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escépticos

Escépticos en EITB

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Ya se ha estrenado el episodio piloto de `Escépticos', que presenta el periodista Luis Alfonso Gámez en EITB (televisión pública vasca en castellano). El programa, que fue emitido en horario de prime time el pasado sábado 1 de enero, fue visto por más de 76000 espectadores, y pudo ser seguido online por la web de la televisión vasca. El capítulo, titulado ¿Se llegó a la Luna?, contó con la colaboración del catedrático y premio príncipe de Asturias Pedro Maria Etxenike, el astrofísico Agustín Sánchez la Vega y el astronauta Pedro Duque. El documental está disponible para su visionado en la página web de EITB.

Debido al gran éxito la cadena ha firmado la grabación de la serie documental, que se está rodando en estos momentos.

La necesidad de creer

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La necesidad de creer El escepticismo, como movimiento, no sólo está en contra de los abusos del derecho a creer; está a favor de que creer sea efectivamente un derecho, no una obligación TONI CANTÓ na de las preguntas más habituales que todo escéptico habrá escuchado, al departir con personas de iguales o similares opiniones, es: ¿Cómo es posible que la gente crea en todas esas tonterías?. O por precisar: ¿Cómo es posible que, después de siglos de revolución científica, la gente aún viva presa de un misticismo más propio de la Edad Media?. Efectivamente, es difícil de comprender. En un mundo en el que la vía racionalista y científica al conocimiento ha demostrado su validez y superioridad sobre cualquier otra, las estadísticas parecen coincidir en que alrededor del 90% de la población general y el 40% del mundo científico mantiene algún tipo de creencia religiosa o trascendente. Esos porcentajes, más de mil millones de personas en el mundo desarrollado, utilizan sistemáticamente los logros de la ciencia y la tecnología para mejorar su calidad de vida, tanto en aplicaciones de utilidad evidente como bajo la lógica del consumo. U El escepticismo es la eficaz barrera que se interpone entre la luz de la razón y la oscuridad de la Edad Media ¿Por qué, entonces, las creencias religiosas o trascendentes no han retrocedido al unísono con el avance de la ciencia y la tecnología? Sin duda, más de mil años de control de las grandes religiones monoteístas occidentales sobre los aspectos más ínfimos de la vida cotidiana, la ignorancia en cualquiera de sus formas y la solución de compromiso hallada por las nuevas religiosidades de carácter sincrético tienen mucho que decir al respecto. Pero no deja de resultar chocante que en el mundo occidental, donde la inmensa mayoría de la población ha renunciado en todo o en parte a la moral y el control de las grandes religiones, existe escolarización obligatoria hasta casi la mayoría de edad y la gente suele enorgullecerse de un cierto cinismo ante todo tipo de confianza, la religión tradicional y las nuevas religiosidades gocen de semejante audiencia social. Aquél pensamiento propio de los revolucionarios de la ciencia y de otros tipos según el cual las viejas creencias irían desapareciendo conforme el saber científico y tecnológico ocu28 (Invierno 1998-99) el escéptico pase su lugar se ha demostrado erróneo. No cabe la menor duda de que las deficiencias educacionales y ese cierto desprecio por la cultura general que se ha establecido en nuestra sociedad, opuesto a la admiración por la cultura que caracterizaba a muchos de nuestros mayores, han contribuido al mantenimiento de la religión tradicional y a la expansión de las nuevas creencias. No es intención del autor afirmar que todo tipo de creencia trascendente sea una manifestación de incultura e ignorancia; pero es cierto que la creencia de las personas cultas tiende a ser más compleja, sofisticada y filosóficamente justificada que la fe del carbonero que hallamos tan frecuentemente. No obstante, en mi opinión, todas estas consideraciones, escuetamente resumidas, a las que suele achacarse la persistencia del pensamiento mágico y religioso en la sociedad son claramente insuficientes. No es que no tengan relación, que la tienen; es que su éxito no se explica sin un componente psicológico fundamental: la necesidad de creer. Y es que el racionalismo científico adolece de una debilidad fundamental a los ojos de millones de personas: no consuela. Es preciso gozar de un poderoso esquema filosófico para sentirse reconfortado por un sistema de pensamiento que no pretende justificar nada ni dar ningún sentido en particular a la vida, a la alegría y a la tragedia. La mayor fortaleza del racionalismo científico, su desapego a las consideraciones subjetivas y su independencia de los estados psicológicos, se convierte así en su mayor debilidad para una sociedad compuesta de