Crónica del congreso Escépticos 2011: Antes del fin del Mundo

Sacha Marquina Reyes
Fotos del congreso: Inma León Cobos

Mi crónica del congreso Escépticos 2011 comienza en la soleada tarde del jueves 6 de octubre, a las 17:00 hora zulú. Era una de esas tardes tranquilas que invitan a quedarse hasta la noche en la playita de Las Canteras. Y sin embargo, heme aquí corriendo al aeropuerto para pillar el vuelo hasta Madrid. Allí tendría que pasar la noche antes de continuar mi viaje a tierras alicantinas. Antiguamente había muchos vuelos directos, pero la economía de escala es lo que tiene, escala en Madrid o en Barcelona.

Con una horita de retraso llegué a la Puerta del Sol, muy animada aún con asambleas de vecinos y ciudadanos reunidos en aceras y plazas. Me pareció un preludio del cambio climático, del cual nos habló Eustoquio Molina hace poco en el EEEP de Madrid, pues en Argelia no hacía falta ninguna burrada de los políticos para que todos se reunieran en la calle siempre, todos los días (excepto las mujeres, que al parecer allí no están incluidas en el todos).
Tenía el tiempo justo para dormir unas horas, pues debía madrugar para partir el viernes temprano hacia L'Alfàs del Pi, pero a cambio iría cómodamente sentado en el coche de Ismael (director ejecutivo de ARP-SAPC, aka Jefe Supremo).

Despreciando GPS y otras modernidades, zarpamos a la aventura armados con nuestro mapa digital (yo señalaba con el dedo e Ismael negaba con la cabeza) y nuestro sentido crítico. El único lujo tecnológico que nos permitimos fue un sensor que, cuando el coche llegaba a 120 Km/h, avisaba con un temblor y un ruido de traqueteo.
Tan amena fue nuestra conversación y tan certera nuestra ruta que llegamos al hotel Rober Palas a tiempo de cambiar cena por almuerzo y aprovechar así la media pensión que habíamos elegido.

Al rato vino Guillermo (secretario de ARP-SAPC, aka Oldno7) a buscarnos y llegamos por fin al Centro Social Platja Albir, donde se celebraría el congreso. Allí nos pusimos manos a la obra para organizarlo todo: comprobar las conexiones de audio y vídeo, hacer pruebas de streaming, ajustar el proyector, probar la guitarra, redistribuir sillas, preparar los folletos de bienvenida e información turística que el Ayuntamiento había puesto amablemente a nuestra disposición para los asistentes, comprar agua, buscar bolígrafos y un sin fín más de pequeñas tareas que sólo se notan si no se han hecho.
Por suerte contamos con la inestimable ayuda de Ramón, encargado de las instalaciones, cuya disposición y presteza permitieron que todo funcionara, y al que aprovecho por tanto desde aquí para dar las gracias de manera pública.

Poco a poco empezaron a llegar escépticos a L'Alfàs. El primero que pasó por allí fue Mr. Reivaj, pero ya en el hotel nos esperaban las hordas de andaluces y madrileños, a quienes los polvorientos caminos habían dejado ya con ganas de zumo de cebada: Eugenio (autor de La conspiración lunar ¡vaya timo!), Kanijo, nuestro mago particular Andrés Carmona, Manuel, Luiyo, Inma, Álvaro, Daniela y tantos otros a los que había tenido el placer de leer pero no de conocer en persona.
Bueno, a algunos los conocí este año en la asamblea de socios de ARP-SAPC.

