de etiquetas
(los famosos HT o hashtags). Por primera vez, hemos
conseguido situar etiquetas como Trending Topic en
España, en concierto con otras asociaciones (#HomeopatíaNOgracias y #StopPseudociencias), así como el
Hagstag de la Jornada Terapias Peligrosas.
Campañas
Buena parte de este trabajo se desarrolla a través de
las redes sociales, aunque también se presta una gran
importancia a las cartas de protesta. A modo de ejemplo, dos casos: las cartas al Defensor del Espectador de
RTVE por el programa radiofónico Futuro Abierto, o a

Anuario 2017

7 el escéptico

las autoridades de Lleida por su apoyo a una feria en la
que se programaron conferencias pseudoterapéuticas.
En abril de 2016 apoyamos la campaña Scholars at
Risk (red de apoyo a investigadores y profesores universitarios de todo el mundo) en favor del científico
iraní Omid Kokabee, condenado a diez años de cárcel
por haber contactado con «potencias enemigas», y a
quien se ha diagnosticado un cáncer de riñón. Afortunadamente, el profesor Kokabee fue liberado en agosto de 2016, tras haber sufrido la extracción del riñón.
Hemos trabajado, en colaboración con otras organizaciones, para evitar que las instituciones públicas
cedieran espacios a promotores del curanderismo y la
pseudociencia. Esto también se refiere a universidades
como la de Córdoba, la de Málaga, la de Alcalá de Henares o la Complutense de Madrid. En febrero de 2017
trabajamos en una acción escéptica europea que logró
evitar que se emplease un auditorio del Parlamento
Europeo para proyectar el documental antivacunas
Vaxxed y organizar un coloquio con el exmédico Andrew Wakefield, expulsado de la profesión por fraude
y abusos contra sus pacientes.
Otras actuaciones
Iniciativa El Jardín de la Galaxia (Planetario de
Pamplona)
ARP-SAPC ha apadrinado un arbusto del Jardín
de la Galaxia, un proyecto de divulgación científica
y ambiental impulsado por el Planetario de Pamplo-

na y el Ayuntamiento de Pamplona. Se trata de hacer
una réplica vegetal de la Vía Láctea a escala, en la que
cada arbusto representa una región concreta de nuestra
galaxia.
Desgranando Ciencia 3
Entre los días 15 y 17 de abril de 2016 se celebró en
el Parque de las Ciencias de Granada la tercera edición de Desgranando Ciencia. Como en las anteriores
ocasiones, ARP-SAPC colabora con la organización
dedicando una sesión al pensamiento crítico, así como
aportando ponentes como Manuel Toharia, J.M. Mulet, Álvaro Bayón o Antonia de Oñate.
Jornada Terapias Peligrosas
Evento de divulgación científica organizado por Fisioterapia Sin Red y ARP-SAPC, realizado en el Hospital Universitario de La Paz (Madrid) el 18 de febrero
de 2017.
La jornada se dividió en cuatro bloques temáticos:
Medicina, Fisioterapia, Nutrición/Oncología y Psicología/Psiquiatría, consistentes en unas cuatro o cinco
ponencias de unos 10 minutos de duración, seguidas
de una mesa redonda en la que se transmitían también a los ponentes preguntas realizadas por el público asistente. Tuvo una fuerte repercusión en medios
y en redes sociales. Las grabaciones de las ponencias
garantizan una transmisión continuada de los mensajes en YouTube, y los resúmenes aparecen en este
número.

Plantación del jardín de la galaxia en Pamplona. (foto: www.pamplonetario.org)

el escéptico 8

Anuario 2017

Asistentes a la Asamblea General de Socios de Málaga, abril de 2017

II Beca ARP-SAPC
Se trata de una pequeña ayuda económica que ofrecemos para que nuestros socios realicen estudios relacionados con nuestros fines. El ganador de la II Beca
fue Javier Cavanilles, con su trabajo ...Pero tendría
que matarte (una biografía de la conspiranoia), tutorizado por Eparquio Delgado, y cuya memoria final
aparece en este mismo número.
Se ha decidido además que, en adelante, esta beca
lleve el nombre de Sergio López Borgoñoz, en reconocimiento por haber sido su principal impulsor.
II Premio de Narrativa Félix Ares de Blas
En otoño de 2016 se convocó la segunda edición del
Premio de relatos cortos, cuyo plazo de presentación
terminó el 31 de diciembre. El concurso fue divulgado en la página web, en las redes sociales, en la revista
El Escéptico y, de manera más específica, en portales
de aficionados a la escritura creativa. Ello ha supuesto
un considerable incremento de participantes: han sido
un total de 42, procedentes de todo el mundo hispanohablante. El jurado estuvo compuesto por Félix Ares
de Blas, Sacha Marquina y Eugenio Fernández, y la
apertura de plicas se llevó a cabo en la Asamblea general de socios de Málaga. Los relatos premiados se
reproducen en este mismo número, mientras que otros
que puedan resultar de interés serán publicados más
adelante en El Escéptico o en El Escéptico Digital.
Anuario 2017

La considerable aceptación que ha tenido el concurso hace pensar que merece la pena seguir con él
para ediciones sucesivas, si bien se puede reevaluar la
dotación económica destinada al mismo, así como el
tipo de premio otorgado, si será en metálico o en especie, en forma de libros de temática escéptica, como
ha venido siendo hasta ahora.
Cooperación con otras organizaciones
Ha resurgido ECSO, el Consejo Europeo de Organizaciones Escépticas, cuya página mantenemos de
forma colaborativa entre diferentes organizaciones
europeas, y se mantiene actualizada con nuestras noticias y convocatorias.
Existe además una plataforma española, más o menos informal, para coordinar esfuerzos en acciones
frente a pseudoterapias, en la que trabajamos con Círculo Escéptico, Hablando de Ciencia, APETP, RedUNE y GEPAC.
Eventos
Desde la última Asamblea hemos venido participando como organizadores, patrocinadores o colaboradores de diversas actividades divulgativas de contenido
escéptico, como son: Escépticos en el Pub de Barcelona, Madrid, Murcia, Santiago de Compostela; Ciencia en los Bares, de Almería; Desgranando Ciencia,
de Granada; y las I Jornadas sobre Ciencia y Pseudociencia, de Alicante.
9 el escéptico

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6

Sumario

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SUMARIO
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número 47  
     
Sección Título Autor–Coordinador
SUMARIO Sumario Redacción
EDITORIAL Editorial Redacción
ANUARIO 2017 RESUMEN DE ACTIVIDADES DE LA ASOCIACIÓN: 2016-2017 JUNTA DIRECTIVA DE ARP-SOCIEDAD PARA EL AVANCE DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
  ENTREVISTA CON FÉLIX ARES DE BLAS: 30 AÑOS DE ARP-SAPC LEON INMA, RODRÍGUEZ JUAN A.
  II EDICIÓN DEL CONCURSO DE RELATOS DE PENSAMIENTO CRÍTICO FÉLIX ARES DE BLAS  
  ...PERO TENDRÍA QUE MATARTE: UNA BIOGRAFÍA DE LA CONSPIRACIÓN CAVANILLES JAVIER
  TERAPIAS PELIGROSAS, PARASITANDO LA SALUD  
  ¿MIENTE LA CIENCIA? MARQUINA SAN MIGUEL MARISA
  ALAN SOKAL: LA DEFENSA DE UNA COSMOVISIÓN CIENTÍFICA FUNDAMENTADA EN LA EVIDENCIA FRENTE A LOS ENEMIGOS DE LA RACIONALIDAD CORROZA MANUEL
  LOS SELLOS DE UMMO, HISTORIA DE UNA BROMA GONZÁLEZ MANSO LUIS R.
  EL ENIGMA DE LA PIRÁMIDE GONZÁLEZ NANCLARES EMILIO JORGE
HUMOR A TONTOS Y LOCOS REVILLA DAVID
  MARTÍN FAVELIS FAVELIS MARTIN
  LA PULGA SNOB DIPLOTTI ANDRÉS
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TERAPIAS PELIGROSAS, PARASITANDO LA SALUD

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ANUARIO 2017
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Terapias
Peligrosas
Parasitando la Salud

E

ste es el nombre de un evento de divulgación
científica que se centró en los conceptos y
prácticas pseudocientíficas que se hacen pasar
por terapéuticas haciéndose llamar medicina alternativa. Se realizó en el Aula Ortiz Vázquez del Hospital
Universitario de La Paz, en Madrid, el 18 de febrero
de 2017, y contó con un elenco de científicos y profesionales sanitarios. Estuvo organizado por las asociaciones Fisioterapia Sin Red y ARP-Sociedad para
el Avance del Pensamiento Crítico. El acto apareció
publicitado en diversos medios de comunicación, y
consiguió ser trending topic el propio día de su celebración.
La jornada se dividió en cuatro bloques temáticos: Medicina, Fisioterapia, Nutrición/Oncología y
Psicología/Psiquiatría, consistentes en unas cuatro
o cinco ponencias de unos 10 minutos de duración,
seguidas de una mesa redonda en la que se transmi-

tían también a los ponentes preguntas realizadas por
el público asistente. Presentamos a continuación los
resúmenes de la mayor parte de las charlas, ofrecidos
por los propios ponentes, junto con el correspondiente enlace a YouTube en el que se puede acceder a la
grabación en vídeo de cada bloque.
1. BLOQUE DE MEDICINA
https://youtu.be/bBosCXSsN80
Moderadora: Inma León Cobos
Creo, creo, creo en las vacunas
Rafael Tímermans del Olmo, médico del trabajo y médico de familia. H.U. Fundación Alcorcón.
Es terrible escuchar cómo la gente «no cree en las
vacunas», pero tanto como cuando «creen en las vacunas». No se trata de un problema de fe. En los medicamentos no se cree. No hay que creer en el paracetamol o en la amoxicilina. Sabemos que funcionan

Es terrible escuchar cómo la gente «no cree en las
vacunas», pero tanto como cuando «creen en las vacunas».
No se trata de un problema de fe.

el escéptico 34

Anuario 2017

De izquierda a derecha, Tania Estapé, Virginia Gómez, Emilio Molina y, en su intervención, Julio Basulto (foto: Inma León)

porque la ciencia, los estudios y ensayos en laboratorio, en animales, y en personas, además del seguimiento de todo medicamento aprobado, así lo dicen.
Cada medicamento tiene sus indicaciones, que
vienen en su ficha cuando se aprueban por la autoridad correspondiente. Además, en este tipo especial
de medicamentos, las autoridades sanitarias mundiales lo recomiendan, lo indican. La OMS, los CDC,
los ECDC, el NHS… todo el que es alguien y sabe
lo dice.
Pero no; hay quien cree que puede dudar. Incluso
que encuentra un estudio en el Dr. Google que habla
de los efectos secundarios. Porque ellos, en la soledad de su móvil o de su ordenador, llegan a donde
todas las autoridades, los comités, las asociaciones,
no son capaces de llegar. Creo que es más peligroso
un médico con Google que un paciente con él, porque
encima cree que sabe de todo solo por ser médico. El
ego médico, apenas importante…
El problema principal no es que haya quien dude,
incluso que existan antivacunas, sino que haya médicos, sanitarios antivacunas. Que no vacunan a los
grupos en los que está indicado, o que seleccionan
cuál usar y cuál no, sin seguir las indicaciones científicas.
Peor aún: que aunque las sociedades científicas
siempre han tenido clara la necesidad de la vacunación (incluyendo la de los trabajadores sanitarios para
Anuario 2017

no contagiar a sus pacientes ya sensibles enfermedades), las instituciones colegiales y profesionales,
en general, no solo no han animado a la vacunación,
sino que han justificado la no vacunación.
Las vacunas, junto con la potabilización del agua
y las medidas de higiene pública, son las que han prolongado y mejorado la vida y la prosperidad de la
población, amenazada por enfermedades que tendían
a la desaparición, y por actitudes irresponsables de
algunos.
Farmaciencia
Jesús Fernández, farmacéutico y miembro fundador de Farmaciencia.
Farmaciencia (farmaciencia.org) la constituimos
un grupo de farmacéuticos que espontáneamente, y
sin pertenecer a ninguna organización que nos agrupara, decidimos el 25 de septiembre de 2016, coincidiendo con el Día Mundial del Farmacéutico, publicar una carta abierta dirigida a nuestros representantes para pedirles que la homeopatía saliera del mundo
de la farmacia.
Como falsa terapia que es, sin avales científicos y
aprovechándose de la laxitud de la ley que la intenta
regular, se introduce en nuestro ejercicio a muchos
niveles: farmacias que la dispensan y recomiendan,
universidades que se atreven a enseñarla (pocas afortunadamente); sociedades que se llaman «científi35 el escéptico

cas», como la SEFAC, que la incluyen en sus guías
terapéuticas; y nuestro más importante órgano representativo, el Consejo General de Colegios Oficiales
de Farmacéuticos, que la acoge sin pudor y le da una
oficialidad que no debe tener.
Por primera vez, un grupo de profesionales representativo, y con el único interés de mejorar nuestro
ejercicio profesional, se pronuncia al respecto de esta
terapia que nunca lo ha sido y pide expresamente a
sus representantes que actúen para que no forme parte de nuestro ámbito de trabajo.
Es el inicio de más actividades, en las que se incluirán a otros colectivos como estudiantes, médicos,
fisioterapeutas, matronas, químicos, físicos… y todo
aquel que tenga criterio para confirmar que la homeopatía no es más que un engaño que lleva doscientos
años con sus artes, pero que tiene los días contados.
La relación en la consulta médica con el paciente
que utiliza terapias alternativas
Vicente Baos Vicente, médico de familia. Promotor de la iniciativa #NoSinEvidencia. http://vicentebaos.blogspot.com.es/
En la mayoría de las consultas médicas de nuestro
país no se habla del uso de terapias no convencionales (TNC). Los pacientes que las utilizan tienden a
ocultar a sus médicos dicho uso, desde las infusiones
más inocuas y las terapias basadas en el efecto placebo hasta aquellas que contengan un claro riesgo.
Salvo un pequeño porcentaje de personas que usan
exclusivamente la medicina alternativa como abordaje de enfermedades graves, la mayoría de los usuarios
de TNC comparten el uso de la medicina con las otras
técnicas.
Es importante que los médicos entendamos que
crear un ambiente adecuado para que el paciente tenga la posibilidad de hablar sobre sus dudas, incluida
la del uso de TNC, es hacer una buena práctica clínica. Cuando se plantean preguntas directas de los
pacientes sobre la posible utilidad de las TNC para
su caso particular, en una relación entre médico y paciente de confianza y abierta —como pretendo hacer
en mi consulta—, se podrá matizar y explicar lo que
pueden o no pueden ayudar a dicho paciente las TNC.
Debemos conocer las motivaciones, expectativas y
razones que hacen que un paciente desee usar TNC.
Rechazar de plano, con expresiones del tipo «eso no
vale para nada», «usted, o me hace caso o aquí no
vuelva», etc., crean una barrera de comunicación que
impedirá razonar la visión del médico crítico con las
TNC.
El uso de TNC no está relacionado ni con el nivel
de formación académica ni con el acceso a la información de calidad; más bien al contrario: las creencias
culturales, la influencia del ambiente o las experiencias previas determinan más que otros condicionanel escéptico 36