seres humanos ansiosos por encontrar sentido a su vida o consuelo a sus males. En efecto, cuando un ser querido agoniza en una cama de hospital, suele servir de bastante poco conocer con todo lujo de detalles los procesos biológicos y clínicos que están acabando con él. Lo que tantos seres humanos necesitan es una esperanza, un sentido; algo que se encuentra en la resurrección de la carne, la reencarnación o la convicción de que bondadosos seres de luz extraterrestres vendrán a recogerle al otro lado del portal de Moody. He dicho bien, convicción. Tal esperanza no se plasmará si no se adquiere, de un modo absoluto y acrítico, la total convicción de que así será. La sala de espera de una UCI no parece el lugar más adecuado para el debate teológico. Este hecho se extiende al mal de amores, a las dificultades laborales de quien no entiende que ya no hay sitio para su laboriosa especialidad en el nuevo mundo de la alta tecnología y la globalización, al abismo que se abre al contemplar la pavorosa perspectiva de nuestra propia muerte y, en general, a cualquier angustia vital. La fe, en cambio, ofrece una respuesta una pseudorrespuesta que, para desempeñar su función, requiere ser aceptada sin crítica. Y aquí surge una pregunta: ¿debemos los escépticos ponernos en contra de tal creencia? Es preciso ser exquisitamente cuidadosos en la respuesta, pues de la misma depende el qué es del movimiento escéptico. Derechos fundamentales Tanto el artículo 16º de la Constitución española como el 18º de la Declaración Universal de Derechos Humanos garantizan la libertad de creencia. De estos textos, se desprende que uno puede creer en los Pitufos si lo considera adecuado. También se desprende el derecho de cualquier ser humano a no ser molestado por su creencia o ideología, y el derecho a difundirlas. No, no es la labor de los escépticos estar en contra de este derecho que siempre defendimos, entre muchas razones porque, en otros tiempos, conocimos en carne propia el precio de disentir de la creencia o ideología oficiales. Tanto el movimiento escéptico moderno como las declaraciones de derechos humanos beben en las fuentes del racionalismo, el enciclopedismo y la Ilustración. No sólo es que los escépticos nos contemos entre los más convencidos defensores de los derechos humanos; es que, en buena parte, los inventamos nosotros frente a las fuerzas teocráticas del Antiguo Régimen y la Santa Alianza. No será preciso recordar en manos de quién acabaron sus días tantos escépticos y racionalistas; cualquier visita a un cementerio civil tierra no con- sagrada, tierra maldita nos ofrecerá una historia trágica de la ciencia y el librepensamiento. El movimiento escéptico no necesita en absoluto oponerse a un derecho legítimo. Porque lo que nos une no es sólo aquello contra lo que luchamos los abusos del derecho a creer: el fraude paranormal, la manipulación de la credulidad, el desprecio por la ciencia y la cultura, la peligrosa aceptación acrítica de verdades morales absolutas, sino también aquello por lo que luchamos. Luchamos, precisamente, a favor del racionalismo científico. Sí, somos racionalistas y eso que llaman cientifistas. Queremos que el racionalismo, el pensamiento crítico, el amor por la cultura y el método científico se extiendan por el cuerpo social como se han extendido por todos los espacios del conocimiento válidos y útiles. Queremos que nadie tenga que recurrir a obsoletas deidades ni a alucinados cuentos orientales para encontrar un sentido a la vida y al sufrimiento. Nos gustaría que creer fuese realmente una opción y no una necesidad, una obligación. El escepticismo, como movimiento, no sólo está en contra de los abusos del derecho a creer; está a favor de que creer sea efectivamente un derecho, no una obligación. Aunque el escéptico individual pueda limitarse a dudar, el escepticismo como movimiento actúa a favor del racionalismo. Ésta es su grandeza. No nos limitamos a perseguir a los oscuros personajes que se enriquecen con la credulidad e ignorancia ajenas; no nos basta con poner en evidencia a ridículos gurus. Queremos que nadie vuelva a vivir atemorizado por seres inexistentes. Queremos que nadie vuelva a ser obligado jamás a aceptar una moral ajena. Queremos que las maravillas de la ciencia y la tecnología sean cada vez mayores y estén al alcance de cada vez más gente. Queremos que nunca nadie vuelva a gobernar por la gracia de Dios. El escepticismo, así, es la eficaz barrera que se interpone entre la luz de la razón y la oscuridad de la Edad Media. Europea o asiática; nos da igual. Suscríbase a THE SKEPTICAL INTELLIGENCER La revista trimestral de 70 páginas editada por la británica Asociación para la Investigación Escéptica (Aske). Suscripción anual: £15 Escriba a: Aske 15 Ramsden Wood Road Walsden, Todmorden, Lancs, OL14 7UD, Reino Unido el escéptico (Invierno 1998-99) 29

