EL PAÍS GRAFOLÓGICO

Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010

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Javier Armentia Fructuoso


(Artículo publicado originalmente en la bitácora Por la boca muere el Pez)

Si es que son legión... en cuanto se lía uno a hacer cosas van las fuerzas del desorden pseudocientífico y siguen creciendo como brotes verdísimos, con los aliados más conspicuos, los más erróneos... Por más que la ciencia va dejando cada vez más clara su postura sobre, por ejemplo, la inutilidad de gastar dinero en terapias como la homeopatía que no tienen valor terapéutico y que incluso el parlamento británico (el comité de ciencia y tecnología de la Cámara de los Comunes, en concreto, según informaba BBC) lo rubrica, por aquí no paran de montar cursos y másters y demás para promoción de la homeopatía (vale, y es el mismo Reino Unido cuya justicia quiere empapelar a un escéptico como Simon Singh -FB- por libelo por atreverse a decir que la quiropráctica o quiropraxis es una tomadura de pelo pseudocientífica y ya se sabe que hay mucha gente viviendo del cuento).

Por más que semana a semana se vea cómo manipula, se equivoca o miente o se inventa las historias para mayor gloria suya, la troupe de Iker Jiménez sigue siendo invitada por las universidades para hacer sus actos más vocingleros: ahora la Camilo José Cela, cuyo departamento de criminología le regala dos días para hablar de su peculiar estilo de "periodismo de investigación" (lo cuenta él, muy ufano y contentísimo de conocerse, como suele).

Las universidades siguen tomadas una vez y otra por este tipo de propuestas (en FB había una causa para desterrarlas: contra las pseudociencias en la Universidad por si alguien quiere perder un momento su tiempo) y seguirán así. Entre otras razones porque estas cosas son populares, y como no hay contestación, no duelen. Lo terrible es que a un Rector no le importe un bledo que se promocione la pseudociencia en la universidad que preside. Lo vergonzante es que los colectivos universitarios implicados en la pérdida de credibilidad que ello supone no digan ni mú.

Pero ello se ve superado con creces por los medios de comunicación que, una vez y otra vez, ceden su espacio para la promoción directa (talmente un publirreportaje) de estupideces como la grafología. El pasado domingo El País Semanal (ese colorín...) colocaba un artículo de Jesús Ruiz Mantilla titulado "La escritura del horror" en donde sin una sola mención a la razonable duda que puede despertar la tesis de la grafología, esto es, que mirando la forma en que uno escribe se puede saber algo de la personalidad o de qué manera se hace, se dedica por el contrario a promover la especie de que si se hubiera tenido cuidado en hacer análisis grafológicos se habría conseguido -acaso- neutralizar a los grandes tiranos del siglo XX. Lean por ejemplo:

    Ojalá el pueblo alemán hubiese hecho caso al grafólogo Ludwig Klages cuando antes de que Adolf Hitler subiera al poder predijo que podría llevarle al desastre.

Así, la primera frase en la frente. Podría haber comentado, claro está, que Klages fue también muy cercano al nazismo en sus comienzos, o que se inventó una de las escuelas más prolíficas de la grafología europea. Que, claro está, cuando su movimiento irracionalista empezó a ser incómodo al régimen, se produjo la ruptura y Klages habló fatal de la escritura de Hitler (pero no antes, qué cosas, ...)

Lejos de mostrar la menor posibilidad de crítica, el artículo habla, para colmo, de la CIENCIA grafológica. Impresionante ejercicio de manipulación con la proyección amplia de un periódico muy vendido. La grafología es un timo (léase por ejemplo, la entrada correspondiente en el Skeptic's Dictionary, la recopilación de Marisol Collazos, artículos varios en las publicaciones de ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, algún texto mío, ... incluyendo un carteo de hace dos años con un grafólogo que como suele pasar sabía muchísimo del tema).

¿Y todo ello para qué? Para que de nuevo estemos como siempre: llevo la semana explicando a un montón de gente que a) la grafología es tan útil para conocer los rasgos de la personalidad humana como el tarot, escrutar el vuelo de las aves o la astrología, y que b) el que El País acoja semejante pseudociencia no es precisamente un respaldo de autoridad para la grafología sino la constatación del mal periodismo que también pueden hacer los grandes medios de comunicación. Por supuesto, la gente resulta ser más bien escéptica del a) que del b). Eso sin contar la gente que además de creerse lo que lee en El País se cree lo de los signos zodiacales.

País.

(Por supuesto, la defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, debería conocer que ese tipo de reportajes no son precisamente el tipo de periodismo que declara defender su ideario y libro de estilo y esas zarandajas. En el enlace, información para acceder a ella).

URL: http://javarm.blogalia.com/historias/66057


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