tes la creencia en la utilidad de las TNC. Escuchar las
razones que potencian el efecto beneficioso percibido
por el paciente sería la mejor manera de aproximarse.
Explicando lo que la ciencia conoce de esas terapias,
explicando cómo nuestro cerebro interpreta hechos
que parecen causales y no lo son; es decir, mediante un abordaje científico de lo que son o no son las
TNC, podemos explicar porqué las pseudociencias
son simulaciones de tratamientos y no constituyen un
abordaje científico de la enfermedad. Si en la conversación se detecta algún grave riesgo para el paciente
por el uso de TNC, claramente, la actitud debe ser
firme y clara al explicar sus riesgos.
También es posible que en la consulta se presente
una situación extrema: un familiar pide tu ayuda porque el enfermo rechaza el tratamiento médico ofrecido al creer en un abordaje diferente de la enfermedad, y donde se detecta un riesgo muy grave para su
pronóstico. Realmente, estamos ante un dilema ético
importante. Si un paciente con patología psiquiátrica
grave manifiesta pensamientos de realizar actividades que sean peligrosas para sí mismo o para otros,
los sanitarios tenemos la capacidad legal de forzar
su ingreso hospitalario. Sin embargo, en una situación donde el paciente, por voluntad propia, decide
no efectuar un tratamiento con altas posibilidades de
eficacia, no tenemos capacidad para cambiar esa decisión, aunque la familia se manifieste en desacuerdo
y genere un gran sufrimiento. La legislación sobre
la autonomía del paciente es muy clara, y la única
actitud ética posible es la de informarle de las consecuencias de sus actos y ofrecer una ayuda permanente, esté como esté su situación clínica. El rechazo o el
desprecio son, además de inútiles, dañinos. Y puede
ser que dicho paciente se arrepienta de su situación
en la evolución de la enfermedad. Siempre ayudar de
la forma que se pueda.
La lucha contra las pseudociencias, y sobre todo
las que generan creencias peligrosas, está en el ámbito social. A cualquier persona vulnerable, siempre
ayudarla.
Enfermería holística, o: ¿por qué lo llaman holismo cuando quieren decir modelo biopsicosocial?
Azucena Santillán, enfermera del H. U. de Burgos y directora del Máster Enfermería Basada en
Evidencias e Investigación. www.ebevidencia.com
Si buscamos en la RAE el adjetivo holístico, nos
lo describe como «perteneciente o relativo al holismo»; y holismo como «doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la
suma de las partes que lo componen».
La concepción holística de los cuidados de enfermería nació hace décadas, y ha habido grandes referentes en la historia de los cuidados, como Madeleine
Leininger y su teoría de la enfermería transcultural,
Anuario 2017

que evidencian la preocupación de las enfermeras
por el enfoque global del ser humano. Otro modelo
de enfermería que muestra el interés por el enfoque
global del cuidado es el que propone Virginia Henderson a través de su teoría de las necesidades, en
la cual describe catorce necesidades del ser humano,
que van desde las más básicas (oxigenación, nutrición, eliminación, sueño…) hasta otras igual de importantes como son «vivir según sus valores y creencias» o «aprender, descubrir y satisfacer curiosidad».
Marjory Gordon ofrece también otro marco de actuación a través de sus once patrones funcionales, que
sirven de guía para hacer valoraciones que abarcan
los aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Es
decir, cualquier enfermera actualmente trabaja según
el modelo bio-psico-social. Por tanto, no es ninguna
novedad asegurar que los cuidados de enfermería son
holísticos, porque lo son desde el momento en el que
aceptamos trabajar bajo los actuales modelos1.
El modelo biomédico tradicional, hegemónico hasta mitad del siglo XX, se caracterizó por el dualismo
cuerpo-mente, la focalización causa-efecto y la relación clínica basada en la autoridad del profesional. La
OMS ya rechazó este enfoque y apostó por el modelo
holístico, el biopsicosocial, ya que ofrece mejores resultados en salud y es el que actualmente enmarca la
asistencia sanitaria en España. Esto no quita para que
sea necesaria una revisión de la implementación del
modelo biopsicosocial en la práctica, especialmente
cuando se identifican circunstancias que dificultan la
valoración holística individual y grupal, como es en
el caso de la elevada presión asistencial o la excesiva
tecnificación de los procesos2.
Pero sucede que el concepto enfermería holística
está sufriendo una suerte de perversión. Desde hace
unos años se asocia lo holístico con lo natural, alternativo o complementario. En la literatura científica3
se puede leer incluso que el interés por las terapias
complementarias surge en contraposición del mencionado modelo biomédico tradicional, cuando es el
modelo biopsicosocial el que ha adoptado este rol.
O que dichas «alternativas» se caracterizan porque

tienen como uno de sus objetivos la atención integral
y la promoción de la salud, cuando estos objetivos los
tiene también la medicina tradicional.
El caso es que, poniendo el foco en las dificultades
que hay para llevar a la práctica el modelo biopsicosocial, se está tratando de justificar prácticas carentes
de evidencia científica. Por ejemplo, con el auge de
la «humanización» de la sanidad parece que se están
prodigando en los centros sanitarios pseudoterapias
como el reiki.
Desgraciadamente, son los propios Colegios Profesionales, sindicatos de índole sanitaria, etc., los que
ayudan a cimentar este nuevo concepto de la palabra
holístico a través de jornadas científicas y formativas
al respecto. Craso error, ya que para justificar estas
actividades insisten en que las terapias complementarias mejoran la salud de las personas a través de un
abordaje holístico4.
Las palabras construyen la realidad, y parece que
lo que se pretende es convencer a la población de que
estas pseudoterapias sin rigor científico, y muchas
veces sin siquiera plausibilidad biológica, son la solución a un sistema de salud saturado que supuestamente carece de un enfoque integral.
Recordemos pues tres cosas:
1. El sistema sanitario actual apuesta por el enfoque integral.
2. Los profesionales sanitarios apostamos por el
modelo biopsicosocial, es decir, por el modelo holístico.
3. Y además los profesionales sanitarios debemos
apostar por las prácticas basadas en evidencias.
Así pues, llamemos a las cosas por su nombre y
no permitamos que las pseudociencias se infiltren a
través de las grietas que dejan las carencias de nuestro sistema; porque esas grietas se pueden solucionar
mejorando la gestión sanitaria, y no con pensamiento
mágico.
Referencias:
1. Hernández Cortina Abdul, Guardado de la Paz Caridad. La Enfermería como disciplina profesional holística. Rev Cubana Enfermer [Internet]. 2004 Ago [cita-

Con el auge de la «humanización» de la sanidad parece
que se están prodigando en los centros sanitarios
pseudoterapias como el reiki.

Anuario 2017

37 el escéptico

do 2017 Mar 12] ; 20( 2 ): 1-1. Disponible en: http://
scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S086403192004000200007&lng=es.
2. F. Muñoz Cobos. Cambio de modelo de atención sanitaria. Med Fam Andal, 17 (2016), pp. 49-64
3. Ceolin T., Heck R.M., Pereira D.B., Martins A.R.,
Coimbra V.C.C., Silveira D.S.S.. Inserción de terapias
complementarias en el sistema único de salud atendiendo al cuidado integral en la asistencia. Enferm. glob. [Internet]. 2009 Jun [citado 2017 Mar 12] ; ( 16 ). Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_
arttext&pid=S1695-61412009000200017&lng=es.
4. La Voz de Talavera. El Sindicato de Enfermería de
Talavera ultima su VI Jornada Nacional [Internet]. 2014
Dic [citado 2017 Mar 12] Disponible en: http://www.lavozdetalavera.com/noticia/38792/talavera/el-sindicato-deenf...

2. BLOQUE DE FISIOTERAPIA.
https://youtu.be/EYunbJlNYmA
Moderadora: Aurora Araujo
De cráneo
Rubén Tovar, fisioterapeuta. Profesor de la Universidad Internacional de La Rioja.
La osteopatía craneal (OC) se basa en la asunción
de que los huesos del cráneo se mueven de una manera rítmica, junto al cerebro, médula, meninges y
hueso sacro debido a las fluctuaciones del líquido cefalorraquídeo (LCR). Fue postulada por el osteópata
William Sutherland a finales del siglo XIX, aunque
algunos autores sostienen que Sutherland se basó en
los principios de Swedenborg, un teólogo previo al
propio fundador de la osteopatía, Andrew Taylor Still.
La OC es un auténtico despropósito palpatorio.
Pretender sentir el LCR es como pretender sentir las
pepitas de una sandía sin abrirla. No es más que una
ilusión, una alucinación estereoagnósica. La palpación del movimiento del LCR bajo el concepto de
movimiento respiratorio primario (MRP) no tiene
fiabilidad ni inter ni intraexaminador. De hecho, la
fiabilidad es aproximadamente cero. Y no solo eso,
sino que tanto la fiabilidad diagnóstica como la efectividad terapéutica son inexistentes.

El movimiento que los osteópatas aseguran percibir de los huesos del cráneo ha sido cifrado, en los
estudios más optimistas, en micras; y en cualquier
caso, los estudios sugieren flexibilidad en las suturas
craneales, más que movimiento. Percibir un movimiento con esas dimensiones mediante el tacto parece ciencia ficción. Dicha percepción táctil podría ser
un automatismo producido por ellos mismos: el fenómeno psicológico conocido como efecto ideomotor,
presente en la ouija, en el péndulo o en la vara de los
zahoríes.
La evidencia científica en contra, junto a la falta
absoluta de plausibilidad biológica y de fundamentación teórica y la insistencia en mantener su práctica,
hacen encajar la OC en el campo de las pseudociencias. Algunos sectores de la osteopatía han pedido
que la parte craneal sea eliminada de su cuerpo de
conocimiento, pero sigue gozando del beneplácito
del grueso de la profesión.
Terapia inalámbrica
Raúl Ferrer, Fisioterapeuta, Profesor Titular
CSEU La Salle, Univ. Autónoma de Madrid. Presidente de Fisioterapia Sin Red.
Dentro de las terapias alternativas o complementarias, como les gusta identificarse, se engloban toda
una serie de falsos principios activos, mecanismos
de actuación de dudosa plausibilidad biológica y
un sinfín de explicaciones mágicas a fenómenos no
tan esotéricos o espectaculares como hacen creer las
personas que defienden sus beneficios para la salud.
Una de las más conocidas por el público general es
el reiki. Esta supuesta terapia basa su actuación en el
principio de transmisión de lo que los «maestros» y
«terapeutas reiki» denominan energía vital universal,
a través de la imposición de manos, con el fin de facilitar la «autosanación» del receptor.
Su creador, Mikao Usui, a principios del siglo XX,
tras lo que él mismo definió como una experiencia
mística, comenzó a utilizar este ritual de sanación en
el que la energía (supuestamente) entra en el cuerpo
a través del chacra de la corona, situado en el ápex
craneal (punto más alto de la cabeza) y se distribuye

La relajación es el principal motivo de alivio relacionado
con el reiki, y en ningún caso se requiere de un contexto
mágico o energético para su realización.

el escéptico 38

Anuario 2017

(foto: pxhere.com/en/photo/626294, CC0 Public Domain)

por todo el cuerpo del «terapeuta», siendo este capaz de transmitirlo en un primer nivel de aprendizaje
mediante la imposición de manos, tras un ritual de
iniciación en el que «abren» el canal que le capacita para transmitir la energía universal. Más adelante,
con la incorporación de distintos símbolos al ritual y
avanzando en lo que los practicantes denominan «niveles», se adquiere la supuesta habilidad de «enviar»
esa energía universal a distancia, sin la necesidad de
estar presente el receptor de la técnica físicamente
frente al terapeuta durante la sesión, es decir, una
«Terapia Inalámbrica». Esta técnica no solo puede
dirigirse a personas, sino también a animales u objetos con el fin de «mejorar» su funcionamiento, según
dicen.
En el año 1998 se publicó un estudio en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana,
JAMA, en la que una niña de 9 años, en un experimento en el colegio, había conseguido demostrar que
la supuesta habilidad de los terapeutas reiki para enviar esa energía mediante la imposición de sus manos
era inexistente, y que por tanto la capacidad de estos
para identificar cuándo alguien le está transmitiendo
esa energía no era superior al propio azar (Rosa et al.,
1998). Sin embargo, a pesar de que su principio de
actuación místico fue desmontado tan sencillamente,
esta pseudociencia gana adeptos a nivel internacional, principalmente por la sencillez de acceso a su
Anuario 2017

uso y por la ausencia de efectos secundarios en su
aplicación.
Sin embargo, otro motivo importante por el que
esta pseudoterapia sigue ganando adeptos es porque
tanto los terapeutas como los pacientes dicen «notar»
los efectos, y no van del todo desencaminados. De
algunas partes del ritual que se realiza en esta técnica
sí se pueden deducir algunos efectos potencialmente beneficiosos para la salud, pero por explicaciones
biológicas que nada tienen que ver con la transmisión
de la hipotética energía universal, tal y como se extrae de una revisión sistemática publicada por VanderVaart et al. (2009). En esta revisión, los autores
concluyen que los estudios que hay sobre los efectos
terapéuticos del reiki son escasos y de calidad baja,
pero a pesar de esa gran limitación, 9 de los 12 trabajos analizados referían «efectos terapéuticos».
Algunos de estos efectos ya habían sido analizados
en un estudio de 2001, en el que se observó que todos
los efectos que se producen en el paciente receptor de
la terapia son similares a los producidos por la relajación, y se centran principalmente en la modulación
de variables relacionadas con el sistema nervioso autónomo (SNA) (Wind et al., 2001), que es el principal
encargado de mantener el equilibrio de muchas de las
funciones básicas corporales (homeostasis).
Otra vía de actuación plausible es la activación de
áreas corticales relacionadas con el efecto placebo,
39 el escéptico

que se ha relacionado de manera detallada en la literatura con mecanismos de recompensa y con mecanismos inhibitorios descendentes que modulan la
percepción dolorosa (Lidstone et al., 2005). Estudios
de Benedetti (2012) relacionan la capacidad del propio ritual terapéutico con la activación de la respuesta
placebo, y estas respuestas placebo son capaces de
modular la actividad del SNA (Meissner, 2011). Todas estas vías de activación y relación entre el efecto
placebo, el SNA y la percepción de efecto terapéutico se han descrito de igual manera por la acción de
la meditación y la concentración (Tang et al., 2009),
de manera individual, sin la necesidad de la acción
de ningún intercambio de «energía universal» a través de un pseudoterapeuta que imponga sus manos
para desencadenar las respuestas descritas. Por tanto,
los posibles efectos asociados a la relajación, la concentración y meditación sobre sistemas endógenos
que generan analgesia, y las respuestas de sistemas
de recompensa relacionadas con vías dopaminérgicas y serotoninérgicas, vinculadas a la sensación de
bienestar; no se pueden atribuir a la interacción del
terapeuta más allá del ritual con tintes orientales y
místicos, y por tanto a las propias expectativas del
receptor sobre la técnica en cuestión.
En casos como este en los que el paciente percibe un beneficio relacionado con la respuesta placebo, los riesgos principales del uso e implementación
en entornos sanitarios de este tipo de pseudoterapias
pueden desencadenar la respuesta sustitutiva de otros
procedimientos que sí han demostrado tener un efecto terapéutico sobre condiciones concretas. Al ser
una técnica de fácil acceso para cualquiera que quiera aplicarlo, permite que personas sin ninguna formación sanitaria se crean con la facultad de actuar
sobre procesos de enfermedad, con el evidente riesgo
que conlleva; y la ausencia de efectos secundarios (y
primarios) derivados de su uso puede incidir en un
sesgo de confirmación por parte del pseudoterapeuta, que le lleve a creer que en los casos de mejoría

relacionados con la regresión a la media, o con el
curso normal de la enfermedad, su acción sobre el
paciente ha sido clave para el resultado obtenido, y
que esto le capacite de algún modo para buscar otras
estrategias pseudocientíficas, que tienen riesgos más
directos sobre la salud de las personas, al aplicarse en
contextos de enfermedades más severas, por ejemplo,
en las que una acción sanitaria es imprescindible para
la correcta evolución del problema.
En resumen, la relajación es el principal motivo de
alivio relacionado con el reiki, y sí que ha demostrado tener ciertos efectos beneficiosos sobre la salud en
distintas condiciones patológicas, aunque no se mantienen en el tiempo (Dunford and Thompson, 2010);
pero en ningún caso se requiere de ningún contexto
mágico o energético para su realización, ni por supuesto habilita a nadie para realizar intervenciones
con objetivo terapéutico sin una titulación sanitaria
adecuada, pues pueden generar situaciones de riesgo
para la salud de los pacientes que se someten a ellas.
Referencias:
Benedetti, F., 2012. Placebo-Induced Improvements: How
Therapeutic Rituals Affect the Patient’s Brain. J. Acupunct.
Meridian Stud. 5, 97–103. doi:10.1016/j.jams.2012.03.001
Dunford, E., Thompson, M., 2010. Relaxation and
Mindfulness in Pain: A Review. Br. J. Pain 4, 18–22.
doi:10.1177/204946371000400105
Lidstone, S.C., de la Fuente-Fernandez, R., Stoessl, A.J.,
2005. The placebo response as a reward mechanism. Semin. Pain Med. 3, 37–42. doi:10.1016/j.spmd.2005.02.004
Meissner, K., 2011. The placebo effect and the autonomic nervous system: evidence for an intimate relationship.
Philos. Trans. R. Soc. Lond. B. Biol. Sci. 366, 1808–17.
doi:10.1098/rstb.2010.0403
Rosa, L., Rosa, E., Sarner, L., Barrett, S., 1998. A Close
Look at Therapeutic Touch. JAMA 279, 1005–1010.
Tang, Y.-Y., Ma, Y., Fan, Y., Feng, H., Wang, J., Feng,
S., Lu, Q., Hu, B., Lin, Y., Li, J., Zhang, Y., Wang, Y., Zhou,
L., Fan, M., 2009. Central and autonomic nervous system
interaction is altered by short-term meditation. Proc. Natl.
Acad. Sci. 106, 8865–8870. doi:10.1073/pnas.0904031106

Que un paciente acuda a una consulta con un dolor
de hombro y se vaya con la idea de que aparte de un
problema en el hombro tiene un «problema funcional» en
su hígado es engañarlo.

el escéptico 40

Anuario 2017

vanderVaart, S., Gijsen, V.M.G.J., de Wildt, S.N., Koren,
G., 2009. A Systematic Review of the Therapeutic Effects
of Reiki. J. Altern. Complement. Med. 15, 1157–1169.
doi:10.1089/acm.2009.0036
Wind, D., Phd, W., Associate, R., Engebretson, J., Rnc,
D., Wardell, D.W., Engebretson, J., 2001. Biological correlates of Reiki Touch(sm) healing. J Adv Nur 33, 439–45.

Belivers (osteopatía visceral)
Eduardo Fondevila, Fisioterapeuta, MSc. Prof
Asociado EUF Gimbernat-Cantabria (Univ. Cantabria).
La víscera, ¿es fuente de dolor y nocicepción?
Sin duda, y es sabido científicamente desde finales
del siglo XIX con los trabajos de Head. Como cualquier residente de urgencias comprueba día a día, son
numerosos los cuadros clínicos de dolor somático referidos a una fuente visceral, y suelen estar asociados
a patología severa: litiasis renal, infarto miocárdico,
patología hepática severa, etc.
Existen no obstante, algunas corrientes de terapia
manual que consideran un tipo de «lesión visceral»,
encuadrada en el concepto de «fallo posicional» como
fuente de dolor visceral referido somático, algunos
tan peregrinos como el túnel del carpo o implicaciones espúreas de este «fallo posicional» en cuadros
como el síndrome de estrés postraumático.
No son ni mucho menos todos los fisioterapeutas y
osteópatas que trabajan terapia manual en la zona del
vientre los que operan bajo estos predicados, pero sin
duda constituyen un subgrupo no menor, y este paradigma goza de indudable arraigo en algunos planes de
estudios universitarios de grado y de postgrado.
No existe evidencia de que el concepto de fallo
posicional visceral exista y, en cualquier caso, estas
pequeñas alteraciones mecánicas en ligamentos o fascias viscerales no son fuente de nocicepción: la nocicepción visceral ocurre en fenómenos de isquemia,
inflamación o gran distensión mecánica en el caso de
las vísceras huecas, por lo que estos predicados de
nocicepción víscero-somática por alteraciones posicionales carecen, además, de plausibilidad biológica.
Que un paciente acuda a una consulta con un dolor
de hombro y se vaya con la idea de que aparte de un
problema en el hombro tiene un «problema funcional»
en su hígado es engañar al paciente. Que una paciente
acuda a consulta por un problema de infertilidad y se
le diga que es por la malposición de su útero, es engañar a la paciente: siga usted probando en los próximos
meses mientras le vamos tratando a ese nivel. En unos
meses, quizá por regresión a la media, la paciente se
haya podido quedar embarazada… para mayor gloria
y ganancia en la cuenta corriente del avispado terapeuta visceral que se pone la medalla y se erige en
artífice del «milagro» de la concepción.
Hacemos nuestra la máxima de que afirmaciones
Anuario 2017

extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Si
la terapia manual visceral puede ser un tratamiento
coadyuvante para cuadros clínicos concomitantes,
como por ejemplo algunos cuadros de dolor lumbar,
etc., puede ser debido a factores de tipo mixto
mecánico neurofisiológico y merecen ser estudiados,
como nos consta que hacen algunos grupos de trabajo,
de una manera seria y científica para brindar la mayor
excelencia en la atención clínica de nuestros pacientes.
3. BLOQUE DE NUTRICIÓN/ONCOLOGÍA
https://youtu.be/goPBZ50hNPk
Moderador: Emilio Molina
Terapeutas ortomoleculares, dieta alcalina y
otros milagros de la nutrición.
Por Virginia Gómez, dietista-nutricionista (Dietista Enfurecida, en las redes sociales).
Los temas de nutrición y alimentación son actualmente un fértil campo de cultivo para las pseudociencias; por ello decidí centrar el tema, más incluso
que en nutrición ortomolecular, en la llamada «dieta
alcalina».
Me pareció especialmente grave cuando por primera vez vi que se recomendó a un paciente con cáncer
de colon desde un famoso hospital público valenciano. No lo podía creer, y lo peor es que desde muchos
sitios se sigue recomendando; por desconocimiento,
quiero pensar.
La dieta alcalina propugna, ni más ni menos, la
posibilidad de alterar a nuestro antojo los pH corporales a través de la alimentación, y se vale de una explicación que parece científica (es claramente psuedocientífica, porque sencillamente no funciona así),
pero que para quien no tenga una formación básica
en ciencias puede resultar creíble; de ahí mi sorpresa
cuando veo a profesionales sanitarios recomendándola y quedarse tan anchos.
Y la explicación, a grandes rasgos y con falacia de
autoridad, falsa, pero incluida, es:
El cáncer se desarrolla en un medio ácido, así que
si a través de nuestra alimentación creamos un entorno
alcalino, el cáncer no se desarrollará o tardará más
en hacerlo. Esto nos lo dijo Otto Warburg, que ganó
el Premio Nobel gracias a este gran descubrimiento.

No, mira; ni Otto Warburg ganó el Premio Nobel
por eso, ni dijo eso, ni eso funciona así.
1. Otto Warburg ganó el Premio Nobel en 1931 por
su «descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de la enzima respiratoria»; aunque es cierto que
continuó investigando sobre el metabolismo celular
y tumoral.
2. Respecto a lo de que el cáncer tiende a acidificar su entorno, es cierto; pero no es la acidificación
del entorno lo que «crea» un cáncer; no es causa, es
consecuencia.
41 el escéptico

3. Afortunadamente para quienes creen en esto, no
podemos variar nuestro pH a antojo. Una mínima variación en el pH sanguíneo nos llevaría a la muerte y,
por supuesto, antes de ello se ponen en marcha nuestros sistemas de tamponamiento en caso de acidosis o
alcalosis, para que el pH se quede justo donde debe.
Además, variaciones en el pH intestinal o vaginal podrían causar una seria disbiosis; no es una buena idea.
A todo esto, siempre puede surgir alguien alegando amimefuncionismo: «¡Pues yo me encuentro mucho mejor desde que hago la dieta alcalina!». Por supuesto. La dieta alcalina se basa en el consumo abundante de frutas, verduras, proteína vegetal y grasas
saludables. Claro que es una opción sana; de hecho,
casi cualquier dieta medianamente decente mejoraría
la alimentación de la población. Claro que la salud
puede mejorar, sea con dieta alcalina, con dieta vegetariana, con dieta paleo, con dieta mediterránea…
mejorar lo presente es muy fácil. Que funcione para
el cáncer, o que funcione para la salud por el mecanismo que se alega, lo siento, pero no.
Mis (descabelladas) recetas anticáncer
Julio Basulto, dietista-nutricionista. www.juliobasulto.com
Cuanto más éxito tiene un libro que divulga conceptos erróneos relacionados con la salud, mayor es
el peligro de que se produzca un daño poblacional,
especialmente en grupos vulnerables1. Es lo que puede suceder, sin duda, al seguir las descabelladas propuestas (más adelante hablamos de algunas de ellas)
que aparecen en el best-seller Mis recetas anticáncer.
El libro está escrito por una médica llamada Odile Fernández, quien sobrevivió a un cáncer. Lo hizo
gracias a los avances médicos, pero ella no duda en
atribuirse el mérito a sí misma2. Antes de valorar el
libro es conveniente entrar en la página web de la
autora, donde leemos una entrada titulada «Allan Taylor, un abuelo de 78 años se cura de un cáncer terminal solo con una dieta anticáncer»3. Se trata de una
afirmación peligrosa y rotundamente falsa, que nos
da una idea del rigor científico de una persona que
pretende que sigamos sus «recetas anticáncer» para
hacer frente a esta enfermedad.
Fomentar un método «anticáncer» es engañoso,
pero además vulnera el Real Decreto 1907/1996, de
2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial
de productos, actividades o servicios con pretendida
finalidad sanitaria, que prohíbe «cualquier clase de
publicidad o promociones (directas o indirectas, masivas o individualizadas), de […] métodos con pretendida finalidad sanitaria […] que se destinen a la
prevención, tratamiento o curación de enfermedades
transmisibles, cáncer y otras enfermedades tumorales
[…]»4. El Real Decreto se vulnera tanto en el interior del libro («Métodos anticáncer para consumir los
el escéptico 42

alimentos», página 357) como en su contraportada,
donde leemos «[…] tú puedes tomar un papel activo
en la prevención y en la curación de una enfermedad
que, a día de hoy, alcanza las proporciones de epidemia». Esta última frase, además, vulnera otro apartado del citado Real Decreto, que prohíbe proporcionar
«seguridades de alivio o curación cierta».
Que las propuestas del libro son descabelladas
(fuera de orden, concierto o razón, según la RAE)
es algo que se puede comprobar simplemente leyendo su índice, donde encontramos la referencia a capítulos como los siguientes:«el ajo: el “curalotodo”»
(página 248), «Las algas, la quimioterapia del mar»
(p. 252), «Las setas invitan a nuestro cuerpo a eliminar el cáncer» (p. 261), «El jengibre: la raíz que
acaba con el cáncer» (p. 301), «La leche materna: el
alimento perfecto que mata las células cancerosas»
(p. 306). En todo caso, en las páginas 217 a 219 hallamos afirmaciones no ya descabelladas, sino directamente abominables:
¿Cómo convertir a nuestra agua en sanadora?
[…] Emoto afirma que el agua puede curarnos (y
también enfermarnos), para ello sólo tenemos que
transmitirle esa intención. ¿Y cómo podemos hacerlo? Compra una botella de cristal transparente, vierte en ella tu agua filtrada o mineral y con
un bolígrafo permanente escribe en la botella tu
mensaje positivo y sanador. […] Después deja tu
botella al sol para que se vitalice, pierda el cloro
y reciba toda la energía lumínica de nuestro gran
astro. Y ya tienes lista tu agua sanadora. […]
¿Has visto qué medicina más barata e inocua?
Efectos secundarios, cero. Efectos positivos…,
inimaginables, no hay límites. El límite lo pones
tú y tus pensamientos.
Dejando de lado los peligros de que un paciente
con cáncer tome agua sin cloro, y dejando de lado la
frustración y culpabilidad que pueden generar las anteriores afirmaciones, es necesario citar aquí una conocida frase de David Hume: «Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias».
Porque no existe ninguna clase de prueba científica,
ni ordinaria ni extraordinaria, que sustente tales barbaridades5.
La autora repite una y otra vez su experiencia,
como que acudió a una dieta vegana para hacer frente a la enfermedad, algo que desaconseja un reciente consenso6. Sin olvidar que, parafraseando al Dr.
Richard Doll, uno de los epidemiólogos más importantes del siglo XX, «Los tratamientos médicos que
surgen de la propia experiencia suelen tener “efectos
variables” e ineficaces»7.
El libro no se conforma con dar falsas expectativas
con respecto al papel de la dieta en el cáncer, también se atreve con las «terapias naturales», del todo
Anuario 2017