Crónica del congreso Escépticos 2011: Antes del fin del Mundo

Sacha Marquina Reyes
Fotos del congreso: Inma León Cobos

Mi crónica del congreso Escépticos 2011 comienza en la soleada tarde del jueves 6 de octubre, a las 17:00 hora zulú. Era una de esas tardes tranquilas que invitan a quedarse hasta la noche en la playita de Las Canteras. Y sin embargo, heme aquí corriendo al aeropuerto para pillar el vuelo hasta Madrid. Allí tendría que pasar la noche antes de continuar mi viaje a tierras alicantinas. Antiguamente había muchos vuelos directos, pero la economía de escala es lo que tiene, escala en Madrid o en Barcelona.

Con una horita de retraso llegué a la Puerta del Sol, muy animada aún con asambleas de vecinos y ciudadanos reunidos en aceras y plazas. Me pareció un preludio del cambio climático, del cual nos habló Eustoquio Molina hace poco en el EEEP de Madrid, pues en Argelia no hacía falta ninguna burrada de los políticos para que todos se reunieran en la calle siempre, todos los días (excepto las mujeres, que al parecer allí no están incluidas en el todos).
Tenía el tiempo justo para dormir unas horas, pues debía madrugar para partir el viernes temprano hacia L'Alfàs del Pi, pero a cambio iría cómodamente sentado en el coche de Ismael (director ejecutivo de ARP-SAPC, aka Jefe Supremo).

Despreciando GPS y otras modernidades, zarpamos a la aventura armados con nuestro mapa digital (yo señalaba con el dedo e Ismael negaba con la cabeza) y nuestro sentido crítico. El único lujo tecnológico que nos permitimos fue un sensor que, cuando el coche llegaba a 120 Km/h, avisaba con un temblor y un ruido de traqueteo.
Tan amena fue nuestra conversación y tan certera nuestra ruta que llegamos al hotel Rober Palas a tiempo de cambiar cena por almuerzo y aprovechar así la media pensión que habíamos elegido.

Al rato vino Guillermo (secretario de ARP-SAPC, aka Oldno7) a buscarnos y llegamos por fin al Centro Social Platja Albir, donde se celebraría el congreso. Allí nos pusimos manos a la obra para organizarlo todo: comprobar las conexiones de audio y vídeo, hacer pruebas de streaming, ajustar el proyector, probar la guitarra, redistribuir sillas, preparar los folletos de bienvenida e información turística que el Ayuntamiento había puesto amablemente a nuestra disposición para los asistentes, comprar agua, buscar bolígrafos y un sin fín más de pequeñas tareas que sólo se notan si no se han hecho.
Por suerte contamos con la inestimable ayuda de Ramón, encargado de las instalaciones, cuya disposición y presteza permitieron que todo funcionara, y al que aprovecho por tanto desde aquí para dar las gracias de manera pública.

Poco a poco empezaron a llegar escépticos a L'Alfàs. El primero que pasó por allí fue Mr. Reivaj, pero ya en el hotel nos esperaban las hordas de andaluces y madrileños, a quienes los polvorientos caminos habían dejado ya con ganas de zumo de cebada: Eugenio (autor de La conspiración lunar ¡vaya timo!), Kanijo, nuestro mago particular Andrés Carmona, Manuel, Luiyo, Inma, Álvaro, Daniela y tantos otros a los que había tenido el placer de leer pero no de conocer en persona.
Bueno, a algunos los conocí este año en la asamblea de socios de ARP-SAPC.