Tras calmar un poco la sed de los infatigables viajeros era ya la hora de la primera cena. En el Albir puedes ir a cualquier sitio caminando, y eso hicimos. Donde en otro lugar hubiera habido un concesionario de coches aquí tenían un simpático japonés, el Meluka Teppanyaki. Unos preciosos globos de colores colgando del techo identificaban inequívocamente la mesa de los arpíos. Sin preámbulos, sin presentaciones ni agradecimientos, sin speeches corporativos ni tan siquiera bendecir la mesa, todos empezamos a hablar, a comer y a beber, todos a una. Quiero pensar que motivados sin duda por el inminente fin del mundo, que al parecer se había adelantando al 21 de octubre.
Esta vez no dejamos en un extremo de la mesa a todos los solteros, al menos no conscientemente, aunque parecen agruparse espontáneamente como quarks.
La comida estuvo bien, incluso para los ovolacteovegetarianos, aunque la táctica de Ismael y mía de ocupar el vértice para alcanzar los platos de dos lados no tuvo esta vez el éxito de otras ocasiones, y el flirteo de la exótica camarera tuvo como blanco a mi compañero de habitación en lugar de a mí. Pero salvando estos detalles estuvo genial.

Tras la cena, y ante la perspectiva del show de magia que se celebraba en nuestro hotel (el cartel que anunciaba la actuación ya era felliniano), nos fuimos, como decimos aquí, pa' la marea a echarnos unos rones, el último de los cuales lamentamos al día siguiente cuando hubo que madrugar.

El congreso se inauguró puntualmente el sábado (unos minutos más y hubiéramos empezado sin las autoridades). Guillermo dio las gracias y presentó a quienes habían hecho posible que celebráramos el evento aquí, representados por Vicente Arques, alcalde de L'Alfàs del Pi, y Rocío Guijarro, concejala de cultura. Tras unas palabras del alcalde, Félix Ares (presidente de ARP-SAPC) presentó a nuestra asociación y sus objetivos, e hizo un pequeño resumen de nuestros orígenes y actividad.

El presentador del congreso fue Borja Robert, que con el desparpajo y naturalidad que lo caracterizan fue dando paso a los ponentes:

  • Andrés Carmona Campo, y su espectáculo de magia en el que nos explicó las diferencias entre magia, mentalismo y poderes paranormales, y cómo algunos aprovechan las dos primeras para hacer creer que poseen dichos poderes.
  • Félix Ares de Blas, que con multitud de ejemplos nos explicó porqué las decisiones políticas deberían basarse en las evidencias científicas, al menos donde éstas existen. En especial se centró en decisiones relacionadas con la producción y el ahorro de energía, aunque también es aplicable a muchas otras áreas de la política de las cuales también puso ejemplos.
  • JM Mulet, que nos habló de aditivos y transgénicos, y de cómo nos manipulan con mensajes como natural, sin conservantes o abuela.
  • Ismael Pérez Fernández, que comentó lo peligroso que pueden llegar a ser las pseudociencias, y lo maravilloso que ya es en sí nuestro mundo y la ciencia sin necesidad de inventarse mitos y supercherías.

En la pausa para comer pudimos degustar el estupendo buffet en el hotel Albir Playa. Aunque para pedir una cerveza había que mostrar la partida de nacimiento y firmar por triplicado, tanto los platos de comida como especialmente los postres estaban riquísimos.

Ya de vuelta en el centro social el congreso continuó con:

  • Mesa redonda de Pensamiento crítico en la Red, presentada por Álvaro Rodríguez, donde Borja Robert, Adela Torres Calatayud y Manuel Hermán nos hablaron de la presencia escéptica hispana en Internet en general, y de sus propias experiencias al respecto.
  • Javier Armentia Fructuoso, quien nos mostró porqué no debemos creer todo lo que nos cuentan en esta era de la información, y nos puso multitud de claros ejemplos, hasta que Borja lo avisó con el gesto universal del pulgar recorriendo horizontalmente el cuello.
  • Mesa redonda de persistencia de las pseudociencias, presentada por Mr. Reivaj, donde Félix Ares de Blas, Ismael Pérez Fernández y Andrés Carmona Campo comentaron sobre el tema y contestaron a muchas preguntas de los asistentes.
  • Eugenio Manuel Fernández Aguilar, quien, en primicia y para solaz de sus muchos fans allí presentes, nos habló sobre el fin del mundo y, puestos a acabar con él, de cuáles eran los métodos más fiables u originales.
  • Sacha Marquina Reyes, quien se encargó de animar la velada con un interludio músico-escéptico al que calificaría, si la humildad no me lo impidiera, de magistral.