desaconsejables para abordar esta enfermedad8-12. Un
ejemplo lo tenemos en la página 420: «Reiki, terapias
energéticas y su efecto sanador sobre los pacientes
con cáncer». No hallamos ni una sola prueba científica de la supuesta capacidad de «sanar» el cáncer mediante estas terapias5. Es más, en palabras del reputado experto Edzard Ernst, los pacientes con cáncer
que utilizan «terapias alternativas» mueren antes10.
Es momento de citar algunos de los riesgos que
acompañan a este libro o a otros similares: rechazar
o postergar un tratamiento eficaz para el cáncer, generar una falsa sensación de seguridad, exacerbar los
sentimientos de superación, fomentar un descrédito
de la medicina tradicional, generar efectos adversos,
provocar interacciones indeseadas, promover dietas
desequilibradas y hacer perder tiempo, dinero y esperanzas13.
En suma: afirmar, o incluso sugerir, que existe un
planteamiento dietético que puede curar el cáncer es
falaz, es antiético y, sobre todo, es peligroso.
Referencias:
1. Basulto J, Manera M, Baladia E, Miserachs M, Rodríguez VM, Mielgo-Ayuso J, Amigó P, Blanquer M, Babio N,
Revenga J, Costa A, Lucena-Lara M, Blanco E, Pardos C
(Autores), Sauló A, Sotos M, Roca A (Revisores). «¿Cómo
identificar un producto, un método o una dieta “milagro”?»
Noviembre de 2012 (actualizado: 12 diciembre de 2012).
[Monografía en internet]. Disponible en: www.fedn.es/
docs/grep/docs/dietas_milagro.pdf
2. Fernández O. «Mi cura del cáncer fue un milagro
muy currado». Entrevista en Smoda de El País. 14 de
octubre de 2013. Mis recetas anticáncer (blog). En línea:
http://www.misrecetasanticancer.com/2013/10/mi-curadel-cancer-fue-un-mil...
3. Fernández O. «Allan Taylor, un abuelo de 78 años se
cura de un cáncer terminal solo con una dieta anticáncer».
21 de septiembre de 2012. Mis recetas anticáncer (blog).
En línea: http://www.misrecetasanticancer.com/2012/09/
allan-taylorun-abuelo-de-78-anos-se.html Nota: Acabamos de comprobar que poco después de la intervención
de Julio Basulto en el evento «Terapias peligrosas: parasitando la salud», en el que hizo alusión a este texto,
la autora lo retiró de su página web. En todo caso, se

puede consultar en este enlace: https://web.archive.org/
web/20160731160659/http://www.misrecetasanticancer.
com/2012/09/allan-taylorun-abuelo-de-78-anos-se.html
4. Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades
o servicios con pretendida finalidad sanitaria.
5. Ernst E. «Patient education: Complementary and alternative medicine treatments (CAM) for cancer (Beyond
the Basics)». UpToDate. 5 de mayo de 2016. En línea:
https://www.uptodate.com/contents/complementary-andalternative-medicine-...
6. Ernst E. «Integrative medicine: more than the promotion of unproven treatments?». Med J Aust. 2016 Mar
21;204(5):174-174e1.
7. Basulto J. «Cáncer y terapias alternativas, conceptos
antagónicos». 3 de junio de 2015. Espacio Abierto. En línea: http://psicologiaynutricion.es/?p=985
8. Ernst E. «Cancer patients who use alternative medicine die sooner». 18 de abril de 2013. Edzard Ernst (Blog).
En línea: http://edzardernst.com/2013/04/cancer-patientswho-use-alternative-medici...
9. Yun YH1, Lee MK, Park SM, Kim YA, Lee WJ, Lee
KS, et al. «Effect of complementary and alternative medicine on the survival and health-related quality of life among
terminally ill cancer patients: a prospective cohort study».
Ann Oncol. 2013 Feb;24(2):489-94. doi: 10.1093/annonc/
mds469. Epub 2012 Oct 30.
10. Risberg T, Vickers A, Bremnes RM, Wist EA, Kaasa S, Cassileth BR. «Does use of alternative medicine predict survival from cancer?» Eur J Cancer. 2003
Feb;39(3):372-7.
11. Basulto J. «¿Existe una dieta para curar el cáncer?»
13 de agosto de 2013. Consumer. En línea: http://www.
consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_
bien/enfermedad/2013/08/13/217613.php
12. Caccialanza R, Pedrazzoli P, Cereda E, Gavazzi
C, Pinto C, Paccagnella A, et al. «Nutritional Support in
Cancer Patients: A Position Paper from the Italian Society
of Medical Oncology (AIOM) and the Italian Society of Artificial Nutrition and Metabolism (SINPE)». J Cancer. 2016
Jan 1;7(2):131-5.
13. Doherty S. «History of evidence-based medicine. Oranges, chloride of lime and leeches: barriers to
teaching old dogs new tricks». Emerg Med Australas.
2005;17:314-21

Afirmar, o incluso sugerir, que existe un planteamiento
dietético que puede curar el cáncer es falaz, es antiético y,
sobre todo, es peligroso.

Anuario 2017

43 el escéptico

Creencias pseudocientíficas frente al cáncer, factores de riesgo psicosocial
Tania Estapé, Psicóloga clínica y psicoterapeuta,
directora de Psicooncología de la Fundación FEFOC y docente en las Universidades de Manresa,
Oberta de Catalunya Barcelona. www.fefoc.org
Hoy en día, la consideración de curación incluye
no solo la erradicación de la enfermedad, sino también aspectos de tipo psicosocial que conforman el
bienestar del paciente como persona. Hablamos del
impacto que tiene esta enfermedad en la vida del sujeto que la padece, en su familia y en entorno social,
incluido el personal sanitario que le atiende. Este impacto viene dado por dos factores (Estapé, 2013):
1) La consideración del cáncer como enfermedad
tabú.
2) Las repercusiones de la enfermedad cancerosa y
de los tratamientos que requiere en la calidad de vida
del paciente. Este factor no lo desarrollamos aquí,
pues es un tema no central en el desarrollo que pretendemos. No obstante, de forma tangencial tiene una
influencia clara en la tendencia de los pacientes a decidirse por terapias no probadas. La ansiedad generada por la incertidumbre o la desesperación de algunos
enfermos es la puerta de entrada a terapias peligrosas.
Sobre el cáncer como tabú se refiere a la persistencia de miedos y temores en la población que se
prolongan aún en nuestros días. Vienen de cuando
los pacientes, curables o no, recibían tratamientos
con efectos secundarios muy adversos, que, además,
solían dejar secuelas físicas o estéticas. Las fases terminales de los enfermos no curables solían ser largas,
dolorosas y llenas de sufrimiento. Todo ello está en
la base de ese equivalente cáncer=muerte que todavía hoy perdura en el sentir de la población (Estapé,
2013; Holland et al., 2010).
El tabú del cáncer es tal que está rodeado de una
serie de creencias erróneas que comportan determinadas actitudes y conductas. Una de estas creencias
es el considerarla una enfermedad contagiosa, atribuir la enfermedad a un castigo divino —lo que a veces subyace a frases que el propio paciente puede ex-

presar, como «no me lo merezco», «por qué yo...»—.
Esto tiene sus repercusiones a nivel psicológico.
También hay toda una serie de confusiones respecto a
la causa y curación de la enfermedad, rodeada aún en
el siglo XXI de actitudes mágicas y curanderismo. El
broche de oro que cierra este aspecto más social de la
enfermedad es el continuado uso de la palabra cáncer
como adjetivo peyorativo, muestra de la equivalencia
cognitiva de la población sobre el cáncer como algo
horrible (Burton y Watson, 1998; Estapé y Estapé,
2013).
La relación del cáncer con la muerte y el sufrimiento hace que sea una enfermedad especialmente
temida. El ser humano no tiene explicación para su
causa y a menudo esto puede llevarle a inventarla. La
incertidumbre que provoca el diagnóstico de cáncer
se traduce fácilmente en ansiedad y desesperación,
sobre todo en casos sin curación. Por otro lado, numerosos estudios muestran las barreras de comunicación con el médico al hablar del uso de terapias alternativas. En algunos estudios hemos constatado cómo
los pacientes, aunque han decidido probar terapias no
basadas en la evidencia, no se han atrevido a contarlo
a su oncólogo (Estapé et al., 2015). Ello nos lleva a
enlazar con un aspecto primordial, que es la comunicación con el médico. Los estudios muestran que
la capacidad comunicativa del médico puede inducir
a aceptar un tratamiento; inversamente, una falta de
habilidades comunicativas induce a incertidumbre y
a incrementar la ansiedad por parte de los pacientes y
familiares. Estos buscan alternativas que se salen del
circuito oficial y que, además, están bien dispuestas
a dedicar mucho tiempo y afecto al enfermo. En absoluto es nuestra intención señalar al médico como
culpable, ni siquiera causante, de la búsqueda de tratamientos milagro; pero hay que analizar las cosas
desde diversos puntos de vista: la falta de tiempo,
la presión asistencial y a veces la falta de formación
en habilidades comunicativas son factores señalados
como relacionados con la búsqueda de alternativas
por parte de los pacientes. Algunos autores señalan
que los médicos (como es lógico) sienten incomodi-

Es necesario incorporar en nuestro trabajo cotidiano
recursos que nos ayuden a no enfrentarnos con pacientes
firmemente convencidos de su elección.

el escéptico 44

Anuario 2017

(foto: www.flickr.com/photos/arselectronica/)

dad ante estos temas y rechazo a la hora de responder
a preguntas relacionadas. En determinados sujetos, lo
que hace es enrocarlos más en su posición (Schofield
et al., 2010).
Creemos que hoy en día hay una crisis muy importante de lo establecido, y la industria farmacéutica es
uno de estos valores en cuestionamiento. A menudo
la población confunde la gestión económica de estas
empresas con el respaldo científico debido al ensayo
clínico, lo que promociona la huida hacia otras opciones nada recomendables, pero que se venden como
las verdaderas por estar fuera del «sistema».
Para acabar, tenemos que incluir un riesgo muy
importante, fruto de un recurso muy positivo. Nos
referimos a la navegación por internet. Esta es una
opción muy interesante. Una de las consultas más
frecuentes por internet tiene que ver con el binomio
salud/enfermedad. Y dentro del mismo, sin duda una
de las enfermedades más introducidas en los buscadores es el cáncer. Asimismo se calcula que alrededor de un 60 % de pacientes usa internet para buscar
información sobre su enfermedad o el tratamiento
(Bylun & Gueguen, 2010). Este hecho, que puede
ser considerado positivo, ofrece su cara oscura por la
falta de discriminación de los resultados obtenidos y
por la facilidad que ha ofrecido a curanderos y charlatanes de ampliar sus redes sin prácticamente coste
alguno. Hoy día una web o un grupo de intercambio
Anuario 2017

de información pueden pasar por «serios» si no se
mira con tiento el contenido. Aunque hay muchos intentos de generar guías de buenas prácticas, la verdad
es que es difícil diferenciar. Retomando el factor anterior, veremos que a veces algunos profesionales son
reacios a que sus pacientes les lleven información de
internet. Creemos que la red es un mundo paralelo al
nuestro, por lo que hay que aceptar que está aquí y
usarlo en nuestro favor (Estapé et al., 2014).
Como conclusiones, diremos que el uso de terapias peligrosas es un hecho en Oncología y que es
necesario un análisis profundo de la situación. Hay
diversos factores explicativos y debemos ser cautelosos y autocríticos con ello. El diálogo seguramente
está siendo a niveles diferentes y está claro que el uso
de cifras y datos no nos sirve para promover cambios
que tienen que ver con aspectos emocionales. Es necesario incorporar en nuestro trabajo cotidiano recursos que nos ayuden a no enfrentarnos con pacientes
firmemente convencidos de su elección.
Referencias:
Burton, M., & Watson, M. (1998). Counseling people with
cancer (1st. ed.). Chichester, England: John Wiley & sons.
Bylon, C.L., Gueguen, J.A. «The effect of internet use on
the doctor-cancer patient relationship», Kissane, D. (Ed.).
(2011). Handbook of communication in oncology and palliative care. Oxford University Press.
Cella, D. F., Tulsky, D. S., Gray, G., Sarafian, B., Linn,
45 el escéptico

E., Bonomi, A., ... & Brannon, J. (1993). «The Functional
Assessment of Cancer Therapy scale: development and
validation of the general measure». Journal of Clinical Oncology, 11(3), 570-579.
Estapé, T. (2004). Estudio de la evolución de la calidad
de vida en pacientes diagnosticadas de cáncer de mama,
tesis doctoral.
Estapé, T;. (2013). «Supportive treatment and palliative
care». Internal Medicine, II, 18, 1173-1176. (Farreras-Rozman, Ed.) Barcelona, Barcelona, Spain: Elsevier.
Estapé, T., & Estapé, J. (1993). Oncología y cuidados
paliativos. Controversias en Oncología. Barcelona: Doyma.
Estapé, J., & Estapé, T. (2013). 703 preguntas, 703 respuestas: La odisea del cáncer de mama (1ª ed.). Terrassa
(Barcelona): Momentum.
Estapé, T., Estapé, J., Soria-Pastor, S., & Díez, A. (2014).
«Uso de internet para evaluar el distrés psicológico en pacientes con cáncer de mama». Psicooncología, 11(2- 3),
271- 283.
Estapé, T., Estapé, T., Valverde, E. (2016) «Psychological aspects in prostate cancer patients. Abstracts». PsychoOncology, 25: 3–195. doi: 10.1002/pon.4272.
Holland JC, Breitbart W, Jacobsen PB. (2010), Psychooncology (2nd ed). New York: Oxford University Press.
Osoba, D., Zee, B., Pater, J., Warr, D., Latreille, J., &
Kaizer, L. (1997). «Determinants of postchemotherapy nausea and vomiting in patients with cancer. Quality of Life and
Symptom Control Committees of the National Cancer Institute of Canada Clinical Trials Group». Journal of Clinical
Oncology, 15(1), 116-123.
Schofield, P., Diggens, J., Hegarty, S., Charleson, C.,
Marigliani, R., Nehill, C. Jefford, M. Kissane, D. (Ed.).
(2011). Handbook of communication in oncology and palliative care. Oxford University Press.
Watson, M., & Kissane, D. W. (Eds.). (2011). Handbook
of psychotherapy in cancer care. John Wiley & Sons.

