HOMEOPATÍA

Edición 2011 - Número 1 (247) - 15 de enero de 2011

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Alfonso González Jerez
 
(Artículo publicado originalmente en el Diario de Avisos)
 
Si un presidente del Gobierno acudiera a unas Jornadas sobre Chamanismo Cósmico y no se limitara a saludar atentamente a los brujos presentes, sino que en una vibrante intervención jaleara el “trabajo y el espíritu inconformista” de los chamanes, la prudencia más elemental aconsejaría llamar a los servicios sanitarios más cercanos. Ah, pero la realidad siempre supera a la ficción, con tal que se trate de una realidad rentable, por supuesto. Por eso el pasado fin de semana el jefe del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, clausuró las Jornadas Conmemorativas del XXV Aniversario de la Homeopatía en Canarias, y al término de su discursos no se escucharon ambulancia ululantes ni aparecieron señores envueltos en batas blancas, sino que estalló un amplio y rendido aplauso.
 
La homeopatía es pura charlatanería seudocientífica: carece de pruebas empíricas sólidas y sus puerilidades teóricas solo pueden producir hilaridad. Para los homeópatas las patologías derivan de desequilibrios espirituales y su práctica curativa se basa en una estúpida patraña que llaman “ley de similitud”: lo similar se cura con lo similar. Estos diligentes estafadores se dedican a diluir en agua, en proporciones variadamente insignificantes, sus encantadoras sustancias curativas, en las que no se encuentra ningún ingrediente químicamente activo. Las disoluciones se repiten una y otra vez, se agita el frasco con brío y donaire y ya está preparado el mejunje salvador que libera de enfermedades agudas y crónicas. Por supuesto que se trata solamente de agua, un agua más o menos turbia o coloreada, a la que los especialistas agregan a veces un pizco de sacarosa para darle sabor. En el mejor de los casos estas pócimas actúan, simplemente, como consoladores placebos.
 
Si jornadas y congresos como estos se celebran en los colegios de médicos -así ocurrió hace una semana en Canarias- es porque la homeopatía se ha transformado en un saneado negocio en los últimos treinta años, que en España, solo en España, mueve varios cientos de millones de euros. Y nuestros ilustres galenos colegiados no se resisten a la tentación de sacar su correspondiente tajada. La homeopatía, señor presidente, no es una estrategia terapéutica alternativa a las ciencias médicas: surgió históricamente como reacción aguachirlesca (y nunca mejor dicho) a la medicina precientífica y todos sus presupuestos están empapados en una concepción fantasiosa de las relaciones del ser humano con su entorno. Flaco favor prestan al rigor científico y al bienestar social políticos y científicos al celebrar astracanadas en la que se exalta la ignorancia y se avala esa mezquindad atroz de ofrecer esperanza y alivio a los que sufren.
 

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El Escéptico: