Blog de replicas

Turno de réplica

Inauguramos aquí un nuevo recurso para canalizar las posibles discusiones que se establezcan a raíz de artículos publicados en la revista El Escéptico. Comenzamos con una extensa nota enviada por el Dr. Luis Carlos Silva, un lector aludido en una de las reseñas de nuestro Sillón Escéptico del número 41, y una contrarréplica del autor de la reseña, Víctor Javier Sanz.

Artículo original: Sanz VJ (2014) Reseña sobre Medicina sin Apellidos. Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en Cuba El Escéptico 41:72-76.

 

El telescopio y la técnica del buldócer. A propósito de una reseña sobre un libro cubano acerca de la Medicina Natural y Tradicional.

Luis Carlos Silva Ayçaguer, Ph D.

Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba

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Racionalidad y vocación crítica

Recientemente, las páginas de El Escéptico[1] incluyeron una reseña valorativa del libro “Medicina sin apellidos.  Un debate sobre la medicina natural  y tradicional en cuba”,[2]  publicado en 2013 por la Editorial Universidad de La Habana.[3] En un primer momento consideré que procedía redactar una breve nota aclaratoria sobre algunos errores del comentarista, Dr. Javier Sanz Larrínaga, relacionadas con mis convicciones y mis aportes al libro. Pero una lectura más detenida aconseja ir un poco más lejos y profundizar acerca de cómo debería desarrollarse el debate científico.

El Dr. Sánz comienza consignando que no es cierta la opinión del prologuista del volumen según la cual los participantes en este debate nos dividamos en dos grupos: aquellos cuyo derrotero intelectual es “racional y crítico” y quienes se adhieren al enfoque “alternativo”. Según se afirma en la recensión, hay capítulos del libro cuyos autores no pertenecen ni a uno ni a otro grupo. En sus palabras: «… existe también un grupo  intermedio, aquel que considera algunas pseudomedicinas  como dignas de estudio y de ser aplicadas a la práctica médica, como es el caso de la acupuntura, que es la piedra  de toque en donde se retratan los auténticos médicos  científicos. Lo veremos en los últimos párrafos.»  A juzgar por la reiterada aparición de mi nombre en “los últimos párrafos” relacionados con este tema, pertenezco a dicho tercer grupo. Esto quiere decir, en síntesis que, o no soy crítico con algunas pseudomedicinas (“como es el caso de la acupuntura”), o bien no soy racional a la hora de valorarlas. 

Tal encasillamiento roza lo insólito, habida cuenta de que la defensa de la racionalidad y el despliegue de una vocación crítica, no solo han sido leitmotiv de toda mi trayectoria académica, sino que he publicado respectivos libros enteramente dedicados a ese empeño. Por más señas, así lo atestiguan los mismísimos títulos de esas obras.[4] [5] En cuanto a la acupuntura, disciplina en torno a la cual el Dr. Sanz se extiende para endilgarme, con iracundia digna de mejor causa, posiciones irracionales y acríticas, las menciones presentes en mis libros y artículos han sido escasas y tangenciales, tal y como más abajo detallo. Sin embargo, admito que para valorar mi falta de crítica o de racionalidad, corresponde ceñirse a mi participación en el libro reseñado.

Realizar afirmaciones sin capacidad para respaldarlas

Destiné el último párrafo de la contribución que ha desatado la irritación del Dr. Sanz a denunciar una perniciosa conducta: la de “realizar afirmaciones sin capacidad para respaldarlas” y a la naturaleza inaceptable de hacer acusaciones “sin mencionar en lo más mínimo algún elemento que sirva para creerlas”.  Resulta irónico que, al analizar dicha contribución, el Dr. Sanz incurra en ambas faltas. Veámoslo pausadamente.

En un esfuerzo por distinguir entre aquellas posiciones de los acupunturistas basadas en presupuestos místicos y palabrería ininteligible de las de quienes intentan evaluar efectos fisiológicos concretos con métodos universalmente aceptados, luego de aludir a quienes se empantanan en la mística china de los meridianos, los flujos de energía vital, el equilibrio entre el yin y el yang, los riñones del cielo, y conceptos afines, escribí lo siguiente: [6]

«Personalmente, he tenido oportunidad de trabajar con  profesionales que exhiben esa vocación verdaderamente científica. En un esfuerzo investigativo en el que participé, bajo la dirección de uno de los profesionales más  destacados en la materia en España -estudio aparecido luego en una revista de renombre dentro del campo de  las llamadas medicinas alternativas y del que fui coautor  (Vas, Perea, Méndez y Silva, 2006)- tuve la satisfacción  de interactuar con ellos y aprender de un profesional de  este último tipo.»

Este párrafo bastó para que Sanz escribiera:

«… según el profesor Silva, el ejemplo perfecto de "acupuntor científico" viene personificado por el Dr. Jorge  Vas y sus colaboradores, con los que ha participado en sus aquelarres de magia china disfrazados con estadística.»