4. BLOQUE DE PSICOLOGÍA/PSIQUIATRÍA
https://youtu.be/JAOlnnraLGc
Moderador: Juan A. Rodríguez
Terapias pseudocientíficas en psicología y su dificultad para distinguirlas
Eparquio Delgado, psicólogo general sanitario.
www.eparquiodelgado.com
Uno de los hitos más importantes en la medicina
del siglo XX ha sido la aparición de la llamada Medicina Basada en la Evidencia (MBE, que más bien
debería llamarse Medicina Basada en las Pruebas).
Los profesionales necesitaban establecer un criterio
para determinar qué terapias son realmente eficaces
y diferenciarlas de aquellas que no lo son, aunque en
ocasiones los pacientes puedan percibir lo contrario.
La propuesta de la MBE ha sido utilizada por otras
disciplinas, dando lugar a la Psicología Basada en la
Evidencia (PBE), la Fisioterapia basada en la Evidencia, etc.
La PBE parece un buen criterio para comenzar a
diferenciar aquellas terapias psicológicas eficaces de
el escéptico 46

aquellas que no lo son, y su uso ha permitido tanto
a los profesionales como a los pacientes una indicación para elegir qué procedimientos utilizar a la hora
de resolver los problemas psicológicos. Sin embargo,
las propias características de las terapias psicológicas
hacen que los procedimientos para establecer su efectividad sean diferentes a los que se utilizan en medicina, especialmente cuando hablamos de terapias
farmacológicas. Cuando hacemos terapia psicológica
no podemos utilizar una «intervención placebo» en la
mayoría de los casos, ya que la terapia psicológica es
fundamentalmente una interacción entre el paciente y
el profesional. Esto supone una limitación importante para determinar qué elementos de la intervención
son los que realmente resultan eficaces y cuáles no. A
pesar de ello, se han establecido métodos para poder
determinar la eficacia de estas terapias, y hoy en día
contamos con varias publicaciones en las que se resume cuáles son las terapias psicológicas disponibles
que han demostrado eficacia.
Pero el problema no acaba de estar resuelto. Los
criterios para determinar si una terapia psicológica es
eficaz y su concepción de los problemas psicológicos
como trastornos o enfermedades mentales han sido
tomados del modelo biomédico y se apoyan fundamentalmente en la concepción de síntomas a reducir
o eliminar. Los investigadores en psicología han utilizado hasta el momento estos criterios de la medicina para poder medirse con las terapias farmacológicas siguiendo sus mismas reglas, con resultados muy
favorables para las terapias psicológicas en comparación con las médicas.
Sin embargo, esta forma de concebir los problemas psicológicos y de medir la eficacia de las terapias
ha sido puesta en entredicho en los últimos años, y
han aparecido nuevas propuestas para ambas cuestiones, que van desde la propuesta de los RDoC del
NIMH estadounidense hasta la búsqueda de factores
transdiagnósticos en psicología, pasando por la reconsideración de la eficacia de las terapias bajo otros
modelos no centrados en el síntoma y el debate sobre
«eficacia-efectividad».
Junto a estas circunstancias, es importante tener en
cuenta que los criterios de la PBE no son suficientes
para establecer la cientificidad de una terapia psicológica. Para ello debemos tener en cuenta cómo concibe los fenómenos psicológicos y su explicación de
la mejora terapéutica, ya sea considerada como reducción de síntomas o de otra manera. Podemos encontrarnos con terapias psicológicas eficaces cuyas
concepciones de lo psicológico y de los cambios en
determinadas respuestas pueden ser completamente
pseudocientíficas a pesar de que podrían resultar eficaces o efectivas.
Todo esto hace que sea especialmente difícil tener
Anuario 2017

un criterio de demarcación que nos sirva para diferenciar las terapias psicológicas eficaces de las que
no lo son y aquellas que pueden ser consideradas
científicas de las que consideraríamos como pseudocientíficas.
Antipsiquiatría, «cuñaos» y pseudociencia
Daniel Orts, médico y divulgador científico sobre salud mental, neurociencia y medicina.
La psiquiatría es una especialidad médica con siglos de evolución, puesto que la enfermedad mental
como resultado de las deficiencias cerebrales es consustancial al ser humano. Sin embargo, no es hasta
principios del siglo XX cuando se integra de forma
sólida en el cuerpo científico de la Medicina Basada
en la Evidencia, y como doctrina científica, resulta
una disciplina joven y no exenta de errores y aspectos
por mejorar.
Las terapias pseudocientíficas, en su afán por aprovecharse de las carencias del sistema y lucrarse de los
pacientes más vulnerables, utilizan los defectos de la
psiquiatría para vender numerosos remedios contra
diversas patologías que los profesionales clínicos encuentran difíciles de manejar, como la ansiedad, el
insomnio o los trastornos del estado del ánimo. Gracias a clásicos y trasnochados argumentos del estilo
«los psiquiatras solo saben arreglar los problemas
con pastillas» o «la industria farmacéutica se inventa enfermedades para luego vender la cura», muchos
charlatanes han erigido todo un movimiento contracultural llamado Antipsiquiatría, que pretende desmontar y exponer la falsedad de una especialidad médica con la misma validez y evidencia científica que
cualquier otra. Pero a pesar de su extraña ambición
negacionista, existen numerosos argumentos que se
esgrimen con una sofisticada lógica y unos razonamientos certeros. En consonancia con el viejo refrán
de «ten a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún
más cerca», esta charla analiza las grandes críticas
que los charlatanes empuñan contra la Psiquiatría,

para así aprender de ellas, reforzar y mejorar los fundamentos científicos de esta especialidad.
Electrosensibilidad, radiestesia y otras chorradas
Víctor Pascual, ingeniero técnico en telecomunicaciones.
El zahorismo es una antigua pseudociencia que
se aplicaba para encontrar pozos de agua. El zahorí, sabiendo que cuanto más caves, más probable
es que encuentres agua, engañaba a los agricultores
diciéndoles que era capaz de encontrar agua usando
una rama o un péndulo. Según ellos, son capaces de
encontrar agua, petróleo y minerales debido a los
campos electromagnéticos y energéticos que emiten.
Ante el suculento negocio de la salud, empezaron a
practicar la pseudomedicina aplicando las mismas
técnicas que usaban para encontrar agua. El zahorí ha
evolucionado, ha inventado lo que se conoce como
geobiología —no confundir con el campo científico
interdisciplinario—, y vende productos y servicios
para protegerse de las ondas electromagnéticas y que
la vivienda absorba las energías «naturales»: un nuevo engaño que mezcla el zahorismo y el feng shui con
tintes cientifistas y un nicho de consumidores con un
alto miedo a los campos electromagnéticos (CEM).
La geobiología es una de las principales promotoras del miedo a los CEM y, debido a ello, de un alto
número de personas que sufren electrosensibilidad.
Porque recordemos que la electrosensibilidad no tiene que ver con la exposición a los campos electromagnéticos, sino con la percepción del paciente del
posible daño que le estén causando.
Irradiando miedo
Alberto Nájera, Profesor de Radiología y Medicina Física de la Univ. de Castilla-La Mancha.
En las últimas décadas, el desarrollo de la Sociedad de la Información y el incremento de las comunicaciones inalámbricas han conllevado un aumento
de la preocupación de la población ante fuentes de
radiación electromagnética de radiofrecuencia como

Podemos encontrarnos con terapias psicológicas eficaces
cuyas concepciones de lo psicológico y de los cambios
en determinadas respuestas pueden ser completamente
pseudocientíficas.

Anuario 2017

47 el escéptico

antenas de telefonía móvil, wifi, Bluetooth, etc. En
primer lugar debemos conocer el espectro electromagnético y los diferentes tipos de radiación electromagnética a los que estamos sometidos en nuestro
día a día, clasificándolos por su frecuencia/energía.
Asimismo se debe entender cómo afecta a la exposición que recibimos, algunas características de la
radiación como la intensidad de la señal, la distancia
o el tiempo de exposición. En la última década, son
numerosos los estudios que han determinado el nivel
de exposición de la población a estos campos electromagnéticos, encontrándose en todos los casos que los
niveles son muy inferiores a los límites que la Agencia Internacional para la protección ante radiación no
ionizante (ICNIRP) recomienda, siendo estos valores
de entre 10.000 y 100.000 veces inferiores a estos
límites a los cuales sabemos que podrían producirse
efectos térmicos. Además, todos los estudios realizados que buscaban una relación entre antenas de telefonía móvil y salud, en particular especialmente cáncer, han concluido que a las intensidades habituales
es prácticamente imposible que exista una relación.
No obstante, y a pesar de lo que dice la ciencia, se
ha desarrollado todo un negocio de empresas, fundaciones y supuestos especialistas que han hecho del
desconocimiento y, sobre todo, del miedo, su modus
vivendi. Así, es fácil encontrar «profesionales» que
diagnosticarán enfermedades como la hipersensibilidad electromagnética, achacándola a la presencia
de estos campos no ionizantes (y a pesar de que la
Organización Mundial de la Salud ha indicado que
se trata de un trastorno psicosomático en el que los
afectados achacan sus dolores a un agente que realmente no les hace ningún mal). Otros «especialistas»
lucharán en los tribunales para que esta enfermedad
inexistente sea causa de invalidez permanente, o nos
venderán ropa, medidores, pintura o cortinas para
protegernos de un agente que, según ellos, pone en
claro riesgo nuestra salud. Pero como ocurre con los
charlatanes, es fácil desmontar sus mentiras, que en
general usan un lenguaje pseudocientífico, y dejar en

evidencia sus intenciones destacando lo ridículo de
los productos que ofrecen y denunciando el daño que
hacen sobre quienes creen en su charlatanería y caen
en sus garras, pues en la mayor parte de los casos
no son más que vulgares estafadores buscando una
víctima, a poder ser enferma, para aprovecharse miserablemente de su debilidad.
Sectas 2.0. El origen emocional de la enfermedad
María Fernández Muñoz, estudiante de fisioterapia y miembro de RedUNE.
Como introducción, se definirán dos conceptos: el
primero, el de méthodes psychologisantes, empleado
por la Miviludes (Misión Interministerial de Vigilancia y Lucha contra las Derivas Sectarias, Gobierno de
Francia)1, resumible en tres premisas:
• Culpabilizar al paciente de su enfermedad o malestar.
• La angustia causada por la enfermedad.
• La búsqueda del bienestar frente a una sociedad
individualista y materialista.
El segundo, el de grupo de manipulación psicológica (West y Langone, Congreso de Wingspread,
Wisconsin, 1985)2 según los cuales, un grupo de manipulación psicológica es aquel
grupo o movimiento que exhibe una gran o excesiva devoción/dedicación hacia una persona,
idea y objeto y que, mediante el uso de técnicas
de persuasión coercitiva busca perseguir unos fines que benefician a los líderes del grupo en detrimento de los fines de sus miembros, familias y
entorno en el que se mueven.
Este resumen incluye tres movimientos o prácticas
que encajarían con la definición de méthodes psychologisantes, por ser los que cuentan con mayor difusión en España:
1. Germanische Heilkunde (Nueva Medicina Germánica, NMG). Se basa en varias «leyes», la más
importante de las cuales es la llamada «Ley de hierro»: Las enfermedades graves se originan por un
acontecimiento interno e inesperado, un «conflicto
biológico» que desencadena un foco de actividad en

En la Antipsiquiatría existen numerosos argumentos
que se esgrimen con una sofisticada lógica y unos
razonamientos certeros.

el escéptico 48

Anuario 2017

(foto: pxhere.com/en/photo/626294, CC0 Public Domain)

el cerebro detectable en un escáner en forma de circunferencias concéntricas («focos de Hamer»). Ryke
Geerd Hamer, especialista en Medicina Interna, pierde la licencia para ejercer la medicina en 1986. En
Alemania, es condenado a 19 meses de prisión por
la muerte de tres pacientes de cáncer. En 2001 será
condenado en Francia a otros 18 meses de prisión por
la muerte de tres enfermos de cáncer. En 2007 huye
a Noruega.
2. Biodescodificación (Descodificación Biológica Original). Una de las ramificaciones de la NMG,
creada por Claude Sabbah, médico. Integrando diversas pseudociencias, con ideas propias, define la
Biología Total. Fue suspendido de la profesión en
Francia en 2007 por la muerte de un paciente con
cáncer. En noviembre de 2015 fue condenado a dos
meses de cárcel y a una cuantiosa multa por publicidad engañosa, de nuevo por la muerte de un paciente
con cáncer.
3. Bioneuroemoción (BNE). La Bioneuroemoción
es una marca comercial, registrada por el psicólogo Enric Corbera para ejercer una práctica similar
a la Biodescodificación, lo que le ha supuesto una
demanda por plagio. La BNE constituye una amalgama de pseudoterapias, entre ellas la Nueva Medicina Germánica, la Biodescodificación, el libro Un
Anuario 2017

curso de milagros, la Programación Neurolingüística
(PNL), las Constelaciones Familiares y la Hipnosis
Ericksoniana. También incluye herramientas y conocimientos que son considerados válidos, pero con
una visión y una práctica totalmente distorsionadas.
Un somero análisis de sus principales premisas de
«ciencia de vanguardia», deja patentes sus graves
carencias haciendo uso de simples conocimientos de
Bachillerato.
Como conclusión, se propone monitorizar estrechamente a aquellas organizaciones que pudieran estar empleándose como tapaderas de las prácticas descritas, de acuerdo con el Art. 515.2 del Código Penal:
«Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal
consideración: Las que, aun teniendo por objeto un
fin lícito, empleen medios violentos o de alteración
o control de la personalidad para su consecución».
Referencias:
1. www.derives-sectes.gouv.fr/quest-ce-quune-dérivesectaire/où-la-déceler/les-dérives-sectaires-dans-le-domaine-de-la-santé/quell
2. Almendros, Carmen; Gámez-Guadix, Manuel; Carrobles, José Antonio; Rodríguez-Carballeira, Álvaro (2001)
«Abuso psicológico en grupos manipuladores». Psicología Conductual, 1: 157-182
49 el escéptico

Página inicial: 
34

¿MIENTE LA CIENCIA?