Por último Jorge Frías (vicepresidente de ARP-SAPC) clausuró el congreso leyendo una declaración y agradeciendo a todos los presentes su apoyo.

Esa noche tuvimos cena de gala en el Hotel Rober Palas, y la comida estuvo a la par con el buen ambiente, con conversaciones amenas y enriquecedoras. Era obvia nuestra satisfacción como organizadores por la cantidad de asistentes al congreso, que había superado nuestras expectativas, siendo muchos de ellos ajenos a la asociación.

Al día siguiente, de nuevo demasiado temprano para los que habíamos apurado las últimas copas la noche anterior, tuvimos el privilegio de gozar del taller de recursos de magia para escépticos de Andrés Carmona, donde, siempre manteniendo el misterio de sus mejores juegos de magia, nos explicó muchos de los trucos y añagazas que algunos farsantes utilizan para aparentar que poseen poderes paranormales, desprestigiando así al mundo de la magia. Tuvimos oportunidad de descubrir cómo se llevaban a cabo algunas de las ilusiones de mentalismo (los más diestros quizá incluso puedan ponerlas en práctica en charlas y actos de divulgación de pensamiento crítico), y de diferenciar el arte de los magos y su espectáculo, de quienes abusan de trucos.

Como inmejorable colofón a las jornadas pudimos disfrutar de un estupendo arroz a banda en el restaurante Enrique, donde las conversaciones ya alcanzaron cotas épicas, desde recordar el famoso galardón magufo del "Pito de Oricalco" (que deberíamos rescatar), hasta la apuesta entre Borja y José Luis (después de que el primero sacase el jugo al segundo sobre sus estudios científicos de economía) sobre el sexo con galliformes y la veracidad de la historia en que se basa la canción Pánico a una muerte ridícula de DefCon2.
En resumen, un fin de semana muy interesante y divertido. El congreso para mí ha sido un éxito tanto a nivel personal como institucional.

El viaje de vuelta fue bastante agotador, e incluyó:

  1. Viaje en coche con Jorge Frías hasta Benidorm.
  2. Viaje en autobús hasta Valencia.
  3. Viaje en metro hasta el aeropuerto de Manises.
  4. Viaje en avión hasta el aeropuerto de Gran Canaria.
  5. Viaje en guagua hasta Las Palmas.
  6. Viaje en taxi hasta mi casa.

Seis etapas en las que, como nos explicó Félix Ares, habré gastado mucha más energía de la que pueda ahorrar toda mi vida poniendo bombillas de bajo consumo, pero que sin duda merecieron la pena.

Una de las joyas que me llevo de vuelta de este congreso a Canarias ha sido poder conocer de primera mano a los protagonistas, las curiosidades y las anécdotas del escepticismo organizado español, bien en las charlas del propio congreso o bien tomando una cerveza en una de las muchas terrazas de L'Alfàs del Pi. Curiosidades y anécdotas que van desde sus orígenes, como el lujo de escuchar la investigación del ovni del sapo partero explicada por Félix Ares, o el propio Fernando Frías (Yamato) contando el caso del ovni de los moros y cristianos, hasta lo más reciente, como escuchar al malvado Mulet (autor de Los productos naturales ¡vaya timo!) o contar con la presencia de la mitad de nuestras esceptichicas.

¡Gracias a todos!

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Comentarios

Sí, ya sé que no dije nada sobre la camarera rubia y su Power Balance, pero Eugenio fue testigo de que no se le cayó ni un vaso en toda la noche...

Yo era un magufo, sin más, años ha.
Ahora soy (creo) un escéptico, o estoy en camino de serlo.