Tras calmar un poco la sed de los infatigables viajeros era ya la hora de la primera cena. En el Albir puedes ir a cualquier sitio caminando, y eso hicimos. Donde en otro lugar hubiera habido un concesionario de coches aquí tenían un simpático japonés, el Meluka Teppanyaki. Unos preciosos globos de colores colgando del techo identificaban inequívocamente la mesa de los arpíos. Sin preámbulos, sin presentaciones ni agradecimientos, sin speeches corporativos ni tan siquiera bendecir la mesa, todos empezamos a hablar, a comer y a beber, todos a una. Quiero pensar que motivados sin duda por el inminente fin del mundo, que al parecer se había adelantando al 21 de octubre.
Esta vez no dejamos en un extremo de la mesa a todos los solteros, al menos no conscientemente, aunque parecen agruparse espontáneamente como quarks.
La comida estuvo bien, incluso para los ovolacteovegetarianos, aunque la táctica de Ismael y mía de ocupar el vértice para alcanzar los platos de dos lados no tuvo esta vez el éxito de otras ocasiones, y el flirteo de la exótica camarera tuvo como blanco a mi compañero de habitación en lugar de a mí. Pero salvando estos detalles estuvo genial.

Tras la cena, y ante la perspectiva del show de magia que se celebraba en nuestro hotel (el cartel que anunciaba la actuación ya era felliniano), nos fuimos, como decimos aquí, pa' la marea a echarnos unos rones, el último de los cuales lamentamos al día siguiente cuando hubo que madrugar.

El congreso se inauguró puntualmente el sábado (unos minutos más y hubiéramos empezado sin las autoridades). Guillermo dio las gracias y presentó a quienes habían hecho posible que celebráramos el evento aquí, representados por Vicente Arques, alcalde de L'Alfàs del Pi, y Rocío Guijarro, concejala de cultura. Tras unas palabras del alcalde, Félix Ares (presidente de ARP-SAPC) presentó a nuestra asociación y sus objetivos, e hizo un pequeño resumen de nuestros orígenes y actividad.

El presentador del congreso fue Borja Robert, que con el desparpajo y naturalidad que lo caracterizan fue dando paso a los ponentes:

  • Andrés Carmona Campo, y su espectáculo de magia en el que nos explicó las diferencias entre magia, mentalismo y poderes paranormales, y cómo algunos aprovechan las dos primeras para hacer creer que poseen dichos poderes.
  • Félix Ares de Blas, que con multitud de ejemplos nos explicó porqué las decisiones políticas deberían basarse en las evidencias científicas, al menos donde éstas existen. En especial se centró en decisiones relacionadas con la producción y el ahorro de energía, aunque también es aplicable a muchas otras áreas de la política de las cuales también puso ejemplos.
  • JM Mulet, que nos habló de aditivos y transgénicos, y de cómo nos manipulan con mensajes como natural, sin conservantes o abuela.
  • Ismael Pérez Fernández, que comentó lo peligroso que pueden llegar a ser las pseudociencias, y lo maravilloso que ya es en sí nuestro mundo y la ciencia sin necesidad de inventarse mitos y supercherías.

En la pausa para comer pudimos degustar el estupendo buffet en el hotel Albir Playa. Aunque para pedir una cerveza había que mostrar la partida de nacimiento y firmar por triplicado, tanto los platos de comida como especialmente los postres estaban riquísimos.

Ya de vuelta en el centro social el congreso continuó con:

  • Mesa redonda de Pensamiento crítico en la Red, presentada por Álvaro Rodríguez, donde Borja Robert, Adela Torres Calatayud y Manuel Hermán nos hablaron de la presencia escéptica hispana en Internet en general, y de sus propias experiencias al respecto.
  • Javier Armentia Fructuoso, quien nos mostró porqué no debemos creer todo lo que nos cuentan en esta era de la información, y nos puso multitud de claros ejemplos, hasta que Borja lo avisó con el gesto universal del pulgar recorriendo horizontalmente el cuello.
  • Mesa redonda de persistencia de las pseudociencias, presentada por Mr. Reivaj, donde Félix Ares de Blas, Ismael Pérez Fernández y Andrés Carmona Campo comentaron sobre el tema y contestaron a muchas preguntas de los asistentes.
  • Eugenio Manuel Fernández Aguilar, quien, en primicia y para solaz de sus muchos fans allí presentes, nos habló sobre el fin del mundo y, puestos a acabar con él, de cuáles eran los métodos más fiables u originales.
  • Sacha Marquina Reyes, quien se encargó de animar la velada con un interludio músico-escéptico al que calificaría, si la humildad no me lo impidiera, de magistral.

Por último Jorge Frías (vicepresidente de ARP-SAPC) clausuró el congreso leyendo una declaración y agradeciendo a todos los presentes su apoyo.