Sección: 
ANUARIO 2017
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¿Miente la ciencia?
Marisa Marquina San Miguel
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

Mientras no dejes de subir,
no se terminan los escalones,
crecen bajo tus pies que avanzan
Franz Kafka

E

n los últimos tiempos parece estar extendiéndose la idea ya conocida de que
en el interior del espacio científico se dan mentiras, engaños y fraudes. Dado
que la aplicación generalizada de esa suposición genera sospecha y debilita el
valor y el potencial de la ciencia como forma de conocimiento que respeta el principio de realidad, este artículo somete a reflexión algunas ideas comprometidas con
la tarea científica y hace una llamada a que los expertos de cada campo sean conscientes del problema y hagan llegar en lo posible sus conocimientos a la sociedad.

Aperitivo social y lingüístico
Aunque parezca una obviedad, la diremos: quienes
crean y hacen ciencia, también quienes la enseñan y
divulgan, son seres humanos, con frecuencia determinados por condicionantes laborales, de la carrera académica o investigadora, pero también por excesos y
desórdenes de su propio ego. Tales condicionantes y
características de su personalidad pueden violentar en
ocasiones el respeto a la realidad en que se sustenta
la distinción que singulariza a la ciencia frente a otras
creaciones de la mente, como por ejemplo el arte o la
religión, cuya función no es precisamente explicar la
realidad. Se trata de un asunto que puede ser demoledor para el ejercicio honesto del trabajo científico,
para la extensión de su credibilidad, y también, y no
en menor grado, para la sociedad: los efectos dañinos
que puede tener sobre las personas la mala interpretación — y a veces la perversión— de lo que significa
hacer y transmitir ciencia pueden ser muy grandes y,
en el caso de la salud, a veces hasta irreversibles.
Es importante prestar atención al factor humano
que mueve los hilos de la interpretación de las cosas;
no hay que descartarlo por creer que la especialización del trabajo científico está al margen de las limitael escéptico 50

ciones y los recelos humanos, y que ya se encargarán
otros del asunto. En el caso de la ciencia, esa demarcación de dimensiones —social, científica—, además de
idealizadora, puede ser muy perniciosa, pues no solo
es crucial poner la vista en lo que ocurre fuera de la
ciencia, en cómo la percibe la sociedad, sino también
en lo que acontece en su interior, en cómo se construye y se desarrolla. Si se trabaja en ambos campos,
dentro y fuera, la perspectiva de la interacción ciencia-sociedad es lógico que crezca, y es probable que
sea más difícil convertir a la ciencia en caldo de cultivo para, entre otros, los prejuicios, el conocimiento
imaginario, los servicios inventados y la desconfianza
en la propia ciencia frente a creencias que, paradójicamente, tienden no pocas veces a interpretarse como
conocimiento fiable.
El esfuerzo de clarificación que pueda venir desde
la propia ciencia será un factor determinante para fomentar el progreso de las personas, en particular, el de
quienes no tienen formación científica o, teniéndola,
no han desarrollado suficiente pensamiento crítico.
No llevar a cabo ese esfuerzo clarificador con lenguaje comprensible para el no experto, pues cada persona
dedica el tiempo de la vida a tareas diferentes, puede
Anuario 2017

suponer hacer a los individuos más vulnerables frente
a la proliferación de engaños, y no es difícil que estos se conviertan en factores necesarios que tiranizan
el pensamiento, esto es —recordando a Holbach—,
en factores que violan de forma cruel la capacidad de
pensar y elegir de la forma más autónoma posible. La
historia de los humanos muestra que no se ha respetado esa capacidad muy a menudo; no obstante, y a
pesar de ello, la resistencia de tratar de pensar por uno
mismo dice que tiene sentido insistir en que no debe
ser violentada por ningún humano: en ella radica la
principal expresión de la libertad potencial de cada
persona.
Dado que entre el lenguaje y el pensamiento existe
una relación de especial colaboración y complicidad,
es importante no dejar de poner atención en el significado de sus elementos, las palabras y sus combinaciones. Noam Chomsky recuerda la importancia
de tratar de definir con la mayor claridad posible el
papel del lenguaje en la comunicación humana. Se ha
escrito mucho sobre ello, pues es una capacidad sorprendente, dependiente de algunas destrezas ligadas a
la actividad cerebral; pero quizá no se ha señalado lo
suficiente que la teoría de la evolución, con Darwin
a la cabeza —aunque no solo él—, destacó que los
seres humanos difieren de los animales «inferiores»
únicamente por su capacidad potencialmente infinita
de asociar y combinar sonidos e ideas [CHOM 2017,

Caricatura del experimento del cerebro en una cubeta (foto: Wikimedia)

Anuario 2017

pp. 26-27]. Y para la ciencia es crucial esa posibilidad
combinatoria abierta que permite crear nuevas relaciones de ideas y nuevas conexiones entre fenómenos.
En el lenguaje humano, determinar la semántica de
los mensajes es mucho más complejo y menos exacto
que en el lenguaje formal y matemático. En este, la
asignación de valor a las variables es un proceso no
estrictamente comparable a la atribución de significado a los términos y a las expresiones del lenguaje natural humano. No en vano el desprestigio de la palabra
viene en parte de ahí, de la ausencia de rigor en el uso
que a menudo se le presupone, y por ahí se cuela un
montón de ruido. Es obvio que se trata de lenguajes
de distinta naturaleza, que operan en diferente nivel y
sirven a distintos objetivos.
Si las personas pudieran comunicarse con las reglas del lenguaje formal, simplificando la compleja
interacción entre cerebro y entorno, las ambigüedades de la semántica se desvanecerían, pero probablemente ese proceso debilitaría la riqueza del universo
de significados potenciales. No en vano, la explosión
combinatoria del lenguaje humano y las imprecisiones de la semántica son asuntos bien difíciles de modelar para la inteligencia artificial, en especial cuando
se busca reproducir conductas que dependen de la
particular relación que el cerebro humano mantiene
con el entorno, ¿o acaso esta relación no es más que
una ilusión que por tanto no responde a la realidad?
[CER-WIKI]. Si el ser humano fuese un cerebro en
una cubeta, ¿podría tener perspectiva para percibirlo? El resumen de esta idea refiere a un experimento
mental con el que Hilary Putnam criticó las «teorías
mágicas de la referencia», es decir, aquellas hipótesis
que establecen que entre los nombres y aquello a lo
que refieren en la realidad existe una relación intrínsecamente necesaria, que casi la hace mágica [PUT
1988, pp. 15-33].
La idea que subyace al experimento mental de Putnam causó perplejidad desde que se dio a conocer.
Rompía metáforas y relaciones esencialistas entre la
realidad y el lenguaje con el que se la representa e
intenta explicar, al tiempo que señalaba que «la disposición a sentirse perplejo es una característica valiosa
que hay que cultivar, desde la infancia hasta las investigaciones avanzadas» [CHO 2017, p. 34]. Que el funcionamiento de la realidad muestre propiedades que
según se van descubriendo pueden resultar extrañas al
entendimiento, a las capacidades del cerebro humano,
es motivo de perplejidad. Esta no debe justificarse por
apelación a la fantasía o a la invención de cualquier
tipo para rellenar los huecos o posibles vacíos de la
razón; más bien, lo que debe implicar esa perplejidad
es acompañar con prudencia y humildad el esfuerzo
de intentar conocer. Pero la ciencia no se desarrolla en
un contexto abstracto como se señalaba al comenzar
51 el escéptico

este punto, ni por personas que trabajen en entornos
en los que el respeto por el conocimiento sea, necesariamente, el principal valor que preservar en la toma
de decisiones.
Mentira, engaño, fraude
La voz de la naturaleza es inteligible; la de la mentira, ambigua, enigmática y misteriosa. El camino de la
verdad es recto; el de la impostura, torcido y tenebroso.
Esta verdad siempre necesaria para el hombre está hecha para ser comprendida por todos los espíritus justos,
las lecciones de la razón están hechas para ser seguidas por todas las almas honradas [HOL 2016, p. 14]

Más allá de los experimentos mentales varios que
se puedan concebir, la cuestión es que el cerebro, órgano que la evolución ha ido construyendo hasta el
presente, genera una conducta mental en la que se cruzan y realimentan procesos en los que los racionales
ligados a la cognición parecen ser solo una parte, que
además puede verse influida por otros sectores subyacentes a las emociones y al comportamiento instintivo
más directamente relacionados con la supervivencia.
La confianza racional —que no fe— en el progreso de
la neurociencia es probable que allane el camino para
trabajar sobre nuevas hipótesis que permitan mejorar
la comprensión de la conducta humana en distintos
niveles, partiendo del análisis de estructuras físicas y
de la asignación de relevancia al tipo de relación que
puedan tener con el comportamiento de los distintos
registros de la mente. Y hará falta continuar trabajando la difícil tarea de conectar el nivel fisicalista de los
procesos cerebrales con el simbólico de la mente producido por aquellos.
Es posible que, respecto a las posibilidades de mentir, engañar y obrar de forma fraudulenta, a nivel teórico no sea difícil zurcir acuerdos que expresen que
se trata de prácticas que no están bien o que, directamente, están muy mal. Esto suele estar motivado por
la necesidad de invocar y transmitir de forma teórica
principios éticos, al tiempo que se intenta derivar de
ellos normas morales que tengan la función de limitar
comportamientos indeseados, comportamientos que
pueden tener lugar en los contextos donde uno menos

se lo espera o debería esperar: la ciencia, como creación humana que es, no tiene tampoco por qué ser una
excepción a este respecto.
El Diccionario de la Real Academia Española incluye definiciones respecto a los términos mentira,
engaño y fraude que facilitan, a través de una lectura
selectiva, la posibilidad de establecer diferencias y relaciones entre ellos:
Mentira: expresión o manifestación contraria a lo
que se sabe, se piensa o se siente.
Engaño: falta de verdad en lo que se dice, hace,
cree, piensa o discurre.
Fraude: 1. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.
2. Acto tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros. 3. Delito que comete
el encargado de vigilar la ejecución de contratos públicos, o de algunos privados, confabulándose con la
representación de los intereses opuestos.

De acuerdo con la selección realizada, es común
al significado de los tres términos la sustitución, con
algún grado de intencionalidad, de algo verdadero por
algo falso. En el caso de la mentira, el foco se centra
en la importancia de «decir falsedad»; no obstante, no
está claro que exista una distinción nítida entre engaño y mentira.
El contexto del engaño, aprovechando que el cerebro no es ajeno a él, en cierto modo se puede considerar más amplio que el de la mentira, pues el engaño
implica producir o generar alguna ilusión utilizando,
además de palabras, gestos, situaciones u objetos expuestos para fijar y confundir la atención. La magia es
desde este punto de vista un arte que logra confundir
los registros de la interpretación y de la percepción.
Por último, en la definición de fraude apuntada,
además de la necesidad del lenguaje como vehículo
de transmisión, destaca la mención de los términos
acción y delito. En los casos de mentira y engaño no
aparecía el perjuicio o la extorsión que se podía causar
a terceros —cosa que puede llamar la atención—, ni
tampoco aspecto legal alguno. Sin embargo, en relación al término fraude, parece que acción y delito son
los conceptos que polarizan su significado.

No hay que creer que la especialización del trabajo
científico está al margen de las limitaciones
y los recelos humanos.

el escéptico 52

Anuario 2017

Entre otras posibles interpretaciones, de lo anterior
se puede deducir que, aunque en los tres casos ocurre un proceso intencional de superposición de algo
verdadero por algo falso, los matices semánticos indicados parecen referirse a las diferentes formas de
poner en práctica tal superposición. Puede también
inferirse, de acuerdo con las definiciones señaladas,
que la mentira y el engaño no tienen la dimensión punitiva que se asigna al fraude, y quizá pueda querer
esto decir que la limitación a la mentira y al engaño
solo pueda provenir, en último término, de la ética.
De ser así, problemático asunto, pues la ética parece
más bien refugio para el relleno de discursos bonitos,
alejados de parte del comportamiento humano y de la
fracción de realidad que le corresponde.
Es importante tratar de usar el lenguaje natural con
precisión, evitando la ambigüedad, para hacer lo posible por no sucumbir ante los cruces semánticos entre
los términos. Tales cruces facilitan el trabajo a las intencionalidades impostoras y potencian la posibilidad
de iteración de los embustes que puedan generar hasta
el punto de llegar a quebrar la distinción entre lo real
y lo irreal.
Los hombres son desgraciados solo porque son ignorantes, son ignorantes porque todo lleva a impedirles que se ilustren, y son tan malos porque su razón no
está todavía suficientemente desarrollada [HOL 2016,
p. 14].