Expondré unos hechos acaecidos hace un par de fines de semana, en que me encontré como por arte de ilusionismo en el centro de toda una jauría de animales sedientos de sangre magufa. Como aún recuerdo con viveza mis orígenes no pude más que temer que olieran mi miedo, que detectaran mis resquicios de irracionalidad, y se me lanzaran directos a la yugular para sorber sin piedad aquellos reductos enfermizos de falsas creencias los cuales sin duda marcaron mi infancia.
Fuí valiente, mucho. Vagué en solitario por las calles de un municipio alicantino al que le acaricia el mar con inquietud hacia un destino concreto pero incierto fijado meses atrás por alguien a quién desconocía. ¿Qué me llevó hasta allí? No lo sé, pero intuyo que cierta curiosidad hacia gente que pregonaba a los cuatro vientos que eran diferentes pero iguales, gente a los que les llamaban cerrados de mente pero ellos se esforzaban por hacer ver que es todo lo contrario, gente pedante en un principio pero llanos, accesibles, amigables, interesantes, lógicos... lo que yo siempe quise ser y me esfuerzo por ello a cada minuto que pasa.

Me senté el primero en la cena. Parecía ansioso por entablar conversación con los otros 38 comensales... aunque creo que lo dominé bien y en principio no se me notó.
La noche transcurrió sushi tras sushi,cerveza tras cerveza, cerveza tras cerveza y cerveza tras cerveza. Me enteré al día siguiente que algunos de esos compañeros de tropelías eran los protagonistas de las charlas. Me ilusionó el haberme ido de cañas con astrofísicos, filósofos, psicólogos y haber mantenido el tipo en las conversaciones... yo... un tío que no terminó el instituto por pura perrería. No me dio en absoluto la impresión de que fueran condescendientes conmigo (o igual lo fueron y yo no me enteré, habría que experimentar). Esa “gente lista” eran muchísimo más llanos que la mayoría de la gente que conozco con sus verdades absolutas, su cinismo, su falta de lógica y su poca (o nula en muchos casos) inteligencia emocional.

Estoy espeso. Los recuerdos de esa noche y el día siguiente se amontonan en mi cerebro oxidado después de tantos años de no memorizar un solo dato más allá de los que a mi me interesan y resultó ser que esos datos que yo tenía por inútiles hay otras personas que hacen de ellos su pasión, su trabajo, su ocio. ¡Qué envidia exponer datos que unos siente como propios! ¡Qué suerte poder enseñar a niños y adolescentes cómo funciona una estrella! ¡Qué placer el disfrutar enseñando ciencia! ¡Qué disfrute el gritar a los cuatro vientos nuestra conexión con el cosmos!

Las charlas fueron magistrales. Las amistades fugaces pero intuyo que algunas cristalizarán a través de la red. La impresión general para una persona como yo, poco acostumbrada a ese tipo de eventos es que ojalá los hubiera todos los fines de semana, y me hizo feliz que toda esa gente expusiera sus ideas desde una perspectiva acorde con la realidad. Me emocionó estar entre tanta gente que se reía con lo que yo me reía, que le molestaba lo que a mi y que se apasionaba con lo que a mi me apasiona. Existía una especie de conexión mística (¡¡¡maguuufo, maguuufo!!!) entre todas las personas que había en la sala. La curiosidad salía por las ventanas. Una luz fluorescente formada por la energía de cerebros pensando y funcionando hacía resplandecer el centro social. Sin duda detectaron toda esa actividad en alguna galaxia muy, muy lejana.

Necesitaré un par de semanas para digerir todas esas emociones.

Yo era un magufo, sin más, años ha.
Ahora soy (creo) un arpío, o estoy en camino de serlo.

El autóctono.

Hola autóctono. Una crónica bonita y sincera, gracias. Cuantos más puntos de vista diferentes, más acertada será sin duda la imagen de cómo fue el congreso.