Esa noche tuvimos cena de gala en el Hotel Rober Palas, y la comida estuvo a la par con el buen ambiente, con conversaciones amenas y enriquecedoras. Era obvia nuestra satisfacción como organizadores por la cantidad de asistentes al congreso, que había superado nuestras expectativas, siendo muchos de ellos ajenos a la asociación.

Al día siguiente, de nuevo demasiado temprano para los que habíamos apurado las últimas copas la noche anterior, tuvimos el privilegio de gozar del taller de recursos de magia para escépticos de Andrés Carmona, donde, siempre manteniendo el misterio de sus mejores juegos de magia, nos explicó muchos de los trucos y añagazas que algunos farsantes utilizan para aparentar que poseen poderes paranormales, desprestigiando así al mundo de la magia. Tuvimos oportunidad de descubrir cómo se llevaban a cabo algunas de las ilusiones de mentalismo (los más diestros quizá incluso puedan ponerlas en práctica en charlas y actos de divulgación de pensamiento crítico), y de diferenciar el arte de los magos y su espectáculo, de quienes abusan de trucos.

Como inmejorable colofón a las jornadas pudimos disfrutar de un estupendo arroz a banda en el restaurante Enrique, donde las conversaciones ya alcanzaron cotas épicas, desde recordar el famoso galardón magufo del "Pito de Oricalco" (que deberíamos rescatar), hasta la apuesta entre Borja y José Luis (después de que el primero sacase el jugo al segundo sobre sus estudios científicos de economía) sobre el sexo con galliformes y la veracidad de la historia en que se basa la canción Pánico a una muerte ridícula de DefCon2.
En resumen, un fin de semana muy interesante y divertido. El congreso para mí ha sido un éxito tanto a nivel personal como institucional.

El viaje de vuelta fue bastante agotador, e incluyó:

  1. Viaje en coche con Jorge Frías hasta Benidorm.
  2. Viaje en autobús hasta Valencia.
  3. Viaje en metro hasta el aeropuerto de Manises.
  4. Viaje en avión hasta el aeropuerto de Gran Canaria.
  5. Viaje en guagua hasta Las Palmas.
  6. Viaje en taxi hasta mi casa.

Seis etapas en las que, como nos explicó Félix Ares, habré gastado mucha más energía de la que pueda ahorrar toda mi vida poniendo bombillas de bajo consumo, pero que sin duda merecieron la pena.

Una de las joyas que me llevo de vuelta de este congreso a Canarias ha sido poder conocer de primera mano a los protagonistas, las curiosidades y las anécdotas del escepticismo organizado español, bien en las charlas del propio congreso o bien tomando una cerveza en una de las muchas terrazas de L'Alfàs del Pi. Curiosidades y anécdotas que van desde sus orígenes, como el lujo de escuchar la investigación del ovni del sapo partero explicada por Félix Ares, o el propio Fernando Frías (Yamato) contando el caso del ovni de los moros y cristianos, hasta lo más reciente, como escuchar al malvado Mulet (autor de Los productos naturales ¡vaya timo!) o contar con la presencia de la mitad de nuestras esceptichicas.

¡Gracias a todos!

Coloquios escépticos con Eugenio Manuel Fernández Aguilar

 

La UPV inaugura este jueves los "coloquios escépticos", que contará como invitado a Eugenio Manuel Fernández Aguilar, responsable del blog Ciencia en el siglo XXI y autor de La conspiración lunar ¡vaya timo!. El formato de los coloquios consiste en la emisión de un capítulo de la serie escépticos que acaba de estrenar la EITB, y la posterior charla-coloquio por el invitado.
 
Eugenio hablará tras la emisión del capítulo piloto "¿Fuimos a la luna?". La cita será a las 18:00 en el paraninfo de la Universidad, en Bilbao, y podrá verse en directo en la web de EITB.

Estreno de la serie Escepticos

 

Hoy lunes se estrena la serie Escépticos, de Euskal Telebista. Tras el éxito de su programa piloto "¿fuimos a la luna?" se ha grabado la serie que se emitirá todos los lunes a las 22:00 y que podrá verse en directo o en streaming por su página web.
 
El programa de hoy se titula "¿A ti te funciona?", y versará sobre las medicinas alternativas, como la reflexologia, la acupuntura, el reiki y las flores de Bach. Su presentador, Luis Alfonso Gámez, se someterá a alguna de estas terapias para comprobar su eficiencia, y entrevistará a destacadas personalidades del mundo de la medicina y la ciencia para contrastar sus opiniones.
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