Algunos trapicheos científicos
No es la ciencia, como resultado de un proceso de
análisis, la que puede mentir; son algunas de las personas que trabajan en ella las que por motivos laborales, de reputación profesional, de protagonismo o
de llana ambición, se dejan llevar por la capacidad de
seducción de la mentira.
Existen en la historia no pocas menciones a las
posibilidades varias que los científicos han tenido y
tienen de engañar. Claro, los científicos, entre otros
colectivos. El problema está en que a la ciencia, si se
está dispuesto a reflexionar un poco sobre su trabajo, su proceder y su alcance, no parece difícil poder
atribuirle dosis respetables de fiabilidad, asumiendo
su naturaleza, alejada de tener que ver con la construcción absoluta de verdades. Ocurre sin embargo
que los científicos pueden tener cierta ventaja sobre
los demás al tener control sobre el lenguaje formal
e informal que utilizan, ya que no están obligados a
transmitir sus conocimientos de forma inteligible para
el no experto [BET 2002, p. 107]. Y aquí, tratando de
distinguir los contextos a los que uno se dirige, en el
ámbito de la ciencia —pero no solo— hay que subrayar la importancia de la divulgación si se desea llegar
a un público amplio cuyos conocimientos y ocupaciones pueden no estar cerca de la ciencia. La no especiaAnuario 2017

Hilary Putnam (foto: Wikimedia Commons)

lización no debiera ser un obstáculo para captar el esqueleto del modo científico de pensar sobre diversos
temas, en especial si se intenta llegar al receptor con
claridad. De lo contrario, quien no tenga base sobre
un determinado asunto, cuando lea o reciba alguna
noticia sobre él, perderá la confianza racional que pudiera tener en entender y se convertirá en presa fácil
de fantasmagorías y engaños.
En el libro Las mentiras de la ciencia, Federico Di
Trocchio señala un asunto interesante: «Para críticos
e historiadores del arte, distinguir entre copias falsas y
originales representa desde siempre uno de los objetivos principales de su actividad, pero para los historiadores de la ciencia el problema de las falsificaciones
y fraudes es en gran parte una novedad» [TRO 2013,
p. 14]. La cuestión es que, fruto de esa preocupación
originaria, si no desde siempre, el contexto del arte
cuenta con trabajos como el de Otto Kurz, Fakes, a
Handbook for Collectors and Students, publicado ya
en 1948. En el caso de la ciencia, se comenzó a traba53 el escéptico

jar con posterioridad en distintas publicaciones con el
objetivo de empezar a rellenar el vacío que respecto
al comportamiento fraudulento podía darse; así, The
Journal of Irreproducible Results, The Science Humor Magazine [JOU 1955] y Betrayers of the Truth:
Fraud and Deceit in Science [BRO-WAD 1985] nacieron como intentos de fijar la atención en los posibles engaños en el marco de trabajo de la ciencia.
En la evolución histórica de la ciencia pueden hallarse bastantes ejemplos de manipulación y engaño
[LOP 2011]. En el presente, y como seña distintiva
respecto al pasado, la utilización de términos científicos por parte de la retórica espumosa de las pseudociencias es preocupante. El problema es que esos términos constituyen el ropaje de mensajes vacíos dado
que, en general, no están sustentados por la evidencia
y la reproducibilidad. Señalamos a continuación el
esqueleto de las ideas de dos de esos ejemplos con el
objetivo de indicar algunas de las situaciones —como
poco— de embrollo en las que la ciencia se ha visto
sumida.
El caso de la hipótesis de la «memoria del agua» ha
hecho correr no poca tinta física y virtual [HIP 2009].
La revista Nature publicó en 1988 un artículo titulado
«Desgranulación de basófilos humanos activada por
un antisuero contra IgE muy diluido», escrito por un
grupo de varios investigadores entre los que se encontraba Jacques Benveniste. Se suponía que los basófilos, glóbulos blancos portadores de sustancias como
la histamina, podían ser desagregados por cantidades
muy pequeñas de un anticuerpo denominado anti-IgE
que generan las cabras. La idea era comenzar la práctica de diluciones sucesivas en agua que caracteriza a
la homeopatía, comenzando por tomar una unidad de
anti-IgE y añadiéndole agua en proporción 1:10. Tras
alcanzar una mezcla homogénea, se vuelve a repetir la
operación volviendo a tomar una unidad de esta nueva
dilución y mezclando otra vez hasta obtener homogeneidad, consiguiendo esta vez una proporción 1:100.
La cuestión es que esta iteración del proceso se acaba convirtiendo realmente en una práctica que parece
hacer de la repetición de diluciones su mayor logro;

así, el mínimo de repeticiones parece ser 30, y de ahí
en adelante. El trabajo de Avogadro y la química moderna por extensión tienen ya recursos de concepto
y cuantitativos suficientes como para acreditar que a
partir de la dilución en agua número 24 la probabilidad de hallar alguna molécula de la sustancia activa es
prácticamente nula. Y en el caso de que el número de
diluciones se incremente, entonces la improbabilidad
se dispara [MEM-WIKI].
Aquel artículo pareció alumbrar resultados sorprendentes, como el de que la desgranulación de los
basófilos ocurría (aunque no en todos los casos) por
la acción del antisuero, prácticamente desaparecido.
Es como si, puesto el pensamiento mágico a rotar,
es irrelevante lo que suceda en la realidad porque la
fuerza del experimento reside en asumir que algo de
la sustancia activa se encontrará, pese al incremento
del número de diluciones.
La confusión creada parece que no fue pequeña
[TRO 2013, pp. 191-203]. Hasta qué punto la interacción entre el error, el engaño y otras variables
que pudieron intervenir realimentaron el embrollo es
prudente que sean los expertos quienes lo continúen
evaluando, pese a que en su momento se investigó el
asunto por parte de John Maddox, el director de Nature, Walter Stewart y James Randi, quizá entre otros.
Parece que estaban convencidos de que el proceso
obedeció a un vulgar fraude más que a errores metodológicos, pero el artículo fue finalmente publicado
con la primera condición de que apareciera un editorial con el título Cuándo creer lo increíble, dado que
no se había hallado explicación física para el fenómeno tratado en el artículo. Al parecer también hubo una
segunda condición, que fue la de solicitar que hubiera
una comisión que volviera al laboratorio de Benveniste para repetir los experimentos y tratar de controlar
los resultados.
La suposición de que el agua tiene memoria ha ido
extendiendo las potenciales maravillas curativas de
la homeopatía, las cuales tienen además la ventajosa particularidad de evitar las posibles consecuencias
nocivas de los tratamientos de la medicina científica.

El cerebro genera una conducta mental en la que se
cruzan y realimentan procesos en los que los racionales
ligados a la cognición parecen ser solo una parte.

el escéptico 54

Anuario 2017

En efecto, la idea de que algo pueda curar o mejorar
la salud, sin tener que padecer posibles consecuencias
indeseables, se comprende que de entrada pueda seducir. El negocio de la homeopatía continúa en marcha; la realidad subyacente parece no importar.
Caso distinto, aunque mantiene similitudes respecto al fondo del problema de la autenticidad de
la gestación y evaluación de conocimiento, es el de
Sigmund Freud. Si puede ser costoso reconstruir el
relato de los hechos que acontecieron en el caso de
Benveniste y sus compañeros de experimento y publicación, el ejemplo de Freud y de los orígenes del
psicoanálisis puede ser más enrevesado, si cabe. Los
fenómenos mentales revisten una dificultad añadida
en relación a los estudiados por las ciencias naturales.
En el caso de estas, la física o la química por ejemplo,
por contrainductivo o alejado de la percepción común
que pueda estar un fenómeno o conjunto de ellos, y
por difíciles que puedan ser tanto la concepción y el
Anuario 2017

diseño de los experimentos como los cálculos que sea
preciso realizar, se tiene la expectativa racional de que
la naturaleza de una u otra forma ofrecerá respuesta,
aunque al cerebro le cueste procesarla.
Los procesos mentales son un subconjunto de los
procesos físicos, pero tienen características que los
hacen particularmente elusivos, en cierta forma, resistentes al análisis. Las relaciones cerebro-mente son
probablemente uno de los temas más en lista de espera que la ciencia tiene por investigar y dilucidar; y eso
que hay que valorar cada esfuerzo, y no son pocos los
que se han hecho hasta hoy también en este campo.
Es de esperar que el impulso del trabajo interdisciplinar aporte luz con hipótesis esclarecedoras que afinen
la comprensión de la interacción cerebro-mente, los
profesionales la agradecerán, y la comunidad de seres
humanos, también.
Si en el presente el estudio con rigor de la mente
aún parece tener bastante camino por recorrer, en el
tiempo de Freud el asunto estaba aún más que verde;
sin embargo, no parece que ello supusiera un freno
para el desarrollo e intentos de aplicación del psicoanálisis, método según el cual las personas pueden llegar a liberar los impulsos y las pulsiones que habitan
reprimidos en su inconsciente. Y el asunto es que, pese
a que Freud, por razones obvias de tiempo histórico,
desconocía hipótesis y desarrollos que la psiquiatría
y la psicología han elaborado después, la impresión
que uno se puede forjar a través del estudio de la evolución de las ideas relativas a los procesos mentales,
es que el creador del psicoanálisis no se «reprimió»;
y probablemente se ajuste bastante a la realidad que
la intención y el deseo de hallar ciertas sus hipótesis
de trabajo pudo conducirle a violentar los hechos, a lo
mejor más que de vez en cuando.
Andando los años, se ha ido escribiendo sobre la
figura de Freud y el psicoanálisis, hallándose no poca
dosis de frustración, no ya porque el psicoanálisis
haya tenido una más que dudosa adscripción científica, sino porque potenciales defensores, en principio,
de las posibilidades explicativas del psicoanálisis,
comenzaron a vislumbrar que quizá desde sus inicios
pudo abrigar algún engaño. La imagen de honradez
que como científico parece que se dibujó en torno
a Freud se fue quebrando, y lo fue haciendo al hilo
que se detectaban falsedades, mentiras, al analizar la
evolución de su trabajo. Así comenzó una época de
sospecha, sustentada en el reconocimiento de la posibilidad de que Freud forzara, e incluso se inventara,
relatos de pacientes para que pudieran casar con sus
conjeturas y verlas de este modo confirmadas. Se ha
llegado a considerar que la confianza que Freud tenía
en la veracidad de sus hipótesis era tal «...que presumió públicamente de éxitos terapéuticos que aún no
había obtenido» [BOR 2001].
55 el escéptico

No es de extrañar que algo como lo que precede
pudiese llegar a desbordar a la persona tras la figura
o el personaje del creador del psicoanálisis, echando
balones fuera como si lo que no funcionaba no fuese
con él. Parece ser una característica extendida en la
conducta humana la de dejar cancha libre a los impulsos y deseos acerca de cómo funcionan las cosas, y
después, si no es así, a otro con el mochuelo. Existen
relatos ligados a la práctica de Freud, ajenos a la razón y que debieron de ser dolorosos para quienes los
padecieron, que por lo menos ayudan a formular preguntas y dudas sobre el probable espejismo científico
que sobre las ideas de Freud se gestó [TRO 2013, pp.
326-334]. En este caso, como en el de Benveniste y
quienes le acompañaron, lo que se ha hecho después
en los diversos campos de la ciencia no ha debido de
ser suficiente para contrarrestar la expansión de enfoques pseudoclínicos y pseudoterapéuticos que en no
pocos casos constituyen, por el lado humano un abuso
sobre las personas, a menudo sobre las más frágiles;
y por la vertiente del conocimiento, una proliferación de pseudociencia e incluso de ciencia patológica
[LAN 1953].
Algunas posibles causas de la conducta torticera
en ciencia
Desde sus comienzos hasta hoy, la ciencia en su
evolución, ya sea tratando de verla desde el interior
como colocando el foco en el exterior, probablemente
ha cambiado sobre todo su imagen; aunque también
los medios, en particular los tecnológicos, que han
abierto enormes posibilidades de progreso teórico y
práctico. Pensemos por ejemplo en el alivio de la tarea en el diagnóstico médico.
Los primeros pasos de la ciencia, por ingenuos que
puedan parecer vistos desde el presente, dieron pie a
genialidades ante las que quitarse el sombrero parece
un gesto que se queda corto [KIR-RAV 1979]. Aquellos seres humanos contaban con escasos medios materiales, y es asombroso pensar en cómo empezaron a
concebir preguntas sobre por qué los cuerpos caían;
de qué podían estar compuestos los objetos; qué eran

y cómo se comportaban esos cuerpos suspendidos
cercanos —el Sol y la Luna— que parecían funcionar
como lámparas automáticas para el día y para la noche; o cómo medir y calcular distancias, en y desde un
planeta que, si cabe, debía parecer aún más grande al
no contar básicamente con medios con los que acortar
distancias. Los principios que han hecho posible la
tecnología han sido descubiertos por el cuidadoso trabajo de los científicos, desde los inicios hasta hoy; y
es básicamente desde la Revolución científica cuando
se produce la fructífera realimentación entre ciencia
y desarrollos técnicos en primer lugar, y luego entre
ciencia y tecnología, de cuya colaboración en inteligente simbiosis se han beneficiado ambas.
No parece que tenga sentido considerar que ha
cambiado lo que desde sus orígenes ha dotado de valor a la ciencia. El objetivo fundamental de esta, en
tanto que forma de conocimiento, es tratar de conocer
cada vez más y con mayor precisión la realidad de
la que el ser humano es un atomillo más. No obstante, algunas decisivas variables de entorno sí que han
cambiado, no solo por los medios tecnológicos que
han ido incrementando la colaboración con la ciencia,
sino porque se han ido desarrollando factores que han
influido de forma directa en el trabajo en ciencia y en
su percepción social. Veamos algunos de ellos.
El proceso de profesionalización que la ciencia ha
ido experimentando es un factor crucial. Puede ser un
tópico, con algo de verdad en su seno, el transmitido
por la historia de la ciencia respecto a la visión que
se tenía de los primeros científicos: personas un tanto
peculiares, portadoras de mentes capaces de concebir
ideas y desarrollos teóricos que hibridaban con suposiciones de carácter mítico o religioso. Así, de acuerdo con la información aportada por la historia, los
problemas que al parecer generaron a los pitagóricos
la existencia de números irracionales, tales como √2,
poco o nada tuvieron que ver con la ciencia, sino con
suposiciones alejadas de ella en las que se apoyaban
incluso para organizar su vida en comunidad.
En el presente continúa llamando la atención lo
que podría considerarse como falta de congruencia

Es posible que Freud forzara, e incluso se inventara,
relatos de pacientes para que pudieran casar con sus
conjeturas y verlas de este modo confirmadas.

el escéptico 56

Anuario 2017

Un fraude científico: el descubrimiento del Hombre de Piltdown (John Cooke, 1915)

mental, ya que en el mismo cerebro pueden convivir
focos racionales con otros irracionales desde el punto
de vista cognitivo. Esto puede llamar la atención, sí,
pero es que a lo mejor la conjetura que se apoya en
la suposición de que la mente racional lo ha de ser en
todos los campos no es una conjetura suficientemente
respetuosa con la realidad, y no digamos si ha sido
capaz de concebir hipótesis y desarrollos con valor
científico. Si la historia de la ciencia no anda demasiado equivocada, tiene aspecto de haber al menos unos
cuantos ejemplos que falsarían la hipótesis de la racionalidad extendida.
La imagen de los científicos ha evolucionado con
respecto al pasado, pero quizá no es tan sencillo dilucidar en qué grado debido a factores ligados con la
valoración del conocimiento en sí mismo, o en qué
grado debido a otros de carácter más sociológico,
es decir, por el enorme cambio de su entorno, de los
medios de trabajo respecto a tiempos precedentes.
Durante largo tiempo la labor científica parece que
se percibió más bien como tarea para diletantes que
debían buscarse los medios para subsistir por otra
vía. Los indicios históricos apuntan a que ciencia y
Anuario 2017

posibilidad de subsistencia han recorrido más trecho
separadas que unidas.
La profesionalización de la ciencia, su inserción
en el mundo laboral y su transformación en profesión
ha tenido consecuencias para su ejercicio, algunas no
precisamente saludables para la investigación y la
extensión de su valor como forma de conocimiento.
Una mirada reflexiva sobre su evolución es posible
que sitúe el punto inicial de esa transformación en torno a la Revolución científica, al tiempo que se fortaleció con la llegada de la Revolución Industrial. Con
anterioridad no parecía estar claro que la formación
científica pudiera preparar para ejercer una profesión,
ni tampoco que la conexión entre investigar y enseñar
fuera una buena cosa, pues además de que la enseñanza podía estar muy escasamente remunerada (clases
particulares, por ejemplo), y no era común asignarle
interés y especial valor para la sociedad, restaba tiempo para pensar e investigar. Así que no era extraño
que la dedicación a la ciencia no saliese en la balanza
muy bien parada.
Cuando se piensa en los muchos y no pequeños
problemas del presente, echar un vistazo al pasado
57 el escéptico

para otear la valoración —en este caso del análisis
y la práctica científicos— no tiene por qué generar
una imagen especialmente más benévola. Bien mirado, casi se puede considerar un oportuno milagro que
hubiera en la historia personas que otorgaran valor y
tiempo a la ciencia al tiempo que tenían que hacer
equilibrios para subsistir, pues la precariedad tiene aspecto de que fue más regla que excepción. Esa fue una
de las razones centrales que favoreció poner la vista
—por ejemplo, Galileo— en el mecenazgo como vía
para encontrar algo de seguridad y en el mejor de los
casos algo de potencial independencia. No es ni mucho menos novedad del momento actual que la dedicación de esfuerzo al conocimiento y la posibilidad de
obtener recursos materiales para poder vivir no hagan
una pareja estupendamente avenida.
Cuando se comienza a ver que la aplicación del conocimiento científico puede tener una demanda social
y una utilización comercial, entonces la imagen originaria de la ciencia, ligada sobre todo a la necesidad
y el interés de hallar explicaciones, empezó a transformarse aproximándose a la del presente. Entre los
ejemplos que a veces se enuncian para dar cuenta de
esa evolución está el de Thomas Alba Edison, quien,
en una entrevista en Scientific American que se publicó en el año 1893, se refirió a que él era inventor de
profesión, y que por esa razón no estudiaba ciencia
meramente para conocer la verdad, sino para obtener
resultados comerciales por medio de su capacidad de
inventar.
Con la profesionalización de la ciencia, la enseñanza y la investigación se acercaron, al tiempo que se
empezaron a crear instituciones varias: academias,
colegios, escuelas y hasta alguna oficina para la integridad científica. Se acuñó también el término nuevo
de científico (scientist, se dice que a partir de artist),
pues el de filósofo natural, que se utilizó con anterioridad a la fragmentación de las distintas áreas del
conocimiento, debió de quedar ya un tanto obsoleto.
La profesionalización puso en marcha toda una maquinaria académica y burocrática que se pretendía que
se pudiese presentar como garante. Entre finales del

siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, en Europa,
fundamentalmente desde Francia y Alemania, se fue
extendiendo el vínculo entre la ciencia y la enseñanza
junto a la asignación de valor a la independencia de la
investigación, aun a riesgo de que pudiese ser ociosa.
En Estados Unidos, sin embargo, parece que el proceso de profesionalización dio ya sus primeros pasos de
forma más pragmática, guiando la investigación por
el principio de utilidad. La época de publicar o morir
había comenzado [JIM 2017]. El valor del genio y de
la capacidad de crear parece que había sufrido alguna mutación —al menos parcial— por el camino. Se
extiende la competitividad para conseguir proyectos
y financiación, y también la presión por hallar resultados favorables.
La profesionalización de la ciencia puede considerarse un factor con posibilidad de influir en la
práctica de distintos tipos de engaño. Pero también
hay que destacar que un insuficiente desarrollo del
pensamiento crítico, interno a la propia ciencia y no
pocas veces motivado por presiones laborales, puede
ser también un elemento distorsionador del comportamiento honesto en ciencia. Aplicar el pensamiento
crítico a la tarea que uno mismo realiza suele ser más
costoso que aplicarlo a la de los demás, y el contexto
de la ciencia no tiene por qué ser excepción. Puede ser
una simplificación de la realidad estimar que solo hay
carencia de pensamiento crítico en los ámbitos externos a la ciencia, como también lo puede ser suponer
que el pensamiento crítico como tal solo es patrimonio de ella.
Por último, dentro de esta selección de factores que
pueden potenciar el engaño, no hay tampoco que dejar de lado factores dependientes de la personalidad
de los científicos, personas al fin, con fortalezas y debilidades.
El principio de realidad no es negociable
Por lo que a través de la historia de la ciencia se ha
podido reconstruir, la actitud científica parece haber
estado particularmente ligada desde sus orígenes a
personas con curiosidad y algún grado de interés por

La profesionalización de la ciencia ha tenido consecuencias
para su ejercicio, algunas no precisamente saludables para
la extensión de su valor como forma de conocimiento.

el escéptico 58

Anuario 2017

Galileo ante el Santo Oficio (Robert-Fleury, Musée du Luxembourg, París)

ampliar su comprensión de las cosas. Es probable que
no sea prudente deducir de ahí que quienes dedicaron
parte de su esfuerzo a la ciencia lo hicieran, en general, por algún arrebato para aproximarse a la verdad
o por simple amor al arte. El espectro debe de ser tan
amplio como actores ha tenido el origen y la evolución de la ciencia, y los científicos —tanto quienes
descubren conocimiento nuevo como quienes lo utilizan y extienden— son seres que pertenecen al bosque
de la humanidad, con unas características mentales
determinadas que emergen como conjuntos de procesos simbólicos a partir del funcionamiento cerebral
y de la interacción con el entorno. Al fijar la atención
en la evolución de la ciencia, lo que parece sencillo
de aceptar es que, quienes han trabajado en ella, por
una parte han compartido en algún grado una necesidad de entender y explicar por encima de la media, y
por otra han tratado de evitar el principio de autoridad
también por encima de la media de sus congéneres.
Asimismo, es posible que haya otros factores influyentes en el proceder científico, como por ejemplo la
conversión apuntada de la ciencia en profesión, proceso que hasta el presente no ha potenciado siempre
Anuario 2017

el valor del conocimiento ni la rebelión a la autoridad.
La ciencia supone poner en marcha un comportamiento particular de la mente que permite superar, al
menos en ocasiones, las limitaciones que impone el
realismo ingenuo, es decir, la interpretación vinculada a las interpretaciones naturales de los fenómenos
que establecen una correspondencia directa entre la
apariencia y la realidad. Tal interpretación dependerá
tanto de las limitaciones psicofísicas del observador
(el cerebro no está habilitado para captar todas las
dimensiones del espacio, por ejemplo), como de las
expectativas que tenga acerca de los fenómenos y de
su interacción. Se trata de un realismo que es osadamente simplificador, pero que puede bastar a quienes
desarrollan la tendencia de no hacerse demasiadas
preguntas al tiempo que se construyen su realidad;
a fin de cuentas, «…en general… la Naturaleza y las
leyes por las que se rige su comportamiento no mantienen relación aparente con la vida cotidiana» [WOL
1994, pp. 5-6], aunque sean la base del funcionamiento de la materia y de la vida.
La fuerza del realismo científico se apoya en la hipótesis de que la ciencia puede —a través de la for59 el escéptico

mulación de leyes y teorías— explicar el funcionamiento de la realidad como no lo puede hacer ninguna
otra creación de la mente. Las presuposiciones y los
deseos humanos deben mantenerse neutrales respecto
a la posibilidad de impulsar la investigación apoyada
en la construcción de un conocimiento lo más objetivo posible; y ello pese a que el ser humano no es un
observador externo privilegiado: pertenece al engranaje que analiza, y ello no simplifica precisamente las
cosas para fortalecer la perspectiva sobre los fenómenos que acontecen y las relaciones entre ellos.
El realismo científico es pues una robusta hipótesis de trabajo: es una potente motivación que permite pensar que la mente puede superar, con rigor y
no de forma caprichosa, las ilusiones y proyecciones
del pensamiento, así como las limitaciones fisicalistas del cerebro. Llegar a explicar el funcionamiento
real, verdadero, de las cosas, tratando de evitar que la
interacción del observador con ellas modifique propiedades o resultados, es probablemente el objetivo
más noble de la ciencia; y si lo hace, si las modifica, al
menos debe ser posible desarrollar alguna explicación
racional que preserve las características propias de las
entidades y fenómenos que se estudian, así como las
relaciones efectivas entre ellos.
No es extraño que la ciencia reciba ataques; a veces
porque no explica todo lo que las personas pueden
necesitar saber o desearían controlar; otras, porque
cuando lo hace, cuando logra explicar algún fenómeno o conjunto de ellos, puede no hacerlo en la dirección de las expectativas o intereses que se puedan
tener. Y como se señaló con anterioridad, entre otros
motivos también puede ser criticada por dogmática,
por carente de flexibilidad, por abstracta y aparentemente alejada del día a día, por no aceptar, por ejemplo, que terapias no contrastadas puedan ser beneficiosas para la salud; y también por materialista, por
estar interesada solo por lo que ocurre en el «mundo
físico» dando por hecho la existencia de otro sin evidencia alguna.
Pero es de una configuración particular de los fenómenos físicos de la que surge la capacidad de pensar,

de imaginar, de sentir, y también, entre otras, de creer.
Parece lógico por tanto, de acuerdo con lo anterior,
que la ciencia trate de hallar relaciones que puedan
explicar los fenómenos, distinguiendo los reales, con
la complejidad con la que acontezcan, de los proyectados como reales, sustentados en algún tipo de ilusión generada por la mente de forma inconsciente o
con algún propósito consciente.
Paliar el posible desconocimiento que se pueda tener, relativizando las posibilidades de la labor de la
ciencia o haciendo pasar relatos escritos con ideas
espumosas —sin base en la experiencia— por explicaciones amparadas por hipótesis con algún grado de
contrastación, suele implicar no respetar la posibilidad de mejorar el conocimiento de la realidad; por la
razón que fuere, por falta de motivación, de curiosidad, por miedo, por necesidad, por interés, por enfermedad, por indolencia, y a veces también por simple
y llana desfachatez. Es probable que alguna de ellas,
entre otras más, esté en la base de distintas formas
posibles de falsear la realidad.
Distinguir verdad de falsedad
La mente humana ha sido capaz de crear la ciencia y hacer de ella la herramienta más rigurosa para
analizar y explicar la realidad, la naturaleza que la
rodea y la suya propia, hasta donde ha sido posible
en cada momento. No hay en ella afán dogmático de
imposición de verdades, porque ello va contra la naturaleza de la ciencia misma. Su gran valor reside en
que la ciencia es capaz de contrastar sus hipótesis,
así como de revisarlas cuando se estime procedente. La verdad o la falsedad de los resultados dependerá del respeto al proceder de la ciencia, de cómo
se consiguen aquellos. Si se viola ese respeto, y se
puede demostrar, entonces se podrán determinar engaños o fraudes puntuales, sin que pueda generalizarse al conjunto de la ciencia. Hacerlo, extender esa
mancha, constituiría una extrapolación, debida en un
cierto grado a la ignorancia pero también al impulso
manipulador que transmite una visión sesgada de la
ciencia, no solo respecto a las posibles falsedades que

La asignación de valor a la ciencia parece convivir con
pinceladas de desprestigio que socavan su credibilidad,
como atestiguan la posibilidad de mentir y cometer fraude.

el escéptico 60

Anuario 2017

puede producir, sino por su carácter abstracto y por el
materialismo señalado.
En las denominadas sociedades desarrolladas, la
asignación de valor a la ciencia parece convivir con
pinceladas de desprestigio que socavan su credibilidad, como atestiguan la posibilidad de mentir y cometer fraude. Humanizar, en el más amplio sentido
de la palabra, la labor científica puede ser uno de los
mejores antídotos contra lo que algunos críticos de la
ciencia denominan el peligro de la engañología. Esa
humanización no es un proceso abstracto e idealista
que no toca tierra. Más bien al contrario, se trata de
una llamada a participar en el acercamiento a la sociedad de las distintas partes de la ciencia, no con el fin de
incrementar el número de expertos, sino de transmitir
con claridad, sin tecnicismos ni intelectualismos, que
la ciencia no solo es una forma de conocimiento, sino
que es una forma de pensar que genera procedimientos
con los que discernir lo que acontece de lo que no, lo
que responde a la realidad de lo que no.
La engañología implica aceptar en cierto modo
como natural la existencia de engaños en la sociedad,
también en el entorno de la ciencia. El uso de un término como el que precede implica peligro para la racionalidad, y no solo científica, por el ruido que puede
generar. Los rumores no necesitan repetirse muchas
veces para que los posibles mensajes tendenciosos que
puedan transportar se conviertan en fragmentos de realidad inventada, que se venderá a precio oro, también
para las personas que encontrándose en situación desesperada consideren que no tienen nada que perder. A
fin de cuentas, cuando se puede poner un precio a las
cosas, ¿por qué preocuparse de asignarles valor?
La ciencia no puede mentir, porque solo mienten las
personas. Como resultado de la labor de los científicos
que la ciencia es, una vez descubiertas y contrastadas
sus hipótesis, pasan a formar parte del conocimiento
acumulado de forma provisional, mientras nuevos hechos no provoquen remover sus fundamentos. Esto no
hay que confundirlo con el proceso de generación de
nuevas ideas y modelos de explicación. Ese proceso
no obedece a menudo reglas estrictamente lógicas, y
no es lícito decir que, en los períodos de concepción
de nuevos sistemas de ideas, los científicos mienten.
Mentir o engañar a conciencia, y tratar de hallar
nuevos patrones explicativos, no son la misma cosa
(piénsese en la expresión de Kafka del comienzo). Es
importante hacerlo explícito, desde dentro de la ciencia y cara a la sociedad, con el registro lingüístico que
en cada caso sea más clarificador para que llegue al
mayor número de personas, sin que la formación científica sea un requisito estrictamente necesario para poder comprender la importancia para las personas del
ejercicio de la racionalidad.
Anuario 2017

Por lo demás, que la ciencia esté sujeta a error es
una extensión de la condición humana, y quizá también una prueba de que no ha sido precisamente el
inmovilismo el que ha inspirado su capacidad de revisión y mejora [VOL 1995].
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